Argentina. Maradona en la batalla de ideas. Mónica Saiz

Tuve el honor y el placer de compartir con Maradona-Chávez en muchas ocasiones. Recuerdos imborrables que guardo en mi corazón. ¡Gracias!

Hoy el huracán arrasador del amor popular barrió cualquier comentario insiodioso contra el Diego. Los que se atrevieron a hacer alguno, quedaron sepultados por la realidad inapelable de la pasión de las masas, esas que cuando se mueven por sus propios objetivos son capaces de cambiar la historia. Hoy el pueblo le tapó la boca al odio de las élites.

Macron, en representación de lo más alto del sistema político imperialista, deslizó su crítica contra el Maradona revolucionario, en una dudosa elegía. Ningún otro líder político de derecha se atrevió a abrir la boca. Solo los revolucionarios se solidarizaron con el dolor de nuestro pueblo.

Pero quiero detenerme en la carta de Macron porque es una señal de la desmaradonización que se vendrá, indefectiblemente, cuando las aguas bajen. Los franceses son conocidos por haber inventado el perfume para ocultar sus hediondeces, no encuentro metáfora mejor para esa carta.

Ahí dice que las visitas de Diego a Fidel y Chávez tienen sabor a derrota, claro, fue una derrota para el sistema dominante, para la cultura oligárquica, pero él pretende, como lo intentan muchos, asimilarlo a los errores del Diego que hay que perdonar, incluso algo mucho peor que la droga, se deja entender… ¡Qué canallada de Macron!

Y después dice que la revolución Diego la hizo en la cancha, para subrayar que él -como Napoleón venido a menos, subido en la cúspide de la civilización mundial- lo perdona a Diego y a la vez lo encasilla en el marco que a la historia oficial le conviene y pretenderá asignarle: la cancha.

Cuando la conmoción acabe, los miserables de la cultura oficial, los de la colonización pedagógica -como diría Jauretche-, van a seguir la línea de Macron. ¡Qué éxtasis para un colonizado de medio pelo poder citar al presidente francés! Qué asco, la verdad…

La militancia popular, como trinchera de la conciencia revolucionaria de nuestro pueblo, tiene la tarea de dar esa batalla de ideas. De reivindicar la cuestión social de Maradona, con sus luces de conciencia de clase y sus sombras, las que él mismo señaló cuando dijo que le dolía todo lo que le arrebató la droga, por todas las cosas que podría haber hecho, por todo lo que perdió. Porque nosotros, los revolucionarios, las revolucionarias, también estamos en una batalla para que la droga no se robe lo mejor de nuestras juventudes en el seno del pueblo. Porque el narco es un instrumento del imperialismo para la degradación de nuestras sociedades y la neutralización del espíritu impugnador, creativo y rebelde de nuestros pibes.

Tenemos que mostrarles a ellos, a ellas, ese drama de Diego, que quiso recuperarse, que en un momento lo logró con el apoyo de Cuba. Decirles que fue un triunfo en la vida de Diego su visita a Fidel, que significó un importante periodo de rehabilitación de su salud y de su formación política. No una derrota, como dice el miserable de Macron.

Además, no sé qué tipo de feminista soy, solo imagino que siguiendo por el camino ideológico que emprendió, Diego bien hubiera podido revisar su machismo, pero esta idea que tengo no es parte de la historia que podemos contar sino que pertenece a los pensamientos que surgen de nuestra condición revolucionaria, que nos hace proyectar lo necesario como posible.

En el terreno de lo histórico, solo puedo decir que le doy gracias por lo que fue, pienso que fueron demasiadas batallas para alguien que no se propuso ser un modelo de nada, que «solamente» llegó a ser el mejor futbolista de todos los tiempos. Desde ahí rompió todos los marcos. Lo demás fue yapa… Un maravillosa yapa que nos regaló.

El Diego antiimperialista, solidario con las mejores causas de la humanidad, el que aman en Cuba, en Nicaragua, en Venezuela, en Bolivia, en Palestina, en Siria, el que está en el corazón de los pueblos que se levantan contra los responsables de las Villas Fiorito, del hambre y el desamparo en el mundo.
Gracias Diego, tus goles a los ingleses son una bella alegoría de nuestra historia. Tu genialidad, tu irreverencia, tu patriotismo, tu lealtad al pueblo, tu valentía son necesarias para toda victoria. Por eso te odian, por eso te amamos.

Fuente: Editorial de Portal ALBA

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