La guerra híbrida sigue: Parlamentarismo verde oliva. Emir Sader

abril 8, 2020
La nueva estrategia de la derecha es la perversión dentro de la democracia liberal, contando con los medios y el poder judicial como piezas fundamentales. Es un golpe que toma forma institucional, pero que destruye la democracia desde adentro, creando otra institucionalidad, blindada, para evitar que la izquierda regrese al gobierno. Toma el nombre de guerra híbrida.
bolsonaro_militares_brasil.jpg

Foto: renovamidia.com.br

El primer movimiento de esta guerra híbrida en Brasil fue el golpe de estado contra Dilma Rousseff, que tomó la forma de un impeachment político, sin base legal, pero confiando en la connivencia del silencio cómplice del poder judicial.

La democracia fue rota como una forma de sacar el PT del gobierno y reanudar el modelo neoliberal, después de que la derecha fue derrotada cuatro veces consecutivas, en disputas   democráticas. Ahí decidió optar por el atajo del golpe.

El segundo movimiento fue el arresto y la condena de Lula sin ninguna prueba y la prohibición de su candidatura, cuando Lula era favorito para ganar en primera vuelta las elecciones presidenciales en 2018.

El tercer movimiento fue el montaje monstruoso a través de cuál se dio el fraude que impidió, de manera absolutamente ilegal, que Fernando Haddad fuera elegido presidente de Brasil. La derecha promovió así la elección de Bolsonaro de forma vergonzosa.

Dado que Bolsonaro se reveló un buen candidato para la operación electoral montada por la derecha, pero un mal presidente, era necesario resolver el problema de la gobernanza. El mismo Bolsonaro ya se había rodeado cada vez más de militares – activos y de la reserva – como personal del gobierno, personal que demostraba ser incapaz o entró en contacto conflicto con él.

La FFAA, en lugar de cumplir con su funciones constitucionales de garantizar la soberanía nacional, se habían convertido en una reserva alternativa de poder para la derecha, a medida que los partidos de derecha tradicionales entraban en crisis, como había sucedido en 1964 y por más de dos décadas después.

En el gobierno de Bolsonaro, los militares han participado desde el principio, sosteniendo de cerca al presidencia, y han estado de acuerdo con todo lo que hace el gobierno, desde la radicalización del modelo neoliberal a la privatización de bienes públicos, incluidos centralmente los ataques a la Petrobras. Estaban esperando que el gobierno se debilitara, para cercar a Bolsonaro, poner límites a ciertos excesos y finalmente construir un asedio institucional.

Hubo quienes hablaron de un parlamentarismo blanco, que sería impuesto por el Congreso, pero lo que queda por delante es un parlamentarismo verde oliva, con un tipo de primer ministro militar, el general Braga Neto, quien asume el rol de coordinador de ministros y, especialmente, asumiendo la política de salud para prevenir cualquier locura de parte de Bolsonaro.

Ya hay una coordinación militar, que institucionalmente vacía el peso de Bolsonaro. Coordinación que actúa, como en el caso de evitar la dimisión del ministro de salud, además de tratar de neutralizar el daño hecho a las relaciones con China, declaraciones desastrosas de los hijos de Bolsonaro y de otros ministros del gobierno. Bolsonaro sigue haciendo amenazas, sin capacidad de ponerlas en práctica. Ninguna reapertura apresurada del comercio, aún menos el reemplazo del ministro de salud. Bolsonaro queda aislado, con todos en su contra, como el mismo general Villas Boas ha afirmado. El queda reducido a la impotencia. Queda por ver cómo reaccionarán él y sus hijos.

La guerra híbrida llega así a su nueva etapa: la de la blindaje del gobierno, preparándose para construir una operación que intentará evitar que el PT gane las elecciones presidenciales del 2022. Este es el próximo objetivo de guerra híbrida.

Pero no juegan solos, hay otras fuerzas en el escenario y hay sus propias contradicciones. El mantenimiento del modelo neoliberal, aún más en medio de una economía con una fuerte recesión, es propicio para grandes movilizaciones populares, en defensa de los intereses de todos, en primer lugar, de puestos de trabajo. El gobierno estará tentado a endurecerse más, desatando procesos de represión abierta, para tratar de derrotar las movilizaciones populares.

La izquierda cuenta con el fortalecimiento del Estado, del sector público, de la salud pública, de las universidades y centros de investigación, con los sentimientos de solidaridad con los más desfavorecidos. Cuenta con todos estos elementos generados y fortalecidos frente a la crisis de la pandemia, para proponer que la reconstrucción de la sociedad solo pueda ocurrir con el protagonismo de la esfera pública, con el fortalecimiento de la democracia y la participación popular.

Será un período de grandes disputas. políticas e ideológicas, que definirá los horizontes de Brasil por mucho tiempo, con repercusiones en todo el continente.  La redemocratización de Brasil pasa por la derrota del proceso de militarización del gobierno y el restablecimiento de elecciones libres y democráticas


Un presidente débil permite la militarización del poder. Emir Sader

abril 7, 2020
No hay vacío en la política. Siempre que hay vacío, hay instituciones que tratan de llenarlo. Cómo las FFAA brasileñas lo han hecho en 1964 y se proponen a hacerlo de nuevo.
bolsonaro-infectado-mascara.jpg

 

En 1964, las FFAA crearon el vacío para intervenir, actuando fuertemente para erosionar al ya débil gobierno de João Goulart. Apoyados en la Doctrina Seguridad Nacional, erosionaron la legitimidad del gobierno y dieron el golpe, en sustitución de los ineptos políticos tradicionales y sus partidos.

Ahora, de nuevo, los partidos tradicionales han entrado en crisis, derrotados sistemáticamente por el PT.  Bolsonaro aprovechó de la nueva crisis de los partidos tradicionales para proponerse como alternativa. Fue un buen candidato para la derecha. Fue el único que tenía un caudal de preferencias en las encuestas, gracias al apoyo de las bases tradicionales del PSDB, que se habían radicalizado hacia posiciones de extrema derecha. Con eso, Bolsonaro era la única apuesta posible de la derecha para establecer una maniobra monstruosa, que terminó llevándolo a ganar las elecciones, aunque de forma fraudulenta.

Su estilo salvaje y agresivo, grosero, proyectó una imagen de líder popular. El nombró a un ultra neoliberal en economía, para garantizar el apoyo de los grandes empresarios. Se presentó como la única posibilidad para evitar que el PT volviera al gobierno.  Articuló manipulaciones gigantescas, ante la complicidad del poder judicial y los medios de comunicación y asaltó así al gobierno.

Fue un buen candidato a la derecha, pero no es buen presidente. No suma, l contrario, se revela como un factor de descomposición del gobierno.

Él ya se había acercado al ejército, para contar con el apoyo de la institución y para contar con personal para ocupar puestos estatales. Y también contar con una institución comprometida con la represión y la defensa del orden. A medida que Bolsonaro fue perdiendo apoyo, incluso de los suyos, el gobierno fue llenándose cada vez más de militares, activos y de la reserva. Hoy son parte del gobierno, mientras que Bolsonaro se vacía, pierde apoyo y pierde capacidad de acción, situación aún más grave por la pandemia que se extiende por todo el país. El vacío en la capacidad de gobernar de Bolsonaro ya está llenado por los militares, cada vez más comprometidos, incluso como institución, con ese gobierno.

Para evitar la delicada operación de sustitución de Bolsonaro por su vice, Mourao, se va militarizando cada vez más el gobierno. Los militares ejercen su poder de veto de acciones gubernamentales y se vuelven en el único núcleo capaz de dar un cierto grado de cohesión y acción al gobierno, un gobierno completamente perdido por la misma acción disgregadora de Bolsonaro.

No es la mejor alternativa para la FFAA, pero fue que les tocó y no dejan de aprovecharla, teniendo como objetivo mantener al gobierno, modificado o no, y la construcción de una institucionalidad que trata de prevenir el regreso de PT al gobierno. Con el colapso del gobierno de Bolsonaro, que pierde apoyo popular, pero también de los medios, de los grandes sectores y de la clase media, los militares se vuelven estratégicos, una condición de gobierno, que tienden a ser la columna vertebral del gobierno.

Un proceso que choca de frente con la restauración de la democracia. La militarización del gobierno es el principal obstáculo para el regreso de la democracia en Brasil. Un gobierno sin legitimidad, sin capacidad de gobernar, que se desintegra cuando debería comandar al país ante una crisis grave como esta, abre el camino para el establecimiento del poder militar dentro del Estado.

