¿Qué hay de la persona? Farruco Sesto

Mar de Leva. Reflexiones tras el Telediario

¿Qué hay de la persona? Detrás de lo que piensa, de lo que dice, de lo que representa, ¿Qué es lo que vive en su interior? ¿Cómo ha llegado allí, hasta ese punto? ¿Qué parte de su mundo íntimo ha entregado a otros? ¿Qué parte de su libertad ha negociado y convertido en mercancía?

Estoy pensando en este momento por ejemplo en alguien, un hombre, una mujer, de rostro conocido por su frecuencia cotidiana, que le da voz al Telediario español y que cuando nos cuenta una noticia de mi país, Venezuela, lo suele hacer refiriéndose al “régimen de Maduro” o al “régimen bolivariano”.

Una vez y otra vez, invariablemente. Haciendo daño o buscando el daño.  Me pregunto ¿Por qué, por qué lo hace así, de esa manera? ¿Tal vez porque simplemente recita lo que lee en el teleprompter? Pero ¿y su aporte crítico dónde está? ¿Acaso nunca lo ha pensado?

¿Y quién lo redactó de esa manera? ¿Y quién lo indujo? ¿Y quién lo supervisó? ¿Y quién lo autorizó? ¿O quién es el jefe de información, de redacción, o el director, o quienes forman la junta directiva que impone esa política si es que es una política y no mala costumbre? ¿Qué hay de las personas? ¿Por qué se han puesto todos o todas de acuerdo para condenar comunicacionalmente a mi país, calificándolo de régimen, sabiendo la connotación de ese calificativo en una España que vivió más de cuarenta años bajo un régimen, ese sí, dictatorial? ¿De qué se trata esa asociación semántica, esa categorización mediática? ¿Qué buscan? ¿En dónde quedó su seriedad periodística?

Un régimen, el régimen, desde un régimen. ¿Y por qué así? ¿Qué hay de la persona que lo dice? ¿Quién es, a quién responde, qué instrucciones recibe, por qué lo hace de esa manera?

Más allá de los grandes temas de interés que atizan los conflictos del mundo, luchas de clases, contradicciones geopolíticas, tensiones culturales o comerciales, lo que fuera, sería interesante, si se pudiera, conocer también el tono moral, el hervor del alma, por así decirlo, de los protagonistas de esos conflictos. Pero no solo de los dirigentes más notables, de quienes comandan las acciones de las luchas tectónicas, los grandes nombres conocidos, sino de todos y cada uno de quienes forman parte de ellas, hasta del más humilde de los participantes, un periodista, un locutor, o un ancla, por ejemplo.

¡Ah, si uno pudiera descifrar las mentes, los sentimientos de cada uno! ¿Pero cómo ser Dios, para conocerlo todo y penetrar en las razones ocultas del alma, de cada uno de los actores de la escena que se representa ante tus ojos?

¿Qué hace, por ejemplo, que alguien sea un soldado de fortuna de la comunicación al servicio del señor de la guerra que le paga? ¿Qué ha hecho de sus sueños iniciales de libertad de conciencia, vale decir de ética profesional, si alguna vez los tuvo?

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