La traición de la izquierda. Alfons Duran Corner

Un liberal es alguien que quiere un buen futuro, pero es demasiado viejo y demasiado arrogante como para crearlo de verdad. Anónimo.

Desde que la sociedad humana abandonó el nomadismo, se asentó sobre un territorio, cultivó la tierra e inició la domesticación del ganado, ha habido explotadores y explotados. En ocasiones los segundos se han rebelado contra la opresión, aunque casi siempre han acabado rindiéndose ante la superioridad de los primeros, vía violencia física, promesas de mejora no cumplidas o simple alienación.

La opresión no ha consistido solo en quedarse la mayor parte del excedente (la ley del 20/80 de Pareto), sino también en reprimir el discurso político alternativo, la libertad de pensamiento, el derecho a decidir sobre la forma de organizar la vida en sociedad.

Y este permanente sistema represivo ha contado casi siempre con la colaboración de la izquierda oficial, aquella que el sistema reconoce como tal, que ha sido bendecida por el poder. Y esa izquierda pactista se contagia fácilmente de las formas reaccionarias de la derecha histórica (que controla el poder con mano firme en todo el mundo) y se siente compensada en un reparto de privilegios. El modelo resultante es un modelo férreamente cerrado que interpreta cualquier disidencia como un desafío a su continuidad.

Algunos países, en los que la huella luterana ha estado siempre presente, han sido capaces de romper con dificultades los barrotes de esta prisión ideológica. Son una excepción.

En el otro extremo tenemos a las falsas democracias, como la española, que reciben los plácemes formales de las instituciones que las cobijan (como la Unión Europea, el FMI, el Banco Mundial, el WTO y otras), porque los principales ejecutivos de estas últimas comparten las esencias del modelo. Solo hay que ver el comportamiento de instituciones como el parlamento europeo (repleta de políticos en desuso, a los que se les ha asegurado una jubilación de oro), que promueven y recomiendan acciones liberticidas en nombre de la libertad y la democracia.

Es por ello que a nivel interno el gobierno autoproclamado “progresista” del señor Sánchez no ejerza como responsable del poder ejecutivo (como es su obligación) y permita que la trama de un sistema judicial corrupto haga y deshaga a su antojo, con el apoyo explícito de las cúpulas militares y de la pléyade de altos funcionarios del aparato burocrático, todos ellos imbuidos del espíritu de la Contrarreforma, aquel parto contra las libertades cocinado en el Concilio de Trento a mediados del siglo XVI, donde la impronta castellana se hizo evidente.

Cuando algunos políticos catalanes independentistas, bien por ignorancia, por ingenuidad o por comodidad, continúan con su idea de pactar con el poder del Estado para resolver el conflicto político catalán a través de un referéndum, han de tener en cuenta que su interlocutor real (quien maneja las riendas) no es el gobierno “progresista” del señor Sánchez sino el bloque heredero del franquismo. Y ese bloque, si no fuera por las repercusiones internacionales, nos fusilaría a todos.

Tomar como una anécdota los comunicados oficiosos de esos viejos fascistas es cometer un error mayúsculo. El exteniente Segura ha sido muy claro al respecto: no es la opinión de un grupo de jubilados; es un sentimiento compartido. Ahora bien, tachar al gobierno actual de “socialcomunista, apoyado por filoetarras e independentistas” es el producto de mentes enfermas y mal documentadas. En este sentido no tienen porqué preocuparse. La izquierda oficial española hace ya largos años que está domesticada, como lo estuvieron las ovejas allá en el Neolítico.

Aparte del grupo de los “peripatéticos”, en su acepción de ridículos y extravagantes, que integra a González, Guerra, Bono y otras especies, grupo que ha superado con creces las andanzas de los aznaristas del Faes, el resto de socialcomunistas  del gobierno español son de lo más prudente y consentido. Y los independentistas de ERC y los filoetarras de Bildu, que los han apoyado, no son ni lo uno ni lo otro.

¡Que no cunda el pánico! Los Iceta, Zaragoza, Montilla, Colau, Albiach y sus ayudantes y asesores no irán nunca a las barricadas (a las ideológicas, ya que en las otras te puedes ensuciar). Continuarán traicionando los principios más elementales de la libertad, en la que en el fondo no creen. Continuarán disfrutando de sus poltronas y repetirán sus decadentes discursos.

¿Dónde estaba la Fiscal general del Estado –señora Delgado– cuando un grupo de sus subordinados se mofó públicamente de los presos diciendo que se “tendrían que comer el turrón en la prisión”? ¿O es que el cuerpo fiscal no es un cuerpo jerarquizado? ¿O es que los “defensores del pueblo” hacen y dicen lo que les da la gana? ¿O es que el arte de “afinar” –que al parecer dominan– lo hacen selectivamente? ¿O es que el aparato fiscal va por libre y no depende del gobierno, como siempre se ha dicho?

¿O es que definitivamente el gobierno de turno no se atreve a enfrentarse al poder real del Estado? Probablemente será eso.

Cuando pasen los años y los historiadores analicen este período histórico -que yo etiqueto como la “falsa transición”– se darán cuenta de que el franquismo sociológico ha contado con muchos colaboracionistas, disfrazados de progresistas pero de fondo reaccionario y cobarde.

Una vez más tendremos que denunciar la persistente traición de la izquierda.

Alf Duran Corner

One Response to La traición de la izquierda. Alfons Duran Corner

  1. Montserrat Ponsa dice:

    Gràcies, forta abraçada montserrat Enviat des del meu Galaxy

    Me gusta

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