En revolución sólo quien camina llega

Diálogo en cuarentena. Iván Padilla Bravo

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Todo es movimiento. En la vida, en el universo todo y vital, el verdadero equilibrio es el movimiento.

El movimiento es un en sí de la realidad toda. Éste no depende de la voluntad de los seres humanos, de sus pensamientos ni de su mente. Sencillamente, nos movemos, todo se  mueve armónicamente y sin otro fin que el del equilibrio entre lo uno y lo múltiple.

Sin embargo, es importante que nos detengamos en un aspecto que nos compromete: la restitución del equilibrio o, si se quiere, del movimiento en sí que, en nombre del Poder y de la Ciencia, propios al supremacismo de una supuesta especie más desarrollada o de una «raza superior», tal como lo planteaba políticamente el nazi-fascismo, ha sido alterado.

Ese cuento nos los creímos todos en el planeta, lo culturizamos e ideologizamos hasta convertirlo en falsa consciencia y es así como las religiones, las ciencias, se hicieron hegemónicas y parte del Poder, hasta el punto de mantenernos tan atrapados que toda «verdad» es avalada o se mantiene fiduciariamente atrapada por la fe, ya sea a través de la religión o a través del monopolio del saber «científico».

La revolución que se compromete a cambiar un poder caduco por uno nuevo, sigue atada al pensamiento dominante,hecho ideología y también hegemonía. Es una revolución que lucha en nombre de unas clases oprimidas, hasta el momento cuando éstas empiezan a ser un poder de nuevo tipo.

Observemos, con pensamiento crítico y sólo a manera de ejemplo, como todas las revoluciones del siglo XX (esto, tan solo para ilustrar una realidad que no es exclusiva de ese siglo) no contribuyeron nunca al restablecimiento del equilibrio social, por extensión, del genuino equilibrio universal. Perpetraron o han pretendido perpetuar el desequilibrio, diseñando y construyendo nuevas formas de hegemonía. Pero no por una intencionalidad a priori o por una «maldad» en venganza, de los vencedores. Sencillamente por una alienación a la mente egótica que compite por el poder, pensando que el «nuevo poder» victorioso puede llegar a ser diferente y liberador. El camino «revolucionario» de la lucha sólo genera, tarde o temprano, nuevas luchas y una evidencia de perpetuidad en el desequilibrio, en este caso, social.

La Revolución, por tanto, debe comenzar por nosotros mismos, por nuestro interior, por nuestra conciencia, que debe ser conciencia del no-poder. Si la claridad de lucha que condujo a la victoria al proletariado, a los bolcheviques por sobre los mencheviques y el poder zarista en la Rusia de 1905 o de 1917 hubiese estado signado por la conciencia y no por la fuerza ni por el pensamiento o la fuerza mental, esa conciencia sería hoy revolución expandida y no nuevas formas de luchas de egos diferentes y temporalmente victoriosos. Esa revolución soviética no se hubiese desplomado medio siglo después, de haber llegado a ser conciencia junto al universo, junto a la totalidad de la humanidad y junto a la naturaleza como es y no como queremos que sea, mientras convocamos dioses o «verdades científicas».

Digo en el título de esta opinión como propuesta de un Diálogo más, en cuarentena, que

En Revolución sólo quien camina llega, porque en el capitalismo, el período más prolongado y extendido de la mente-poder-del-capital, hasta el sedentarismo nos ha convertido en víctimas de la muerte, del dolor y del fracaso en nombre del placer y la comodidad que nos ofrece la  ciencia y las tecnologías.

El ejemplo de la actual pandemia, supuestamente, por causa del Covid-19 nos sirve hoy para una reflexión profunda acerca de lo que nos corresponde hacer en pro de la vida y de su equilibrio. La propuesta desde el poder, simbolizado en los amos del mundo, ha sido acudir al encierro, al confinamiento, al distanciamiento social y, luego, a la vacuna, como modos abruptos e impositivos y de lucha para preservar al poder aún en sacrificio de la vida. Desde el poder poderoso de los egos gobernantes lo único que se quiere cambiar es para lograr que nada cambie. La verdadera Revolución no está en ponerle las manos al poder sino en revolucionar radicalmente la conciencia.

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