EASY WAY TO VOTE. Alfons Duran

noviembre 5, 2019

 

De la misma forma que hay comida preparada, que no sabes de verdad quién ni cómo ha sido condimentada, y que sin embargo la compras y la consumes sin la menor precaución, un porcentaje elevado de ciudadanos votan alegremente unos símbolos y unas señas, sin saber a ciencia cierta por qué lo hacen. Las razones son varias y no es el momento de analizarlas (prejuicios, rutina, alienación, esquematismos, confusión, etc.). Aquí la única propuesta es hacérselo fácil y el juego consiste en buscar el perfil del modelo del votante medio de cada adscripción política y luego depositar el voto en las urnas. Como siempre, nos ceñimos a Catalunya, lo que no deja de suponer un cierto sesgo, ya que las elecciones son para las cámaras del Estado español y no para nuestro Parlament, que es el que de verdad nos representa.

Veamos qué tenemos:

. Votante de clase media baja, de origen castellano, pensionista o próximo a la jubilación, que lleva muchos años en Catalunya pero que no habla catalán, que sigue el relato informativo diario en “Antena 3” o en “Telecinco” y a veces en “la 1”, y que acude puntualmente al sucedáneo de la Feria de Abril que se celebra en el área de Barcelona. A veces hojea “El Periódico” en el bar en el que se reúne con sus amigos. Recuerda con nostalgia el tándem Felipe-Guerra y no “entiende” qué les pasa a los independentistas catalanes. Sigue con pasión las andanzas deportivas de “la Roja”.

Podemos añadir a este colectivo a un grupo residual  de menor edad, de lengua catalana en la esfera pública (aunque en la intimidad hablen castellano), que han utilizado la etiqueta “socialista” para ascender en la escala social y gozar de una posición holgada. Gente, como el señor Montilla o el señor Iceta, que han hecho de la política una profesión. Aplican, sin ningún escrúpulo, una moral de conveniencia.

El trasfondo ideológico de este grupo es un “nacionalismo españolista incivil”.

Su voto es para el PSOE-PSC.

 

. Votante de clase media, de origen castellano, nacido o no nacido en Catalunya, menor de cincuenta años, con formación universitaria o similar, que está muy orgulloso de ser español (aunque no sabe exactamente porqué) y como tal cultiva y expresa de forma beligerante un odio enfermizo hacia lo catalán (su lengua, su cultura, su historia) por considerarlo la antítesis de su acendrada españolidad. Se cree liberal porque así se lo venden, aunque tampoco tiene muy claro qué significa en el orden económico, político y social. Sigue los debates tertulianos de “la Sexta” y de “la 1”, y se informa con “El Mundo” y “El País” preferentemente, pero también disfruta leyendo las editoriales de “La Vanguardia”. Se considera moderno y glamuroso, aunque resulte increíble tal auto-identificación para un observador ajeno. Utiliza la política, y no es el único, para trepar en la escalera del poder. Su trasfondo ideológico es un “neofascismo”.

Su voto es para CIUDADANOS.

 

. Votante nostálgico del franquismo, que ha ejercido o todavía ejerce funciones en el aparato burocrático del Estado y ha trasladado este sentimiento al entorno familiar (intergeneracional), lo que explica que jóvenes de ese entorno hayan recuperado el himno de la legión y lo canten en sus delirios alcohólicos. Sigue con reparos la información de “la 1”, aunque disfruta más con “la Trece”, cuyos análisis y críticas comparte. Acude puntualmente a la misa de los domingos y en algún momento de la semana (no siempre) compra “el ABC” o “La Razón”. Asocia la situación en Catalunya a los peores momentos del contencioso vasco.

Su trasfondo ideológico es un “nacionalcatolicismo ultrareaccionario”.

Su voto es para el PP, aunque entre los más jóvenes hay un desplazamiento hacia VOX.

 

. Votante que se cree independentista, aunque en el fondo de su alma reconoce que la época del peix al cove era muy plácida. Eso sí, nunca lo dirá en público. Es catalanista y declara que desde siempre ha tenido el independentismo como su proyecto político, aunque en la práctica es “autonomista”. Mayoritariamente nacido en Catalunya, de familia catalana. El catalán es su lengua madre. Cree que el proyecto independentista es un proyecto a largo plazo y que sólo se conseguirá si se llega a un acuerdo con el Estado español para la convocatoria de un referéndum. Considera que todavía no hemos alcanzado la mayoría suficiente para ganar, por lo que recomienda un esfuerzo continuado para “ampliar la base”, practicando una pedagogía activa con escaso éxito, especialmente entre los votantes del PSOE del área metropolitana. Su líder natural es Junqueras.

Se informa a través de los medios de la Corporació Catalana, del “ARA” y de algunos digitales como El Món” y Naciódigital”. Su trasfondo ideológico es un “autonomismo independentista”.

Su voto es para ERC.

 

. Votante que por la historia personal antifranquista de sus padres o abuelos considera que es el genuino representante de la izquierda en Catalunya. Desde la muerte de Franco ha obtenido ciertos réditos gracias a este pedigrí. Ha pasado por movimientos vecinales, por concejalías, por asesorías y por otros circuitos que lo han acercado al poder político. Pone el acento en la defensa de los derechos sociales, dando por sentado que el resto de los ciudadanos (cualquiera que sea su credo ideológico) está en contra de los mismos. Ha sabido capitalizar este posicionamiento y lo ha vendido bien. Es por ello que no asume el independentismo, al que etiqueta como proyecto liderado por la burguesía. No llega más lejos de una España confederal, en la que ya se encontraría cómodo, aunque no define con claridad este modelo. En el fondo su espacio natural es la ambigüedad. Se nutre de digitales  (como “Crític”) o de canales públicos de información subvencionados por las instituciones que controla, como el  Ayuntamiento de Barcelona. Su trasfondo ideológico es un “izquierdismo institucional”.

