Pescados no pescados. Gustavo Duch

Del buen informe Atrapados, recientemente presentado por la fundación Changing Markets para ayudarnos a entender qué compramos cuando compramos pescado o marisco, comento que:

No me ha sorprendido el dato que confirma que más de la mitad de los pescados que consumimos no son pescados, son cosechados, porque son criados en instalaciones acuícolas.

No me ha sorprendido porque los océanos están contaminados, sucios y agotados. Como dice el informe, más del 90% de las poblaciones de pesca marina han sido sobrepescadas, lo que ha dejado a muchas familias costeras, sobre todo de países del Sur Global, sin su modo de vida.

Ni que el informe explique que es falso el argumento esgrimido para impulsar la acuicultura. Cultivar peces no es una fórmula mágica para detener el colapso marino y recuperar la salud oceánica, es solo un mecanismo para poder seguir comercializando pescado a los estómagos más pudientes. La acuicultura de salmones, doradas o lubinas se alimenta de piensos fabricados a partir de los llamados peces pelágicos –como sardinas, arenques o anchoas–, que ya representa una quinta parte de toda la pesca mundial.

No me sorprende que este despilfarro por el capricho de comer unas especies y no otras sea el responsable de mucha hambre en lugares como Perú, Gambia o Mauritania, donde tienen (o tenían) en su dieta básica platos con sardinas o jureles. De la misma manera, sus mares se han empobrecido, puesto que de estas especies dependen otros peces mayores e, incluso, mamíferos marinos y aves.

Tampoco me ha sorprendido conocer con exactitud que este manjar de proteínas robadas se comercialice sobre todo en las grandes superficies, que controlan más del 70% de todas las ventas de pescado que hacemos en el Estado español.

De hecho, tampoco ha sido una sorpresa saber que, en la clasificación que han hecho de trece supermercados, todos saquen una nota inferior al 12,5 sobre 100, en cuanto a su compromiso social y sostenible en este sector.

Lo que ciertamente me ha sorprendido, y mucho, es el esfuerzo que han hecho en esta organización para dilucidar cuál es entre todas estas grandes superficies la menos mala. Por eso me parece tan acertada la afirmación de Stanislaw Jerzy Lec cuando dice: “Si un caníbal usa tenedor y cuchillo para comer, ¿es un progreso?”

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