Plan L en Brasil. Emir Sader.

octubre 8, 2018

 

Ni Plan A, ni Plan B. Se impuso el Plan L, de Lula. Siguiendo la recomendación que señala que de un laberinto se sale por arriba, Lula, una vez más, desató el nudo de los que creían que se había instalado una crisis profunda en el PT, en la izquierda y en su misma candidatura, con una jugada genial, que ha dejado atónitos a más de uno.

Cuando, por una decisión arbitraria del Superior Tribunal Electoral, se anticipó la fecha de registro de las candidaturas, obligando el PT a definir quién acompañará a Lula en la lista a ser registrada el día 15 de agosto, hubo que tomar una decisión apresurada, que Lula y el PT creían que podrían aplazar hasta el mismo día 15.

El juego era intrincado, porque había que definir un candidato a vicepresidente de Lula que, aunque puede ser cambiado hasta el día 15, significaría una definición sobre el vice de Lula. La definición recayó, según la decisión de Lula – que estuvo siempre en el comando de las articulaciones políticas –, en Fernando Haddad, su Ministro de Educacion – el mejor que Brasil jamás ha tenido y ex-alcalde de Sao Paulo.

Su rol es el de representar políticamente a Lula, así como participar de los debates y entrevistas. Haddad será registrado, el día 15 de agosto, como vice de Lula, junto al nombre del ex-presidente, en una marcha de miles de personas que acompañarán a la presidenta del PT, Gleisi Hoffman, que llevará el nombre de los dos al Supremo Tribuna Electoral, en Brasilia.

Pero Lula ha actuado en otros frentes. Tuvo que convencer a la candidata del PT a gobernadora de Pernambuco, Marilia Arraes, nieta de Miguel Arraes, a retirar su candidatura a gobernadora de la provincia, para que el PT apoye la reelección del gobernador del Partido Socialista y así neutralizar ese partido, obteniendo el apoyo de un sector mayoritario de los socialistas.

Por otra parte, el PT, orientado por Lula, hizo un acuerdo con el PC do B, que había lanzado a la joven dirigente Manuela d ‘Ávila como pre candidata a la presidencia de Brasil, con el siguiente esquema: si la candidatura de Lula es aceptada, ella será la candidata a vicepresidenta. Si Lula es impedido de ser candidato, Haddad será el candidato a presidente y Manuela será la candidata a vice.

De hecho, Lula había manifestado varias veces que preferiría que el candidato fuera alguien joven, de las nuevas generaciones. Pero cuando se configuró plenamente la persecución política en contra de él, Lula decidió aceptar el reto y lanzarse como candidato, para probar su inocencia y volver a ser presidente de Brasil.

Ahora, con ese ingenioso acuerdo, Lula puede compatibilizar las dos perspectivas: su candidatura, con una joven como vice. O un joven dirigente del PT con una joven dirigente comunista como vice.

El resultado del acuerdo fue extraordinario. El PT ha mostrado capacidad de resolver de forma unificada sus problemas internos, a la vez que reunifica a la izquierda alrededor de la candidatura de Lula. Otros sectores han quedado aislados. Ciro Gomes tuvo que escoger una candidata a vicepresidenta de su mismo partido, a falta de alianzas con otros partidos, quedando con un tiempo muy exiguo en el radio y la televisión en los programas gratuitos. Al igual que Guilerme Boulos, candidato del Psol, que no logra superar el 1% en las encuestas, por la presencia determinante de Lula en la polarización en contra de la derecha brasileña.

La derecha mantuvo sus candidatos tradicionales: Alckmin, ex-governador de Sao Paulo, derrotado por Lula en 2006, agrupando a la mayor parte de los partidos de derecha, pero manteniéndose en el 5% en las encuestas. Bolsonaro, que tuvo un bajón en su apoyo, así como otros candidatos con todavía menos apoyo, todos sufriendo el peso del apoyo al gobierno de Michel Temer, incluso su ministro de economía, Henrique Meireles, que se ubica también en el 1% de apoyo.

A dos meses de la primera vuelta de la elección presidencial brasileña, así se presenta el escenario electoral, está casi todo definido. Faltando la definición sobre si la lista de la izquierda será Lula-Manuela o Haddad-Manuela.


La “democracia” de los sinvergüenzas. Leonardo Boff

agosto 14, 2017
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Foto: Mídia Ninja

Es difícil quedarse callado después de haber presenciado la funesta y desvergonzada sesión de la Cámara de los Diputados que votó contra la admisión de un proceso del STF contra el presidente Temer por crimen de corrupción pasiva.

