¿Sentir o pensar, en la conciencia del ser? Iván Padilla Bravo

Diálogo en cuarentena

Recuerdo a Carlitos, el pana aquel que nació en Treveris hace más de 200 años. Durante su existencia pensante se le recuerda fustigando a los filósofos de entonces, quienes no habían hecho otra cosa que «interpretar la realidad, cuando de lo que se trata es de  transformarla».

Marx abre paso a una filosofía de la práxis que confronta al idealismo en boga hasta entonces, incluyendo al (idealismo) dialéctico defendido por su contemporáneo G. W. F. Hegel.

Para Karl Marx lo real es concreto y, como tal, «síntesis de múltiples determinaciones». Hay, asociado a ello, un movimiento de apropiación conceptual de esa realidad. Una nueva cosmovisión comienza a vislumbrarse en la alborada teórica de lo que comenzaría a denominarse materialismo dialéctico o, en general, simplemente marxismo.

Poco tiempo duraría la «luna de miel» con la conciencia nueva asociada al movimiento de clases sociales en pugna para la producción de bienes materiales por la que se genera una plusvalía que la burguesía dominante, los explotadores, los dueños de los medios de producción, se apropian.

La constatación de ese hecho en la política económica que caracteriza al capitalismo, evidencia relaciones de poder y dominación que también se expresan en el pensamiento, en las ideas dominantes, en  la hegemonía, como parte del poder arrastrado a la lucha entre clases (burgueses y proletarios, explotadores y explotados, capital y trabajo), que se enfrentan reproduciendo la lógica «cartesiana» (es mucho más que Descartes, pero dejémoslo así como referencia inmediata en esta reflexión) sin alcanzar «síntesis» alguna, salvo en un plano repetitivo de la «lucha» como «ontos» y también como «episteme», anclados ambos en la satisfacción del ego en el poder u optando por el mismo.

La Revolución movida por la lucha sólo permite o puede permitir el acceso al poder y, en ese sentido, siempre será una revolución trunca, limitada, logicista, matemática y científica y por tanto imposibilitada de alcanzar la igualdad en la diversidad por equilibrio del universo perfecto en el que somos un todo de conciencia plena.

En la Revolución del siglo XXI, en el comunismo como sociedad de las y los iguales, en la «Patria socialista» (para decirlo en lenguaje de la Revolución Bolivariana y Chavista) como antesala a la  igualdad y al equilibrio, el planteamiento no puede seguir siendo el de la lucha, la confrontación y el exterminio. La conciencia verdadera no es un pensamiento sino un sentimiento. Se trata de sentir en vez de razonar. Y, en ese proceso, que es interior y en el que, como individuos, nos corresponde un papel protagónico, debemos dejar el liderazgo al corazón: ¡Qué sea  el amor el que nos guíe!

Ilustración: Xulio Formoso

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