El pánico de la derecha brasileña. Emir Sader

junio 18, 2018

La derecha brasileña ha realizado su sueño desde 2003: sacar el PT del gobierno. Como no lo ha logrado por medio de elecciones -y se dio cuenta que ya nunca más lo lograría – , optón por el atajo del golpe. Estuvo condenada así a tener como presidente al vice de entonces, Michel Temer, con toda la carga de acusaciones de corrupción.     

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 Pero la política económica neoliberal es la que unifica a toda la derecha brasileña. Como resultado, el golpe militar generó un gobierno que tiene el 3% de apoyo, sea porque es el gobierno más corrupto de la historia política de Brasil, sea por la recesión que la política económica centrada en los ajustes fiscales que ha producido, con sus crueles consecuencias sociales, sobre todo el alto nivel de desempleo: alrededor de 27 millones de personas.

Si el atajo del golpe fue el camino más corto de la derecha para captar de nuevo la presidencia de Brasil, ésta tiene que pagar el precio de tener que mantener ciertas normas institucionales. Ha hecho un amplio uso de la judicialización de la política, buscando sacar al favorito Lula de la disputa electoral, no ha podido, por lo menos hasta ahora, ni expropiar totalmente la representatividad de las elecciones – por medio de la instauración del parlamentarismo o del término de la obligatoriedad del voto -, tampoco ha logrado encontrar una forma de cancelar las elecciones de octubre de este ano.

La derecha brasileña hizo todo lo que pudo: sacó a Dilma de la presidencia, asaltó  al gobierno, hizo aprobar leyes antipopulares, privatizó el patrimonio público de Petrobras. Además de levantar todo tipo de sospechas respecto a Lula, para intentar destruir su imagen e impedir que volviera a ser presidente de Brasil

Tumbaron a Dilma, aunque sin ningún fundamento legal, al punto que este mes la comisión del Senado brasileño que ha examinado el caso, llegó a la conclusión de que Dilma no había cometido ninguna infracción legal.  Han tomado preso a Lula, aun con un proceso sin crimen y una condena sin pruebas. Pero no les pasa el susto. Aunque lleguen a impedir que Lula sea candidato, el fantasma de que quien Lula indique es favorito para ganar las elecciones y que de esta forma el PT vuelva a la presidencia de Brasil, les quita el sueño.

El conteo regresivo hasta las elecciones presidenciales solo pone más nerviosa a la derecha. La izquierda tiene su candidato – Lula – o quien le indique. La derecha ha agotado los intentos de tener un candidato anti-política, que se valiera del rechazo generado en contra de la política y los políticos. Intentó con un presentador de TV Globo, después con un juez, pero ninguno cuajó.  Recurren entonces a , por lo menos, unificar a los candidatos que la derecha considera serán de centro. Cardoso se asume como articulador de esos intentos, que incluirían al candidato de su partido, el ex-gobernador de Sao Paulo, Alckmin, que no ha logrado superar el 5% de apoyo, además de Marina Silva y otros nombres similares. Pero todos sumados no alcanzan siquiera a superar a Bolsonaro, el candidato de la extrema derecha.

El pánico más grande de la derecha brasileña es el retorno del PT al gobierno. Significaría el fracaso del golpe y del intento de retorno al modelo neoliberal. Significaría asimismo una derrota política de gran dimensión, reabriendo un período de gobiernos populares, que los volvería a marginar por largo período.

Otro fantasma de la derecha brasileña es que ni siquiera sea el principal contendiente de la izquierda, siendo suplantada por la extrema derecha. Lo cual facilitaría todavía más el apoyo a la izquierda.

No son fáciles los tiempos para Brasil, pero tampoco lo son para la derecha brasileña. La más profunda y prolongada crisis de la historia brasileña se acerca a un desenlace. De alguna forma ese desenlace se dará con las elecciones. Derecha e  izquierda afilam sus armas para esse enfrentamento.

 


Lula rechaza canje de su libertad por la renuncia a la candidatura. Emir Sader

junio 11, 2018
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Lula cuenta siempre que tenía unas ganas enormes de comer una de esas manzanas argentinas que nos llegaban desde Mendoza, con un lindo envoltorio azul. Que sus amigos comían, que no le costaría nada agarrar una y salir corriendo, porque no tenía plata para comprar. Pero que no lo hacía por el miedo de su mama pase vergüenza por haber robado algo.