Si hay ya un comando establecido para sustituir en la práctica a Bolsonaro, son especulaciones. Como se dice en italiano: Si non è vero, è bene trovatto.


Turbulencias del neoliberalismo. Emir Sader

marzo 13, 2020
El mundo ha experimentado transformaciones regresivas en las últimas décadas del siglo pasado, que tuvo como una de sus consecuencias, la transición a la era neoliberal del capitalismo mundial.

jair_bolsonaro.jpg

Militares repetem Dilma e enterram Guedes na curva do neoliberalismo
Foto: PR | Reuters

Desde un mundo bipolar, marcado por la presencia de dos bloques que dividieron el mundo en esferas de influencia, nos trasladamos a un mundo unipolar, bajo la hegemonía imperial norteamericana. Un cambio radical en el panorama político e ideológico global. El fin del campo socialista generó, con él, la ideología del Consenso de Washington y el pensamiento único, promoviendo la idea del fin del socialismo, de la división entre la derecha y la izquierda, el predominio de la democracia liberal y la economía de mercado.

Por otro lado, el largo ciclo de carácter expansivo, desde el final de la segunda guerra mundial hasta la década de 1970, el de mayor expansión económica en la historia del capitalismo, ha pasado a un largo ciclo de carácter recesivo, en el que el capitalismo todavía está, sin horizonte de superación.

A su vez, el predominio de gobiernos que aplican políticas de bienestar social ha sido superado por gobiernos que promueven la competencia entre todos en el mercado, eliminando los derechos de la población. Hubo esos tres fenómenos regresivos, que concentraron más los ingresos, aumentaron los conflictos bélicos y aumentaron la miseria, el hambre y la exclusión social.

En el período neoliberal, la hegemonía dejó de estar con los grandes conglomerados del monopolio industrial, para estar en el capital financiero. Capital financiero de naturaleza especulativa, que fluctúa de acuerdo con las perturbaciones del mercado, que utiliza liquidez para circular de una bolsa de valores a otra, de un país a otro, promoviendo incertidumbre y turbulencia.

La era neoliberal es turbulenta, porque las economías actúan de acuerdo con las oscilaciones de las bolsas de valores, las transferencias rápidas de capital, las operaciones de rebaño, que desestabilizan las economías. Desde su instauración, ha habido crisis en América Latina, Asia, Europa, África, con efectos prolongados.

La era de la producción y la creación de empleo ha quedado atrás, reemplazada por la era de las tasas de interés, la especulación financiera, el trabajo precario y la concentración de los ingresos. Las economías latinoamericanas crecieron desde la década de 1930 hasta la crisis de la deuda neoliberal a fines de la década de 1970. Con gobiernos progresistas, vuelven a crecer, al contrario del neoliberalismo, entre los años 2003 y 2012, con políticas para promover la expansión de los sectores productivos de la economía y distribución del ingreso, generando millones de empleos formales y políticas sociales.

La contraofensiva conservadora, restaurando el neoliberalismo en varios países, trajo de nuevo el estancamiento económico, el alza del desempleo, así como las turbulencias financieras.

A escala mundial, se ha pasado de un ciclo con relativa estabilidad económica a un ciclo marcado por la continua turbulencia económica, causada por la inestabilidad típica de los mecanismos financieros. Las crisis se reprodujeron en México, Brasil, Argentina, Corea del Sur, Rusia, y se generalizaron a partir de 2008, lo que puso a la economía mundial en recesión.

Las políticas neoliberales, que abren los mercados internos a los impactos de la economía global, desindustrializan las economías de los países y promueven la centralidad del capital financiero, debilitan la capacidad de regulación estatal y la fortaleza de las empresas públicas, causan enormes debilidades en las economías de cada país frente a inestabilidades internacionales.

Es lo que sucede en el momento presente. Ante la inminencia de una nueva recesión internacional, en lugar de tratar de proteger nuestra economía, los gobiernos neoliberales están tratando de aprovechar la situación para impulsar aún más sus proyectos, que golpean aún más al Estado, intensifican las privatizaciones y debilitan su capacidad de acción. Los efectos de la situación internacional en Brasil se pudo resistir en 2008, porque se fortalecieron los créditos de los bancos públicos, se resistieron los enfrentamientos externos, en lugar de multiplicarlos, como se hace ahora, abriendo aún más nuestras economías.


