Para Rodolfo Walsh, justo a los 90 *. Carlos Aznárez

enero 10, 2017

 

Me parece una maravilla recordar a  Rodolfo Walsh,  gracias al buen hacer-escribir de Carlos Aznárez.

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Gracias por regalarnos esta joya, permitirnos conocer a este hombre singular, que en todo momento, estuvo jugándose la vida por causa nobles, de ahí que “algunos” no le permitieran seguir, no le perdonaran estar junto a la lucha de los que sufrían.

Su lucha no fué vana. Recordarle es permitir que nuestros jóvenes sepan quienes les precedieron, en qué condiciones vivían-luchaban-morían.

La lucha sigue, no se detendrá hasta que aquellos viejos propósitos, que siguen vigentes en nuestra Sociedad del S XXI se vean cumplidos: libertad-Igualdad para todos los seres humanos que formamos parte de este planeta Tierra.

 

 

Queridísimo Rodolfo, 


¿Cómo va Profesor Neurus, ahora que precisamente te toca cargar una pesada mochila con 90 años de recuerdos, esperanzas, algunas alegrías, bastantes tristezas, innumerables escritos alumbrados y otros que quedaron en el tintero? Veo que todavía ostentas como escudo, una una enorme y pesada ANCLA que supiste usar en cada momento para fondear tu cuerpo repleto de luminosidad.
Te recuerdo,  Profe,  cuando nos cruzamos por primera vez, en la  la librería y editorial Jorge Alvarez, allá por 1964, yo buscando una nueva edición de “Operación Masacre” para regalarle a un compañero, y vos allí, con tu rostro de detective jovial, revolviendo la mesa de novedades. Por supuesto, que te pedí que me lo firmaras y ya que estaba me compré otro para no quedarme atrás. A ambos nos dedicaste un: “Para….con afecto y el deseo de que les ayude a conocer la verdadera heroicidad de nuestro aguerrido pueblo”. El devenir de “la otra historia”, la que escriben los vencedores, nos arrebató al otro compa y a mí esos dos ejemplares que tanto supimos atesorar, releer y cuidar. A Máximo, así se llamaba mi hermano de lucha, lo secuestró y asesinó la Triple A en marzo del 76, al borde mismo del golpe dictatorial. Mi libro, corrió igual suerte ya que se perdió en un allanamiento de la misma organización fascista, el 6 de septiembre de 1974, cuando Montoneros pasó a la clandestinidad después de morir Perón.

Cuatro años después, en el 68, nos volvimos a encontrar en medio del bullicio y no pocas tensiones, del lanzamiento de la CGT de los Argentinos. ¿Te acordás? Estaba a punto de empezar su combativo discurso (Raimundo) Ongaro, ya había hablado el ferroviario Lorenzo Pepe y vos -uno de los artífices de toda esa movida- me miraste con cara de desesperación preguntándome si mi grabador (un Sony del año de Matusalén) tenía pilas, porque las del tuyo habían capotado. “Lo que se diga ahora va a pasar a la historia” susurraste, y así fue nomás, y al día siguiente te estaba alcanzando la cinta con todos los discursos grabados, que sin duda marcaban un punto de inflexión en la lucha antiburocrática de nuestra clase trabajadora.

A partir de esos años, nos fuimos cruzando en numerosas historias de militancia tanto sindical como política. Fuiste co-fundador de la Agrupación 26 de Julio (del Peronismo de Base) en prensa, y también coincidimos en algunas redacciones. Inevitablemente, querido Rodolfo, siempre ponías la guinda de la torta, enseñando, concientizando. Eras didáctico al máximo, ayudando, en lo que hacía a la práctica del periodismo, a investigar en el terreno de los hechos, a contrastar la información y recién cuando todo ese camino hubiera sido recorrido, dar a conocer el texto en cuestión. Los que te tuvimos como compañero de reuniones pero también de algunas cenas inolvidables en algún boliche del Bajo, nos deleitábamos con tus ironías sobre tal o cual personaje de la política de aquel entonces pero también tomábamos cuenta de tu seriedad y rigidez a la hora de hablar y actuar organizativamente (desde abajo y combatiendo) para los más humildes, para aquellos y aquellas a las que la vida no cesó de castigarlos.

