La JAURÍA HUMANA. Alfons Duran Corner

Nuestra cita

A society with Lynch culture needs a big zoo, not for the animals definitely, but for the very people themselves. Mehmet Murat.

Arthur Penn, uno de los grandes directores del cine independiente norteamericano, dirigió a mediados de los sesenta del siglo pasado una dura película sobre la maldad del ser humano. El guion original fue escrito por Lilian Hellman, pareja de Dashiell Hammett, lo que aseguraba la calidad del relato y la cuidadosa descripción de los principales personajes que lo conformaban.

Estados Unidos en aquel momento estaba viviendo una época de enfrentamiento interno y discusión política. Malcom X  había sido asesinado, Martin Luther King Jr. había liderado las primeras marchas a favor de los derechos civiles entre Selma y Montgomery, en el Estado de Alabama, y los primeros contingentes de tropas norteamericanas habían entrado en combate en el lejano Vietnam.

“La jauría humana” fue el título que el distribuidor español eligió para la película, aunque el título original era The Chase” (la persecución). El reparto de actores fue espléndido, con jóvenes promesas como Robert Redford y Jane Fonda, y actores consagrados como Marlon Brando, Angie Dickinson, James Fox y Robert Duvall.

“La jauría humana” explica una historia perversa que sucede en una pequeña localidad del sur de Estados Unidos. Un joven vecino del pueblo, condenado injustamente, se escapa de la cárcel y trata de esconderse en el lugar que él conoce, y donde residen su mujer y sus padres. Frente a él se halla el resto de ciudadanos, todos en torno al magnate del pueblo, que hace y deshace a su gusto. Un primer colectivo está constituido por el “establishment” (la gente “de orden”). Un segundo por la plebe, los arribistas, la gentuza que se apunta a la fiesta. Es un mundo de corrupción, de sometimiento, de manipulación. El tercer agente de la historia –el único decente–  es el sheriff de la localidad (representado por un extraordinario Marlon Brando), que no pertenece a la tribu y trata por todos los medios de evitar que la plebe desatada y borracha acabe colgando al fugitivo.

Cuando contemplo lo que está ocurriendo con el President Puigdemont y el plan trazado por el Estado español para lincharlo, no puedo evitar visualizar los momentos más dramáticos de la película de Arthur Penn. El aparato del Estado (jueces, fiscales, abogados, ministros) se ha visto acompañado por la basura mediática y dan por hecho la entrega del President por parte de alguna autoridad europea a la policía española, como hicieron los nazis con el President Companys. Y en este contexto no hemos de olvidar el papel de algunos políticos catalanes que se declaran independentistas y que no han puesto reparos para ayudar en esa operación.

Porque la idea de fondo, no lo olvidemos, no es sacrificar únicamente a un líder (de los pocos que se comprometieron de verdad por la independencia) sino acabar con una generación y con un proyecto genuinamente democrático, que solo quería y quiere separarse de un Estado totalitario y ocupar un espacio propio de libertad.

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