El dia cuando nos historizamos la conciencia

Diálogo en cuarentena. Iván Padilla Bravo

Ese no tiene fecha. Puede ser uno o ninguno. Puede ser un año, un lustro, una década o un siglo. Mucho más que la apariencia temporal que utilizamos como referencia generadora de emociones que, indistintamente, nos satisfacen o insatisfacen, lo cierto es que alguna vez perdimos la virtud de la solidaridad y entramos en el  marasmo del egoísmo.

Ese momento del «pecado original» signado por la egolatría convertida en poder y en formas de acumulación de capital en pocas manos, es el vértice donde converge la expresión de un proceso, en el que el hombre, la humanidad, se alza con la creencia de estar dotado y ser «merecedor» de una subjetividad que todo a su alrededor lo objetiviza, convierte en inferior o subordina a lo que el individuo piensa y no a lo que es en realidad.

La larga trayectoria que desprende al sujeto del objeto, que escinde y convierte en dos lo que fue uno, que cosifica todo lo que no sea yo, que lo objetiviza y subordina hasta explotarlo y mercantilizarlo, tal como lo logra el capitalismo, es lo que podríamos denominar (como proceso, en su conjunto) la historización de la conciencia.

Sé que a las y los que han escogido el estudio de la historia como disciplina «científica» no les va a gustar que uno degrade sus métodos y metodologías como artimañas de la mente en función de la dominación. Razón -quizás- tenía Marx cuando nos lleva a entender que «la historia conocida hasta el presente es la historia de la lucha de clases» y, por tanto, que podemos llegar a un momento en el que ya no haya historia pues hemos conseguido reconciliarnos con la igualdad entre los individuos, humanos y no humanos, con toda la naturaleza, con la plenitud del universo, con la conciencia en expansión y libertad.

Para entender este punto, hace falta tener en cuenta que cuando nos «historizamos» la conciencia y la subimos a un cuadrilátero para someterla a un pugilato con la ideología, es porque ya habíamos comenzado a producir, distribuir y consumir todo en desigualdad. Habíamos roto, no sólo en la episteme sino (sobre todo) en el conjunto de las relaciones de producción, con el equilibrio universal. Habíamos dado lugar para amos y esclavos, para señores y siervos, para burgueses y proletarios, en fin, para explotadores y explotados.

Y, quiero insistir, en toda esta historización de la realidad, nos hemos sumergido hasta hoy en una lucha, en una guerra, en un pugilato de nunca acabar. Es hora ahora de asumir la Revolución como Poesía, como conciencia, como vuelta al corazón del universo en igualdad, como unidad en la madre, en la Pachamama, nido genuino de la libertad.

Ilustración: Iván Lira

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