Con el tiempo desarrollaste y disfrutamos de toda tu capacidad como escritor y periodista, nos acercaste aún más la lucha del pueblo palestino y de la Revolución Cubana, y no dejaste de marcar a fuego a aquellos intelectuales de cartón o “izquierdistas de mesa de café” para los que nunca se daban las condiciones de luchar a fondo contra quienes martirizaban a nuestro pueblo. Por ser así como eras, no dudaste viejo Capitán, en alistarte como voluntario en las milicias del pueblo, cuando llegó el momento de dejar de poner la otra mejilla y empezar a devolverles los golpes que nos venían dando desde que bombardearon la Plaza en el 55. Vos y nuestro recordado Paco Urondo fueron ejemplo de coherencia en ese sentido.

La Agencia de Noticias Clandestina es un capítulo aparte en tu infatigable vida. Preparaste la pista de despegue un tiempo antes que Videla se sentara en la Rosada, los viste venir, sabías por donde iban a descargar su odio y cuánto significaría de dolor para nuestra gente. Abrigaste la esperanza de que la información que rompiera con el discurso único se convertiría en un arma fundamental en la lucha montonera y del pueblo todo. No te equivocaste, compañero “Esteban”, bajo tu conducción imposible de imitar, fuimos produciendo día tras día durante un largo año, verdaderos mini manuales de práctica periodística en tiempos difíciles. El mundo pudo enterarse, gracias a ello, que al igual que en la Alemania nazi, aquí también había campos de exterminio y se practicaba la tortura y la desaparición forzada de personas como algo “natural”. Tan natural como la muerte misma. De esas investigaciones pero también del recuento minucioso de las infamias represivas promovidas por marinos, aviadores, militares y policías, surgió ese balance implacable de denuncia que fue tu Carta a la Junta Militar, que diste a conocer pocas horas antes de caer en combate. Ese mediodía nefasto, allí por San Juan y Entre Ríos, les ganaste la última batalla a quienes querían exhibirte como trofeo de guerra.

Hoy compañero Rodolfo Walsh festejamos tus 90, los de tu coraje y pensamiento crítico, los de tu legado revolucionario. Es verdad que te toca cumplirlos  en otro momento oscuro del país, con miles de despedidos, con chicos y viejos comiendo de la basura, con las calles llenas de colchones agujereados que sirven de dormitorio a familias enteras, con campesinos y campesinas rociadas y envenenadas por el glifosato, a los que le quitan el agua y las tierras día a día, con diversas trasnacionales quedándose con nuestras riquezas y la soberanía , con la provincia de Jujuy en estado de excepción y con cárceles donde se encierra a quienes protestan. Gobiernan los ricos contra los pobres y nunca hubo tantos directores de empresas convertidos en ministros y ministras. 
Me podrás decir que esto ya lo vimos, y no te equivocás Profesor, porque además de todo, se repite lo mismo que nos advertiste cuando nos juntaste en una mesa de café a principios del 75  a quienes luego te acompañaríamos en ANCLA: estas políticas represoras necesitan su correlato de censura y silencio informativo. En eso andan por estos días, y por eso, no estaría de más que escribas otra de tus cartas denunciando todos los horrores de este último año. ¿Te animas?

* Con motivo del 90 aniversario del natalicio del escritor, periodista y combatiente montonero argentino Rodolfo Walsh, asesinado por la dictadura militar en marzo de 1976.
* Nota pedida para publicar por los compañeros/as de la revista La Garganta Poderosa

La dictadura mediática en la era de la post-verdad. Fidel Castro y la represión contra los intelectuales. Ignacio Ramonet

diciembre 8, 2016

ALAI AMLATINA, 07/12/2016.- La muerte de Fidel Castro ha dado lugar -en algunos grandes medios occidentales- a la difusión de cantidad de infamias contra el Comandante cubano. Eso me ha dolido. Sabido es que lo conocí bien. Y he decidido por tanto aportar mi testimonio personal. Un intelectual coherente debe denunciar las injusticias. Empezando por las de su propio país. ignacio-ramonet
Cuando la uniformidad mediática aplasta toda diversidad, censura cualquier expresión divergente y sanciona a los autores disidentes es natural, efectivamente, que hablemos de ‘’represión’. ¿Cómo calificar de otro modo un sistema que amordaza la libertad de expresión y reprime las voces diferentes? Un sistema que no acepta la contradicción por muy argumentada que sea. Un sistema que establece una ’verdad oficial’ y no tolera la transgresión. Semejante sistema tiene un nombre, se llama: ‘tiranía’ o ‘dictadura’. No hay discusión. Como muchos otros, yo viví en carne propia los azotes de ese sistema… en España y en Francia. Es lo que quiero contar.

