Cornut i pagar el beure. Alfons Duran

febrero 13, 2020

 

Que no es exactamente lo mismo que “cornudo y apaleado”, a no ser que aceptemos el simbolismo del apaleamiento, que en el caso de la lengua catalana implica un coste económico añadido. En definitiva, ser un perfecto “gilipollas”, algo más que ser tonto, estúpido o lelo.

Y esta es la condición que comparten una buena parte de los catalanes, de los que así se sienten, de los que quieren serlo, que no son necesariamente todos los nacidos en Catalunya, ni tampoco los españoles residentes.

A ver si de una santa vez queda claro que no hay buenos y malos catalanes, sino catalanes y españoles que viven en Catalunya. No se puede ser ambas cosas a la vez. Es un oxímoron, una “contradictio in terminis”.  Los primeros continúan siendo españoles, pero lo son solo administrativamente. El bisabuelo de su bisabuelo fue inscrito “manu militari” en un club del que no lo dejan marcharse.

Los segundos, por el contrario, se sienten españoles y están encantados de serlo; su vínculo con Catalunya es administrativo, aunque hayan nacido aquí. Esto es taxonomía de primer grado.

¿Y por qué son gilipollas una buena parte de los catalanes? Simplemente porque se dejan timar. Llevan siglos dejándose timar.

Es cierto que Catalunya ha tenido la mala suerte de estar situada geográficamente entre dos imperios venidos a menos, que es la peor condición de un imperio, cuando el valor de los activos ha caído y solo queda la retórica de lo intangible: los fastos, los himnos y las banderas.

Aun así los catalanes han sido capaces a lo largo de la historia de superar los sucesivos “muerdos” de castellanos y franceses, “muerdos” que desde 1714 han quedado específicamente a cargo de la monarquía castellana y de los gobiernos que han ido tomando el relevo en los últimos trescientos años. Tanto da que el ejecutor fuera el señor Olivares o los señores Patiño, Esquilace, Saavedra, Canga, Negrín (en plena República), Monreal, Villar Mir, Boyer, Solchaga, Solbes, Montoro o Guindos. El mecanismo siempre ha sido el mismo: drenar sistemáticamente recursos allí donde más se producen. Un error mayúsculo, tanto técnica como políticamente, que desincentiva al que trabaja y no estimula al que vive de las transferencias.

Pero ya entrados en el primer quinto del siglo XXI, el “muerdo” se ha multiplicado, ha tomado nuevas vías, alguna de ellas próxima al expolio. Veamos una primera aproximación al cartapacio hacendístico del gobierno que preside el señor Sánchez y de sus derivadas en el aparato del Estado.

La primera contribución económica de los ciudadanos que viven en Catalunya (catalanes y españoles) es muy parecida (no del todo) a las de los ciudadanos del resto del Estado. Las tablas del impuesto de la renta (IRPF) tienen una parte idéntica y una segunda parte con ligeras variaciones según el territorio. En cuanto al impuesto del Patrimonio, hay lugares en que se paga y otros que están exentos. En cualquier caso, siempre los ciudadanos catalanes salen perjudicados en términos comparativos. Aquí todo el mundo pierde: los catalanes independentistas, los catalanes no independentistas y los españoles que viven en Catalunya. Primer “muerdo”.

La segunda contribución es menos conocida porque queda oculta en la maraña de los datos económicos que presenta la Administración. Pero sí sabemos o deberíamos saber ya que el Déficit Fiscal de Catalunya (lo que pagamos frente a lo que recibimos) suma 2.500 euros por persona y año. Es decir, una cifra que sale ocultamente cada año de los bolsillos de los ciudadanos de Cataluña. Quizás algunos de esos ciudadanos interpretan que es su aportación a la grandeza nacional del Estado español. Allá ellos. Para muchos otros es una extorsión. Segundo “muerdo”.

La tercera contribución es más sibilina y no procede del ministerio de Hacienda. Tras el inicio del procés distintas instituciones del Estado han gozado del privilegio de pasar cargos en forma de multas, fianzas, garantías y otros inventos. Las razones nunca están claras, pero ellos las interpretan como legales, aunque saben que no son legítimas. Por ejemplo, el Tribunal de Cuentas le ha cogido el gusto al tema y va lanzado. Después de la operación “Mas / Ortega / Rigau” ha venido la espectacular operación “Puigdemont / Junqueras & others” y sigue. El monto es considerable y faltan manos para cubrir estos impuestos revolucionarios. Para hacerles frente, los catalanes independentistas han organizado varias “Caixes de Solidaritat”, cajas a las que cada uno aporta voluntariamente lo que puede y quiere. Tercer “muerdo”.

Que todos estos novedosos pagos los hagas forzado puede comprenderse. Te indignas pero eres solidario y tratas de reducir los perjuicios de los afectados. Pero que los hagas solícito, vendas que “hay que dialogar” con los que te esquilman y te limites a quejarte (un poco) en discursos electorales, da pena, mucha pena.

Esto es ser “cornut i pagar el beure” o, si se quiere más florido, actuar siempre como el sastre de Campillo, “que cosía en balde y ponía el hilo”.


¿QUIÉN MANDA AQUÍ? Alfons Duran

febrero 6, 2020
Norbert Haering, el gran analista financiero y económico de la publicación alemana “Handelsblatt”, comentaba recientemente la presentación de un libro de Jens Berger, el también conocido editor de “NachDenkSeiten”, una web que se distingue por su independencia y capacidad crítica, características poco habituales en los medios convencionales. El libro de Berger tiene como título “Wer schützt die Welt vor den Konzernen?”, que podríamos traducir así: “Quién protege al mundo de las corporaciones?”. El libro desnuda a tres de los grandes gigantes de inversión (Vanguard, BlackRock y State Street) y lo hace de forma muy pedagógica y con gran sentido del humor.