Su voto es para EN COMÚ-PODEM.

 

. Votante cuyo vector principal es el anticapitalismo dentro de una Catalunya independiente. De la misma forma que su credo independentista es claro y convincente, no se puede decir lo mismo de las bases de su programa político-económico. No sabemos si está más cerca de una propiedad pública de los medios de producción, de una economía mixta o de un modelo cooperativista a la yugoeslava de Tito. Es un votante mayoritariamente joven y con potente formación universitaria. Vive de ciertos esquematismos ideológicos que le impiden hacer un frente unido con las otras formaciones independentistas. Se siente cómodo en su función  de épater les bourgeoisy éste puede ser su punto débil.

Tiene las virtudes de una organización fluida y cambiante en sus liderazgos temporales, virtudes que los perjudican en el momento de llevar adelante planes de acción concretos. Se nutre de digitales y del  boca-oreja. Su trasfondo ideológico es un “anticapitalismo emocional”.

Su voto es para la CUP.

 

. Votante catalán transversal (todas las clases sociales, todas las edades, todos los rincones del país), que ha tomado conciencia de su catalanidad a lo largo de los últimos diez años. El abanico ideológico es muy amplio, desde un conservadurismo moderado a la catalana, a un progresismo radical en lo fiscal y en lo político. Lo que más los une es que se han dado de baja de España. Son sólo españoles administrativamente, pero harán lo imposible para desprenderse de esta imposición. Son independentistas y abogan por la unilateralidad, aunque no hay coincidencia en las vías para alcanzarla. No quieren saber nada de un retorno a la “España autonómica” y consideran que aquellos que preconizan este modelo no son auténticos independentistas. Su líder natural es Puigdemont. Siguen críticamente los programas de los medios de la Corporació, aunque funcionan a través de la redes sociales. Son seguidores de los digitales “Vilaweb” y “El Nacional”, y en ocasiones compran “El Punt-Avui”. Su trasfondo ideológico es un “independentismo radical”.

Su voto es para JUNTSxCAT.

 

Si vota a alguna de estas marcas y no se identifica con el perfil descrito, no se preocupe; querrá decir que está más allá de dos Sigma en la campana de Gauss. Ello invita a la reflexión.

En cuanto al resto de opciones, su presencia es marginal en Catalunya, y muy difícilmente encontrarán sus teóricos simpatizantes un espacio que los represente. Pueden optar por el perfil más próximo o inhibirse, conducta esta última que tiene un peso específico considerable en cualquier convocatoria electoral y que merecería un estudio en profundidad.

La ruleta está servida. Usted vote a quien quiera. Pero lo más importante es saber por qué vota a quién vota.

 

Nota:

Ver en el apartado “Vídeos”:

“Catalunya ha de buscar la complicitat dels grans gestors de fons”. Alfons Durán-Pich. República TV. 31/octubre/2019.

Alf Duran Corner

DESORIENTACIÓN / 2

octubre 31, 2019

Unos días previos a las elecciones municipales y europeas del pasado mayo, escribí una columna en la que trataba de hacer un “análisis de situación” que me permitiera comprender mejor la realidad y razonar mi voto. Ahora, a la espera de las nuevas elecciones generales para el mes de noviembre, he repasado aquel texto y he visto que, en lo básico, mantiene su frescura original. Y esto significa que ha habido escasos movimientos, que la realidad está petrificada, que los actores repiten sus pautas de comportamiento. Frente a ello, el votante independentista (el único que me importa) se halla algo desorientado. En la medida en que pueda ayudarlo, le contaré como lo veo y lo veía desde mi atalaya de independentista independiente.

Éste fue el texto original, con ligeros ajustes en función del tiempo y del carácter específico de la actual convocatoria.

“Tras la muerte del dictador, los poderes fácticos del Estado tejieron una red de alianzas con los pequeños grupos de la oposición y presentaron un escenario de democracia formal, que en sus fundamentos trataba de ocultar sin especial recato sus valores franquistas y españolistas, a los que se había aplicado un lifting no agresivo. En esa operación cosmética de peluquería de barrio se incluían unos partidos políticos etiquetados como “de derechas y de izquierdas”, un grueso de normas y procedimientos que llamaron “constitución” (que incluían capítulos redactados, sable en mano, por los militares fascistas) y una aparente descentralización administrativa (las comunidades autónomas) para encubrir los derechos de las naciones históricas del Estado.

Luego se pidió al pueblo que votara y el pueblo, temeroso y desorientado en su gran mayoría, votó a favor de lo que la autoridad competente proponía. Los años de plomo de la Dictadura habían anulado nuestra capacidad crítica. Y así hemos llegado hasta aquí.

El espectáculo se ha mantenido incólume durante más de cuarenta años, pero hace aguas por todas partes y tiene un futuro dudoso. Hay varios frentes que explican el derrumbe del tinglado y hay que tratarlos separadamente.