La represión contra mi persona empezó en 2006, cuando publiqué en España mi libro «Fidel Castro. Biografía a dos voces» -o «Cien horas con Fidel»- (Edit. Debate, Barcelona), fruto de cinco años de documentación y de trabajo, y de centenares de horas de conversaciones con el líder de la revolución cubana. Inmediatamente fui atacado. Y comenzó la represión. Por ejemplo, el diario «El País» (Madrid), en el que hasta entonces yo escribía regularmente en sus páginas de opinión, me sancionó. Cesó de publicarme. Sin ofrecerme explicación alguna. Y no sólo eso, sino que –en la mejor tradición estalinista- mi nombre desapareció de sus páginas. Borrado. No se volvió a reseñar un libro mío, ni se hizo nunca más mención alguna de actividad intelectual mía. Nada. Suprimido. Censurado. Un historiador del futuro que buscase mi nombre en las columnas del diario «El País» deduciría que fallecí hace una década…
Lo mismo en «La Voz de Galicia», diario en el que yo escribía también, desde hacía años, una columna semanal titulada «Res Publica». A raíz de la edición de mi libro sobre Fidel Castro, y sin tampoco la mínima excusa, me reprimieron. Dejaron de publicar mis crónicas. De la noche a la mañana: censura total. Al igual que en «El País», ninguneo absoluto. Tratamiento de apestado. Jamás, a partir de entonces, la mínima alusión a cualquier actividad mía.
Como en toda dictadura ideológica, la mejor manera de ejecutar a un intelectual consiste en hacerle ‘desaparecer’ del espacio mediático para ‘matarlo’ simbólicamente. Hitler lo hizo. Stalin lo hizo. Franco lo hizo. Los diarios «El País» y «La Voz de Galicia» lo hicieron conmigo.
En Francia me ocurrió otro tanto. En cuanto las editoriales Fayard y Galilée editaron mi libro «Fidel Castro. Biographie à deux voix» en 2007, la represión se abatió de inmediato contra mí.
En la radio pública «France Culture», yo animaba un programa semanal, los sábados por la mañana, consagrado a la política internacional. Al publicarse mi libro sobre Fidel Castro y al comenzar los medios dominantes a atacarme violentamente, la directora de la emisora me convocó en su despacho y, sin demasiados rodeos, me dijo: «Es imposible que usted, amigo de un tirano, siga expresándose en nuestras ondas». Traté de argumentar. No hubo manera. Las puertas de los estudios se cerraron por siempre para mí. Ahí también se me amordazó. Se silenció una voz que desentonaba en el coro del unanimismo anticubano.

En la Universidad París-VII, yo llevaba 35 años enseñando la teoría de la comunicación audiovisual. Cuando empezó a difundirse mi libro y la campaña mediática contra mí, un colega me advirtió: «¡Ojo! Algunos responsables andan diciendo que no se puede tolerar que ‘el amigo de un dictador’ dé clases en nuestra facultad… » Pronto empezaron a circular por los pasillos octavillas anónimas contra Fidel Castro y reclamando mi expulsión de la universidad. Al poco tiempo, se me informó oficialmente que mi contrato no sería renovado… En nombre de la libertad de expresión se me negó el derecho de expresión.

Yo dirigía en aquel momento, en París, el mensual « Le Monde diplomatique », perteneciente al mismo grupo editorial del conocido diario «Le Monde». Y, por razones históricas, yo pertenecía a la ‘Sociedad de Redactores’ de ese diario aunque ya no escribía en sus columnas. Esta Sociedad era entonces muy importante en el organigrama de la empresa por su condición de accionista principal, porque en su seno se elegía al director del diario y porque velaba por el respeto de la deontología profesional.
En virtud de esta responsabilidad precisamente, unos días después de la difusión de mi biografía de Fidel Castro en librerías, y después de que varios medios importantes (entre ellos el diario «Libération») empezaran a atacarme, el presidente de la Sociedad de Redactores me llamó para transmitirme la «extrema emoción» que, según él, reinaba en el seno de la Sociedad de Redactores por la publicación del libro. «¿Lo has leído?», le pregunté. « No, pero no importa -me contestó- es una cuestión de ética, de deontología. Un periodista del grupo ‘Le Monde’ no puede entrevistar a un dictador». Le cité de memoria una lista de una docena de auténticos autócratas de África y de otros continentes a los que el diario había concedido complacientemente la palabra durante décadas. «No es lo mismo -me dijo- Precisamente te llamo por eso: los miembros de la Sociedad de Redactores quieren que vengas y nos des una explicación». «¿Me queréis hacer un juicio? Un ‘proceso de Moscú’? Una « purga » por desviacionismo ideológico? Pues vais a tener que asumir vuestra función de inquisidores y de policías políticos, y llevarme a la fuerza ante vuestro tribunal. » No se atrevieron.
No me puedo quejar; no fui encarcelado, ni torturado, ni fusilado como les ocurrió a tantos periodistas e intelectuales bajo el nazismo, el estalinismo o el franquismo. Pero fui represaliado simbólicamente. Igual que en «El País» o en «La Voz», me «desaparecieron» de las columnas del diario «Le Monde». O sólo me citaban para lincharme.
Mi caso no es único. Conozco -en Francia, en España, en otros países europeos-, a muchos intelectuales y periodistas condenados al silencio, a la ‘invisibilidad’ y a la marginalidad por no pensar como el coro feroz de los medios dominantes, por rechazar el ‘dogmatismo anticastrista obligatorio’. Durante decenios, el propio Noam Chomsky, en Estados Unidos, país de la «caza de brujas», fue condenado al ostracismo por los grandes medios que le prohibieron el acceso a las columnas de los diarios más influyentes y a las antenas de las principales emisoras de radio y televisión.
Esto no ocurrió hace cincuenta años en una lejana dictadura polvorienta. Está pasando ahora, en nuestras ‘democracias mediáticas’. Yo lo sigo padeciendo en este momento. Por haber hecho simplemente mí trabajo de periodista, y haberle dado la palabra a Fidel Castro. ¿No se le da acaso, en un juicio, la palabra al acusado? ¿Por qué no se acepta la versión del dirigente cubano a quien los grandes medios dominantes juzgan y acusan en permanencia?
¿Acaso la tolerancia no es la base misma de la democracia? Voltaire definía la tolerancia de la manera siguiente: «No estoy en absoluto de acuerdo con lo que usted afirma, pero lucharía hasta la muerte para que tenga usted el derecho de expresarse». La dictadura mediática, en la era de la post-verdad, ignora este elemental principio.


Adolfo Pérez Esquivel: El Nobel deberá ser la Paz

octubre 10, 2016

Los 52 años de conflicto en Colombia dejaron un saldo de al menos 260.000 muertos, 45.000 desaparecidos y 6,8 millones de desplazados. Los gobiernos invirtieron aproximadamente 179.000 millones de dólares y perdieron la soberanía colombiana al dejar a Estados Unidos instalar numerosas bases militares, permitiendo entrar a sus tropas al país y vendiendo muchas tierras a empresas transnacionales.

adolfo pérez esquivel

El 26 de septiembre del 2016, luego de 6 años de negociaciones, se firmó el acuerdo de Paz entre el Gobierno de Colombia y las Farc-Ep, iniciando el fin del último y más antiguo conflicto armado del hemisferio occidental. Lamentablemente, esa esperanza por alcanzar la paz quedó congelada el domingo 2 en el plebiscito, al que asistí como observador internacional.

El No alcanzó el 50,22 por ciento y el Sí, el 49,78 por ciento, lo que puso en evidencia la polarización de la población, así como también el alto grado de apatía y descreimiento del 63 por ciento del electorado que no fue a votar, evitando tomar partido en esta decisión tan importante para el futuro del país.

El gerente de la campaña del No, Juan Carlos Vélez, reconoció que habían tergiversado la información sobre los acuerdos para ganar votantes y pidió perdón por haber confundido a los colombianos. No actuaron solos, algunos medios de comunicación colaboraron en esta tarea. Pero ya ganado el No; es bueno saber que todos los sectores respetaron lo trabajado en los acuerdos de La Habana y están dispuestos a mejorarlo y profundizarlo para encontrar soluciones consensuadas que permitan una paz legítima y persistente. Colombia no puede dar un paso atrás y las partes deben asumir su responsabilidad para buscar la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas.