Como en los últimos años he investigado a fondo el poder en el mundo (mi libro “El oligarca camuflado” es un síntesis de los resultados), no puedo por menos que tomar como referencia el texto de un capítulo del libro, que el propio Hearing presenta a modo de aperitivo, y que resulta tremendamente impactante. El texto lleva como encabezamiento “Desayuno con BlackRock & Co.” Y dice así:

“Son las 6,30 en Alemania. Suena el despertador. Voy a la ducha. Mi gel es Ax, del grupo holandés-británico Unilever, cuyo principal accionista es BlackRock. El agua es de un consorcio municipal, en el que la compañía francesa Veolia tiene un paquete mayoritario, compañía en la que su segundo mayor accionista es también BlackRock. Me cepillo los dientes con el dentífrico Colgate, marca de la empresa americana Colgate-Palmolive, cuyos principales accionistas son Vanguard, BlackRock y State Street.

Me pongo mis tejanos Levis, mi camisa Ralph Lauren y mis zapatillas Adidas. Uno de los principales accionistas de Levi Strauss es Vanguard. En Ralph Lauren están Vanguard y BlackRock, y BlackRock es el segundo mayor accionista de Adidas.

Preparo mis cornflakes. BlackRock, Vanguard y Sate Street están entre los cinco principales accionistas de American Kellogg, hecho que también ocurre en su principal competidor el grupo suizo Nestlé.

Tomo mi iPhone, y compruebo que hay de nuevo en Facebook y Twitter. Vanguard y BlackRock son los principales accionistas de las tres empresas. Le preparo la comida al perro, al que le doy un pienso de la marca Ekanuba de Procter & Gamble, compañía americana cuyos principales accionistas son Vanguard, BlackRock y State Street. Antes de salir para la oficina me apetece tomar una bebida suave y opto por Innocent, de Coca-Cola, donde de nuevo encontramos a nuestros tres conocidos accionistas”.

Podríamos continuar y la secuencia se iría repitiendo. El mundo liberal-conservador está dominado por unos pocos agentes, esos operadores financieros que constituyen el bloque de los “bancos en la sombra”, llamados así porque aunque no son bancos de inversión se comportan de forma similar, sin estar sujetos a la regulación pública.

Esta situación es la que en economía se describe como un oligopolio, un tipo de mercado de competencia imperfecta que permite todo tipo de manipulaciones.

Ya hemos hablado en otras ocasiones de BlackRock (muy presente también en las mayores empresas del Ibex/35), pero conviene recordar que es el grupo inversor privado más importante del mundo, con una cartera de activos financieros de 7 billones de dólares (trillones americanos), que representa unas cinco veces el PIB del Estado español. Lo fundaron en el 88 un  grupo de ejecutivos procedentes del banco First Boston y lo sigue dirigiendo uno de sus fundadores: Larry Fink.

Vanguard le va a la zaga en esta carrera, ya que su cartera está próxima a los cinco billones y medio de dólares, con la particularidad de que muchos de sus inversores son fondos mutualistas. Su fundador, ya retirado al cumplir la edad reglamentaria, fue John C.Bogle, que tuvo la intuición de buscar una alternativa para los fondos mutualistas, que tenían sus inversiones estancadas al apostar por los índices standard. Bogle revolucionó el sector y demostró a lo largo de los años que su proyecto inversor era mucho más rentable.

El tercer operador es State Street, con antecedentes bancarios que se remontan a finales del siglo XVIII. State Street es algo diferente a sus hermanos mayores, pues junto a su unidad de gestión de activos mantiene servicios bancarios, en especial de custodia de dinero. Por esa condición está clasificado por el Financial Stability Board como un banco “Too Big To Fail” (demasiado grande para quebrar), que representa un escudo protector frente a posibles problemas financieros. Su cartera de activos es de dos billones y medio de dólares.

Y si nos adentramos un poco más en el mercado global de las empresas que cotizan en Bolsa en Estados Unidos, podemos decir que en el 88% de las empresas del índice Standard & Poors 500 (que agrupa a las quinientas empresas de mayor valor de capitalización), el principal accionista es uno de los tres citados.

Y esto nos lleva a otra realidad todavía más preocupante. Y lo hacemos de la mano de Jonathan Tepper, que el pasado año publicó “The Myth of Capitalism”, cuyo subtítulo es muy esclarecedor: “Monopolies and the Death of Competition”. Jonathan Tepper no es un académico puro, ya que ha trabajado como operador y analista en un fondo de cobertura, y en la actualidad dirige un grupo de investigación macroeconómica cuyos clientes son bancos, fondos de inversión, etc. Es decir, conoce personalmente el mercado desde dentro. Y después de estudiar en profundidad diversos sectores económicos norteamericanos, puede afirmar con rotundidad que la mayor parte de ellos funcionan en régimen de oligopolio, es decir, que están controlados por un pequeño grupo de empresas. Y aquí podemos incluir: televisión por cable, fabricantes de aviones, telefonía móvil, productores de coches y camiones,  mayoristas de farmacia, supermercados, compañías aéreas, fabricantes de cerveza, etc.

Fijémonos en el modelo empresarial dominante: control del mercado por pocos operadores y control de la propiedad de esos operadores por pocos agentes. Si Adam Smith levantara la cabeza se quedaría horrorizado.

Y es que su mano invisible ha transmutado en mano visible, que impone su dominio, sus precios y sus condiciones a un mercado cautivo, sin capacidad de respuesta.

La deriva del capitalismo tiene difícil solución. Las contradicciones que Marx identificó y Minsky ratificó se han puesto en evidencia. El presidente Franklin D. Roosevelt lo dejó muy claro en su mensaje al Congreso en 1938, cuando dijo: “La libertad de una democracia no está a  salvo si la gente tolera el crecimiento del sector privado hasta el extremo de que acaba siendo más poderoso que la propia democracia. Esto en su esencia es fascismo, el control del gobierno por un individuo, por un grupo o por cualquier otro poder privado”.

