Para Rodolfo Walsh, justo a los 90 *. Carlos Aznárez

enero 10, 2017

 

Me parece una maravilla recordar a  Rodolfo Walsh,  gracias al buen hacer-escribir de Carlos Aznárez.

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Gracias por regalarnos esta joya, permitirnos conocer a este hombre singular, que en todo momento, estuvo jugándose la vida por causa nobles, de ahí que “algunos” no le permitieran seguir, no le perdonaran estar junto a la lucha de los que sufrían.

Su lucha no fué vana. Recordarle es permitir que nuestros jóvenes sepan quienes les precedieron, en qué condiciones vivían-luchaban-morían.

La lucha sigue, no se detendrá hasta que aquellos viejos propósitos, que siguen vigentes en nuestra Sociedad del S XXI se vean cumplidos: libertad-Igualdad para todos los seres humanos que formamos parte de este planeta Tierra.

 

 

Queridísimo Rodolfo, 


¿Cómo va Profesor Neurus, ahora que precisamente te toca cargar una pesada mochila con 90 años de recuerdos, esperanzas, algunas alegrías, bastantes tristezas, innumerables escritos alumbrados y otros que quedaron en el tintero? Veo que todavía ostentas como escudo, una una enorme y pesada ANCLA que supiste usar en cada momento para fondear tu cuerpo repleto de luminosidad.
Te recuerdo,  Profe,  cuando nos cruzamos por primera vez, en la  la librería y editorial Jorge Alvarez, allá por 1964, yo buscando una nueva edición de “Operación Masacre” para regalarle a un compañero, y vos allí, con tu rostro de detective jovial, revolviendo la mesa de novedades. Por supuesto, que te pedí que me lo firmaras y ya que estaba me compré otro para no quedarme atrás. A ambos nos dedicaste un: “Para….con afecto y el deseo de que les ayude a conocer la verdadera heroicidad de nuestro aguerrido pueblo”. El devenir de “la otra historia”, la que escriben los vencedores, nos arrebató al otro compa y a mí esos dos ejemplares que tanto supimos atesorar, releer y cuidar. A Máximo, así se llamaba mi hermano de lucha, lo secuestró y asesinó la Triple A en marzo del 76, al borde mismo del golpe dictatorial. Mi libro, corrió igual suerte ya que se perdió en un allanamiento de la misma organización fascista, el 6 de septiembre de 1974, cuando Montoneros pasó a la clandestinidad después de morir Perón.

Cuatro años después, en el 68, nos volvimos a encontrar en medio del bullicio y no pocas tensiones, del lanzamiento de la CGT de los Argentinos. ¿Te acordás? Estaba a punto de empezar su combativo discurso (Raimundo) Ongaro, ya había hablado el ferroviario Lorenzo Pepe y vos -uno de los artífices de toda esa movida- me miraste con cara de desesperación preguntándome si mi grabador (un Sony del año de Matusalén) tenía pilas, porque las del tuyo habían capotado. “Lo que se diga ahora va a pasar a la historia” susurraste, y así fue nomás, y al día siguiente te estaba alcanzando la cinta con todos los discursos grabados, que sin duda marcaban un punto de inflexión en la lucha antiburocrática de nuestra clase trabajadora.

A partir de esos años, nos fuimos cruzando en numerosas historias de militancia tanto sindical como política. Fuiste co-fundador de la Agrupación 26 de Julio (del Peronismo de Base) en prensa, y también coincidimos en algunas redacciones. Inevitablemente, querido Rodolfo, siempre ponías la guinda de la torta, enseñando, concientizando. Eras didáctico al máximo, ayudando, en lo que hacía a la práctica del periodismo, a investigar en el terreno de los hechos, a contrastar la información y recién cuando todo ese camino hubiera sido recorrido, dar a conocer el texto en cuestión. Los que te tuvimos como compañero de reuniones pero también de algunas cenas inolvidables en algún boliche del Bajo, nos deleitábamos con tus ironías sobre tal o cual personaje de la política de aquel entonces pero también tomábamos cuenta de tu seriedad y rigidez a la hora de hablar y actuar organizativamente (desde abajo y combatiendo) para los más humildes, para aquellos y aquellas a las que la vida no cesó de castigarlos.

Con el tiempo desarrollaste y disfrutamos de toda tu capacidad como escritor y periodista, nos acercaste aún más la lucha del pueblo palestino y de la Revolución Cubana, y no dejaste de marcar a fuego a aquellos intelectuales de cartón o “izquierdistas de mesa de café” para los que nunca se daban las condiciones de luchar a fondo contra quienes martirizaban a nuestro pueblo. Por ser así como eras, no dudaste viejo Capitán, en alistarte como voluntario en las milicias del pueblo, cuando llegó el momento de dejar de poner la otra mejilla y empezar a devolverles los golpes que nos venían dando desde que bombardearon la Plaza en el 55. Vos y nuestro recordado Paco Urondo fueron ejemplo de coherencia en ese sentido.

La Agencia de Noticias Clandestina es un capítulo aparte en tu infatigable vida. Preparaste la pista de despegue un tiempo antes que Videla se sentara en la Rosada, los viste venir, sabías por donde iban a descargar su odio y cuánto significaría de dolor para nuestra gente. Abrigaste la esperanza de que la información que rompiera con el discurso único se convertiría en un arma fundamental en la lucha montonera y del pueblo todo. No te equivocaste, compañero “Esteban”, bajo tu conducción imposible de imitar, fuimos produciendo día tras día durante un largo año, verdaderos mini manuales de práctica periodística en tiempos difíciles. El mundo pudo enterarse, gracias a ello, que al igual que en la Alemania nazi, aquí también había campos de exterminio y se practicaba la tortura y la desaparición forzada de personas como algo “natural”. Tan natural como la muerte misma. De esas investigaciones pero también del recuento minucioso de las infamias represivas promovidas por marinos, aviadores, militares y policías, surgió ese balance implacable de denuncia que fue tu Carta a la Junta Militar, que diste a conocer pocas horas antes de caer en combate. Ese mediodía nefasto, allí por San Juan y Entre Ríos, les ganaste la última batalla a quienes querían exhibirte como trofeo de guerra.

Hoy compañero Rodolfo Walsh festejamos tus 90, los de tu coraje y pensamiento crítico, los de tu legado revolucionario. Es verdad que te toca cumplirlos  en otro momento oscuro del país, con miles de despedidos, con chicos y viejos comiendo de la basura, con las calles llenas de colchones agujereados que sirven de dormitorio a familias enteras, con campesinos y campesinas rociadas y envenenadas por el glifosato, a los que le quitan el agua y las tierras día a día, con diversas trasnacionales quedándose con nuestras riquezas y la soberanía , con la provincia de Jujuy en estado de excepción y con cárceles donde se encierra a quienes protestan. Gobiernan los ricos contra los pobres y nunca hubo tantos directores de empresas convertidos en ministros y ministras. 
Me podrás decir que esto ya lo vimos, y no te equivocás Profesor, porque además de todo, se repite lo mismo que nos advertiste cuando nos juntaste en una mesa de café a principios del 75  a quienes luego te acompañaríamos en ANCLA: estas políticas represoras necesitan su correlato de censura y silencio informativo. En eso andan por estos días, y por eso, no estaría de más que escribas otra de tus cartas denunciando todos los horrores de este último año. ¿Te animas?

* Con motivo del 90 aniversario del natalicio del escritor, periodista y combatiente montonero argentino Rodolfo Walsh, asesinado por la dictadura militar en marzo de 1976.
* Nota pedida para publicar por los compañeros/as de la revista La Garganta Poderosa

La dictadura mediática en la era de la post-verdad. Fidel Castro y la represión contra los intelectuales. Ignacio Ramonet

diciembre 8, 2016

ALAI AMLATINA, 07/12/2016.- La muerte de Fidel Castro ha dado lugar -en algunos grandes medios occidentales- a la difusión de cantidad de infamias contra el Comandante cubano. Eso me ha dolido. Sabido es que lo conocí bien. Y he decidido por tanto aportar mi testimonio personal. Un intelectual coherente debe denunciar las injusticias. Empezando por las de su propio país. ignacio-ramonet
Cuando la uniformidad mediática aplasta toda diversidad, censura cualquier expresión divergente y sanciona a los autores disidentes es natural, efectivamente, que hablemos de ‘’represión’. ¿Cómo calificar de otro modo un sistema que amordaza la libertad de expresión y reprime las voces diferentes? Un sistema que no acepta la contradicción por muy argumentada que sea. Un sistema que establece una ’verdad oficial’ y no tolera la transgresión. Semejante sistema tiene un nombre, se llama: ‘tiranía’ o ‘dictadura’. No hay discusión. Como muchos otros, yo viví en carne propia los azotes de ese sistema… en España y en Francia. Es lo que quiero contar.

La represión contra mi persona empezó en 2006, cuando publiqué en España mi libro «Fidel Castro. Biografía a dos voces» -o «Cien horas con Fidel»- (Edit. Debate, Barcelona), fruto de cinco años de documentación y de trabajo, y de centenares de horas de conversaciones con el líder de la revolución cubana. Inmediatamente fui atacado. Y comenzó la represión. Por ejemplo, el diario «El País» (Madrid), en el que hasta entonces yo escribía regularmente en sus páginas de opinión, me sancionó. Cesó de publicarme. Sin ofrecerme explicación alguna. Y no sólo eso, sino que –en la mejor tradición estalinista- mi nombre desapareció de sus páginas. Borrado. No se volvió a reseñar un libro mío, ni se hizo nunca más mención alguna de actividad intelectual mía. Nada. Suprimido. Censurado. Un historiador del futuro que buscase mi nombre en las columnas del diario «El País» deduciría que fallecí hace una década…
Lo mismo en «La Voz de Galicia», diario en el que yo escribía también, desde hacía años, una columna semanal titulada «Res Publica». A raíz de la edición de mi libro sobre Fidel Castro, y sin tampoco la mínima excusa, me reprimieron. Dejaron de publicar mis crónicas. De la noche a la mañana: censura total. Al igual que en «El País», ninguneo absoluto. Tratamiento de apestado. Jamás, a partir de entonces, la mínima alusión a cualquier actividad mía.
Como en toda dictadura ideológica, la mejor manera de ejecutar a un intelectual consiste en hacerle ‘desaparecer’ del espacio mediático para ‘matarlo’ simbólicamente. Hitler lo hizo. Stalin lo hizo. Franco lo hizo. Los diarios «El País» y «La Voz de Galicia» lo hicieron conmigo.
En Francia me ocurrió otro tanto. En cuanto las editoriales Fayard y Galilée editaron mi libro «Fidel Castro. Biographie à deux voix» en 2007, la represión se abatió de inmediato contra mí.
En la radio pública «France Culture», yo animaba un programa semanal, los sábados por la mañana, consagrado a la política internacional. Al publicarse mi libro sobre Fidel Castro y al comenzar los medios dominantes a atacarme violentamente, la directora de la emisora me convocó en su despacho y, sin demasiados rodeos, me dijo: «Es imposible que usted, amigo de un tirano, siga expresándose en nuestras ondas». Traté de argumentar. No hubo manera. Las puertas de los estudios se cerraron por siempre para mí. Ahí también se me amordazó. Se silenció una voz que desentonaba en el coro del unanimismo anticubano.

En la Universidad París-VII, yo llevaba 35 años enseñando la teoría de la comunicación audiovisual. Cuando empezó a difundirse mi libro y la campaña mediática contra mí, un colega me advirtió: «¡Ojo! Algunos responsables andan diciendo que no se puede tolerar que ‘el amigo de un dictador’ dé clases en nuestra facultad… » Pronto empezaron a circular por los pasillos octavillas anónimas contra Fidel Castro y reclamando mi expulsión de la universidad. Al poco tiempo, se me informó oficialmente que mi contrato no sería renovado… En nombre de la libertad de expresión se me negó el derecho de expresión.

Yo dirigía en aquel momento, en París, el mensual « Le Monde diplomatique », perteneciente al mismo grupo editorial del conocido diario «Le Monde». Y, por razones históricas, yo pertenecía a la ‘Sociedad de Redactores’ de ese diario aunque ya no escribía en sus columnas. Esta Sociedad era entonces muy importante en el organigrama de la empresa por su condición de accionista principal, porque en su seno se elegía al director del diario y porque velaba por el respeto de la deontología profesional.
En virtud de esta responsabilidad precisamente, unos días después de la difusión de mi biografía de Fidel Castro en librerías, y después de que varios medios importantes (entre ellos el diario «Libération») empezaran a atacarme, el presidente de la Sociedad de Redactores me llamó para transmitirme la «extrema emoción» que, según él, reinaba en el seno de la Sociedad de Redactores por la publicación del libro. «¿Lo has leído?», le pregunté. « No, pero no importa -me contestó- es una cuestión de ética, de deontología. Un periodista del grupo ‘Le Monde’ no puede entrevistar a un dictador». Le cité de memoria una lista de una docena de auténticos autócratas de África y de otros continentes a los que el diario había concedido complacientemente la palabra durante décadas. «No es lo mismo -me dijo- Precisamente te llamo por eso: los miembros de la Sociedad de Redactores quieren que vengas y nos des una explicación». «¿Me queréis hacer un juicio? Un ‘proceso de Moscú’? Una « purga » por desviacionismo ideológico? Pues vais a tener que asumir vuestra función de inquisidores y de policías políticos, y llevarme a la fuerza ante vuestro tribunal. » No se atrevieron.
No me puedo quejar; no fui encarcelado, ni torturado, ni fusilado como les ocurrió a tantos periodistas e intelectuales bajo el nazismo, el estalinismo o el franquismo. Pero fui represaliado simbólicamente. Igual que en «El País» o en «La Voz», me «desaparecieron» de las columnas del diario «Le Monde». O sólo me citaban para lincharme.
Mi caso no es único. Conozco -en Francia, en España, en otros países europeos-, a muchos intelectuales y periodistas condenados al silencio, a la ‘invisibilidad’ y a la marginalidad por no pensar como el coro feroz de los medios dominantes, por rechazar el ‘dogmatismo anticastrista obligatorio’. Durante decenios, el propio Noam Chomsky, en Estados Unidos, país de la «caza de brujas», fue condenado al ostracismo por los grandes medios que le prohibieron el acceso a las columnas de los diarios más influyentes y a las antenas de las principales emisoras de radio y televisión.
Esto no ocurrió hace cincuenta años en una lejana dictadura polvorienta. Está pasando ahora, en nuestras ‘democracias mediáticas’. Yo lo sigo padeciendo en este momento. Por haber hecho simplemente mí trabajo de periodista, y haberle dado la palabra a Fidel Castro. ¿No se le da acaso, en un juicio, la palabra al acusado? ¿Por qué no se acepta la versión del dirigente cubano a quien los grandes medios dominantes juzgan y acusan en permanencia?
¿Acaso la tolerancia no es la base misma de la democracia? Voltaire definía la tolerancia de la manera siguiente: «No estoy en absoluto de acuerdo con lo que usted afirma, pero lucharía hasta la muerte para que tenga usted el derecho de expresarse». La dictadura mediática, en la era de la post-verdad, ignora este elemental principio.


Federico Mayor Zaragoza. Evolución rápida o revolución.

enero 11, 2014

Federico MayorDos noticias recientes ponen de relieve hasta qué punto la crisis es, ante todo, social.
Salario mínimo en Alemania y Estados Unidos: la codicia neoliberal al descubierto
La primera, hace unas semanas: “Llegar a un acuerdo con el PSD conlleva, porque es una exigencia ineludible, fijar en Alemania un salario mínimo” (lo que indica con claridad meridiana que las empresas alemanas no se sienten muy concernidas por las condiciones de vida de sus empleados). Y añade: “Al conocer la claudicación de la señora Merkel, varias grandes empresas anuncian su deslocalización”.

