Cinco meses de cómplice inacción. Pedro Martínez Pírez

El próximo 20 de junio se cumplirán cinco meses del nuevo gobierno de los Estados Unidos cuyo candidato y hoy Presidente, Joe Biden, anunció durante la campaña electoral que modificaría la cruel política hacia Cuba dejada por su antecesor, Donald Trump.

Pero han sido cinco meses de inacción y de complicidad de un gobierno que 72 horas después, el 23 de junio, deberá prepararse para enfrentar una nueva derrota en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, cuando la mayoría del mundo pida a Washington poner fin al criminal, ilegal y extraterritorial bloqueo yanqui contra Cuba.

Y aunque la sordera de Washington se extiende a lo largo de las últimas seis décadas, fue en 1992 cuando a pedido de Cuba y de la mayoría de naciones del mundo, la ONU comenzó formalmente a reclamar a Estados Unidos, año tras año, el fin de un bloqueo que ha causado daños económicos inmensos al pueblo cubano y también a los empresarios estadounidenses, europeos y del resto del Universo.

Más de sesenta años de una cruel política, que puede calificarse de genocida, contra una pequeña nación vecina, a la cual los políticos del Norte se niegan a reconocerle su soberanía e independencia, acostumbrados a lo largo de la historia a quebrar su dignidad e integridad, muestra de lo cual es la existencia  de la base militar que mantienen los yanquis en el territorio cubano de Guantánamo, y que fue impuesta a Cuba como condición para la retirada de las tropas estadounidenses en el lejano año de 1902, cuando nació, mutilada, la República cubana.

Y si crueles fueron los cuatro años del mandato del republicano Donald Trump, cuando se intensificó hasta límites inauditos el bloqueo yanqui contra Cuba, no menos crueles han sido los primeros cinco meses del gobierno del demócrata Joe Biden, a pesar de los reclamos de muchas personas, instituciones y gobiernos del mundo, y de la propia sociedad estadounidense, en medio de los esfuerzos de Cuba en el enfrentamiento a una pandemia que ha añadido costos materiales y humanos a una nación que se resiste a la dominación imperialista.

La paciencia tiene límites. Lo confirman los movimientos populares en Perú, Colombia y Chile. Los pueblos se resisten a continuar dominados por políticas neocoloniales impuestas por gobiernos serviles a  Washington.

Y como ha dicho en una de sus hermosas canciones el cantautor y poeta cubano Silvio Rodríguez, el tiempo está a favor de los pequeños.

La Habana, 14 de junio de 2021

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