El Coronavirus no es asunto de salud. Ivan Padilla Bravo

Diálogo en cuarentena

Es un tema del Poder global. En este sentido, el Coronavirus y su revestimiento con el ropaje de pandemia, también es un  asunto de salud, pero lo es igualmente de economía, de política, de ideología, de libertad y de guerra, entre otros factores.

Prestarle atención al Covid solamente desde el campo de las llamadas «ciencias médicas, sanitarias y de la salud» es una manipulación planificada cómodamente en los últimos encuentros para jugar golf y definir nuevas estrategias mundiales de dominación, por parte del grupo que integra el Club Bilderberg.

Para quienes no lo saben o lo olvidaron, «Bilderberg es igual que Gran Hermano, el ojo que todo ve y controla. No actúan por dinero, ya tienen muchísimo; es por poder. El objetivo real es el poder absoluto, convertir a la gente en esclavos», según anota la investigadora y periodista Cristina Martín, en su libro El Club Bilderberg. Los amos del mundo (editorial Arco-Press).

El Coronavirus es una molécula orgánica y su despliegue viral depende de factores de desequilibrio ambiental, que pueden ser (¿o son?) provocados por manipulación, no solo genética sino social, psíquica, económica, militar, religiosa (incluida la llamada «nobleza negra») y, por supuesto y por sobre todo, de los amos del mundo.

Es así de cierto: en nuestro planeta convivimos infinidad de seres vivos. La vida, en La Tierra, está presente mucho más allá de lo que vemos moverse a nuestro alrededor.

Desde la perspectiva humana, el universo que somos, como individuos, constituye un hábitat en movimiento para millones de microorganismos. Somos la vida, la vida en Revolución constante. Revolución para el progreso, para el crecimiento, para la abundancia, desde una perspectiva que nada tiene que ver con el materialismo capitalista, por ejemplo.

Pese a lo que nos, parezca o nos hayan hecho creer, los demás seres vivos con los que nos relacionamos los humanos, no son nuestros opuestos y mucho menos nuestros enemigos. Son nuestros complementos en perfecto movimiento dialéctico.

Explicar la vida desde esta cosmovisión nos permite aceptarnos reconciliados con la totalidad de lo real, sin lucha, sin competencia, sin miedo. Es decir, por encima del pensamiento egótico de quienes se limitan, exclusivamente, a la lucha por el poder (incluyendo a quienes pretenden «tomarlo» o conquistar «el cielo por asalto»).

Y es que, desde hace unos cuantos siglos, el hombre, la mujer, la humanidad, anda peleándose con su entorno y persiguiendo aterrorizando a todo cuanto se mueve, incluyendo a sus pares humanos, a los que califica (a veces hasta con decretos y disposiciones de Estado) como «amenaza inusual y extraordinaria» y les declara la guerra, los persigue, los somete a bloqueos, los tortura, los desaparece, los inferioriza, los extermina.

Para los más pequeños, los que no se ven a simple vista, inventa plaguicidas, insecticidas, antimicóticos, antimicrobianos, antibióticos y vacunas (entre otros instrumentos de exterminio), luego de haberles leído el mismo decreto que los considera «amenaza inusual y extraordinaria».

La «aparición» (por decirlo de algún modo, sin olvidar que no es un acto de magia sino de miedo y horror, en nombre del Derecho) del Poder y el Estado, para administrar las relaciones sociales entre individuos que, alguna vez, fueron solidarios colectivamente para su convivencia y la producción de sus bienes de consumo en igualdad, data de tiempos muy lejos. Unos pocos se organizaron por sus miedos y fueron dejando el amor a un lado, se convirtieron en poder y fueron acumulando riquezas que nos pertenecen a todos por «generosidad» del universo. Comenzaron a surgir los «opuestos» y se abre paso así a las clases sociales para llegar hasta este ahora, aquí, en el que nos estamos destruyendo.

Por eso el Coronavirus, la ciencia, las religiones, los miedos y también está invitación que hago para vacunarnos desde los adentros, se mueven entre sí y en complejidades sociales que, más de una vez, han terminado en guerras, opresión y más miserias.

El descubrimiento de la molécula de Covid y su manipulado impulso viral (hasta convertirlo en «pandemia») por el mundo, es asunto de quienes se sienten dueños de la verdad porque antes se convirtieron en dueños de lo que nos quitaron a las grandes mayorías y lo encerraron en sus palacios, en sus reinos, en sus bancos y arcas, en sus gobiernos, en su proverbial condición de amos del mundo.

El Covid existe, pero también existió, no es un nuevo ser. Convivió entre nosotros como uno más, justo hasta el momento cuando hacía falta un Bin Laden a quien «culpar»  perseguir y exterminar, por «bicho», por «malo», por «perverso», por «amenaza inusual y extraordinaria», para quienes se erigieron en amos del mundo y también dueños del saber, del conocimiento, de la ciencia y de la teología, en fin, del pensamiento, de la cosmovisión hegemónica por la que pretenden ofrecer una vacuna para querer «arreglar» todo lo que ellos mismos han destruido por siglos.

Sí creo e insisto en que hay que vacunarse, pero desde los adentros, desde la Revolución interior, única capaz de dar concreción a la Revolución social y socialista, política, económica en la que nos movemos y la cual, en Venezuela, lleva el honroso nombre de  Revolución Bolivariana.

¿Es un asunto de salud? No solamente. ¿Hay que vacunarse? , pero comencemos la Revolución desde dentro.

Ilustración: Iván Lira

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