Herodes sus miedos y la Revolución posible. Iván Padilla Bravo

Diálogo en cuarentena

Dicen que sobre el madero en cruz, donde asesinan a Jesús el nacido en Nazaret y apodado, por tanto, el Nazareno, se colocó una tablilla de identificación y escarmiento en la que se le acusaba de subversivo y de pretender erigirse en «rey de los judíos».

El verdadero rey, el opresor, era otro, se llamaba Herodes y se le calificaba como «El grande» rey de los judíos y responsable del asesinato masivo de niños en medio del terror que afectaba su ego al pensar en la posibilidad del nacimiento de un Mesías que, supuestamente, ocuparía su trono, al lado de los más pobres, desheredados y esclavizados de Jerusalén.

Jesús aparece en el escenario histórico como encarnación de la conciencia y en tanto tal como un ser peligroso para la no-conciencia manejada desde el poder y apegada a su mente, a los objetos que siente suyos y sobre los cuales levanta su trono, dominación y hegemonía.

En este sentido, Herodes genocida asesina niños y madres embarazadas por miedo a una idea, sin realidad ni presencia, que le persigue, que la siente amenazarle y amenazar su poder.

El miedo encarnado en Herodes desata sus propias luchas y también las de la humanidad ya dividida, para entonces, en clases que se oponen irreconciliablemente y que -de algún modo- se perpetúan como un «motor» (Marx) de la historia, como negación de la totalidad, como egoísmo, como apego irrestricto a la cosa, a lo material, al objeto como razón de ser de su poder.

Es Herodes quien evita a Jesús al tiempo que lo inventa. Lo crea porque necesita luchar contra algo que amenaza su poder. Herodes rey le teme a la expansión de la conciencia y es por eso que, pese a sus persecuciones y asesinatos masivos de inocentes, ubica a un Nazareno a quien hostigar, capturar, torturar y asesinar en crucifixión, como extirpación del peligro.

Son los miedos históricos de Herodes los que prevalecen en la actualidad en cada explotador capitalista y en los amos del mundo. Por eso observamos desde hace siglos un empeño por detener toda Revolución auténtica, en tanto ésta sea expresión fiel de la conciencia (proletaria) expandida o en unidad y diversidad con el universo (uno y múltiple), con el planeta, con la vida.

Por eso es que la posibilidad de liberarnos, de plenificarnos y volver a la unidad conciente en lo múltiple, es lo que se llama verdaderamente Revolución.

La Revolución no es el final de una guerra y tampoco es la guerra misma, sino la realización de la conciencia. Pudiéramos seguir, por otros cuantos siglos, desperdiciando luchas y vidas, mientras no logremos sintonizarnos, aceptar y agradecer el estado de conciencia como gracia de liberación, igualdad y justicia.

La unidad del proletariado es, en el contexto de lo dicho, conciencia y no ideología (entendida esta como «falsa conciencia»). Es conciencia en el trabajo y en la creación y no en apego y subordinación a las cosas, al capital. Es conciencia de totalidad y, por tanto, conciencia expandida.

El día 28 de diciembre de cada año se «celebra» en el mundo occidental y cristiano la matanza de niños que emprendió Herodes para asegurarse su impredecible futuro. Es ahora una oportunidad para borrar el Herodes interno que sigue asesinando inocentes para la defensa de un ego y del poder de los objetos. Es el ahora de la Revolución de la Conciencia, aquí, en nuestros adentros.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: