Hace 50 años, Allende defendía la democracia con el fusil en las manos. Emir Sader

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Como vivía a dos cuadras del Palacio de la Moneda, desperté, de nuevo, con el ruido de los aviones que sobrevolaban el palacio presidencial. En junio de 1973 había sucedido algo similar, militares golpistas intentaron derrocar a Allende, pero él logró derrotar el intento.

Esta vez, las cosas han sucedido de manera diferente. Cuando llegué a la plaza, el Palacio estaba todo rodeado por tropas, Allende solo, en la ventanita de la cual solía hablar, con el fusil AK que le había regalado Fidel y el casco que le regalaron los mineros.

Allende ya había pronunciado su último discurso. Miguel Enríquez, líder del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) había llamado a Allende, hablando con su hija Beatriz Allende, proponiéndole que depusiera a todos los mandos militares y nombrara a uno fiel, aunque fuera un militar de bajo rango. Miguel propuso que Allende hiciera una declaración de llamamiento a la gente a la resistencia. Y que un comando del MIR estaba listo para entrar al Palacio y llevarlo a un barrio popular, porque era el presidente legal de Chile y seguiría siendo reconocido internacionalmente.

Allende le pidió a su hija que le respondiera que no podía hacer nada más, que cumpliría lo que siempre había dicho: saldría del Palacio de la Moneda al final de su mandato o muerto. Que más allá de ello, las grandes alamedas del futuro de Chile se reabrirían por las nuevas generaciones.

Allende hizo que su hija, embarazada y otras personas que estaban con él, salieran del palacio, rechazando la oferta de los golpistas de que el saliera del Palacio. Sólo quedaron unas pocas personas con él, entre ellos, la Payita, su compañera.

Allende regresó a su ventanita y recomenzó a disparar en contra de los golpistas, que habían fijado el medio día, 12 horas para que Allende se rindiera, sino dispararían directo al Palacio de la Moneda.

Allende se negó sistemáticamente a entregarse a los golpistas, hasta que a las 2 de la tarde los caza bombarderos británicos empezaron a disparar sobre el Palacio de Moneda, que comenzaba a estar envuelto en un denso humo. Mirando ese escenario, sabíamos que Allende no sobreviviría y que, con su muerte, se moría también la democracia, que en Chile apenas había tenido dos breves interrupciones desde la estabilización de la independencia con Portales, en 1830.

Payita me dijo que Allende se retiró a su habitación en el Palacio y disparó a su barbilla con su fusil un rifle, suicidándose. Hortensia Bussi de Allende, esposa de Allende, llegó a México, donde el presidente Echeverría la convenció a decir que Allende no se había suicidado, sino que había muerto por disparos aéreos. Versión que quedó vigente por un tiempo, hasta que toda la izquierda chilena se rindiera a la versión de Payita, quien logró salir del Palacio en medio de los cadáveres e ingresar a la embajada de Suecia, que albergaba a todos los de la embajada de Cuba.

Todo ello sucedió el 11 de septiembre. El domingo 9 de septiembre, Allende se dio cuenta de que no podría mantener la presidencia y se propuso una operación política para intentar dividir a los golpistas. Allende pensaba realizar, el miércoles día 12, en cadena nacional, un referéndum, sobre un tema universitario, que seguramente perdería. Renunciaría y entregaría la presidencia al presidente del Senado, Eduardo Frei, de la Democracia Cristiana, ex presidente de Chile.

Pero Allende confesó sus planes al propio Pinochet, su ministro en el gobierno. Pinochet aceleró los planes golpistas, que estaban programados para más tarde, y los desencadenó el lunes por la noche, con la Armada de Chile iniciando un levantamiento en Valparaíso.

Durante mucho tiempo los hoyos de los disparos de los golpistas en contra el Palacio de la Moneda quedaron, como testigos de todo lo que había pasado. Más tarde, la foto de Allende fue introducida en el Palacio de la Moneda. Me acuerdo haber ido a visitar la foto con Gladis Marín, entonces secretaria general del Partido Comunista de Chile, y Silvio Rodríguez. Posteriormente los hoyos fueron removidos, pero ya nada podría remover todo lo que había pasado en aquel día en el Palacio de la Moneda.

Allende murió heroicamente, con su propio fusil, el 11 de septiembre de 1973, hace 50 años, defendiendo la democracia a la que tanto amaba.

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