El suele decir que lo mejor que ha heredado de su mama, Dueña Lindu, analfabeta de por vida, fue su carácter, lo que no se compra en los shopping centers, sino que se hereda de la formación original. Muy pobre, recién llegado luego de un viaje de 13 días de “pau-de-arara” desde el nordeste, con sus 8 hermanos y su mamá, vistiendo la misma ropa, porque no tenían otra, Lula cuenta que solo tomó, por primera vez, café con leche a los 7 años, para dar una idea del nivel de pobreza en que vivían. Trabajó como lustra botas, como office-boy, entre otras actividades, antes de ser escogido por la familia para formarse e intentar sacarlos de esa extrema miseria. Fue a partir de ahí que se dio su formación como tornero mecánico.

Menciono esto porque de nuevo el carácter de Lula vuelve a mostrarse con toda su fuerza. Preso político, con condena sin pruebas ni crimen cometido, Lula manifiesta a todos quienes lo visitan su absoluta indignación por la situación que enfrenta, ya hace más de 2 meses.

La semana pasada una escena surrealista pudo ser vista por los brasileños. Convocado a prestar declaración en un proceso de un gobernador, Lula apareció luciendo un traje y su corbata de Presidente de Brasil, con los colores verde y amarillo, como él siempre ha utilizado. Habló, con toda su fuerza y su humor: cuando el juez dijo que ya había hecho campaña por él, Lula lo invitó a participar de sus próximos comicios en su campaña a la presidencia de Brasil. Todos pudieron volver a ver su imagen, en el momento mismo en que las nuevas encuestas reiteran su favoritismo para triunfar en la primera vuelta de las elecciones presidenciales y que, en caso de que no pueda ser candidato, el 48% de las personas seguirían la indicación del nombre que el apunte.

Su candidatura fue lanzada, mediante un gran acto en Contagem, zona obrera cercana a Belo Horizonte, provincia de Buenos Aires, con la lectura de una Carta al Pueblo Brasileño que Lula ha enviado, reiterando su inocencia y su compromiso de candidatearse a la Presidencia de Brasil.

En ese momento, surge una propuesta indecente de un juez del Supremo Tribunal Federal, según la cual Lula podría obtener su libertad si renuncia a ser candidato. Una propuesta que confirma que se trata de un preso político, cuya libertad podría ser lograda si renuncia al favoritismo para ser elegido presidente de Brasil, razón de su prisión.

Lula, exhibiendo de nuevo su carácter, rechazó indignado la propuesta, diciendo que renunciaría a su candidatura si se presentara una sola prueba de que es culpable de algo. Como no lo han hecho, reiteró su disposición a ser candidato a la presidencia de Brasil.

Así, el 15 de agosto el PT presentará a Lula como su candidato a la Presidencia de Brasil. El Superior Tribunal Electoral tiene 30 días para juzgar la petición. En caso de se lo rechace, el mismo Lula, valiéndose de la extraordinaria influencia sobre el pueblo brasileño, que ninguna condena o prisión le quita, indicará un otro dirigente del PT para ser su candidato a la presidencia de Brasil, a ser elegido a comienzos de octubre. O si se confirma su candidatura, Lula triunfará en primera vuelta y volverá a ser Presidente de Brasil el primero de enero del 2019.


La derecha latinoamericana dijo a qué vino. Emir Sader

mayo 23, 2018
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Temer e Macri: agentes do fim da Unasur. Alainet

Después de años duros, en que parecía que el neoliberalismo había venido para quedarse en Latinoamérica, fuerzas populares lograron construir programas de gobierno antineoliberales, ganar elecciones y protagonizar los años más virtuosos de nuestra historia, en algunos de nuestros países.

Pero la derecha, aun derrotada, no ha dejado de maniobrar para intentar frenar a esos procesos, que representan el desenmascaramiento de todo lo que la derecha había dicho que era nuestro destino inevitable. Planteaba distintas cosas, pero su política económica siempre era el viejo modelo centrado en los ajustes fiscales, como medicamento en contra la enfermedad de los gastos estatales.

Después del período de gobiernos posneoliberales, la derecha ha vuelto a la carga, conquistando el gobierno en Argentina mediante elecciones,   retornó a Brasil mediante un golpe. Y tuvo la posibilidad de decir a qué vino, porque peleo tanto, con todas sus fuerzas, legales e ilegales, para retornar al gobierno. ¿Qué es lo que tiene que proponer y realizar en América Latina?