Lo que la sesión mostró fue la real naturaleza de nuestra democracia que se niega a sí misma. Si la medimos por los predicados mínimos de toda democracia que son: el respeto a la soberanía popular, la observancia de los derechos fundamentales del ciudadano, la búsqueda de una equidad mínima en la sociedad, la incentivación a la participación, el bien común, además de una ética pública reconocible, ella se presenta como una farsa y la negación de sí misma.

Ni siquiera es una democracia de bajísima intensidad. Esta vez se reveló, con nobles excepciones, como una cueva de gente denunciada por crímenes, de corruptos y ladrones a la orilla del camino para asaltar los centavos de los ciudadanos.

¿Cómo iban a votar a favor de la apertura de un juicio al presidente por el Supremo Tribunal Federal si cerca del 40% de los diputados actuales hacen frente a varios tipos de procesos ante la Corte Suprema? Existe siempre una conspiración secreta entre los criminales o acusados como tales, al estilo de las famiglie de la mafia.

Nunca en mi ya larga y cansada existencia oí que algún candidato vendiese su sitio o se deshiciese de alguno de sus bienes para financiar su campaña, sino que recurrió siempre a empresarios y a otros adinerados para financiar su millonaria elección. La caja 2 se naturalizó y las propinas fabulosas fueron creciendo de campaña en campaña a medida que aumentaban los intercambios de beneficios.

Esta vez, el palacio de Planalto se transformó en la cueva principal del gran Alí-Babá que distribuía bienes a cielo abierto, prometía subsidios por millones e incluso ofrecía otros beneficios para comprar votos a su favor. Este solo hecho merecería una investigación de corrupción abierta y escandalosa a los ojos de los que guardan un mínimo de ética y de decencia, especialmente de la gente del pueblo que se quedó profundamente horrorizada y avergonzada.

Efectivamente, ningún brasilero merecía tanta humillación hasta el punto de que tantos sintieran vergüenza de ser brasileros.

Los parlamentarios, incluidos los senadores, representan antes los intereses corporativos de los que financiaron sus campañas que a los ciudadanos que los eligieron.

Hemos tenido ya suficiente distancia temporal como para poder percibir con claridad el sentido del golpe parlamentario dado con la complicidad de parte del estamento judicial y con apoyo masivo de los medios de comunicación empresariales: desmontar los avances sociales en favor de la población más pobre, que fue siempre, desde la colonia, al decir del mayor historiador mulato Capistrano de Abreu: «castrada y recastrada, sangrada y desangrada». Y también el de alinear a Brasil con la lógica imperial de los USA en lugar de tener una política externa «activa y altiva».

Las clases oligárquicas (Jessé Souza, ex-presidente exonerado del IPEA por el actual presidente, nos da el número exacto: 71.440 supermillonarios, cuya renta mensual, generalmente por la financierización de la economía, alcanza los 600 mil reales por mes), nunca aceptaron que alguien venido de abajo y representante de los supervivientes de la tribulación histórica de los hijos e hijas de la pobreza, llegase a ocupar el centro del poder. Se asustaron al verlos presentes en los aeropuertos y en los centros comerciales, lugares de su exclusividad. Debían ser devueltos al lugar de donde nunca deberían haber salido: la periferia y la favela. No sólo los quieren lejos, van más allá: los odian, los humillan y difunden este inhumano sentimiento por todos los medios. El pueblo no es el que odia, lo confirma Jessé Souza, sino los adinerados que los explotan y con tristeza y por obligación legal les pagan sus miserables salarios. ¿Por qué pagarles, si pueden trabajar siempre gratis como antiguamente?

Historiadores de la talla de José Honorio Rodrigues, entre otros, han mostrado que siempre que los descendientes y actualizadores de la Casa Grande perciben políticas sociales transformadoras de las condiciones de vida de los pobres y marginados, dan un golpe de estado por miedo a perder su nivel escandaloso de acumulación, considerado uno de los más altos del mundo. No defienden derechos para todos, sino privilegios de algunos, es decir, los de ellos. El actual golpe obedece a esta misma lógica.

Hay mucho desaliento y tristeza en el país. Pero este padecimiento no será en vano. Es una noche que nos va a traer una aurora de esperanza de que vamos a superar esta crisis rumbo a una sociedad –en palabras de Paulo Freire– «menos malvada», y donde «no sea tan difícil el amor».


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