En espera del regreso de Rafaela Baroni.

Diálogo en cuarentena. Ivan Padilla Bravo

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A Rafaela Baroni la conocí vestida con traje largo, de colorido lujo y postrada en una urna que ella misma fabricó para sus velatorios funerarios.

Ella me contó que, desde niña, sufría de catalepsia y que su primera «muerte» fue a los 11 años de edad.

Originaria de la Mesa de Esnujaque, en el estado Trujillo (Venezuela), donde nació el «día de todos los santos» 1° de noviembre, en 1935, más tarde sintió que su auténtica libertad la encontró cuando se fue a vivir a la también trujillana ciudad de  Boconó, donde se dedicó a tallar la madera y darle vida artística, generando maravillosas figuras, predominantemente de santos, flores y pájaros.

Luego de su primera muerte y resurrección, estas se repitieron en otros momentos. Asumió el morir como algo «normal» en su vida y en su arte.

Siempre sonreía mortalmente feliz. Como digo, yo la conocí «cadáver» en Petare. En el Museo de Arte Popular Bárbaro Rivas, ubicado en el «casco central» del pueblo mirandino.

Creo que se inauguraba la exposición Miradas en el espejo (https://issuu.com/museopetare/docs/catalogor.baroni_email_).

Con anterioridad habíamos compartido bellos encuentros y en 2006, exactamente el 8 de agosto de ese año, me correspondió anunciar -como vocero del Ministerio del Poder Popular para la Cultura- para los medios de comunicación, los nombres de los 10 creadores y creadoras venezolanos, reconocidos por el Premio Nacional de Cultura correspondiente a la edición 2004-2005, entre quienes se encontraba ella como ganadora en el área de Cultura Popular, “en virtud de su amplísima trayectoria en este quehacer artístico y en reconocimiento a la alta calidad de su imaginario, su pródigo lenguaje plástico, pleno de hechizos y maravillamiento”, según el juicio emitido por el jurado integrado por Heufife Carrasco, Benito Irady y Luis Alberto Crespo.

Total que, desde entonces, me conecté con su vida y con sus misterios creativos, los mismos con los que transmitía su particular cosmovisión entre figuras de ángeles, vírgenes, santos, guacamayas, flores, pájaros, aves diversas y mucho, mucho colorido.

Dedicada a la creación artística, a la convivencia y sanación serena con las demás personas y con la naturaleza, se anuncia su partida de entre nosotros, este martes 9 de marzo.

Sin embargo, esta muerte de ahora, en 2021, yo no se la voy a creer… Debe ser otra jugarreta de la catalepsia. Por allí ya debe estar planificando su regreso. Y aquí la esperamos.

Fotos: Archivo MPPC

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