La segunda se refiere a unas declaraciones muy recientes del Presidente Obama en las que comenta con gran pesar que más de 50 millones de norteamericanos viven hoy por debajo del umbral de la pobreza, y propone aumentar razonablemente el salario mínimo. Como si les hubieran rozado el trigémino, los republicanos –especialmente los ultra, representantes de los sectores más acaudalados del país- han anunciado su rotunda oposición.

Esperemos que estas noticias sirvan para despertar a tantos adormecidos, a tantos impávidos, a tantos impasibles, a tantos silenciados, a tantos silenciosos.

Está claro que estamos a la víspera de grandes cambios, de un nuevo orden mundial.

Tomen buena nota los gobernantes de que a una mayoría de los ciudadanos les tiene sin cuidado la prima de riesgo y las fluctuaciones bursátiles. Lo cierto es que las desigualdades se incrementan en lugar de reducirse y que, al no producirse la evolución que sensata y serenamente debía tener lugar, corremos el riesgo de la revolución.

Repito con frecuencia el preciso y precioso verso-advertencia de D. Antonio Machado: “Es de necio confundir valor y precio”. Fueron necios. Siguen siendo necios. Dejen de serlo porque, en otro caso, el precio humano, social y medioambiental de su actitud actual sería extraordinariamente elevado.


Coherencia ante el aborto. Federico Mayor Zaragoza-Juan José Tamayo

enero 9, 2014

tamayo-zaragoza-abortoDemuestran una grave incoherencia quienes —sean instituciones o personas— condenan el aborto con la misma vehemencia con que defienden la pena de muerte, propician la confrontación bélica o permanecen impasibles ante el genocidio colectivo, por hambre o desamparo, de más de 60.000 personas mientras se invierten en la seguridad de unos pocos —menos del 20% de la humanidad— 4.000 millones de dólares diarios en armas y gastos militares.

En el tema del aborto lo que debemos considerar no es solo la dimensión biológica, sino también la antropológica. Para intentar establecer cuándo comienza la vida humana, lo primero que debe precisarse es qué se entiende por “vida” y por “humana”. Porque si por vida se entiende la capacidad de sobrevivencia autónoma y por “humana” la aparición de las cualidades propias de la persona, la cuestión se situaría, desde luego, en una etapa ulterior a la fecundación, e incluso del nacimiento. En la especie humana, una parte considerable del desarrollo neuronal tiene lugar después del nacimiento.

No se trata solo del “derecho humano a la vida”, sino a una “vida digna”, es decir, de seres humanos dotados para el pleno ejercicio de las facultades distintivas de su condición. Es, pues, un gran disparate, propio de la incompetencia y de la irresponsabilidad de quienes toman decisiones que afectan a toda la ciudadanía, que se prohíba la interrupción del embarazo en casos de malformación del feto. Identificar anomalías de esta naturaleza —que, si llega a nacer, serán irreversibles— y exigir a la madre terminar una gestación que, muy probablemente, concluiría con graves riesgos para la vida de la progenitora, es una irresponsabilidad política que la ciudadanía no puede permitir y contra la que debe rebelarse.

En el proceso de embriogénesis carece de sentido aseverar que el principio y el producto son la misma cosa, que la semilla es igual al fruto y que la potencia es igual a la realidad. El cigoto posee el potencial de
diferenciarse escalonadamente en embrión, pero no la potencialidad y la capacidad autónoma y total para ello. Anticipándose al debate actual sobre esta cuestión, Pedro Laín Entralgo escribía en El cuerpo humano (1989): “El cigoto humano no es un hombre, un hombre en acto, y solo de manera incierta y presuntiva puede llegar a ser un individuo humano”.