Brasil sigue haciendo la más grande, alegre y pacífica fiesta popular del mundo. Emir Sader

febrero 26, 2020
carnaval_brasil.jpg

Foto: es.noticias.yahoo.com

Tantos clichés, a favor y en contra, se gastan anualmente sobre el carnaval brasileño. Agencias de turismo se encargan de vender imágenes de exportación, que van desde la samba hasta las mulatas, sugiriendo aventuras libidinosas y fastuosas. Crónicas policiales se encargan de reproducir las imágenes de escenas de violencias de todo tipo. Cadenas televisivas difunden las imágenes de los grandes desfiles que, según sus críticos, habrían comercializado las fiestas con intereses económicos, quitando su carácter popular.

Sin embargo, año tras año, el pueblo brasileño protagoniza su más linda fiesta, la más grande, alegre y pacífica del mundo, en varios días de febrero, que se alargan cada vez más. Antes, terminaba, religiosamente, el miércoles de ceniza, con ese nombre justamente para purgar, con cenizas en la frente, en las iglesias, los pecados o excesos cometidos durante los tres días de carnaval.

Hoy en día, terminadas las fiestas de fin de año, empiezan los preparativos para el carnaval, para cuando quiera que el calendario reserve para el carnaval. De los carnavales tradicionales, lo que prácticamente han desaparecido son tanto los bailes en los clubes, como los concursos de fantasías. En compensación, lo que ha ganado fuerza extraordinaria en este siglo ha sido el carnaval de calle, que se propaga por todo el país.

A los espectaculares carnavales callejeros de Rio de Janeiro, de Salvador, de Recife, de Olinda, ahora se suman los de ciudades como Sao Paulo donde el carnaval no tenía arraigo de calle (que, según Vinicius de Morais, era “la tumba del samba”), desarrollándose tanto expresiones tanto de calle como concursos de escuelas de samba de primer y segundo nivel. Al igual que prácticamente todas las grandes y medianas ciudades de Brasil, los grandes carnavales de calle congregan algunos millones de personas, que gozan de la fiesta, sin parar, del viernes al miércoles de carnaval.

Todo en condiciones de tranquilidad, de paz, con mucho menos violencia que en los otros días del año en esas ciudades. En un ambiente protagonizado por una gran mayoría de jóvenes pero también por gente de tercera edad, es un tipo de confraternización que Brasil no conoce en ningún momento.

Los desfiles de los blocos es el espectáculo más sensacional que se puede ver. Lo que se ve por televisión es una imagen lejana a la realidad. No solo por los colores, sino también por el sonido espectacular por los tambores de las escuelas, en las que 400 o 500 personas emiten una percusión que envuelve completamente a los desfiles.

En Rio de Janeiro son 24 blocos, divididos en dos categorías, que desfilan entre viernes y lunes, a lo largo de toda la noche. El momento de auge es el desfile de la Mangueira, la más carismática y bonita de las escuelas, con la combinación de sus colores – verde y rosa -, vencedora del año pasado con un desfile alrededor de Marielle, y gran candidata este año, con el tema de Jesús negro, con críticas directas al discurso del gobierno. (La coordinación de toda la escuela de Mangueira, estuvo con nosotros en la reunión de Lula con artistas e intelectuales a fines del año pasado en Rio.) Fue el primer año en que la escuela no pudo contar con Beth Carvalho, su sambista mayor, muerta en año pasado, y homenajeada este año.

Las escuelas tienen una hora y cinco minutos para desfilar con sus imponentes carros alegóricos, seis por cada escuela, sobre los temas centrales escogidos por cada escuela. Portela, Salgueiro, Beija Flor, entre tantas otras, exigen el lujo de sus fantasías y coches gigantescos (Joaozinho Treinta, el más conocido carnavalesco, decía que “al pueblo le gusta el lujo, al que le gusta la miseria es al intelectual”).

El resultado sale el miércoles, en el mismo Sambódromo, espacio idealizado por Oscar Niemeyer. En ese día se conoce la vencedora de cada grupo, los que ascienden y los que bajan de grupo. El sábado hay el desfile de las campeonas. Ahí recién empieza el año en Brasil.

El país sigue haciendo la más linda fiesta popular del mundo, que ahora ni siquiera se puede decir que es una expresión de la alienación popular, porque nunca como ahora es expresión política de la voluntad popular en contra del gobierno.


Con huelga de Petrobras se juega el futuro de Brasil. Emir Sader

febrero 19, 2020
En todos los grandes avances del neoliberalismo en el mundo, ha habido una paralización de sectores representativos del movimiento sindical, desde su surgimiento con Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

fup.jpg

En Brasil, fueron los petroleros los que se lanzaron para resistir la ofensiva neoliberal del gobierno de Fernando Henrique Cardoso. En el Brasil de hoy, la huelga de los petroleros cataliza el poder de resistencia brasileño y cuestiona el futuro del país. O el gobierno derrota la huelga y abre el camino, por completo, libre de obstáculos, a la destrucción del Estado brasileño, o los trabajadores salen victoriosos y detiene la liquidación radical y definitiva del Estado y el patrimonio público. O la capacidad de combate de los petroleros, apoyados por otros sectores de la sociedad brasileña, que se dan cuenta de cómo la lucha decisiva en torno a Petrobras definirá el futuro de Brasil se impone o el país sale derrotado de la huelga más importante de los últimos años en Brasil.

La lucha de los petroleros sintetiza todos los problemas más importantes en disputa hoy en Brasil. Se movilizaron, sobre todo, contra el desempleo de mil trabajadores petroleros en una fábrica de fertilizantes de Petrobras en Paraná. Es una lucha por el derecho al trabajo, pero también de resistencia frente desmantelamiento de Petrobras. Una lucha que llama la atención sobre uno de los muchos actos criminales del gobierno y de la administración de Petrobras, que de otro modo no habrían sido percibidos por los brasileños. Es hora de que todos los trabajadores actúen de esta manera frente a este tipo de acción contra los derechos de los trabajadores y contra el patrimonio público brasileño.

Al mismo tiempo, la huelga de los petroleros es el movimiento más fuerte contra la privatización de la mayor empresa brasileña. Gran parte de la lucha política en Brasil se centra hoy en Petrobras. El falso argumento de que los problemas del país se originan en el déficit público, supuestamente producido por el PT, sirve para justificar los recortes sistemáticos en los recursos presupuestarios, comenzando con los destinados a las políticas sociales, pero también en los recortes en los recursos para el pago de los funcionarios, congelación de licitaciones públicas, rebaja de salarios para los servidores públicos. Este argumento también sirve para justificar la liquidación de sectores estratégicos de Petrobras, en particular del Pre-sal, como una forma de desmantelar la empresa más importante para la economía brasileña. El éxito de Petrobras fue un argumento definitivo contra el planteamiento de la derecha de la incapacidad del sector público para generar empresas. Su éxito siempre ha preocupado a la derecha en Brasil y fuera de Brasil. Es por eso que la operación de persecución política en Brasil, llevada a cabo por sectores del poder judicial, se ha centrado en Petrobras, en un intento de hacer de la empresa un símbolo de corrupción en el país.

Desde su inicio, Petrobras ha sido un símbolo de fortaleza nacional, contradiciendo todos los argumentos de la derecha y de los Estados Unidos, de que no habría petróleo en Brasil o que el Pre-sal no sería rentable. Petrobras, como empresa nacional, sus técnicos y trabajadores, negaron estas falacias, que fueron manipuladas para hacer que Brasil fuera inviable como país, así como su economía y el Estado nacional. Con esta huelga, los petroleros sintetizan, en su movimiento, la defensa del empleo, los bienes públicos, la economía nacional, Brasil como proyecto y como nación. Los petroleros están firmes en la lucha, a pesar del desempeño odioso del Poder Judicial, que ha declarado la ilegalidad de la huelga, ha establecido una multa diaria para la Federación de los trabajadores mientras que no vuelvan al trabajo y ha dado licencia a la empresa para despedir a todos los huelguistas. Pero los trabajadores han logrado revertir esa decisión en otra instancia del Poder Judicial, los petroleros merecen y reciben un apoyo cada vez más amplio de los brasileños.

Al final de la dictadura militar, fue la huelga de los trabajadores metalúrgicos de ABC, dirigidos por Lula, la que sintetizó la capacidad de resistencia del pueblo brasileño. Al romper la política de congelamiento salarial, los trabajadores rompieron el nervio fundamental de la dictadura militar y aceleraron su fin.

En este momento es la huelga de los metalúrgicos la que asume este papel. Su victoria significará debilitar la resistencia del equipo económico de Guedes y los bancos privados, el gobierno y los medios a su servicio. La victoria de la huelga de los trabajadores petroleros abrirá el camino para el fin del régimen de excepción que prevalece en Brasil y señalará la reanudación de la democracia. La huelga de los petroleros muestra cómo solo la lucha firme de los trabajadores puede derrotar a este gobierno y su modelo neoliberal.



El neoliberalismo necesita militarización. Emir Sader

febrero 18, 2020
En el estado liberal clásico, la FFAA tenían la función de garantizar la soberanía nacional, proteger sus fronteras y liderar posibles guerras contra otros países. La representación política estaba reservada a los partidos.
militares_brasil.jpg

Pero, con el tiempo, la FFAA se han convertido en una reserva de agente político para las clases dominantes. El caso del golpe de estado en Brasil, en 1964, se volvió típico, en el marco de la guerra fría y la Doctrina de Seguridad Nacional, asumida por la FFAA, a través de la Escuela Superior de Guerra, desde su fundación a fines de la década de 1940. A medida que el campo popular ascendía, a lo largo de la década de 1950 y principios de la década de 1960, la capacidad de la derecha de actuar a través de sus partidos tradicionales se debilitó – especialmente después del fracaso del gobierno de Jânio Quadros -, se pidió a la FFAA que intervinieran, rompieran con el proceso democrático y establecieran una dictadura militar que duraría más de dos décadas.

Después de agotar este régimen, el proceso de transición democrática en Brasil no representó una derrota política abierta para las FFAA en nuestro país, al contrario de lo que sucedió en Argentina, Uruguay y Chile. Las FFAA han tenido que retirarse de la militarización del Estado con el que habían desempeñado un papel destacado en la historia política brasileña. Pero nunca asimilaron la democratización del país, la han tolerado impotentes para evitarlo, y, sobre todo, nunca han hecho autocrítica de todo lo que habían hecho durante la dictadura.

No fue casualidad que la Comisión de la Verdad representara un duro golpe para la imagen de la institución. En la transición democrática, las FFAA habían logrado imponer su amnistía, que incluía el crimen de tortura que no prescribe.

El carácter negociado de la transición, reflejado en la derrota de la campaña por elecciones directas para presidente de Brasil y en el papel central del Colegio Electoral, que produjo la fusión entre lo viejo y lo nuevo, con la elección de Tancredo-Sarney, conservó la amnistía impuesta por la FFAA.

La Comisión de la Verdad se volvió inaceptable para la FFAA, porque se abrió ampliamente a toda la sociedad, la represión sistemática puesta en práctica por la dictadura, incluida la tortura como un método reiterado de acción por parte de los militares.

Los testigos de sus víctimas revelaron a la sociedad, con nombres y rostros, las monstruosidades cometidas por las FFAA. Varios oficiales de alto rango revelaron su incomodidad, nunca pudieron contrarrestar las denuncias incuestionables. Las persecuciones políticas y legales que lanzó la derecha para tratar de desalojar al PT del gobierno, después de haber agotado los intentos de hacerlo democráticamente, con las repetidas derrotas electorales de los tucanes, fueron acompañadas por declaraciones con el tono de amenazas por parte de oficiales de la FFAA.

En vísperas del juicio de hábeas corpus a Lula por parte del STF, el jefe del Ejército hizo una declaración amenazante, que tuvo un efecto en la decisión negativa del Poder Judicial. Más tarde justificaría esa declaración, alegando que, sin ella, “el proceso se habría salido de control”. Se refería, por supuesto, a la libertad de Lula y su papel en el control del proceso político hasta los límites que consideren convenientes.

El gobierno de Temer, establecido por el golpe de estado de 2016, retomó de inmediato lo fundamental a la derecha, el modelo neoliberal, pero gobernó con los partidos tradicionales de la derecha. El gobierno de Bolsonaro tenía la intención de presentar una imagen de independencia de estos partidos. Inicialmente, su gobierno estaba respaldado por tres ejes: la política económica ultraliberal (que garantiza, hasta hoy, el apoyo de los grandes empresarios), la del estado policial de Moro (que tenía la intención de transformar Lava Jato en una política estatal, un proyecto debilitado hoy) y miembros de la FFAA. Estos eran indispensables porque, a diferencia de Temer, Bolsonaro no tenía un partido sólido, que se ha desmantelado con el tiempo. Luego, los militares asumieron una gran cantidad de cargos gubernamentales, incluso en el Palacio do Planalto. Asumieron con los rasgos de una corporación, pero no de cualquier corporación, sino de una que concentra el uso de la fuerza militar, y que representa los valores del orden y la jerarquía. Su discurso siempre ha seguido garantizando la lucha contra la “subversión”, identificada en los movimientos sociales y los partidos de izquierda.

El personal militar perteneciente a unas FFAA desmoralizado por la democratización del país, el éxito de los gobiernos de izquierda y las revelaciones de la Comisión de la Verdad, se ha unido cada vez más a un gobierno elegido por la judicialización de la política y la manipulación del proceso electoral. Sin ideología o un proyecto político, aparte del control del proceso político en manos de la oligarquía, no dudaron en unirse al gobierno, individualmente. A medida que el presidente se debilitaba, debido a su incapacidad innata para agregar, priorizar y gobernar, surgió la opción del derecho de sustituir al presidente por el vicepresidente, Bolsonaro decidió dar una demostración de fortaleza, que él es el jefe del gobierno, y despidió a varios militares. Los que quedaron fueron debilitados.

Pero a medida que el gobierno perdió el apoyo de muchos de sus promotores y el apoyo popular, a medida que el desgaste de las acciones del presidente y sus hijos, involucrados en la corrupción y otros crímenes, se intensificó, el presidente decidió reanudar el proceso de militarización del gobierno.

El modelo neoliberal ha perdido capacidad hegemónica, es incapaz de obtener bases de apoyo social que le den estabilidad, como lo demuestra el desgaste acelerado del gobierno de Macri en Argentina. Gobierna de acuerdo con los intereses del capital financiero. Una política que promueve la especulación financiera, sin favorecer ni la producción ni la creación de empleo. Es una política que reproduce sistemáticamente la exclusión social y que, por lo tanto, requiere represión, políticas de dominación, ya que no tiene capacidad de persuasión y conquista estable de las bases de apoyo popular.

Los FFAA son una garantía de resistencia contra el retorno del PT al gobierno, contra el protagonismo de los movimientos sociales. Representan una reserva de cuadros para un gobierno que no tiene partido y como reserva para la represión. Pero el ejército no está hecho para gobernar, en el sentido de convencer, dialogar, vivir con diferencias, discutir ideas. Están hechos para mandar (como las escuelas militares deben entrenar a los jóvenes para la guerra, a diferencia de otras escuelas, que sirven para formar a los jóvenes para la libertad, la democracia, la convivencia con la diversidad, el aprendizaje con el conocimiento). Tendrán dificultades para dialogar con el Congreso, enfrentar críticas, vivir con movilizaciones populares.

Pueden representar una mayor dosis de pragmatismo en el gobierno, reemplazando o silenciando a los ministros habladores, incompetentes y mediocres, buscando una mayor efectividad, tal vez incluso del ministerio de economía, educación y asuntos exteriores. Pero tendrán que vivir con el comportamiento intransigente del presidente y las acciones de las milicias de sus hijos. Tienen una dura prueba política. Quizás sea la última carta de ese gobierno. Que necesita militarización, pero que pierde aún más capacidad política de dirección. Nadie puede extraer agua de la piedra y, al sentarse en las bayonetas, también corre el riesgo de ser víctima de ellas.


Lula convoca a los intelectuales. Emir Sader

febrero 11, 2020

Lula había escogido terminar el sufrido año de 2019 con una reunión alegre y festiva con intelectuales y artistas en Rio de Janeiro. El aceptó la propuesta que yo le hice y concluyó el año de esta forma. Foto: Ricardo Stuckert/IL

lula.jpg

En este año, recuperado de las circunstancias de la prisión, Lula definió un programa de movilización por todo el país, mediante viajes para eventos, como el que hizo a Belo Horizonte, para una reunión del Movimiento de los Sin Tierra. El pidió que en todos sus viajes hiciera reuniones con intelectuales.