En verdad, no fue necesario aguardar ese retorno. Porque podemos saber lo que la derecha latinoamericana tiene que proponer para la situación de países como México, por ejemplo, gobernado desde hace tantas décadas por la derecha, con su modelo neoliberal ya hace por lo menos dos décadas y media. El favoritismo de López Obrador para convertirse en el próximo presidente de México es el resultado directo del fracaso de los gobiernos del PRI y del PAN, que se han alternado en el gobierno, sin cambiar la política económica neoliberal, y llevando México a una situación catastrófica, desde todos los puntos de vista.

El país que iba a marcar la senda para los otros países del continente, habiendo sido el primero en firmar un tratado de libre comercio con EEUU (y también con Canadá, en este caso) representa, al contrario de lo propuesto, la falencia de esos tratados y de esas políticas. Los dos partidos de derecha sumados no tienen las preferencias de López Obrador, que aparece como la ruptura con la corrupta oligarquía tradicional en México.

Pero el retorno de la derecha al gobierno en Argentina y en Brasil podría significar una actualización de las propuestas de la derecha. Sin embargo, en los dos países se ha aplicado el mismísimo modelo que ya había fracasado en los años 1990. El mismo diagnóstico de que los problemas de nuestras economías son los gastos excesivos del Estado tuvieron el mismo tipo de respuesta: la centralidad del ajuste fiscal. Con las desastrosas consecuencias aparejadas: profunda y prolongada recesión, desempleo record, desindustrialización de la economía, fuga de capitales, alza del déficit público.

¿A eso vinieron las derechas en Argentina y en Brasil? ¿Es eso lo que prometen? Por ello han luchado tanto en contra de los gobiernos populares, valiéndose de acusaciones falsas, de campañas de mentiras, de cerco a los gobiernos desde los medios y desde los capitales especulativos.

Esta es la demostración, para México, Colombia, Bolivia, y para otros países que están o van a entrar en procesos electorales, lo que pueden esperar de los partidos y candidatos de la derecha en Latinoamérica, cualesquiera que sean sus promesas. En Venezuela, se llegó a prometer la dolarización de la economía del país. En Brasil se privatiza los mejores patrimonios nacionales, los de Petrobras. En Argentina, se vuelve a la entrega a los brazos del FMI, volviendo a comprometer el futuro del país.

Las alternativas de retomar el desarrollo económico con distribución de renta suponen la ruptura con el modelo neoliberal, lo cual solamente gobiernos de izquierda pueden hacer, como se ha demostrado en este siglo. De la capacidad de la izquierda de volver a unificarse dónde está dividida, de superar los obstáculos jurídicos donde la derecha se vale de ellos en contra de líderes de izquierda, de reformular los proyectos que han dado resultados, adecuándolos a las condiciones internas y externas actuales, de rescatar los valores solidarios, cooperativos, humanistas, depende una solución positiva de la crisis actual que afecta a todo el continente.


China en la era Xi Jinping. Emir Sader

mayo 18, 2018
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Fui invitado por la Universidad de Pekín para participar en el II Congreso del Pensamiento Marxista y de la fundación de la Asociación Mundial del Marxismo. Los eventos se dieron en un nuevo momento decisivo en la historia de China y hacen parte de ese momento.

Los eventos se inscriben en el marco de las conmemoraciones del 200 aniversario del nacimiento de Marx, que se dieron de manera cómo en ningún otro lado se han dado, por la cantidad de eventos, así como por la importancia atribuida a ellos. A la vez se han conmemorado los 120 de la fundación de la Universidad de Pekín, la más importante de China.

Solo dos personas fueron invitadas de América Latina, una profesora de la UNAM, de México, y yo. Los chinos han definido las invitaciones no por los cargos de las personas, según ellos, sino por su obra, su trayectoria y su actividad política. América Latina estuvo subrepresentada, como efecto del bajón que tuvo el pensamiento social del continente en los últimos años.

A pesar de la importancia de los dos eventos, el más significativo para la historia concreta de China este año son los 40 años del proceso de reformas y de apertura de la economía. Yo había estado en las conmemoraciones de los 30 años, el clima era distinto, pero ya empezaba a cambiar, bajo los efectos de la crisis general del capitalismo.