El primer frente es el ideológico. En el mundo occidental (es un eufemismo) los partidos oficiales de derechas e izquierdas se han integrado, en la práctica, en un magma liberal-conservador, con pequeñas diferencias. Las TIC’s, la globalización, la financialización de la economía y el peso del “Big Business” a escala mundial han producido una transferencia de poder hacia el gran capital, que utiliza a los políticos profesionales como empleados bien remunerados. En el Estado Español, a la pequeña escala que le corresponde, ha ocurrido lo propio. Por un lado tenemos productos obsoletos (como el PP o el PSOE) y, por otro, tenemos nuevos entrantes (Ciudadanos o Podemos) lanzados al mercado como si se tratara de una nueva colonia para ejecutivos agresivos. Entretanto los fondos de cobertura internacionales, los fondos de inversión, los fondos de capital-riesgo y los fondos soberanos, con la participación doméstica de las grandes empresas ayer públicas y hoy privatizadas, del lobby de obra pública dependiente del BOE y de la banca oligopolística, preparan las recetas que luego sus empleados servirán a los comensales: un poco de libertad, unas gotas de democracia formal, un pack precocinado de patriotismo y todo bien revuelto y espolvoreado con “la Roja”. Y así los tienen entretenidos.

El segundo frente es el económico, en el que queda de manifiesto el fracaso del modelo desarrollado. Desde el plano de la economía política, en el sentido genuino del término (trabajar para la polis en términos de eficacia y eficiencia), la buena economía se fundamenta en la correcta asignación de recursos y, posteriormente, en su adecuada gestión. El Estado español ha fracasado siempre en lo primero y en lo segundo, beneficiando, eso sí, a las élites extractivas y rentistas que se han quedado el excedente generado. Ejemplos de mala asignación son abundantes, como las inversiones en la red radial ferroviaria de alta velocidad para pasajeros (absolutamente innecesaria), la proliferación de aeropuertos y su poco ajustada dimensión, el gasto extraordinario en armamento, el rescate bancario y su posterior reparto entre los miembros del oligopolio, la red viaria de autovías en zonas de escaso tránsito, la variante madrileña del “corredor Mediterráneo” que no pasa por el Mediterráneo, la barra libre de polideportivos, etc. En paralelo, se han producido grandes vacíos en aquellas infraestructuras que sí eran claves para facilitar la actividad empresarial, como el ya famoso y genuino “corredor del Mediterráneo” de mercancías. En lo que respecta a la gestión, lo difícil es encontrar un área que nos permita dar un aprobado, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que las decisiones son tomadas por altos funcionarios del Estado con el dinero de los contribuyentes. Por último hemos de referirnos a la transferencia de rentas entre comunidades, con el teórico propósito de crear plataformas de despegue económico en territorios poco explotados comercial o industrialmente. Los resultados han sido desastrosos. Se ha drenado liquidez de forma sostenida de las zonas con cultura empresarial y óptima ubicación geoestratégica (el caso de Catalunya es paradigmático) y no se ha creado nada útil en las zonas subvencionadas. No sólo esto, se ha estimulado el subsidio como forma de vida.

El tercer frente es el político. Catalunya ha dicho basta. La voluntad mayoritaria y transversal de sus ciudadanos de decidir su futuro a través de un referéndum ha sido bloqueada por el Estado, que ha utilizado sus capacidades (legales y no legales) para dinamitar un proyecto de naturaleza democrática. Pero el contencioso se le ha ido de las manos al Estado español, gracias en parte a la proyección internacional de los políticos exilados y a la respuesta valiente de las nuevas generaciones. El hecho de que otros Estados no intervengan (los Estados se protegen unos a otros) no significa que parlamentarios, académicos, analistas, ensayistas, periodistas y políticos de todo el mundo no observen atentamente lo que está ocurriendo. El descrito como “espíritu de la Transición”, un relato inventado por el Régimen (que sigue incrustado en el “Deep State”), ha entrado en barrena. Nada se aguanta; ni la monarquía, ni la pluralidad de estamentos que la secundan, ni la pléyade de altos funcionarios que han vivido y viven graciosamente de este embolado.

Y ahora hay que votar una vez más en las elecciones generales. Hay que votar, mal que nos pese, porque todavía estamos prisioneros en este círculo infernal y al hacerlo hemos de ser conscientes de que este voto ni condiciona ni determina nuestro futuro como pueblo libre.

Voy a referirme exclusivamente a Catalunya y a los catalanes, que es el único ámbito con el que estoy comprometido. Lo que hagan o dejen de hacer los españoles que viven en Catalunya (como la señora Roldán y sucedáneos) no es de mi incumbencia, aunque imaginamos que repartirán su voto entre el PSOE, el PP, Ciudadanos y Vox. Lo pueden decidir al azar, porque en el fondo se parecen mucho más de lo que aparentan.

En términos estratégicos, los catalanes deberían votar las opciones independentistas (Junts per Catalunya, ERC, CUP) para conseguir luego un colectivo que tenga el suficiente peso como para producir ciertos  bloqueos en las decisiones del gobierno del Estado, sin muchas esperanzas de que esto sirva para algo. Lo ideal hubiera sido una candidatura unitaria, pero las reticencias de la estructura de mando de Esquerra Republicana y el esquematismo ideológico de (las CUP’s) no lo ha hecho posible. Sus argumentos de que al ir separados se suman distintas sensibilidades independentistas no tienen base estadística y, a lo sumo, no son más que una hipótesis de trabajo. Lo que no es una hipótesis es que la ley de Hondt  premia a los partidos mayores. Parece que los que sí la conocen son los asesores del señor Casado, que tratan de evitar la incidencia de Vox y de Ciudadanos en los territorios que ellos consideran de su propiedad.