Nunca los acuerdos son los ideales, son los posibles y en el caminar de la realidad pueden mejorar, en bien de todo el pueblo. Los desafíos que vienen requieren de políticas sociales fuertes con apoyo del pueblo y la solidaridad internacional, que ayuden a reparar el daño a las víctimas directas e indirectas.

En este sentido, es importante que luego de las Farc-Ep sigan los diálogos entre el Gobierno y el Eln para desarmar las “conciencias armadas”, así como también es urgente el desarme de los grupos parapoliciales y paramilitares. Las violaciones de derechos humanos contra la población, cometida por todas las partes durante el conflicto, deben ser penadas y reparadas.

La paz es una dinámica en las relaciones entre las personas y los pueblos, y para lograrla se necesitan mucho coraje, conciencia crítica y valores, que permitan silenciar las armas y transformarlas en arados –como lo anunciara el profeta Isaías– para desarrollar al país bajo un paradigma menos violento y neoliberal, y construir un horizonte de vida e igualdad.

Felicito al presidente Santos por lo hecho hasta ahora y por recibir el Premio Nobel de la Paz, así como a la contraparte, sin la cual no hubiese habido premiación. Ahora, Santos debe tener presente que el Nobel es una herramienta al servicio de los pueblos y que todos esperamos que esta designación ayude a encontrar el premio de la paz que los colombianos merecen.

Hay mucha gente allí que está trabajando por la paz, como Piedad Córdoba y el padre Javier Giraldo, entre tantos otros, que se han jugado la vida y vienen trabajando hace décadas por una Colombia con justicia, con igualdad y respeto a los derechos humanos. Nadie va a regalar esa Colombia, hay que construirla con esfuerzo y esperanza. Y todos debemos hacer un aporte, porque la paz en Colombia es también la paz de nuestra América.


Paulo Freire. Educación como práctica de la libertad

mayo 5, 2016

19 años despues de su muerte, el pensamiento pedagógico del “maestro” Paulo Freire, sigue vigente. Reconocido como uno de los pedagogos más influyentes de América Latina, promovió una educación humanista dirigida a integrar al individuo a la realidad nacional.
Según Paulo Freire: “educación es un proceso de conocimiento, formación política, manifestación ética, búsqueda de belleza, capacitación científica y técnica porque la práctica educativa es: “efectividad, alegría, capacidad científica, dominio técnico al servicio del cambio”.

Paulo Freire

Con su principio del diálogo, enseñó un nuevo camino para la relación entre profesores y alumnos. Sus ideas influenciaron e influencian los procesos democráticos por todo el mundo. Fue el “maestro-compañero” de los oprimidos, ya que transmitió la pedagogía de la esperanza. Influyó en las nuevas ideas liberadoras en América Latina y en la teología de la liberación. También en las renovaciones pedagógicas europeas y africanas.
Como dice su Biografía, su figura es referente constante en la política liberadora y en la educación.
Emigrante y exilado por razones políticas por causa de las dictaduras, su domicilio fue el Consejo Mundial de las Iglesias en Ginebra, Suiza.
Entre sus obras destacan “La educación como práctica de la libertad”, “Educación y cambio”, y “La pedagogía del oprimido”. Esta última fue la base de su propuesta educativa.

Definió la educación como un proceso destinado a la liberación y el desarrollo de la conciencia crítica. “La gran tarea humanista e histórica de los oprimidos: liberarse a sí mismo y liberar a los opresores”.

Para Freire la alfabetización era la mejor vía para la liberación. Gran parte de su carrera la dedicó a alfabetizar a los adultos. Sus propuestas también influyeron en las nuevas ideas liberadoras de América Latina.

Cinco frases para recordar a Paulo Freire, que deberian tener presentes todos los educadores del mundo:

1. “Enseñar exige seguridad, capacidad profesional y generosidad”.

2. “No hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre acción y reflexión”.

3. “Nadie educa a nadie —nadie se educa a sí mismo—, los hombres se educan entre sí con la mediación del mundo”.

4. “Todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre”.

5. “El hombre es hombre, y el mundo es mundo. En la medida en que ambos se encuentran en una relación permanente, el hombre transformando al mundo sufre los efectos de su propia transformación”.


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