¿Somos conscientes de ello?

 


EASY WAY TO VOTE. Alfons Duran

noviembre 5, 2019

 

De la misma forma que hay comida preparada, que no sabes de verdad quién ni cómo ha sido condimentada, y que sin embargo la compras y la consumes sin la menor precaución, un porcentaje elevado de ciudadanos votan alegremente unos símbolos y unas señas, sin saber a ciencia cierta por qué lo hacen. Las razones son varias y no es el momento de analizarlas (prejuicios, rutina, alienación, esquematismos, confusión, etc.). Aquí la única propuesta es hacérselo fácil y el juego consiste en buscar el perfil del modelo del votante medio de cada adscripción política y luego depositar el voto en las urnas. Como siempre, nos ceñimos a Catalunya, lo que no deja de suponer un cierto sesgo, ya que las elecciones son para las cámaras del Estado español y no para nuestro Parlament, que es el que de verdad nos representa.

Veamos qué tenemos:

. Votante de clase media baja, de origen castellano, pensionista o próximo a la jubilación, que lleva muchos años en Catalunya pero que no habla catalán, que sigue el relato informativo diario en “Antena 3” o en “Telecinco” y a veces en “la 1”, y que acude puntualmente al sucedáneo de la Feria de Abril que se celebra en el área de Barcelona. A veces hojea “El Periódico” en el bar en el que se reúne con sus amigos. Recuerda con nostalgia el tándem Felipe-Guerra y no “entiende” qué les pasa a los independentistas catalanes. Sigue con pasión las andanzas deportivas de “la Roja”.

Podemos añadir a este colectivo a un grupo residual  de menor edad, de lengua catalana en la esfera pública (aunque en la intimidad hablen castellano), que han utilizado la etiqueta “socialista” para ascender en la escala social y gozar de una posición holgada. Gente, como el señor Montilla o el señor Iceta, que han hecho de la política una profesión. Aplican, sin ningún escrúpulo, una moral de conveniencia.

El trasfondo ideológico de este grupo es un “nacionalismo españolista incivil”.

Su voto es para el PSOE-PSC.

 

. Votante de clase media, de origen castellano, nacido o no nacido en Catalunya, menor de cincuenta años, con formación universitaria o similar, que está muy orgulloso de ser español (aunque no sabe exactamente porqué) y como tal cultiva y expresa de forma beligerante un odio enfermizo hacia lo catalán (su lengua, su cultura, su historia) por considerarlo la antítesis de su acendrada españolidad. Se cree liberal porque así se lo venden, aunque tampoco tiene muy claro qué significa en el orden económico, político y social. Sigue los debates tertulianos de “la Sexta” y de “la 1”, y se informa con “El Mundo” y “El País” preferentemente, pero también disfruta leyendo las editoriales de “La Vanguardia”. Se considera moderno y glamuroso, aunque resulte increíble tal auto-identificación para un observador ajeno. Utiliza la política, y no es el único, para trepar en la escalera del poder. Su trasfondo ideológico es un “neofascismo”.

Su voto es para CIUDADANOS.

 

. Votante nostálgico del franquismo, que ha ejercido o todavía ejerce funciones en el aparato burocrático del Estado y ha trasladado este sentimiento al entorno familiar (intergeneracional), lo que explica que jóvenes de ese entorno hayan recuperado el himno de la legión y lo canten en sus delirios alcohólicos. Sigue con reparos la información de “la 1”, aunque disfruta más con “la Trece”, cuyos análisis y críticas comparte. Acude puntualmente a la misa de los domingos y en algún momento de la semana (no siempre) compra “el ABC” o “La Razón”. Asocia la situación en Catalunya a los peores momentos del contencioso vasco.

Su trasfondo ideológico es un “nacionalcatolicismo ultrareaccionario”.

Su voto es para el PP, aunque entre los más jóvenes hay un desplazamiento hacia VOX.

 

. Votante que se cree independentista, aunque en el fondo de su alma reconoce que la época del peix al cove era muy plácida. Eso sí, nunca lo dirá en público. Es catalanista y declara que desde siempre ha tenido el independentismo como su proyecto político, aunque en la práctica es “autonomista”. Mayoritariamente nacido en Catalunya, de familia catalana. El catalán es su lengua madre. Cree que el proyecto independentista es un proyecto a largo plazo y que sólo se conseguirá si se llega a un acuerdo con el Estado español para la convocatoria de un referéndum. Considera que todavía no hemos alcanzado la mayoría suficiente para ganar, por lo que recomienda un esfuerzo continuado para “ampliar la base”, practicando una pedagogía activa con escaso éxito, especialmente entre los votantes del PSOE del área metropolitana. Su líder natural es Junqueras.

Se informa a través de los medios de la Corporació Catalana, del “ARA” y de algunos digitales como El Món” y Naciódigital”. Su trasfondo ideológico es un “autonomismo independentista”.

Su voto es para ERC.

 

. Votante que por la historia personal antifranquista de sus padres o abuelos considera que es el genuino representante de la izquierda en Catalunya. Desde la muerte de Franco ha obtenido ciertos réditos gracias a este pedigrí. Ha pasado por movimientos vecinales, por concejalías, por asesorías y por otros circuitos que lo han acercado al poder político. Pone el acento en la defensa de los derechos sociales, dando por sentado que el resto de los ciudadanos (cualquiera que sea su credo ideológico) está en contra de los mismos. Ha sabido capitalizar este posicionamiento y lo ha vendido bien. Es por ello que no asume el independentismo, al que etiqueta como proyecto liderado por la burguesía. No llega más lejos de una España confederal, en la que ya se encontraría cómodo, aunque no define con claridad este modelo. En el fondo su espacio natural es la ambigüedad. Se nutre de digitales  (como “Crític”) o de canales públicos de información subvencionados por las instituciones que controla, como el  Ayuntamiento de Barcelona. Su trasfondo ideológico es un “izquierdismo institucional”.

Su voto es para EN COMÚ-PODEM.

 

. Votante cuyo vector principal es el anticapitalismo dentro de una Catalunya independiente. De la misma forma que su credo independentista es claro y convincente, no se puede decir lo mismo de las bases de su programa político-económico. No sabemos si está más cerca de una propiedad pública de los medios de producción, de una economía mixta o de un modelo cooperativista a la yugoeslava de Tito. Es un votante mayoritariamente joven y con potente formación universitaria. Vive de ciertos esquematismos ideológicos que le impiden hacer un frente unido con las otras formaciones independentistas. Se siente cómodo en su función  de épater les bourgeoisy éste puede ser su punto débil.

Tiene las virtudes de una organización fluida y cambiante en sus liderazgos temporales, virtudes que los perjudican en el momento de llevar adelante planes de acción concretos. Se nutre de digitales y del  boca-oreja. Su trasfondo ideológico es un “anticapitalismo emocional”.

Su voto es para la CUP.

 

. Votante catalán transversal (todas las clases sociales, todas las edades, todos los rincones del país), que ha tomado conciencia de su catalanidad a lo largo de los últimos diez años. El abanico ideológico es muy amplio, desde un conservadurismo moderado a la catalana, a un progresismo radical en lo fiscal y en lo político. Lo que más los une es que se han dado de baja de España. Son sólo españoles administrativamente, pero harán lo imposible para desprenderse de esta imposición. Son independentistas y abogan por la unilateralidad, aunque no hay coincidencia en las vías para alcanzarla. No quieren saber nada de un retorno a la “España autonómica” y consideran que aquellos que preconizan este modelo no son auténticos independentistas. Su líder natural es Puigdemont. Siguen críticamente los programas de los medios de la Corporació, aunque funcionan a través de la redes sociales. Son seguidores de los digitales “Vilaweb” y “El Nacional”, y en ocasiones compran “El Punt-Avui”. Su trasfondo ideológico es un “independentismo radical”.

Su voto es para JUNTSxCAT.

 

Si vota a alguna de estas marcas y no se identifica con el perfil descrito, no se preocupe; querrá decir que está más allá de dos Sigma en la campana de Gauss. Ello invita a la reflexión.

En cuanto al resto de opciones, su presencia es marginal en Catalunya, y muy difícilmente encontrarán sus teóricos simpatizantes un espacio que los represente. Pueden optar por el perfil más próximo o inhibirse, conducta esta última que tiene un peso específico considerable en cualquier convocatoria electoral y que merecería un estudio en profundidad.

La ruleta está servida. Usted vote a quien quiera. Pero lo más importante es saber por qué vota a quién vota.

 

Nota:

Ver en el apartado “Vídeos”:

“Catalunya ha de buscar la complicitat dels grans gestors de fons”. Alfons Durán-Pich. República TV. 31/octubre/2019.

Alf Duran Corner

DESORIENTACIÓN / 2

octubre 31, 2019

Unos días previos a las elecciones municipales y europeas del pasado mayo, escribí una columna en la que trataba de hacer un “análisis de situación” que me permitiera comprender mejor la realidad y razonar mi voto. Ahora, a la espera de las nuevas elecciones generales para el mes de noviembre, he repasado aquel texto y he visto que, en lo básico, mantiene su frescura original. Y esto significa que ha habido escasos movimientos, que la realidad está petrificada, que los actores repiten sus pautas de comportamiento. Frente a ello, el votante independentista (el único que me importa) se halla algo desorientado. En la medida en que pueda ayudarlo, le contaré como lo veo y lo veía desde mi atalaya de independentista independiente.

Éste fue el texto original, con ligeros ajustes en función del tiempo y del carácter específico de la actual convocatoria.

“Tras la muerte del dictador, los poderes fácticos del Estado tejieron una red de alianzas con los pequeños grupos de la oposición y presentaron un escenario de democracia formal, que en sus fundamentos trataba de ocultar sin especial recato sus valores franquistas y españolistas, a los que se había aplicado un lifting no agresivo. En esa operación cosmética de peluquería de barrio se incluían unos partidos políticos etiquetados como “de derechas y de izquierdas”, un grueso de normas y procedimientos que llamaron “constitución” (que incluían capítulos redactados, sable en mano, por los militares fascistas) y una aparente descentralización administrativa (las comunidades autónomas) para encubrir los derechos de las naciones históricas del Estado.

Luego se pidió al pueblo que votara y el pueblo, temeroso y desorientado en su gran mayoría, votó a favor de lo que la autoridad competente proponía. Los años de plomo de la Dictadura habían anulado nuestra capacidad crítica. Y así hemos llegado hasta aquí.

El espectáculo se ha mantenido incólume durante más de cuarenta años, pero hace aguas por todas partes y tiene un futuro dudoso. Hay varios frentes que explican el derrumbe del tinglado y hay que tratarlos separadamente.

El primer frente es el ideológico. En el mundo occidental (es un eufemismo) los partidos oficiales de derechas e izquierdas se han integrado, en la práctica, en un magma liberal-conservador, con pequeñas diferencias. Las TIC’s, la globalización, la financialización de la economía y el peso del “Big Business” a escala mundial han producido una transferencia de poder hacia el gran capital, que utiliza a los políticos profesionales como empleados bien remunerados. En el Estado Español, a la pequeña escala que le corresponde, ha ocurrido lo propio. Por un lado tenemos productos obsoletos (como el PP o el PSOE) y, por otro, tenemos nuevos entrantes (Ciudadanos o Podemos) lanzados al mercado como si se tratara de una nueva colonia para ejecutivos agresivos. Entretanto los fondos de cobertura internacionales, los fondos de inversión, los fondos de capital-riesgo y los fondos soberanos, con la participación doméstica de las grandes empresas ayer públicas y hoy privatizadas, del lobby de obra pública dependiente del BOE y de la banca oligopolística, preparan las recetas que luego sus empleados servirán a los comensales: un poco de libertad, unas gotas de democracia formal, un pack precocinado de patriotismo y todo bien revuelto y espolvoreado con “la Roja”. Y así los tienen entretenidos.

