La inflación se come todo

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Los precios no paran de subir en todo el planeta: energía, carburantes, fertilizantes, vivienda, alimentos. Ya estamos metidos en otra crisis cuando todavía no hemos salido de la anterior. En los últimos tres meses, el gasto de los hogares ha caídoun 3,7%.
A pesar de que nos empobrecemos, de que los salarios no se incrementan y, por tanto, no son la causa del alza de los precios, sino su principal víctima, los jefes de la CEOE y del Banco de España continúan presionando contra unos jornales y unas pensiones que rondan de media los 900€ mensuales.
Es verdad que hay “exceso” de demanda. Pero la causa no está en que “sobre dinero en las familias” -de hecho, la pobreza ha aumentado tras la Covid-, sino en la falta de inversión, falta de producción. Los capitalistas no meten dinero en el circuito de la producción porque, ante los problemas en las cadenas de suministros y los precios de la energía, no tienen claro que vayan a recuperar lo gastado. Recordemos: invierten para obtener beneficios.
Sin esa premisa, no ponen dinero. Su apuesta para recuperar márgenes implica, en primera instancia, depreciar salarios y exigir más subvenciones y menos impuestos.
Esa es su idea. Pero ¿cuál es la de las izquierdas plurales? La inflación constituye su principal enemigo. La escalada de los precios jibariza el ya de por sí reducido Ingreso Mínimo vital, se come la revalorización de las pensiones, disminuye los efectos de la reforma laboral en el reino de bajos sueldos, engulle los 20 céntimos de la gasolina o la isla energética gasística trabajosamente arrancada a Bruselas.
Nada aguanta ante la apabullante embestida inflacionaria. Pero no es el único obstáculo. Al coste de la vida hay que sumarle los estratosféricos beneficios del Ibex y su codicia glotona por los fondos Next Generation.
Por si fuera poco, a todo ello hay que añadirle la estructura del propio Estado surgido de la segunda restauración borbónica. Corrupto como su emérito, deslenguado y chulo como Villarejo, arrogante ante ayuntamientos y comunidades e inútil para salvar las vidas de las mujeres, los empleos, la vivienda, la sanidad o la educación.
Las izquierdas no podrán dar un vuelco a la movilizada derecha sin tomar medidas decididas que corten la escalada de precios. Y para lograrlo hay que poner en vereda a los amos del dinero. No podemos avanzar en derechos para la mayoría sin someter al gran capital. No podemos mejorar sin ofrecer un plan democrático, libre, basado en criterios republicanos de igualdad y fraternidad, comprometido con el derecho de autodeterminación y, en consecencia, con hacer prevalecer la opinión de la mayoría sobre la minoría rica. 
Mientras no avance más la movilización y no se trabaje por tales cambios, removilizar y unir a las izquierdas continuará siendo difícil y la inflación seguirá comiéndolo todo.

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