Sant Julià de Ramis. Alfons Duran Corner

Violence is the last refuge of the incompetent. Isaac Asimov.

Me cuentan que es un pequeño municipio de la comarca del Gironès, con 3500 habitantes y apenas veinte kilómetros cuadrados de superficie. Vive de la agricultura y pequeñas industrias, como la mayoría de los pueblos próximos. Para los arqueólogos es un lugar interesante, pues a doscientos metros de altitud se encuentra un poblado ibérico del siglo V a.C., que luego los romanos aprovecharon, ya que desde allí se podía divisar el recorrido de un tramo de la Vía Augusta. También tiene un castillo del siglo XIII, catalogado como un bien cultural de interés nacional. A mediados de septiembre celebra su fiesta mayor, con actividades deportivas y algún evento musical. Es un pueblo tranquilo y civilizado, donde se respira orden y bienestar.

Ese orden y ese bienestar quedaron dinamitados – valga la metáfora  – cuando una bien pertrechada unidad de la guardia civil entró por la fuerza, con la utilización de mallas (como en las Cruzadas contra los infieles), en el local donde los ciudadanos del pueblo estaban cumpliendo con sus deberes democráticos en una consulta política que su gobierno  –el de la Generalitat de Catalunya–  había planteado. Por informaciones posteriores que han ido apareciendo, parece ser que ese pueblo había sido seleccionado por la autoridad competente como un objetivo a batir, pues se esperaba que el entonces President Puigdemont  fuera a votar allí, hecho que no ocurrió.

Tras el destrozo correspondiente de los activos físicos de carácter público, las unidades de choque prosiguieron su labor de limpieza y desinfección sobre las personas allí reunidas, provocando setenta heridos entre niños, ancianos y adultos, en un espectáculo deleznable, ética y estéticamente hablando, que pudo filmarse y apareció en todos los informativos de las más importantes cadenas de televisión del mundo (menos en las españolas, of course), gracias a que los medios nacionales e internacionales estaban allí porque esperaban la presencia del President.

Lo recuerdo muy bien porque por la noche tuve una llamada telefónica de un antiguo colega inglés del sector financiero, que al ver la actuación de los uniformados sobre la gente, me preguntó si el ejército había tomado de nuevo el poder en un golpe de Estado. Lo tranquilicé y le dije que no se preocupase, que aquello era normal en un Estado pre-democrático como el español.

Los medios internacionales comprobaron que las fuerzas de choque habían llegado en veinte furgonetas con unos doscientos guardias civiles, mientras que un helicóptero volaba constantemente sobre la zona. Lógicamente en el momento cumbre de la interrupción, había más guardias civiles que ciudadanos, lo que explica la productividad de los agentes del orden.

Con el tiempo el pueblo se ha recuperado, aunque las experiencias vividas han dejado huella, no solo física sino psicológica. Han recibido la solidaridad de muchos vecinos de otros pueblos de la comarca y esto los ha reconfortado.

El ayuntamiento, en un acto justo pero ingenuo, presentó un recurso contra el Estado, ajustándose solo a los activos físicos dañados, con el propósito de recuperar los aproximadamente catorce mil euros que ha costado la reparación. Después de varios procedimientos inútiles del farragoso sistema judicial español, el juzgado central contencioso administrativo número 7, con sede en la Audiencia Nacional, ha desestimado el recurso. El magistrado Eduardo Ángel Perdiguero Bautista ha responsabilizado al ayuntamiento por haber puesto las instalaciones a disposición de un proceso electoral ilegal, concluyendo que la guardia civil no actuó antijurídicamente “porque los agentes del instituto armado se encontraban amparados por una resolución judicial que ordenaba retirar de las instalaciones puestas a disposición del referéndum convocado ilegalmente, todo el material relacionado con el proceso electoral”.

Lo que no he llegado a averiguar es si en esa resolución judicial se incluía implícitamente el retiro, previo aporreamiento, de cualquiera que se encontrara en el camino del objetivo.

O quizás el protocolo lo da por hecho. Vaya usted a saber.

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