Hasta aquel momento, 2008, reinaba, desde el comienzo del período de reformas y apertura, iniciado en 1998 por Den Xiaoping, una euforia alrededor de los efectos de los mercados, interno y externo, sobre la economía china. Y las consecuencias espectaculares en el ritmo de crecimiento parecían autorizar ese sentimiento.

Pero la crisis fue un primer llamado de atención sobre la otra cara de los mercados. Desde entonces, China ha pasado a un equilibrio más grande entre el Estado y el mercado, en lo que ellos llaman economía socialista de mercado, en lugar de la economía centralmente planificada, de inicios de la revolución, importada desde la URSS.

La historia reciente de China ya posee un período más largo desde la muerte de Mao (1976) que el primer período desde la toma del poder, en 1949. Se cumplen 40 años desde el comienzo de las reformas y de la apertura de la economía. Los primeros son valorados apenas como años de consolidación del nuevo poder y de defensa de la integridad territorial, pero no como momento de construcción de la nueva sociedad.

Mao es valorado como el protagonista de la Larga Marcha, el dirigente que llevó China a derrotar sucesivamente a Japón y a EEUU, pero no como dirigente del Estado chino. O su período tiene pocas referencias o son referencias negativas, como el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, caracterizados negativamente, como proyectos que han fracasado y dejado mucho sufrimiento para el pueblo chino.

La historia contemporánea de China abarca los últimos 40 años, cuando el país ha empezado a recuperar su lugar de destaque en la historia mundial, después de dos siglos de derrotas y humillaciones impuestas por las potencias occidentales. Fueros los siglos que han empezado cuando China fue invadida por Inglaterra, en la guerra del opio, para imponer el consumo del opio, para poder equilibrar el comercio entre los dos países, dado que Europa quería comprar todo lo que China tenia para vender, pero China no se interesaba en comprar nada de Europa.  Inglaterra tuvo que retirarse militarmente de China, pero dejó el esquema de tráfico y consumo del opio, abastecido desde otra gran colonia inglesa: la India.

Como China no tenía poderío marítimo, porque no pretendía ser una potencia colonial, fue derrotada por Inglaterra y pasó a vivir dos siglos de derrota y de humillación, que China considera que se han terminado, desde que el país ha entrado en la época de reconstrucción económica y de desarrollo sostenido, desde 1978.

La era  Xi Jinping, que China vive actualmente y que promete ser larga en el tempo, no solo por el prestigio y el poder de su dirigente actual, sino también porque ha logrado cambiar la Constitución china, para poder ocupar los máximos cargos de dirección del país por varios períodos y no solo por los dos previstos anteriormente.

Es un período caracterizado por una presencia más fuerte del Estado y del Partido Comunista Chino, tanto en el plano económico interno, como en la presencia de China en el mundo. En lo económico, Xi define ahora la prioridad del carácter cualitativo del crecimiento económico, en detrimento de su simple crecimiento cuantitativo. Lo cual significa mejorar las condiciones de trabajo de todos, así como una mejoría sustancial respecto a la contaminación reinante en todas las grandes ciudades chinas.

El gobierno actual se enorgullece de ser la única gran economía del mundo sin crisis, que mantiene hace cuatro décadas un impresionante ritmo de crecimiento constante, a la vez que ha sacado de la miseria a 700 millones de personas. Ahora se trataría de mejorar las condiciones de trabajo y del medio ambiente.

La sensación que uno tiene es que, si el siglo XVIII fue francés, el XIX fue inglés, el XX fue norteamericano, el siglo XXI ya es un siglo chino, en que el destino del siglo será determinado, en gran medida, por lo que pase en China.  Por ello tenemos que hablar mucho de China.


El día y la noche del trabajador. Emir Sader

abril 28, 2018

Nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente vive de su trabajo, pero nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente trabaja sin sus derechos garantizados.

Una sociedad cuya riqueza es resultado de lo que hacen diariamente los trabajadores, cada vez les reconoce menos, cada vez garantiza menos sus empleos, sus derechos, sus salarios mínimamente dignos.

Es alrededor de las actividades del trabajo que vive la mayoría aplastante de la gente en todo el mundo. Entre despertar muy temprano, gastar algunas horas en un trasporte muy malo, cumplir una larga e intensa jornada de trabajo, retomar el mismo trasporte de retorno, llegar a la casa y recomponer las energías para reempezar la misma jornada al día siguiente, gira la vida de millones y millones de personas en todo el mundo.

Para la gran mayoría, se vive o se sobrevive para trabajar. No hay tiempo para mucho más. Ni se puede escoger en qué trabajar. Cuando hay trabajo

Porque lo que más caracteriza hoy al mundo del trabajo, en cualquier parte del mundo, en mayores o menores proporciones, es el trabajo informal, el trabajo precario, sin contrato de trabajo, con trabajo intermitente, como define la nueva y cruel legislación del trabajo en Brasil. Es decir, trabajo sin garantía de continuidad, sin vacaciones, ni licencia de salud o maternidad, ni décimo tercero, ni nada de lo que está presente en los contratos formales de trabajo.

La misma identidad del trabajador se va debilitando, en la medida en que la mayoría de ellos tienen varias actividades a la vez, para poder redondear el presupuesto familiar. Varios de ellos cambian de actividad de un mes a otro, se arreglan como pueden, juntando varias pagas en el mismo día.

Las organizaciones de los trabajadores, para que puedan defender sus reivindicaciones, a su vez, también se debilitan, dejando a los trabajadores cada vez más fragilizados frente a la ofensiva en contra de sus derechos elementales. En varios países, reformas aprobadas en los Congresos o en curso, en la práctica cancelan toda base mínima de negociación, dejando que el desempleo presione a los trabajadores a que acepten cualquier tipo de trabajo, por la necesidad elemental de sobrevivencia de él y de su familia.

Uno de las imágenes más tristes de nuestras sociedades es la figura del desempleado, que sale tempranito de su casa, golpeando de puerta en puerta, en la búsqueda de alguna fuente de sobrevivencia. Que en gran parte de los casos recibe una respuesta negativa, esto es, se le dice que ni por el miserable sueldo vital se le puede contratar, que él no vale ni ese sueldo mínimo miserable. Y tantas veces no dice a sus familiares que ha perdido su trabajo, que es un desempleado, deambula buscando trabajo, como si estuviera trabajando, pero llega un momento en que todos se dan cuenta que falta lo elemental en la casa, que el desempleo ha ingresado también en ese hogar.

Y el desempleado no tiene ni a quien alegar. Mientras el derecho a la propiedad está garantizado en las constituciones, aunque se refiera al derecho de una minoría, el derecho al trabajo no tiene ley que lo garantice ni alguien a quien reclamar. Como si el derecho al trabajo no se refiriera a la gran mayoría de la población y el derecho a la propiedad a una ínfima minoría.

Cuando las fuerzas conservadoras toman la ofensiva, quien paga el precio más caro es el trabajador. El ve amenazado su empleo, sus derechos, su salario, su educación, su salud. Este primero de mayo – día del trabajador y no del trabajo, como algunos insisten en decir – encuentra a la gran mayoría de los trabajadores del mundo en situación penosa. Perdiendo derechos y con muchas dificultades para defenderlos.

Sin embargo, la mayoría aplastante de nuestras sociedades, aunque pueda no identificarse como tal, es trabajador, vive de su trabajo. Una actividad que diferencia al hombre de los otros animales, porque solo el hombre trasforma la naturaleza para sobrevivir y, así, se trasforma a sí mismo. Pero en la sociedad capitalista, el trabajador no es dueño de su trabajo, lo arrienda para poder sobrevivir, no tiene poder sobre lo que produce, a qué precio produce, para quien produce, cómo produce y no se reconoce en los productos de su mismo trabajo.  Es un trabajador alienado, que aliena su capacidad de trabajo y es alienado por el proceso de producción, que hace con que él sea alienado respecto a lo que el mismo ha producido.

En este año, en particular, la vida del trabajador es tormentosa. Si tiene empleo, no sabe hasta cuándo podrá tenerlo. Si tiene empleo, tantas veces no tiene contrato de trabajo firmado. El empleo ha dejado de ser fuente segura de mantención, de condiciones de vida mínimamente dignas para él y para su familia.

Un día del trabajador que más se parece a una noche por la inseguridad, por la ofensiva retrógrada respecto a los derechos básicos que el trabajador necesita y merece. Que el próximo primero de mayo sea de nuevo un día de fiesta, de celebración, de conquistas garantizadas, de empleo seguro y de salario digno.


Un general que no sabe lo que es democracia. Emir Sader

abril 24, 2018
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Un general brasileño ha manifestado preocupación con la democracia, en lo que demuestra que no sabe lo que es democracia. Antes de todo, porque no le toca a un general manifestar preocupación por la democracia. Lo cual, por sí solo, es antidemocrático, no está entre las funciones que le son atribuidas. El general debiera estar preocupado con la protección de las fronteras del país respecto al tráfico de drogas y de armamentos, entre otras funciones.

Pero el general tampoco conoce la historia de Brasil, en particular en lo que atañe a la democracia. La última vez que generales han manifestado preocupación por la democracia, se han valido de esa supuesta preocupación para destruir, de la forma más brutal, a la democracia en Brasil. Se ha empezado así el período más sombrío de la historia del país, que ha tardado 21 años y que ha destrozado todo lo que había sido construido de democracia en Brasil.

Bastaría que el general leyera los libros de historia para darse cuenta de lo que no es democracia, producto de la acción de sus colega de institución. Todo ha empezado con actitudes como esa, de preocupación militar con la democracia, que ha llevado a todo lo de negativo que ha traído al país.

Al mismo tiempo que el general no conoce a Brasil. La democracia fue violentada, hace pocos años y, al parecer, el general no se ha dado cuenta, cuando el voto popular fue irrespetado y una presidenta impedida de ejercer el mandato para el cual había sido reelegida democráticamente. Por lo que se sabe, el general no ha manifestado preocupación ninguna precucupacion con la democracia en aquel momento.

Más recientemente, un ex-presidente, el único hombre púbico que tiene la confianza de la gran mayoría del pueblo, porque ha gobernado de la forma más democrática a Brasil, saliendo del gobierno con el 87% de apoyo, fue condenado sin haber cometido ningún crimen y sin que exista ninguna prueba de irregularidades que él hubiera cometido. Por lo que se sabe, el general no se dio cuenta, una vez más, que la democracia estaba siendo destruida. Sus preocupaciones estaban en acusaciones sin fundamento de corrupción en contra de ese hombre público.

Si conociera a Brasil y a su pueblo y supiera lo que es democracia, el general sabría que lo que amenaza a la democracia en Brasil es el hecho de que el país ha sido siempre, hasta recientemente, el país más desigual del continente más desigual de mundo, de que el país ha estado, hasta recientemente, en el Mapa del Hambre de la ONU.

Su hubiera estudiado un poco el tema, sabría que la extrema pobreza, el hambre, las inmensas desigualdades, son incompatibles con la democracia, régimen en el que todos debieran ser iguales frente a ley, pero que, en nuestras sociedades, son extremadamente desiguales.

Que amenaza para la democracia es que militares se pronuncien sobre el sistema político y amenacen intervenir, impunemente. En lugar de castigar a los subordinados que han cometido ese crimen en contra de la democracia, el general hizo declaraciones en la misma dirección.

Nunca hubo en Brasil un régimen tan corrupto como la dictadura militar, cuando los escándalos eran escondidos por la censura ejercida por los militares en contra de los medios. La corrupción siempre ha existido en Brasil, todavía más en la dictadura miliar. Lo que amenaza a la democracia es la falta del ejercicio libre y soberano del pueblo para decidir los destinos del país, sin interferencias indebidas del Poder Judicial y sin amenazas de nuevo golpe militar.

Infelizmente las FFAA brasileñas han impuesto una amnistía para auto-amnistiarse de crímenes cometidos durante la dictadura, legitimando hasta la tortura, crimen no sujeto a fianza por el derecho internacional. Brasil ha quedado, hasta hoy, a contramano de ese derecho, por mantener esa herencia vergonzosa de la época de la dictadura militar.

Lo que las FFAA más temen son las Comisiones de la Verdad, como han manifestado sobre la intervención militar en Rio de Janeiro. ¿Por qué ese temor a la verdad? Deberían, al contrario, acatar las resoluciones de la Comisión de la Verdad sobre los crímenes cometidos durante la dictadura militar y asumir una profunda autocritica, que incluya nunca más meterse en política, ni manifestar cualquier preocupación, menos todavía amenazar volver a intervenir, que es la más grande amenaza a la democracia en Brasil.