El segundo frente es el económico, en el que queda de manifiesto el fracaso del modelo desarrollado. Desde el plano de la economía política, en el sentido genuino del término (trabajar para la polis en términos de eficacia y eficiencia), la buena economía se fundamenta en la correcta asignación de recursos y, posteriormente, en su adecuada gestión. El Estado español ha fracasado siempre en lo primero y en lo segundo, beneficiando, eso sí, a las élites extractivas y rentistas que se han quedado el excedente generado. Ejemplos de mala asignación son abundantes, como las inversiones en la red radial ferroviaria de alta velocidad para pasajeros (absolutamente innecesaria), la proliferación de aeropuertos y su poco ajustada dimensión, el gasto extraordinario en armamento, el rescate bancario y su posterior reparto entre los miembros del oligopolio, la red viaria de autovías en zonas de escaso tránsito, la variante madrileña del “corredor Mediterráneo” que no pasa por el Mediterráneo, la barra libre de polideportivos, etc. En paralelo, se han producido grandes vacíos en aquellas infraestructuras que sí eran claves para facilitar la actividad empresarial, como el ya famoso y genuino “corredor del Mediterráneo” de mercancías. En lo que respecta a la gestión, lo difícil es encontrar un área que nos permita dar un aprobado, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que las decisiones son tomadas por altos funcionarios del Estado con el dinero de los contribuyentes. Por último hemos de referirnos a la transferencia de rentas entre comunidades, con el teórico propósito de crear plataformas de despegue económico en territorios poco explotados comercial o industrialmente. Los resultados han sido desastrosos. Se ha drenado liquidez de forma sostenida de las zonas con cultura empresarial y óptima ubicación geoestratégica (el caso de Catalunya es paradigmático) y no se ha creado nada útil en las zonas subvencionadas. No sólo esto, se ha estimulado el subsidio como forma de vida.

El tercer frente es el político. Catalunya ha dicho basta. La voluntad mayoritaria y transversal de sus ciudadanos de decidir su futuro a través de un referéndum ha sido bloqueada por el Estado, que ha utilizado sus capacidades (legales y no legales) para dinamitar un proyecto de naturaleza democrática. Pero el contencioso se le ha ido de las manos al Estado español, gracias en parte a la proyección internacional de los políticos exilados y a la respuesta valiente de las nuevas generaciones. El hecho de que otros Estados no intervengan (los Estados se protegen unos a otros) no significa que parlamentarios, académicos, analistas, ensayistas, periodistas y políticos de todo el mundo no observen atentamente lo que está ocurriendo. El descrito como “espíritu de la Transición”, un relato inventado por el Régimen (que sigue incrustado en el “Deep State”), ha entrado en barrena. Nada se aguanta; ni la monarquía, ni la pluralidad de estamentos que la secundan, ni la pléyade de altos funcionarios que han vivido y viven graciosamente de este embolado.

Y ahora hay que votar una vez más en las elecciones generales. Hay que votar, mal que nos pese, porque todavía estamos prisioneros en este círculo infernal y al hacerlo hemos de ser conscientes de que este voto ni condiciona ni determina nuestro futuro como pueblo libre.

Voy a referirme exclusivamente a Catalunya y a los catalanes, que es el único ámbito con el que estoy comprometido. Lo que hagan o dejen de hacer los españoles que viven en Catalunya (como la señora Roldán y sucedáneos) no es de mi incumbencia, aunque imaginamos que repartirán su voto entre el PSOE, el PP, Ciudadanos y Vox. Lo pueden decidir al azar, porque en el fondo se parecen mucho más de lo que aparentan.

En términos estratégicos, los catalanes deberían votar las opciones independentistas (Junts per Catalunya, ERC, CUP) para conseguir luego un colectivo que tenga el suficiente peso como para producir ciertos  bloqueos en las decisiones del gobierno del Estado, sin muchas esperanzas de que esto sirva para algo. Lo ideal hubiera sido una candidatura unitaria, pero las reticencias de la estructura de mando de Esquerra Republicana y el esquematismo ideológico de (las CUP’s) no lo ha hecho posible. Sus argumentos de que al ir separados se suman distintas sensibilidades independentistas no tienen base estadística y, a lo sumo, no son más que una hipótesis de trabajo. Lo que no es una hipótesis es que la ley de Hondt  premia a los partidos mayores. Parece que los que sí la conocen son los asesores del señor Casado, que tratan de evitar la incidencia de Vox y de Ciudadanos en los territorios que ellos consideran de su propiedad.

Los resultados de las recientes elecciones municipales en Catalunya pueden llevar a engaño. Se han ganado plazas importantes para el independentismo, pero se ha perdido la mayor (Barcelona), donde tanto el Ayuntamiento como la Diputación (y la gestión de sus dotados presupuestos) han quedado en manos de los oficiantes del 155. Y todo ello por consentir alianzas inconfesables, en las que la cúpula autonomista de ERC y los residuos marginales del neonato PDECAT han cometido errores estratégicos de calibre, lo que pone de manifiesto un tacticismo inoperante y una visión cortoplacista de un proyecto político de vuelo gallináceo. El independentismo consciente tiene buena memoria y en su momento les pasará factura.

No hago mención específica  –siempre en clave catalana– del grupo polivalente formado por Comuns, Podemos, Podem, Iniciativa y otros, porque, al vivir en la indefinición permanente, soy incapaz de conocer cuál es de verdad su proyecto político, si es que lo tienen. Algunos de ellos, que pretenden representar en exclusiva el patrimonio histórico de la izquierda, deberían hacer autocrítica, abandonar la ambigüedad y comprometerse con unos o con otros. Si todavía no se han dado cuenta de que la cuestión de la independencia de Catalunya tiene prioridad sobre la cuestión social en esta coyuntura histórica, mejor que se dediquen a otra cosa. Cuando observo la actitud pasiva de algunos independentistas de este colectivo, que no se atreven a discrepar públicamente sobre las maniobras oportunistas de la señora Colau y de su corte, me pregunto si no están dando prioridad a sus poltronas.

En la calle la gente pide unidad, pero algunos que han hecho de su retórica independentista una forma de vida, no escuchan. Lo acabarán pagando. Los partidos políticos en general han entrado en declive. Se han anquilosado. No se renuevan. Las estructuras impiden la mejora. Al final la democracia directa, que es la auténtica, se irá imponiendo con distintos formatos.

Una de las virtudes del President Puigdemont es que ha dinamitado los restos de un partido que fue hegemónico pero que ha perdido su razón de ser. Yo no milito ni he militado nunca en ningún partido. Será que mi alma ácrata le puede a mi sentido del orden impuesto. Por eso me siento libre de ataduras partidistas. Votaré por la candidatura de Junts per Catalunya, que significa votar por Puigdemont, por Comín y por Torra, que son quienes de verdad me representan. Y lo haré  por coherencia, por dignidad y por respeto.”

Alf Duran Corner

Fondo documental


Juguetes rotos. Alfons Duran

septiembre 26, 2019

 

“Ciudadanos”, un partido político que de la noche a la mañana alcanzó gran notoriedad mediática sin haber asumido responsabilidades de gobierno (en ninguna de las administraciones públicas), ha entrado en barrena. Todavía no lo saben, pero las señales de alerta se han disparado.

“Ciudadanos” es un invento, un artilugio, un tigre de papel. Era de esperar que su vida fuera corta, ya que su fundación, promoción y desarrollo carecían de las mínimas bases políticas e ideológicas para constituir un proyecto consistente. El éxito de “Ciudadanos” sólo es posible en un Estado de analfabetos funcionales, como es el caso del Estado español.

El partido nació casi por azar, aglutinando a un conjunto de ciudadanos españoles residentes en Catalunya, que se sentían apartados de posiciones de poder en los gobiernos autonómicos y municipales. Interpretaban que ese alejamiento no era justo, teniendo en cuenta que a su juicio tenían sobradas capacidades para ocupar mejores puestos. Los sucesivos gobiernos del president Pujol no los habían tenido en cuenta y sus esperanzas puestas en el gobierno tripartito (PSC, Esquerra Republicana e Iniciativa) quedaron defraudadas. Era el grupo de “los resentidos”, que encontraron en la “inmersión lingüística” un terreno abonado para expresar su agresividad frente a la lengua y la cultura catalanas.

Pasaron de las tertulias en bares y restaurantes, en las que propiciaron conspiraciones de mesa de camilla, a manifiestos copiados de manuales usados. Todo ello muy visto.

Ese grupo, que se autodefinició como “los intelectuales”, hizo una especie de concurso para elegir una estructura organizativa y un equipo directivo, mientras ellos tutelaban la movida y se mantenían a distancia. El equipo directivo contó desde el principio con el soporte mediático españolista (televisión, radio, prensa, etc.), que se apuntó rápidamente a la fiesta por una coincidencia de principios laxos (si no le gustan, los cambio) y porque así creían poder atacar mejor el crecimiento del sentimiento independentista en Catalunya. Los partidos dinásticos (PP y PSOE) los vieron también al principio con buenos ojos, al valorar su aportación al mantra dominante: “una España única e indisoluble” (a modo de comprimido del Big Farma).

Y pasaron los años y a golpe de corneta del Estado profundo contaron con la financiación necesaria para distribuir el producto en todo el territorio nacional, pactando con tirios y troyanos para teóricamente “facilitar la gobernabilidad”, sin importarles lo más mínimo el programa político, lo cual no es criticable porque ellos  –cuatro pinceladas aparte calcadas de FEDEA–  tampoco lo tenían.

Como ya describimos con detalle su trayectoria (ver “Enredar la madeja” (http://www.alfdurancorner.com/articulos/enredar-la-madeja.html  17/05/2018)  no vamos a insistir en ello.

¿Y qué ocurre ahora con estos chicos y chicas tan monos, con algunas excepciones que no es preciso citar? Pues que han dejado de interesar a la oligarquía española, que es la que hasta ahora ha pagado los gastos, siempre con el dinero de los contribuyentes.

Y es que el entorno ha cambiado, el nacional y el internacional más próximo. A nivel nacional, los partidos dinásticos se han consolidado (modelo Cánovas-Sagasta), y en este caso el PSOE se ha recuperado de sus horas bajas y ahora cree que puede gobernar, y el PP, si se confirma esa hipótesis, asume su papel como la oposición oficial. Sus marcas blancas (Unidas Podemos y Ciudadanos) acabarán en “hard-discount”. Y a nivel internacional la Unión Europea ha renovado la flota, sustituyendo algunos vehículos muy obsoletos (Juncker, Trajani, etc.) por otros ligeramente renovados (Von der Leyen, Sassoli, etc.). Es un cambio lampedusiano, en el que cambian las formas sin cambiar los contenidos. Populares y socialistas controlan el terreno.

Es la lógica del portafolio, que explicaban en los ochenta del siglo pasado los ejecutivos del Boston Consulting Group y que algunos de nosotros defendíamos en las aulas. Los “interrogantes” de la matriz no han conseguido convertirse en “estrellas” y hay que deshacerse de ellos.

Es por esto que ha empezado el desguace. Decía Plinio el Viejo, en su enciclopédica “Naturalis Historia”, que “Cuando un edificio está a punto de caer, todas las ratas desiertan”. El discurso estridente de los Rivera, Arrimadas y compañía ya no interesa a nadie. Son simples juguetes rotos.

 

 

Nota personal

Desde que nació esta web en enero del 2000 (sin más pretensiones que conectar con una red próxima de amigos) he mantenido una planificada regularidad en la publicación de estas columnas, con algún descanso en el período veraniego. Pronto cumpliremos veinte años y hasta hoy hemos tenido 4.419.759 visitas. Contamos con lectores en unos treinta países, que la incorporación del traductor Google (ahora muy perfeccionado) ha ayudado a promover. El número de visitas se ha ido ampliando, hasta alcanzar una media sostenida de 30.000 al mes. Pero la acogida al último artículo (“Políticamente incorrecto”) me ha desbordado y me ha llevado a reflexionar, ya que expresa a mi juicio una respuesta social inusitada de una polis muy consciente del momento histórico que estamos viviendo. No queremos ser virales, y menos “influencers”, atributos muy alejados de mi forma de pensar y sentir. Lo tomaré con más calma, sin dejar de comprometerme. A partir de ahora publicaremos una columna cada quince días, tratando de ahondar críticamente  –como he hecho siempre–  en la realidad económica, política y social que nos afecta.

Gracias a todos.

 


MONEY. Alfons Duran

julio 11, 2019

“Money  money  money  money…
Mark, a yen, a buck or a pound,
That clinking, clanking, clunking sound,
Is all that makes the world go ‘round,
It makes the world go ‘round!”

 

Liza Minnelli lo cantaba en “Cabaret”, reflejando el ambiente retorcido y corrupto de la Alemania nazi, en la que el dinero (marco, yen, dólar o libra) dominaba sobre el resto.

Y así sigue, y así seguirá.

El dinero como variable clave, el dinero como factor explicativo del desorden mundial.

El dinero, siempre el dinero, es la razón básica por la que el Estado español no acepta que la nación más dotada del territorio, la que siempre ha liderado los procesos de cambio, de progreso y de mejora, pueda decidir sobre su futuro, con la opción de independizarse. El resto de argumentos en contra  –como la sobada “unidad de España”-  son pura retórica, vacía de contenido. La única cosa que les preocupa es que Catalunya deje de financiar a la gran Castilla, como lo ha hecho siempre desde que la monarquía castellana impuso sobre sus súbditos un sistema estructuralmente predatorio.

Money, money, money.

No es que la gran Castilla (el Estado español sin Catalunya y Euzkadi) no pueda ser viable económicamente (cualquier colectivo puede serlo), sino que su viabilidad pasaría por un reajuste a la baja de sus gastos, al ver reducidos sus ingresos. Jugarían en segunda B en lugar de en primera división. Y a nadie le gusta vivir en Nou Barris si está acostumbrado a vivir en el Upper Diagonal.

Money, money, money.

El Estado español está orientado al gasto, no al ingreso. Porque para ingresar hay que trabajar y su cultura (en el sentido antropológico del término) no se fundamenta en el trabajo. Aquí hallamos una diferencia sustancial con Catalunya: ellos son católicos integristas (el trabajo como castigo. Como has pecado estás condenado a trabajar: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”), en tanto que los catalanes son fundamentalmente calvinistas (el trabajo como recompensa).

El modelo organizativo de Castilla estaba formado por tres estamentos básicos: una monarquía absoluta, una corte extensiva y la plebe. El modelo permanece: han cambiado los significantes pero se mantienen los significados. Ahora hay una monarquía que se declara parlamentaria (valor simbólico), pero que actúa como si fuera ejecutiva. La corte ha evolucionado y ha conformado un Estado profundo (una sociedad de funcionarios). Por último, la plebe es el pueblo llano, que vive alienado, ajeno a la realidad, educado para seguir las instrucciones de la autoridad competente. Les basta con seguir las andanzas de “la Roja” y distraerse con “Sálvame Deluxe”.

Money, money, money.

No debe extrañarnos que este modelo organizativo sea propenso al gasto, lo que explica que históricamente el Estado español encabece el ranking de las bancarrotas públicas. La aberración económica de la red radial del AVE (un tren para ricos que pagan los pobres) responde a esta lógica. No es que el AVE no sea viable en términos económicos, es que tampoco lo es en términos sociales. Y siguen produciendo enlaces.

Money, money, money.

Vayamos al proceso de toma de decisiones y esto nos ayudará a comprender el embrollo. Primero un político (González, Aznar o cualquier meritorio) tiene una idea fuerza que cree que le dará votos. La comunica profusamente a su público objetivo para ganarse su apoyo. Y se lo gana, porque a todos los niños sin excepción les gustan los caramelos. Luego los “altos funcionarios” y los funcionarios de menor rango ponen en marcha los mecanismos para ejecutar la idea fuerza, con una dimensión aproximada de los gastos aparejados (aproximada y casi siempre muy inferior a la real). Que todo ello se ajuste o no a una necesidad no es el criterio central, ni tampoco el periférico.

Money, money, money.

Y aquí tenemos un poco el meollo de la cuestión, el factor nuclear. Los funcionarios públicos toman decisiones sobre asignación de recursos del Común que muy probablemente no tomarían si afectaran a su bolsillo. Manejan el dinero de los contribuyentes con una alegría que jamás tendrían si ellos, por ejemplo, tuvieran que avalar a alguien por un importe mil veces menor. A mi juicio ésta es una derivada del concepto de “azar moral”, que es una especie de seguro a todo riesgo que cubre tus posibles errores de decisión, por lo que te concede la libertad de hacer lo que quieras.

Y como ya hemos descrito, el Estado español es un Estado de funcionarios, incluidos aquellos que han copado los puestos directivos en las empresas vinculadas al aparato del Estado, que es su principal valedor y, en muchas ocasiones, su principal cliente. Dos tercios de las empresas representadas en el Ibex/35 se ajustan a este perfil. Y así corre el flujo del dinero: de los contribuyentes a los funcionarios y de los funcionarios a los rentistas, previo pago de una comisión a los anteriores, que actúan como intermediarios.

La etiqueta liberal-conservador con la que se presentan en sociedad es pura ficción. Es un falso capitalismo clientelar que no cree en la libre competencia. Todo el montaje es una gran mentira.

Money, money, money.


Las Patronales. Afons Duran

junio 27, 2019

Siempre me ha llamado la atención que los empresarios (la propiedad) y sus representantes (los directivos) se asocien para defender sus intereses corporativos. Comprendo que para temas concretos que afectan al conjunto de las empresas (cualquiera que sea su dimensión) se organicen puntualmente y hagan oír sus argumentos a quien corresponda. Por ejemplo, me gustaría que las patronales vinculadas al territorio catalán defendieran frente a la Administración central del Estado los sucesivos recortes en infraestructuras, déficits fiscales históricos, incumplimiento en la realización de inversiones presupuestadas, etc. No hacen nada. Apenas levantan la voz o incluso coquetean con un Estado que va en su contra.

Y todo esto llama la atención, porque esas carencias de naturaleza estructural afectan de verdad a la tan manoseada competitividad de sus empresas, lo que me lleva a pensar que no dominan su oficio.

Lo que sí parece que les preocupa es figurar en fiestas y festejos, donde expresan sus quejas frente a cualquiera que cuestione su papel. Ahora han salido en tromba al verse desplazados de sus poltronas en la Cámara de Comercio de Barcelona. Y lo harán sucesivamente si ven indicios de cambio en cualquiera de las instituciones que controlan.

Lo cierto es que un empresario y/o un alto ejecutivo de verdad se dedica a su propio proyecto, a no ser que lo haya arruinado por mala gestión y se busque un espacio para seguir ejerciendo de rentista. Cuando en alguna de esas instituciones (por ejemplo la CEOE) se hacen públicos oficiosamente los emolumentos de algunos de los miembros de sus juntas y/o las indemnizaciones cuando son apartados del cargo, uno se pregunta cuál es el fin último que persiguen.

Las patronales son organizaciones caducas que pertenecen al pasado. Si damos un vistazo a sus presidentes en los últimos cuarenta años, veremos que hay mucho boato y poco management. El señor Sánchez Llibre, por ejemplo, presidente del Foment del Treball, es hijo y hermano de empresario, pero éste no es su oficio pues ha ejercido siempre de político profesional, lo que significa que una parte de sus ingresos siempre han procedido de los Presupuestos Generales del Estado. Seguro que como buen relaciones públicas ha encontrado sus compensaciones (no olvidemos su constante presencia en el lobby Puente Aéreo), pero lo que se dice “crear, dirigir y desarrollar un proyecto empresarial privado”, es algo que se le escapa.

Claro que los directivos de las patronales cuentan con el apoyo, a veces voluntario y a veces ingenuo, de los medios de comunicación y en particular de las líneas editoriales que marcan férreamente sus propietarios, en el caso de medios privados. Sobre los medios públicos catalanes, mejor aparcar el tema: son incapaces de comprender la diferencia entre patronales, sus juntas de gobierno, las empresas locales, las multinacionales, los autónomos, etc. Dicen que cuando no se sabe suficiente, mejor es callarse. No lo hacen.

Ahora por ejemplo ha surgido el tema, que no es nuevo, del consumo y su implicación política. El concepto es muy claro: consumir productos y servicios que estén próximos a tu ideario. Ideas como el comercio justo, las frutas y verduras de proximidad, los productos “ecológicos”, etc. siguen esta trayectoria. La ANC ha ido más allá, cosa que me parece perfecta, defendiendo la tesis de que los consumidores independentistas compren y consuman marcas asociadas a ese ideario, en el sentido más amplio del término: desde lo que compro en el mercado, a la entidad financiera en la que deposito mis ahorros, pasando por la compañía aseguradora de mi coche o casa, hasta la contratación de suministros básicos: agua, luz, telefonía, etc.

A mí me gusta regar con un buen vino los ágapes cotidianos, y ya hace muchos años que mis tintos van del Priorat a Terra Alta, del Montsant a Costers del Segre y otras denominaciones, y mis blancos del Penedés al Empordà. A veces, excepcionalmente, tomo un Ribera o un Burdeos.

De la misma forma compro en Atmetller Origen, en Bonpreu o en Esclat y no lo hago en el Corte Inglés, ni en Mercadona ni en Carrefour.

Y todo esto lo hago porque me siento próximo a esos proveedores y no a los otros. Porque tengo derecho a decidir, cómo mínimo en ese pequeño ámbito de mi privacidad.

Ante el movimiento estratégico de la ANC han saltado inmediatamente los presidentes de las patronales Foment y Pimec, señores Sánchez Llibre y González, con declaraciones extemporáneas en las que aparece el código boicot y sus perniciosos efectos. Seguramente ni el señor Sánchez Llibre ni el señor González saben lo que le sucedió al señor Charles C.Boycott, en la Irlanda de finales del siglo XIX, porque si lo supieran quizás comprenderían lo que significa el “consumismo político”.

Si dos millones de independentistas catalanes se apuntaran a esta corriente, los poderes del establishment del Estado y sus representantes en la Catalunya autonómica se pondrían muy nerviosos.

Hay otros caminos frente a la represión que seguir yendo con el lirio en la mano.

 

 


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