En el seno del catolicismo hay un amplio pluralismo en este tema

Los científicos —rodeados de interrogantes, más que de respuestas— no pueden adoptar posiciones dogmáticas en campos de múltiples irisaciones conceptuales, y, menos aún, en los que entran de lleno las cuestiones filosóficas y teológicas. Por lo mismo, como Juan Pablo II tuvo ocasión de proclamar con toda claridad en referencia a Galileo, no corresponde a las autoridades eclesiásticas pronunciarse sobre temas propios de la ciencia. La misma actitud debe exigirse a las autoridades políticas.

En un tema social, legal y humanamente tan complejo como el del aborto, lo mínimo que se exige es la coherencia. Lo más importante es eliminar las circunstancias que inducen a abortar, porque la realidad se venga cuando no se la reconoce. Hay que evitar un nuevo tipo de discriminación: el del “turismo abortivo”, que practican las personas adineradas, frente al aborto clandestino, lleno de riesgos y de humillaciones, de las mujeres que no disponen de recursos.

A la conciencia, el compromiso social y la voluntad política debe unirse la competencia profesional. Las múltiples facetas que recubren un tema tan complejo (prevención, educación, rehabilitación, integración, etcétera) requieren un planteamiento interdisciplinario, con una secuencia bien ordenada de acciones de acuerdo con los criterios de prioridad que, según el relieve, la urgencia y la irreversibilidad relativa de los diversos casos, se establezcan.

“La diferencia entre los políticos y los estadistas”, escribió sir W. Liley, “consiste en que los primeros piensan en las próximas elecciones y los segundos en las próximas generaciones”. Asegurar la calidad de vida con todos los conocimientos científicos es, pues, una acción esencial del Estado. Esto es lo que se ha logrado con el Plan Nacional de Prevención. Por el contrario, imponer por ley una vida de sufrimiento e
inhumanidad a las personas que nacerán con graves discapacidades, a sus familias y cuidadores; interferirse, por ley, en las conciencias de las mujeres hasta violentarlas; no respetar su derecho a decidir en cuestiones tan personales, íntimas y decisivas para su vida como es la maternidad e imponérsela es propio de Estados totalitarios. Eso es precisamente lo que hace el proyecto de Ley de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada.

Hay que impedir que se consume
otro recorte de los derechos

Si a esto se añade la complicidad con la jerarquía católica española y con las asociaciones autodenominadas “provida” que, tras presionar de múltiples formas durante la preparación de la ley, han aplaudido inmediatamente su aprobación por el Consejo de Ministros —como antes hicieron con la Ley Orgánica de la Calidad Educativa, que impone la asignatura de religión como evaluable—, e incluso quieren que sea todavía más restrictiva, estamos ante un Gobierno de tendencias claramente confesionales de carácter nacional-católico, que va a imponer a la ciudadanía una moral privada regida por la religión, y no una ética laica, común a todos los ciudadanos. ¿Qué sucede, entonces? Que, con esta ley, el Gobierno considera delito lo que los dirigentes eclesiásticos califican de pecado y, en consecuencia, penaliza a los médicos con la cárcel. ¡Algo inconcebible en un Estado no confesional!

La complicidad entre obispos y Gobierno de la nación empero, no es de todos los católicos, sino de los dirigentes episcopales, que solo se representan a sí mismos. En el seno del catolicismo existe un amplio pluralismo ideológico en este tema, y numerosos colectivos católicos defienden la vigente ley de plazos que ahora se pretende derogar, y se oponen a la ley de Ruiz-Gallardón, que es contraria a la libertad de conciencia y trata a las mujeres como menores de edad al no reconocerlas como sujetos morales capaces de decidir por su cuenta.

Lo que estas reflexiones pretenden es evitar que la ley sea aprobada por la mayoría parlamentaria absoluta que actualmente permite al Parlamento español adoptar normas que la mayoría de los ciudadanos rechazan, ya que implica un nuevo recorte de los derechos humanos, quizá el más grave de todo, cual es el derecho de las mujeres a elegir libremente la maternidad y hacerlo en tiempo oportuno, sin coacciones externas, y menos del Estado, que debe velar por el ejercicio de ese derecho, en vez de negarlo y obstruirlo como hace este proyecto de ley. Hay que impedir que se consume otro recorte de los derechos de las mujeres, que se suma a los que el Gobierno del Partido Popular viene llevando a cabo desde su toma de posesión hace dos años.


El magnicidio de Kennedy. Alfredo Vera

noviembre 24, 2013

Alfredo_VeraCon motivo del 50 aniversario del asesinato del Presidente Kennedy, en la prensa cubana se publica un reportaje del investigador Peter Kornbluh en el que revela una serie de secretos hasta hoy guardados, que demuestran los instintos criminales que de por siempre han tenido los perversos halcones capitalistas, que manejan las políticas por las cuales, a las buenas o a las malas, imponen sus caprichos y manejan los hilos que les permite dominar el manejo de las empresas transnacionales como herramienta de dominación del mercado universal. Por su trabajo investigativo se conoce que el imperio, a través de la CIA quiso montar la fabula de que había sido el Gobierno de Cuba el autor del asesinato involucrando al supuesto agente Lee Harvey Oswald al que también lo asesinaron de inmediato para que no pueda esclarecerse la verdad de su rol. Lo trascendente de la revelación del señor Kornbluh es que Fidel se adelantó a demostrar esa felonía y se reunió secretamente con el delegado del Presidente de la Comisión Investigadora de la Corte Suprema de Estados Unidos, Earl Warren, quien encomendó esa compleja tarea al abogado afro descendiente, William Coleman, quien quedó convencido de la total inocencia de Cuba, que demostró que, al contrario, iban por muy buen camino los mutuos acercamientos entre delegados personales de Kennedy y Fidel para mejorar las relaciones entre ambos países y es parte de la motivación del asesinato.
Al contrario, eran los gusanos exiliados en Miami los que incrementaban su rencor y venganza porque Kennedy no había accedido a dar apoyo aéreo y con tropas a los mercenarios en su aventura de Bahía de Cochinos y promovían una acción de castigo ejemplar. En la complicidad característica de las grandes cadenas de comunicación comerciales con el poder imperial, han coincidido recordado el magnicidio más por las aventuras frívolas, amorosas y sexuales de Kennedy, que por haber intentado neutralizar la influencia del movimiento guerrillero que se regaba por América Latina después de la Sierra Maestra y sustituirla con la Alianza para el Progreso que, luego del asesinato, fue reemplazada por la cadena de dictaduras militares, con Pinochet a la cabeza y los Planes Cóndor, la Escuela Militar de Las Américas, etc. a través de las cual reclutaban a los futuros dictadores que masacraron y desaparecieron a decenas de miles de jóvenes latinoamericanos. Como hicieron en Irak y Libia, y ahora hacen en Siria.
Kennedy terminó siendo otra víctima de quienes utilizan el asesinato, los mercenarios, las invasiones, los bloqueos, la guerra, la muerte, para dominar el mundo.


20 N. Empezó una nueva era

noviembre 20, 2013

Montse 2 mayo 2013Fecha para no olvidar, España acababa una etapa negra,no sabíamos lo que nos esperava, temíamos un futuro incierto, tras larga dictadura. Recuerdo que intentamos reunir a la família, algunos, universitarios, vivían en Barcelona. Sí presentíamos que era el comienzo una nueva era. Soñábamos que la voz sería atendida, escuchada tras 65 años de silencio. Hoy, 38 años después de aquella fecha, reconocemoa que han servido para madurar a algunos, a otros, para corromper y frustrar ilusiones y esperanzas. La crisis que padece nuestra sociedad es grave. Todos tenemos parte de responsabilidad. Solo unidos unos-otros, aunando esfuerzos, inventando caminos que conduzcan a buen puerto, lograremos recuperar aquella identidad que nos fascinava. Caminemos, laboremos con ahinco aunque todo tiene cariz negativo, cuando ser feliz cuesta y,es vano intento. Soñemos, amemos, vienen tiempos de Navidad, que debemos aprovechar para comunicar-nos, yrecordar que no estamos solos.


Democratizar es desmercantilizar. Emir Sader

noviembre 13, 2013

La fragilidad de las democracias liberales quedó confirmada conforme pudieron convivir con el neoliberalismo y, más que eso, ser funcionales a ese modelo de exclusión social. La brutal penetración del dinero en todos los poros de la sociedad llegó de lleno a la política, con el financiamiento de campañas electorales, con los lobbies en los parlamentos, todo absorbido por las democracias liberales, revelando su inmensa elasticidad. Así como, a la vez, han convivido y siguen conviviendo con modelos económicos neoliberales, de concentración de renta, exclusión social, expropiación de derechos fundamentales, aumento exponencial de la pobreza y la miseria.emir-sader
Lo destacaba bien Marx, al decir que cuando las constituciones liberales enuncian que “todos son iguales frente a ley”, ahí empieza la desigualdad. Pero mientras sea desigualdad económica, social, cultural, el liberalismo las soporta, con tal que sus cánones para calificar a un país como democrático, sigan vigentes: separación de los poderes, elecciones periódicas, multiplicidad de partidos, prensa libre (“libre” quiere decir “privada” en el vocabulario liberal).
La era neoliberal representa el máximo de realización del capitalismo en su afán de transformar todo en mercancía, en mercantilizar todo. Libre de las trabas de las reglamentaciones estatales, el capital fluye sin limitaciones, realizando la utopía de que sea un mundo en que todo se compra, todo se vende, todo tiene precio.
En nuestros países, esos procesos han trasformado profundamente a nuestras sociedades, destruyendo la escasa red de protección de nuestros estados, trasfiriendo hacia el mercado lo que eran derechos: a la educación, a la salud, a la cultura, al transporte, a la vivienda.
Gobiernos posneoliberales tratan de revertir ese brutal proceso de mercantilización, reponiendo en la esfera pública lo que fue llevado a la esfera mercantil. Frenando los procesos de privatización, revirtiendo en algunos casos empresas privatizadas a la esfera estatal. Pero, en lo fundamental, reconociendo y ampliando derechos de la gran mayoría de la población, víctima de la expropiación de derechos de parte del neoliberalismo.
La polarización fundamental en la era neoliberal se da entre la esfera mercantil y la esfera pública. Aquella, la esfera del mercado, del consumidor, de la selección social por medio del dinero. La esfera pública, a su vez, es la esfera de los derechos, de los ciudadanos, de la inclusión social. El Estado es un espacio de lucha hegemónica entre la esfera pública y la esfera mercantil, pudiendo ser tanto un Estado financierizado, cuanto un Estado refundado alrededor de la esfera pública. En el Estado, decía Pierre Boudieu, siempre hay una mano derecha y una mano izquierda.
El neoliberalismo destroza al Estado e intenta imponernos la opción entre estatal y privado. Es decir, entre un Estado desarticulado por ellos o el mercado, que es lo se esconde detrás de lo que ellos llaman de espacio privado.
Mientras la disyuntiva es distinta: donde el neoliberalismo habla de esfera privada, lo que hay es la esfera mercantil. Y la esfera contrapuesta no es la esfera estatal, sino la esfera pública. La polarización que articula el campo teórico en la era neoliberal es la que se da entre esfera pública y esfera mercantil.
Democratizar nuestras sociedades es desmercantilizarlas, es transferir de la esfera mercantil hacia la esfera pública, la educación, la salud, la cultura, el transporte, la habitacion, es rescatar como derechos lo que el neoliberalismo impuso como mercancía.
Esa es la mayor batalla de la era neoliberal: la afirmación hegemónica de la esfera pública en contra de la esfera mercantil. Una sociedad justa es una sociedad centrada en la esfera pública, en la universalización de los derechos, en los ciudadanos, como sujetos de derecho, objetivos de los gobiernos posneoliberales.


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