Respirar para sanar es deber revolucionario. Iván Padilla Bravo.

Diálogo en cuarentena

La sociedad de las y los iguales, que por años ha sido denominada socialismo y construimos cotidianamente, es el más grande acto de conciencia de la humanidad.

Cuando, hace más de un año, se encendieron las alarmas ante la aparición de una molécula viral llamada Covid-19 o Coronavirus, que comenzaba a recorrer y contagiar al mundo hasta el punto de convertirse en pandemia, pensé de nuevo en el empeño humano por desequilibrar al universo al que nos incorporamos como tales con un cuerpo y mente disociadas del alma o élan al que nos debemos.

Suelo distanciarme cuando la mente de los eruditos califica de humanizado todo aquello que observa como producto «maravilloso» en el contexto de las relaciones sociales, haciendo parecer como «eslabón más alto de las especies» al individuo racional llamado (patriarcalmente, para variar) hombre.

Los eruditos hablan desde la ciencia (a veces también desde la religión, sólo que entonces se les llama teólogos, patriarcas, sacerdotes o cualquier cosa parecida que exprese «autoridad divina»), esa coraza de poder egótico o ególatra donde se generan los dogmas o verdades «incuestionables» construidas por los dominadores e impuestas como doctrinas hegemónicas para el mundo entero.

Mi distancia con lo establecido es la misma que debe haber entre conciencia y subconciencia, ideología (falsa conciencia) o razonamiento de complacencia con lo establecido desde el poder desigual de clases. Ya no lucho contra esa distancia, sino que la acepto como parte del proceso desequilibrado al que hemos llegado hasta ahora y que podemos revertir desde nuestro interior en la medida en que armonicemos dentro de nosotros al cuerpo con la mente y el corazón como expresiones de una misma energía que en quantos se mueve dialécticamente.

Si consiguiésemos volver a la esencia de lo escindido y, como seres vivos, nos asumiésemos conciencia expandida y en expansión, el proceso de liberación (incluida la liberación común, en comunas, social) o

equilibrio universal sería el todo al que nos debemos como individuos.

Respirar, respirar conscientes. Alimentarnos, alimentarnos conscientes. Ejercitar,ejercitarnos conscientes. Son partes del mismo proceso de lo vital, de la armonía y del equilibrio del universo. Son la sencilla revolución que nos debemos.

Es aquí donde debemos centrarnos. Nuestro enfoque humano está en la aceptación molecular de lo que somos. Sólo cuando asumamos nuestra misión para el equilibrio habremos logrado quitarle la corona a cualquier virus que se haya erigido monárquicamente en rey para las desigualdades y el dominio egolátrico de un puñado de expropiadores y amos del mundo.

La tarea es más sencilla de lo que se pueda suponer. Es parte de nuestra naturaleza con la naturaleza. No hay nada superior a otro, todos somos iguales, necesarios y complementarios entre sí.

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