La única forma de garantizar la democracia en Brasil son las elecciones directas y libres, dejando en manos del pueblo el derecho de decidir, sin injerencias ni de jueces, ni de militares, los destinos del país. En ese caso Brasil volvería a tener una democracia, sin ningún tipo de tutela.


El camino de la izquierda es el de la democracia. Emir Sader

abril 16, 2018
 
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Foto: Archivo ALAI

La democracia parece asfixiar a la derecha latinoamericana. Puesto que solo dispone de un proyecto profundamente antisocial, no puede someterse a la disputa democrática abierta, porque no tiene cómo conquistar a la mayoría de la población.

A su vez, la izquierda está profundamente comprometida con la democracia, no tiene miedo a la disputa libre entre su proyecto y el de la derecha. La ofensiva conservadora en Latinoamérica revela, cada vez más, cómo la derecha busca estrechar o incluso liquidar totalmente los espacios democráticos, sea para enquistarse en el poder, sea para llegar al poder por vías no democráticas.

Esa ofensiva solo confirma cómo la derecha latinoamericana no tiene compromiso con la democracia, mientras que es la izquierda la que nace, se desarrolla, gobierna por medios democráticos y pelea democráticamente por seguir gobernando o por volver a hacerlo. Ilusión de quien crea que la vía democrática se ha agotado. Incluso porque la vía insurreccional sería el camino de derrota y de catástrofe para la izquierda, como el caso colombiano lo demuestra.

Lo que se agota es el compromiso de la derecha con la democracia. La estrategia híbrida, la nueva vía de acción del imperialismo, representa un sabotaje desde adentro de los sistemas democráticos. Valiéndose del monopolio de los medios, del financiamiento privado de campañas electorales, de un Poder Judicial adherido al lawfare y a la judicialización de la política, se ha montado una estrategia de persecución judicial, policial y mediática de las fuerzas populares y de sus líderes, única vía posible de acceso o perpetuación de la derecha en el gobierno.

La pelea por la democratización está en la esencia de la estrategia de la izquierda. La izquierda solo puede llegar al gobierno por el convencimiento de la mayoría da la población. Solo puede gobernar contando con esa mayoría.

Aun cuando se instalara ya no más un régimen de excepción, sino un Estado de excepción, cerrando todos los espacios legales, la izquierda no podría abandonar la lucha democrática. Tendría que aunar formas distintas de lucha, pero manteniendo el objetivo de abrir espacios democráticos, que son donde los movimientos populares pueden organizarse y desplegar todas sus formas de lucha.

El cambio radical en la correlación de fuerzas internacional con el fin del período de dos superpotencias y el paso hacia un período de la hegemonía de una sola superpotencia, implicó también un cambio radical en la correlación de fuerzas en el plano militar. Por ello es que los movimientos guerrilleros en El Salvador y en Guatemala han reciclado sus formas de lucha hacia el plano legal e institucional, porque el triunfo por la vía miliar ya no sería posible.

El retraso de esa conversión en Colombia ha generado condiciones más desfavorables para los acuerdos de paz. Y una reconversión mucho más difícil para los movimientos guerrilleros.

Las condiciones de lucha se vuelven más difíciles cuando la derecha se vale del sistema político para corromperlo desde adentro. Cuenta con los errores de la izquierda, desde luego. Entre ellos, el no haberse planteado la democratización del Poder Judicial, tarea que Bolivia desarrolla con gran coraje. Así como de no haber sido capaz de democratizar los medios.

Pero lo que ha afectado más profundamente a la izquierda y la ha llevado, en algunos países, a derrotas graves, ha sido haber perdido la disputa por la agenda nacional. Después de haber convencido a la mayoría de los países de que la cuestión social, la desigualdad social, la exclusión social, el hambre y la miseria son lo esencial en el continente más desigual del mundo, ha sufrido un cambio en esa agenda, víctima de una campaña mediática monstruosa, que ha impuesto su agenda: la corrupción y los supuestos gastos excesivos del Estado. Fue este viraje el que ha posibilitado a la derecha recuperar iniciativa, quebrar la hegemonía de la izquierda y retomar sus proyectos neoliberales.

Se ha valido de la falta de democracia: en los medios, en el Poder Judicial, en el financiamiento de las campañas electorales. Le toca a la izquierda, no abandonar la vía democrática, que es su oxigeno esencial, sino profundizar la pelea por la democracia, renovarla, ensancharla. Porque el camino de la izquierda es la democracia.


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