La pequeñez de los otros

Por Silvana Melo
  (APe).- Con qué palabras habrá que explicarles la sangre cayendo desde la frente de una enfermera sentada en la calle. Cómo decirles que hay gente que gobierna capaz de mandar a la policía a castigar con porras a los que cuidan. A ésos a quienes no se protege nunca. A los que reciben a sus hijos en los hospitales y les suturan las heridas y les arrebatan la fiebre para que desembarque en otras costas y los ponen boca abajo para que no se ahoguen y les acarician la frente cuando todo parece estar mal.

Cómo explicarles a ellos, que recién llegan al mundo, que en este territorio hostil y despiadado se les manda la policía a las enfermeras y a los enfermeros y la policía –la misma que cerró su paritaria particular a punta de pistola hace un ratito apenas- saca pecho y les administra, con precisión quirúrgica, una paliza brutal. Cómo sentarse y contarles para que entiendan. ¿Que entiendan qué? ¿Que el día de la sanidad viene a ser algo así como el día de los que sanan, el día de los sanadores olvidados de todo el resto de los tiempos? ¿Que es el día de ésos que tienen la cara amoratada y percudida de barbijos y escafandras, de los que se contagian por el virus que los rodea en la nube ardiente de las terapias de los hospitales, de los que se mueren picados por el bicho más voraz que recorre el mundo y se lleva a los más vulnerables? De ésos que ganan 38.000 pesos al mes, bastante menos de lo necesario para no ser pobre, sin 9 milímetros ni cachiporra para dibujar, acorralando al poder político, una paritaria prepotente con el número que ellos mismos determinen. No hay jeringas ni chatas ni tubos de oxígeno con los que puedan intimidar en la plaza pública.

Cómo explicarles a ellos, que recién llegan a este páramo, que en la Ciudad los enfermeros y las enfermeras no tienen carrera profesional y se los considera empleados administrativos, que han dejado su vida, sus familias, su salud física y mental por cuidar a los demás, por hacer el trabajo de tres o de cuatro porque cada vez hay menos, que han muerto en las mismas camas de aquellos a quienes cuidaron, que forman parte de una lista trágica sin monumentos ni pergaminos oficiales en su nombre.

A los que se apalea porque reclaman. Y quien maneja el palo que envía el poder político es la policía, la misma que exigió intimidando, sin brazo armado que la pusiera en su lugar. El mismo lugar donde ellos ponen a los trabajadores que llevan sobre las espaldas el drama de la mesa vacía.

Cómo explicarles a los pibes que hay gente tan peligrosa como el covid 19. Gente que gobierna y gente que lleva en las manos, orgullosamente, las armas represivas del estado. Esos que supuestamente cuidan, vuelcan esas armas sobre los que sanan.

No hay forma de dibujarles este mosaico horrible del mundo y que tenga alguna lógica. Habrá que acompañarlos para que lo enfrenten y se fortalezcan. Para que adquieran los sueños. Y los coloquen bien puestos en el lugar del miedo. A ver si se puede, de una vez, dar vuelta el mundo patas arriba. Y que sean las enfermeras y los enfermeros los que miren desde el cielo la pequeñez de los otros.

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