Los resultados de las recientes elecciones municipales en Catalunya pueden llevar a engaño. Se han ganado plazas importantes para el independentismo, pero se ha perdido la mayor (Barcelona), donde tanto el Ayuntamiento como la Diputación (y la gestión de sus dotados presupuestos) han quedado en manos de los oficiantes del 155. Y todo ello por consentir alianzas inconfesables, en las que la cúpula autonomista de ERC y los residuos marginales del neonato PDECAT han cometido errores estratégicos de calibre, lo que pone de manifiesto un tacticismo inoperante y una visión cortoplacista de un proyecto político de vuelo gallináceo. El independentismo consciente tiene buena memoria y en su momento les pasará factura.

No hago mención específica  –siempre en clave catalana– del grupo polivalente formado por Comuns, Podemos, Podem, Iniciativa y otros, porque, al vivir en la indefinición permanente, soy incapaz de conocer cuál es de verdad su proyecto político, si es que lo tienen. Algunos de ellos, que pretenden representar en exclusiva el patrimonio histórico de la izquierda, deberían hacer autocrítica, abandonar la ambigüedad y comprometerse con unos o con otros. Si todavía no se han dado cuenta de que la cuestión de la independencia de Catalunya tiene prioridad sobre la cuestión social en esta coyuntura histórica, mejor que se dediquen a otra cosa. Cuando observo la actitud pasiva de algunos independentistas de este colectivo, que no se atreven a discrepar públicamente sobre las maniobras oportunistas de la señora Colau y de su corte, me pregunto si no están dando prioridad a sus poltronas.

En la calle la gente pide unidad, pero algunos que han hecho de su retórica independentista una forma de vida, no escuchan. Lo acabarán pagando. Los partidos políticos en general han entrado en declive. Se han anquilosado. No se renuevan. Las estructuras impiden la mejora. Al final la democracia directa, que es la auténtica, se irá imponiendo con distintos formatos.

Una de las virtudes del President Puigdemont es que ha dinamitado los restos de un partido que fue hegemónico pero que ha perdido su razón de ser. Yo no milito ni he militado nunca en ningún partido. Será que mi alma ácrata le puede a mi sentido del orden impuesto. Por eso me siento libre de ataduras partidistas. Votaré por la candidatura de Junts per Catalunya, que significa votar por Puigdemont, por Comín y por Torra, que son quienes de verdad me representan. Y lo haré  por coherencia, por dignidad y por respeto.”

Alf Duran Corner

Fondo documental


Juguetes rotos. Alfons Duran

septiembre 26, 2019

 

“Ciudadanos”, un partido político que de la noche a la mañana alcanzó gran notoriedad mediática sin haber asumido responsabilidades de gobierno (en ninguna de las administraciones públicas), ha entrado en barrena. Todavía no lo saben, pero las señales de alerta se han disparado.

“Ciudadanos” es un invento, un artilugio, un tigre de papel. Era de esperar que su vida fuera corta, ya que su fundación, promoción y desarrollo carecían de las mínimas bases políticas e ideológicas para constituir un proyecto consistente. El éxito de “Ciudadanos” sólo es posible en un Estado de analfabetos funcionales, como es el caso del Estado español.

El partido nació casi por azar, aglutinando a un conjunto de ciudadanos españoles residentes en Catalunya, que se sentían apartados de posiciones de poder en los gobiernos autonómicos y municipales. Interpretaban que ese alejamiento no era justo, teniendo en cuenta que a su juicio tenían sobradas capacidades para ocupar mejores puestos. Los sucesivos gobiernos del president Pujol no los habían tenido en cuenta y sus esperanzas puestas en el gobierno tripartito (PSC, Esquerra Republicana e Iniciativa) quedaron defraudadas. Era el grupo de “los resentidos”, que encontraron en la “inmersión lingüística” un terreno abonado para expresar su agresividad frente a la lengua y la cultura catalanas.

Pasaron de las tertulias en bares y restaurantes, en las que propiciaron conspiraciones de mesa de camilla, a manifiestos copiados de manuales usados. Todo ello muy visto.

Ese grupo, que se autodefinició como “los intelectuales”, hizo una especie de concurso para elegir una estructura organizativa y un equipo directivo, mientras ellos tutelaban la movida y se mantenían a distancia. El equipo directivo contó desde el principio con el soporte mediático españolista (televisión, radio, prensa, etc.), que se apuntó rápidamente a la fiesta por una coincidencia de principios laxos (si no le gustan, los cambio) y porque así creían poder atacar mejor el crecimiento del sentimiento independentista en Catalunya. Los partidos dinásticos (PP y PSOE) los vieron también al principio con buenos ojos, al valorar su aportación al mantra dominante: “una España única e indisoluble” (a modo de comprimido del Big Farma).

Y pasaron los años y a golpe de corneta del Estado profundo contaron con la financiación necesaria para distribuir el producto en todo el territorio nacional, pactando con tirios y troyanos para teóricamente “facilitar la gobernabilidad”, sin importarles lo más mínimo el programa político, lo cual no es criticable porque ellos  –cuatro pinceladas aparte calcadas de FEDEA–  tampoco lo tenían.

Como ya describimos con detalle su trayectoria (ver “Enredar la madeja” (http://www.alfdurancorner.com/articulos/enredar-la-madeja.html  17/05/2018)  no vamos a insistir en ello.

¿Y qué ocurre ahora con estos chicos y chicas tan monos, con algunas excepciones que no es preciso citar? Pues que han dejado de interesar a la oligarquía española, que es la que hasta ahora ha pagado los gastos, siempre con el dinero de los contribuyentes.

Y es que el entorno ha cambiado, el nacional y el internacional más próximo. A nivel nacional, los partidos dinásticos se han consolidado (modelo Cánovas-Sagasta), y en este caso el PSOE se ha recuperado de sus horas bajas y ahora cree que puede gobernar, y el PP, si se confirma esa hipótesis, asume su papel como la oposición oficial. Sus marcas blancas (Unidas Podemos y Ciudadanos) acabarán en “hard-discount”. Y a nivel internacional la Unión Europea ha renovado la flota, sustituyendo algunos vehículos muy obsoletos (Juncker, Trajani, etc.) por otros ligeramente renovados (Von der Leyen, Sassoli, etc.). Es un cambio lampedusiano, en el que cambian las formas sin cambiar los contenidos. Populares y socialistas controlan el terreno.

Es la lógica del portafolio, que explicaban en los ochenta del siglo pasado los ejecutivos del Boston Consulting Group y que algunos de nosotros defendíamos en las aulas. Los “interrogantes” de la matriz no han conseguido convertirse en “estrellas” y hay que deshacerse de ellos.

Es por esto que ha empezado el desguace. Decía Plinio el Viejo, en su enciclopédica “Naturalis Historia”, que “Cuando un edificio está a punto de caer, todas las ratas desiertan”. El discurso estridente de los Rivera, Arrimadas y compañía ya no interesa a nadie. Son simples juguetes rotos.

 

 

Nota personal

Desde que nació esta web en enero del 2000 (sin más pretensiones que conectar con una red próxima de amigos) he mantenido una planificada regularidad en la publicación de estas columnas, con algún descanso en el período veraniego. Pronto cumpliremos veinte años y hasta hoy hemos tenido 4.419.759 visitas. Contamos con lectores en unos treinta países, que la incorporación del traductor Google (ahora muy perfeccionado) ha ayudado a promover. El número de visitas se ha ido ampliando, hasta alcanzar una media sostenida de 30.000 al mes. Pero la acogida al último artículo (“Políticamente incorrecto”) me ha desbordado y me ha llevado a reflexionar, ya que expresa a mi juicio una respuesta social inusitada de una polis muy consciente del momento histórico que estamos viviendo. No queremos ser virales, y menos “influencers”, atributos muy alejados de mi forma de pensar y sentir. Lo tomaré con más calma, sin dejar de comprometerme. A partir de ahora publicaremos una columna cada quince días, tratando de ahondar críticamente  –como he hecho siempre–  en la realidad económica, política y social que nos afecta.

Gracias a todos.

 


MONEY. Alfons Duran

julio 11, 2019

“Money  money  money  money…
Mark, a yen, a buck or a pound,
That clinking, clanking, clunking sound,
Is all that makes the world go ‘round,
It makes the world go ‘round!”

 

Liza Minnelli lo cantaba en “Cabaret”, reflejando el ambiente retorcido y corrupto de la Alemania nazi, en la que el dinero (marco, yen, dólar o libra) dominaba sobre el resto.

Y así sigue, y así seguirá.

El dinero como variable clave, el dinero como factor explicativo del desorden mundial.

El dinero, siempre el dinero, es la razón básica por la que el Estado español no acepta que la nación más dotada del territorio, la que siempre ha liderado los procesos de cambio, de progreso y de mejora, pueda decidir sobre su futuro, con la opción de independizarse. El resto de argumentos en contra  –como la sobada “unidad de España”-  son pura retórica, vacía de contenido. La única cosa que les preocupa es que Catalunya deje de financiar a la gran Castilla, como lo ha hecho siempre desde que la monarquía castellana impuso sobre sus súbditos un sistema estructuralmente predatorio.

Money, money, money.

No es que la gran Castilla (el Estado español sin Catalunya y Euzkadi) no pueda ser viable económicamente (cualquier colectivo puede serlo), sino que su viabilidad pasaría por un reajuste a la baja de sus gastos, al ver reducidos sus ingresos. Jugarían en segunda B en lugar de en primera división. Y a nadie le gusta vivir en Nou Barris si está acostumbrado a vivir en el Upper Diagonal.

Money, money, money.

El Estado español está orientado al gasto, no al ingreso. Porque para ingresar hay que trabajar y su cultura (en el sentido antropológico del término) no se fundamenta en el trabajo. Aquí hallamos una diferencia sustancial con Catalunya: ellos son católicos integristas (el trabajo como castigo. Como has pecado estás condenado a trabajar: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”), en tanto que los catalanes son fundamentalmente calvinistas (el trabajo como recompensa).

El modelo organizativo de Castilla estaba formado por tres estamentos básicos: una monarquía absoluta, una corte extensiva y la plebe. El modelo permanece: han cambiado los significantes pero se mantienen los significados. Ahora hay una monarquía que se declara parlamentaria (valor simbólico), pero que actúa como si fuera ejecutiva. La corte ha evolucionado y ha conformado un Estado profundo (una sociedad de funcionarios). Por último, la plebe es el pueblo llano, que vive alienado, ajeno a la realidad, educado para seguir las instrucciones de la autoridad competente. Les basta con seguir las andanzas de “la Roja” y distraerse con “Sálvame Deluxe”.

Money, money, money.

No debe extrañarnos que este modelo organizativo sea propenso al gasto, lo que explica que históricamente el Estado español encabece el ranking de las bancarrotas públicas. La aberración económica de la red radial del AVE (un tren para ricos que pagan los pobres) responde a esta lógica. No es que el AVE no sea viable en términos económicos, es que tampoco lo es en términos sociales. Y siguen produciendo enlaces.

Money, money, money.

Vayamos al proceso de toma de decisiones y esto nos ayudará a comprender el embrollo. Primero un político (González, Aznar o cualquier meritorio) tiene una idea fuerza que cree que le dará votos. La comunica profusamente a su público objetivo para ganarse su apoyo. Y se lo gana, porque a todos los niños sin excepción les gustan los caramelos. Luego los “altos funcionarios” y los funcionarios de menor rango ponen en marcha los mecanismos para ejecutar la idea fuerza, con una dimensión aproximada de los gastos aparejados (aproximada y casi siempre muy inferior a la real). Que todo ello se ajuste o no a una necesidad no es el criterio central, ni tampoco el periférico.

Money, money, money.

Y aquí tenemos un poco el meollo de la cuestión, el factor nuclear. Los funcionarios públicos toman decisiones sobre asignación de recursos del Común que muy probablemente no tomarían si afectaran a su bolsillo. Manejan el dinero de los contribuyentes con una alegría que jamás tendrían si ellos, por ejemplo, tuvieran que avalar a alguien por un importe mil veces menor. A mi juicio ésta es una derivada del concepto de “azar moral”, que es una especie de seguro a todo riesgo que cubre tus posibles errores de decisión, por lo que te concede la libertad de hacer lo que quieras.

Y como ya hemos descrito, el Estado español es un Estado de funcionarios, incluidos aquellos que han copado los puestos directivos en las empresas vinculadas al aparato del Estado, que es su principal valedor y, en muchas ocasiones, su principal cliente. Dos tercios de las empresas representadas en el Ibex/35 se ajustan a este perfil. Y así corre el flujo del dinero: de los contribuyentes a los funcionarios y de los funcionarios a los rentistas, previo pago de una comisión a los anteriores, que actúan como intermediarios.

La etiqueta liberal-conservador con la que se presentan en sociedad es pura ficción. Es un falso capitalismo clientelar que no cree en la libre competencia. Todo el montaje es una gran mentira.

Money, money, money.


Las Patronales. Afons Duran

junio 27, 2019

Siempre me ha llamado la atención que los empresarios (la propiedad) y sus representantes (los directivos) se asocien para defender sus intereses corporativos. Comprendo que para temas concretos que afectan al conjunto de las empresas (cualquiera que sea su dimensión) se organicen puntualmente y hagan oír sus argumentos a quien corresponda. Por ejemplo, me gustaría que las patronales vinculadas al territorio catalán defendieran frente a la Administración central del Estado los sucesivos recortes en infraestructuras, déficits fiscales históricos, incumplimiento en la realización de inversiones presupuestadas, etc. No hacen nada. Apenas levantan la voz o incluso coquetean con un Estado que va en su contra.

Y todo esto llama la atención, porque esas carencias de naturaleza estructural afectan de verdad a la tan manoseada competitividad de sus empresas, lo que me lleva a pensar que no dominan su oficio.

Lo que sí parece que les preocupa es figurar en fiestas y festejos, donde expresan sus quejas frente a cualquiera que cuestione su papel. Ahora han salido en tromba al verse desplazados de sus poltronas en la Cámara de Comercio de Barcelona. Y lo harán sucesivamente si ven indicios de cambio en cualquiera de las instituciones que controlan.

Lo cierto es que un empresario y/o un alto ejecutivo de verdad se dedica a su propio proyecto, a no ser que lo haya arruinado por mala gestión y se busque un espacio para seguir ejerciendo de rentista. Cuando en alguna de esas instituciones (por ejemplo la CEOE) se hacen públicos oficiosamente los emolumentos de algunos de los miembros de sus juntas y/o las indemnizaciones cuando son apartados del cargo, uno se pregunta cuál es el fin último que persiguen.

Las patronales son organizaciones caducas que pertenecen al pasado. Si damos un vistazo a sus presidentes en los últimos cuarenta años, veremos que hay mucho boato y poco management. El señor Sánchez Llibre, por ejemplo, presidente del Foment del Treball, es hijo y hermano de empresario, pero éste no es su oficio pues ha ejercido siempre de político profesional, lo que significa que una parte de sus ingresos siempre han procedido de los Presupuestos Generales del Estado. Seguro que como buen relaciones públicas ha encontrado sus compensaciones (no olvidemos su constante presencia en el lobby Puente Aéreo), pero lo que se dice “crear, dirigir y desarrollar un proyecto empresarial privado”, es algo que se le escapa.

Claro que los directivos de las patronales cuentan con el apoyo, a veces voluntario y a veces ingenuo, de los medios de comunicación y en particular de las líneas editoriales que marcan férreamente sus propietarios, en el caso de medios privados. Sobre los medios públicos catalanes, mejor aparcar el tema: son incapaces de comprender la diferencia entre patronales, sus juntas de gobierno, las empresas locales, las multinacionales, los autónomos, etc. Dicen que cuando no se sabe suficiente, mejor es callarse. No lo hacen.

Ahora por ejemplo ha surgido el tema, que no es nuevo, del consumo y su implicación política. El concepto es muy claro: consumir productos y servicios que estén próximos a tu ideario. Ideas como el comercio justo, las frutas y verduras de proximidad, los productos “ecológicos”, etc. siguen esta trayectoria. La ANC ha ido más allá, cosa que me parece perfecta, defendiendo la tesis de que los consumidores independentistas compren y consuman marcas asociadas a ese ideario, en el sentido más amplio del término: desde lo que compro en el mercado, a la entidad financiera en la que deposito mis ahorros, pasando por la compañía aseguradora de mi coche o casa, hasta la contratación de suministros básicos: agua, luz, telefonía, etc.

A mí me gusta regar con un buen vino los ágapes cotidianos, y ya hace muchos años que mis tintos van del Priorat a Terra Alta, del Montsant a Costers del Segre y otras denominaciones, y mis blancos del Penedés al Empordà. A veces, excepcionalmente, tomo un Ribera o un Burdeos.

De la misma forma compro en Atmetller Origen, en Bonpreu o en Esclat y no lo hago en el Corte Inglés, ni en Mercadona ni en Carrefour.

Y todo esto lo hago porque me siento próximo a esos proveedores y no a los otros. Porque tengo derecho a decidir, cómo mínimo en ese pequeño ámbito de mi privacidad.

Ante el movimiento estratégico de la ANC han saltado inmediatamente los presidentes de las patronales Foment y Pimec, señores Sánchez Llibre y González, con declaraciones extemporáneas en las que aparece el código boicot y sus perniciosos efectos. Seguramente ni el señor Sánchez Llibre ni el señor González saben lo que le sucedió al señor Charles C.Boycott, en la Irlanda de finales del siglo XIX, porque si lo supieran quizás comprenderían lo que significa el “consumismo político”.

Si dos millones de independentistas catalanes se apuntaran a esta corriente, los poderes del establishment del Estado y sus representantes en la Catalunya autonómica se pondrían muy nerviosos.

Hay otros caminos frente a la represión que seguir yendo con el lirio en la mano.

 

 


La erótica del poder. Alfons Duran

junio 21, 2019

 

La formación  de las estructuras de gobierno en los municipios de nuestro país ha puesto de manifiesto, una vez más, que por encima del ideario de los partidos y de sus programas está el hecho tangible de que muchos políticos (que han hecho de la política una profesión) quieren ocupar unos puestos que les suponen, en la mayoría de los casos, unos ingresos seguros, una notoriedad a capitalizar más adelante y un acceso a los recursos públicos.

La única cosa que les interesa es el poder. El resto no cuenta, es pura retórica.

El caso más escandaloso es el de la señora Colau, que en 2015 y con solo un concejal más que el señor Trias, pasó de ejercer de activista social en apuros a dirigir el ayuntamiento de la capital. No estaba preparada ni lo está después de cuatro años dedicados a implementar innovaciones urbanas, pero eso no importa y no ha tenido escrúpulos en aliarse con cualquiera para alcanzar la cima, a pesar de no haber sido la más votada. Disfrazar su alianza de progresismo es una vergüenza, a no ser que etiquete como progresista el castigo que sus socios del 155 han sometido a los ciudadanos de Catalunya, que comparta el concepto de prisión preventiva contra sus líderes por delitos fabulados o que sienta un vacío nostálgico por no haber ocupado un espacio en aquella preciosa fotografía de la turbia manifestación españolista del año 2018, con lo mejorcito de los representantes de la España “una, grande y libre”.

Para esa operación, a plena luz del día, ha contado con el apoyo entusiasta de todo el aparato del Estado (los sospechosos habituales), que saben que la señora Colau, por muchas proclamas democráticas que haga, estará siempre a su lado, prietas las filas.

Claro que el independentismo de nuevo se lo ha puesto en bandeja. Las maniobras de Esquerra Republicana para no aceptar una candidatura común independentista (que probablemente hubiera ganado por mayoría en Barcelona) han facilitado las cosas. Por no hablar, entre otros, del bloque antinatura de Sant Cugat (ERC + PSOE + CUP), partidos que se han aliado para quitar la vara de alcaldesa a la candidata de JxCat, que había ganado con holgura.

Ahora ya no ha cabido la justificación de declarar la superioridad moral de las izquierdas (superioridad sobre la que expreso mi más absoluto hartazgo), porque todo el castillo de naipes se ha desmoronado, ya que la señora Colau, en un gesto de realpolitik, no ha tenido reparos en juntarse con lo más florido de la derecha española, incluido el PSC-PSOE, un partido de centro-izquierda que se ha desplazado hace tiempo hacia la derecha, a veces hasta la frontera de la derecha más sórdida. Una muestra más de esta sordidez son los resultados del reciente sondeo de Metroscopia en el que un 64% de los votantes del PSOE considera que el juicio a los independentistas catalanes fue justo (¿verdad señor Collboni?), sólo superado por los votantes de Ciudadanos y su candidato Manuel Valls, que se colocan en el 77%.

Ahora de lo que se trata es de poner más carriles-bici, más islas peatonales y cargase la Diagonal enlazando el Besós con el Llobregat, sin tener en cuenta los enlaces ya existentes u otras alternativas más racionales. Esto no es política (que viene de polis) sino simple folklorismo, pues como agudamente apunta Xavier Diez, la señora Colau busca bajo las piedras alguien a quien redimir.

Dentro de cuatro años podrá dejar la alcaldía y entrar en algún consejo de administración de la banca, o de las empresas de obras públicas que viven del BOE o de las que forman parte del oligopolio de los servicios básicos privatizados, que ella cínicamente critica. En sus ratos de ocio podrá dedicarse a la protección de las tortugas marinas o a algo por el estilo.

Tenía razón Kissinger: el poder es el mayor afrodisíaco.

 


A Contracorriente. Alfons Duran

mayo 30, 2019

 

Éste es un espacio crítico que no se debe a nada ni a nadie, lo que me permite analizar la realidad sin pasivos que ocultar, pasivos que hacen cierta la aguda reflexión de Upton Sinclair cuando dijo It is difficult to get a man to understand something when his salary depends upon his not understanding it”.

Al margen de la lectura sesgada y procaz de los medios estatales (públicos y privados) y de sus derivados en Catalunya (La Vanguardia, el Periódico y afines), los medios catalanes no contaminados surfean entre clichés y generalidades. Hay mucha cháchara y poco rigor informativo. Por poner un ejemplo reciente, la tertulia que TV3 organizó en las horas previas al cierre de los colegios electorales (con una mayoría de tertulianos-opinadores que se repiten monótonamente en todos los frentes) fue penosa. En el café de un pueblo podría tener sentido; en una cadena de televisión no. El espectáculo visual que acompañó al acto fue lo más atractivo. Y cuando fueron apareciendo los resultados reales, siguieron los disparates. Sólo Ernesto Ekaizer, el periodista argentino afincado en Madrid pero con presencia permanente en Barcelona, supo comprender lo que estaba pasando. Y en un aparte dijo que lo más importante de las distintas elecciones que se celebraban ese día en el Estado, y quizás lo único que quedaría en la historia al cabo de unos años, era que la candidatura que encabezaba el president Puigdemont en las elecciones al parlamento europeo había ganado de forma rotunda en Catalunya.

Las batallas de las municipales en el Principat eran las corrientes y el resto de elecciones en el Estado español eran “sus” elecciones.

Porque el triunfo de Puigdemont, Comín y Ponsatí es el triunfo del independentismo, que ha superado todas las burdas trampas del aparato del Estado y también las zancadillas de amigos y conocidos. Porque la decisión del señor Junqueras de no querer ir junto a Puigdemont y lo que representa, es un error estratégico de calibre. Se ha perdido la oportunidad de entrar en el parlamento europeo con un frente único que hubiera representado ante el mundo al independentismo catalán. ERC ha entrado por la puerta de atrás, junto a otras opciones de izquierda, que yo respeto pero que no me representan.

Y es que de forma recurrente y cuando menos se lo espera, se desentierra el sobado maniqueísmo de la derecha y la izquierda, etiquetando las opciones políticas mediante prejuicios bien urdidos, donde se mezcla el resentimiento con la envidia y la mala fe. ¿O es que alguien libre de ataduras y con pensamiento crítico es capaz de defender que la práctica política del PSOE es una praxis de izquierdas? ¿Pedro Sánchez, Susana Díaz, Collboni, Iceta, González, Guerra y un largo etcétera de “amigos y conocidos” son de izquierda?  Por favor, no me haga usted reír. ¿Es que poner carriles-bici a gogo en una ciudad de acusados desniveles y pendientes, inventarse islas peatonales sin preguntar previamente a los vecinos que piensan de ello, promover un sindicato de manteros sin resolver el conflicto de base o reducir la presencia de la guardia urbana en los barrios, es también ser de izquierdas? ¿O no será más de izquierdas  –en lo que significa de mejora, progreso y apertura democrática-  abrir un frente rupturista con savia nueva e independiente (JxCat), enfrentarse al bunker histórico del PDeCat y construir un proyecto con trayectoria propia?

Hay que ser gilipollas (necio, estúpido, en el sentido genuino del término), pero que muy gilipollas, para no darse cuenta de todo ello.

Y para confirmar el vaticinio inteligente de Ekaizer, sólo cabe revisar los resultados de las elecciones europeas en el Principat:

  • Censo: 5.408.485
  • Votantes: 3.473.476
  • JxC: 28,52%
  • PSC: 22,14%
  • ERC y otros: 21,19%
  • Ciudadanos: 8,63%
  • Catalunya en Comú-Podem: 8,44%
  • PP: 5,17
  • Vox: 1,99 €
  • Otros: 3,32%

Triunfo claro y contundente de JxC, que ha obtenido 250.000 votos más que la confluencia en la que se inscribe ERC. Y si sumamos los resultados de ambos, alcanzamos un 49,71% del total, frente al 39,73% de los españolistas. Como siempre Catalunya en Comú-Podem queda en el limbo, en “el no sabe no contesta”, territorio de la ambigüedad en el que parece se encuentra muy cómodo. Claro que este extraño equilibrio es insostenible y acabarán teniendo que mojarse. Pronto veremos si la señora Colau, en la formación del consistorio barcelonés, prefiere aliarse con la banda del 155 o se compromete de una vez con el derecho a la autodeterminación. Ella que va de izquierdas, debería recordar a Gramsci cuando dijo que “la indiferencia es el peso muerto de la historia”.

Falta ahora completar el análisis global repasando el peso del soberanismo independentista (JxC y ERC) en las capitales de las 42 comarcas catalanas, lo que nos dará una idea de la representatividad territorial del fenómeno. Porque no es lo mismo un foco concentrado que una cobertura extensa.

En 31 de las capitales el soberanismo supera el 50% del voto, en un par lo roza (49,31% en Vilanova y la Geltrú, 48,17% en Reus), y en el resto, con la excepción de Sant Feliu del Llobregat (Baix Llobregat), el Vendrell  (Baix Penedés), Mataró (Maresme), Tarragona (Tarragonés) y en Vielha (Aran)  tiene mayor peso que los partidos españolistas. En Sabadell, curiosamente, igualan en porcentaje (43,41%). En Barcelona, por si hay alguna duda, supera en 7,64 puntos al bloque del PSOE, C’s, PP y Vox (39,02%) frente al 46,66% de JxC y ERC.

En Catalunya y en esta coyuntura histórica, las elecciones europeas son unas elecciones políticas, en tanto que las municipales, sobre todo en las medianas y pequeñas poblaciones, son unas elecciones de gestión.

Menos politicólogos y más criterio:  ¡Que falta hace!


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