Lula retoma así una tradición original del PT que, vale recordar, tuvo la presencia de grandes intelectuales brasileños en su fundación: Antonio Candido, Paulo Freire, Sergio Buarque de Holanda, Mario Pedrosa, Perseu Abramo, Marilena Chaui, entre tantos otros. A lo largo de su historia, el PT fue agregando otras generaciones de intelectuales, que siempre han mantenido estrechos vínculos con Lula.

En este momento difícil de la lucha del partido y de toda la izquierda brasileña, Lula hace hincapié de retomar los lazos con la intelectualidad. Viniendo a Rio de Janeiro para las conmemoraciones de los 40 años del PT, Lula me pidió de nuevo que organizara una reunión con intelectuales, para oírlos, sentir sus preocupaciones, sus críticas, sus puntos de vista.

De tal manera que las reuniones son abiertas con un largo período de intervenciones de gran cantidad de intelectuales (en ésta, tuve que hacer todo lo posible para coordinar la reunión de forma que más de 30 intelectuales pudieran intervenir en el tiempo de 3 horas, antes que Lula hablara.) Son reuniones reservadas, aunque, como esta de Rio de Janeiro, con alrededor de 100 intelectuales, está diseñada para que todos pudieran expresarse libremente sobre todos los temas que quieran. Lula hace observaciones de todas las intervenciones y solo al final toma la palabra.

Sin formación intelectual original, Lula siempre contó con el apoyo de intelectuales, cuyas ideas él recoge y las pone en práctica a su manera. Sus largos meses de prisión hicieron con que el, por primera vez en su vida, la mayor parte de su tiempo estuviera dedicado a la lectura, sobre todo de libros. Temas como la esclavitud, la soberanía, las desigualdades, las luchas del pueblo brasileño – fueron centrales en su preocupación y sus lecturas, dedicando gran parte de sus lecturas a obras de carácter histórico. No sin dificultad en algunas de las lecturas, como el confiesa, pero casi nunca haberlas interrumpido.

Su llamado a los intelectuales, además de oírlos y retomar el contacto con la vida intelectual y con los intelectuales del PT y de otros sectores de izquierda, sirve, antes que todo, para convocarlos a que se movilicen. Como siempre ha hecho en los tiempos recientes, Lula se vale de su situación personal como ejemplo del comportamiento que él cree que las personas deben tener. Al igual que él no ha apelado a salir del país o a refugiarse en alguna embajada, Lula dice que las personas no debieran salir del país, porque la lucha es aquí, es aquí donde se da la decisión del futuro del país.

En el caso de los intelectuales, la gran convocatoria es para dar la lucha de las ideas, de los debates, para escribir, publicar, contestar, participar de los debates en los medios. Lula insiste en que se retome la idea de que las denuncias de corrupción han tenido efectos en la destrucción de patrimonio público y en la imagen pública del PT y de la izquierda.

Lula convoca a los intelectuales a que no dejen de contestar a ninguna de las acusaciones falsas y a las persecuciones hechas diariamente por el gobierno y por los medios, que tienen graves responsabilidades por todo lo que pasa en Brasil, al reproducir mentiras y a atacar al PT, a él mismo y a los movimientos populares. Los medios tienen las más grandes responsabilidades por el clima de odio que ha llevado Brasil a la desastrosa situación que vive hoy.

Lula convoca a que no se deje pasar nada de lo que dice la derecha, a que busquen las mejores formas de decir y difundir sus ideas y las versiones de la izquierda, que no se casen con el silencio, con los ataques a la verdad. Porque el objetivo de la derecha es hacer con que el pueblo se olvide de todo lo que los gobiernos del PT han hecho para el pueblo y para el país. Es una guerra entre la memoria y el olvido.

Lula salió muy contento de la reunión con los intelectuales, preparándose para su encuentro con el Papa la próxima semana, tema sobre el cual intermedió Alberto Fernández en el Vaticano. Aunque tenga varias invitaciones en Europa, incluso para recibir el titulo de Ciudadano de Paris, de manos de la alcaidesa Ana Hidalgo, Lula retornará en seguida del Vaticano a Brasil.

Lula muestra, en el vigor de sus 74 años, con su espíritu irreverente y lleno de humor, con su actitud de confianza y de esperanza, el camino que él considera que se debe tomar para rescatar la democracia, la verdad y la alegría de vivir.

 


A %d blogueros les gusta esto: