Coronavirus una oportunidad de vencer el miedo al miedo. Ivan Padilla Bravo

Diálogo en cuarentena

«Debes amar

el tiempo de los intentos

Debes amar la hora

que nunca brilla

Y si no

no pretendas tocar lo cierto

Sólo el amor

engendra la maravilla

Sólo el amor

consigue encender lo muerto»

Silvio Rodríguez

Desde la escuela inicial básica y, antes, en el período de amamantamiento mismo, deberíamos recibir nuestras primeras lecciones acerca del manejo de las emociones. Pero también acerca del conocimiento de nuestros cuerpos y la indivisible relación de estos con el universo, la naturaleza toda y nuestra mente.

Las emociones forman parte del todo que tiene que ver con todo, aceptarlas, entenderlas y manejarlas debería estar entre los aprendizajes básicos para vivir y mantener el equilibrio universal al que nos debemos.

Pero manejarlas no es reprimirlas. Ni siquiera llegar a controlarlas, porque las emociones son respuestas orgánicas de los individuos a distintos estímulos, espontáneos o inducidos que los llevan a protegerse del medio ambiente.

En el sentido expuesto, una emoción como el miedo es la respuesta ante un objeto, real o imaginado, que nos amenaza -en última instancia- de muerte o de cualquier situación (como una enfermedad, por ejemplo) de dolor que pueda conducirnos a ella.

Kurt Goldstein (médico y filólogo alemán) explica, en su Teoría de las emociones, que “la adaptación del organismo al ambiente ocurre por pequeñas «reacciones de catástrofe» que no pueden ser evitadas”. Nadie es ajeno de alegrarse, de sentir tristeza, ira o miedo, ante determinadas situaciones inesperadas que suscitan algunas de esas emociones.

En cuanto al miedo, si el equilibrio corporal que se expresa por una normalidad en su desenvolvimiento promedio es alterado por la aparición de un dolor o enfermedad, éste advierte de la necesidad de reestablecer el equilibrio y defenderse de la enfermedad.

Fíjense que digo «reestablecer el equilibrio» y no «curarse», que es lo que plantea la industria farmacéutica y su visión economicista de la vida y de todas las relaciones de explotación, características a la cosmovisión de los dominadores, de los amos del mundo.

Reestablecer el equilibrio interrumpido por quienes lo han destruido en procura de más capital y su plusvalía es, entre otros factores, respetar las emociones, que juegan un papel importante en la vida de los individuos.

Algunos filósofos, psicólogos y médicos con visión universal de totalidad, con mirada holística, han considerado a las emociones como «atributos del alma», de la conciencia del «yo interior». Por eso, hacia la segunda mitad del siglo XIX, las emociones se empezaron a estudiar e investigar en su relación somática y en sus consecuencias.

Ahora, muchos de esos estudios y sus aplicaciones, son capitalizados por una «ciencia» puesta al servicio de los interés de clase de los dominadores, quienes manipulan, desde el poder y sus Estados, todo y -en el caso que nos ocupa en el presente artículo- a las emociones, particularmente al miedo.

El terror y el terrorismo del Estado se basan en el miedo para el sometimiento masivo de los seres humanos. Es por esto que hoy entendemos al Covid-19, a su viralización y conversión en pandemia, en una forma más de ejercicio de la hegemonía del «saber» en manos de los amos del mundo.

A los explotados, a los dominados, a los sometidos por el miedo en el mundo entero, a los prisioneros de los gobernantes globales y egóticos, se les ofrece ahora una gran oportunidad para despertar aquí la conciencia en plena cuarentena.

Como a cualquier otro desequilibrio de salud, orgánico, patológico, nos corresponde hacer frente al Covid-19 y a sus distintas variantes, pero -insisto- no desde el miedo, sino desde el restablecimiento del equilibrio universal, mundial, vital, individual. Juntos podemos hacerlo y en amor. Primero, amor hacia nosotros mismos y, simultáneamente, amor hacia los demás y amor hacia la naturaleza toda. Reestablecer el equilibrio es nuestra tarea de conciencia: alimentación, ejercicio corporal, ejercicio espiritual (meditación y relajación) y convivencia con pasión de comuna, son los puntos por donde, ahora mismo, debemos comenzar.

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