Lula, paradigma de la izquierda latinoamericana. Emir Sader

julio 19, 2018
 
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En su trayectoria de vida, desde hace 40 años, cuando lideró la más importante huelga de trabajadores en contra de la dictadura brasileña, Lula ha recorrido un camino que es paradigmático de lo que es la nueva izquierda latinoamericana. De líder sindical a fundador de un partido de los trabajadores, de primer dirigente sindical candidato a la presidencia de la república de Brasil a primer obrero presidente del país, de mejor presidente que Brasil jamás tuvo, a elector de la primera mujer presidenta del país como su sucesora, de principal dirigente de izquierda en el mundo en el siglo XXI a favorito para volver a ser presidente de Brasil, de víctima de un proceso sin ningún fundamento, a preso sin pruebas.

Una trayectoria que evidencia el potencial que la izquierda y el movimiento popular poseen y, a la vez, los riesgos que corren, al desafiar el poder de la oligarquía tradicional y los instrumentos que poseen para resistir y retomar la dirección de los países. Porque si Lula expresa, en grado mayor, esas circunstancias, su suerte es similar a la que corren otros dirigentes políticos de la izquierda latinoamericana, entre ellos Cristina Kirchner, Rafael Correa.

El capitalismo de la era neoliberal no tiene nada que proponer a Latinoamérica, que no sean ajustes fiscales y exclusión social, sin capacidad de volver a tener dirigentes políticos y gobiernos con legitimidad y apoyo popular. Tiene entonces que maniobrar para impedir que líderes populares lleguen y permanezcan en los gobiernos. El neoliberalismo revela cómo desemboca necesariamente en acuerdos con el FMI, en los que ni siquiera el control de la inflación y el equilibrio de las cuentas públicas se dan.

Quedan entonces los intentos de descalificación de la imagen pública de los líderes que representan la lucha en contra del modelo neoliberal, que ya han demostrado que la superación de ese modelo en la única vía para impulsar desarrollo económico con distribución de renta e inclusión social, que es la única vía del rescate de la soberanía y la dignidad de nuestros países.

De ahí la brutal ofensiva en contra de esos líderes, de la que la situación de Lula es paradigmática: a la vez amplio favorito para ganar las elecciones presidenciales de octubre de este año y preso, condenado, sin acusaciones ni pruebas. No podría haber situación más paradojal, más significativa, de que la alternativa democrática y popular para Brasil esté imposibilitada de concurrir a las elecciones, para las cuales el pueblo quiere que sea candidato y que triunfe, pese a las absurdas maniobras jurídicas y de los medios.

Ya no le importa a la derecha, de que sea acusada de atentar en contra de la democracia y la voluntad mayoritaria de los pueblos de nuestros países. Lo que le importa es intentar mantenerse en el gobierno o impedir perder ese control, de la forma que sea. No importa la condena internacional, de la gran mayoría de la opinión pública, incluida la de prácticamente la totalidad del medio jurídico. Importa buscar la mantención de un modelo antipopular, que refleja el interés del 1% representado por los bancos privados y el capital financiero, respaldado por el FMI.

Latinoamérica ya no será la misma después de que los gobiernos progresistas apuntaron al camino de la superación del neoliberalismo y que la derecha obstruya el camino democrático mediante los procesos de judicialización de la política y de guerra legal con persecución política en contra de los líderes populares. El destino de Lula es, en gran medida, el destino de América Latina. Su situación, extrema las condiciones de otros líderes latinoamericanos. También por ello Brasil es el eje de la actual lucha de nuestros pueblos. López Obrador quedará muy aislado para enfrentar las ofensivas brutales del gobierno de Trump, en caso de que no pueda contar con otros aliados de peso en el continente. Bolivia, Venezuela, tendrán más dificultades para resistir a las ofensivas imperiales.

Nixon había dicho una vez que hacia donde va Brasil, va América Latina, cuando EEUU tenía la expectativa de que el camino de Brasil sería el de ser la subpotencia subimperialista que ellos necesitaban. Hoy sus palabras tienen otro sentido, el de que el destino de Brasil, que se juega este año, en los próximos meses, ayuda o dificulta al continente el asumir un destino democrático, de justicia social, solidario. En aquella celda de Curitiba reposa en gran medida ese destino.


Elecciones latinoamericanas: Brasil desempata Emir Sader

julio 10, 2018

El calendario electoral latinoamericano del 2018 incluía disputas importantes que podrían cambiar la fisonomía política del continente. El año empezaba en el marco de la contraofensiva conservadora, con esa tendencia siendo confirmada o cuestionada según los resultados electorales, por lo que representaría de continuidad o de cambio de gobiernos en países muy importantes del continente.

Estaban previstas elecciones en algunos de los países más importantes de la región, como México, Brasil, Colombia, Venezuela, además de Costa Rica y Paraguay. A mitad del año, casi todas las elecciones ya se han llevado a cabo, siendo posible analizar las tendencias predominantes.

En las elecciones en los países de más peso, triunfó la izquierda en México y en Venezuela, mientras que la derecha ganó en Colombia. En los otros dos países, Paraguay y Costa Rica, triunfó la derecha.

Analizando más en detalle, la victoria de López Obrador es la más significativa en el continente, porque representa la llegada, por primera vez, de la izquierda al gobierno, a la par que produce una profunda crisis de los dos partidos de la derecha, pero además por la dimensión de la victoria de Morena en todo México. Se cierra un largo período de la historia del país y se abre otro, en que las fuerzas progresistas tienes condiciones para promover cambios estructurales en México. Sus proyecciones para el conjunto de América Latina dependen de otros factores, entre ellos el resultado de las elecciones en Brasil, como mencionaremos más adelante.

En Colombia, el uribismo volvió al gobierno, pero tiene frente a si, por primera vez, un liderazgo de izquierda, con Gustavo Petro, que llegó a la segunda vuelta con 40% de los votos, ubicándose como el principal liderazgo de oposición al gobierno, desde el Senado. Si la extrema derecha ha triunfado, lo hizo en un escenario político bastante menos favorable que en gobiernos anteriores, con una proyección de futuro favorable a la izquierda.

En Venezuela, la reelección de Maduro se hizo en un marco muy difícil para el mismo gobierno, sea por el alto nivel de abstención, así como por la continuidad de la profunda crisis económica y social en que se encuentra inmerso el país, además del cerco internacional.

En Paraguay, el Partido Colorado dio continuidad a su gobierno de derecha, triunfado sobre la oposición, de alianza entre el Partido Liberal y la izquierda. En Costa Rica fue derrotado el candidato evangélico, victorioso en la primera vuelta, pero quien lo ha derrotado es un político tradicional, con un programa neoliberal.

El balance general, por el momento, está equilibrado entre la derecha y la izquierda, aunque el trascurso del año no confirma todavía la continuidad del viraje hacia la derecha, empezado hace algunos años, aun con los triunfos en Colombia, Costa Rica y Paraguay.

Particularmente la victoria en México, pero también en Venezuela, equilibran relativamente la situación.

Los ojos se vuelven ahora hacia las elecciones brasileñas, cuyos resultados van a desequilibrar las trasformaciones de este año para el continente. Si la derecha brasileña, mediante algún nuevo ardid, logra mantenerse en el gobierno, con un representante directo o con alguna otra versión que indirectamente de continuidad al modelo neoliberal, las trasformaciones electorales de este año tendrían un carácter de continuidad de viraje a la derecha en el continente.

Si, al contrario, por medio de la elección de Lula o de alguien de PT que él indique, en caso de que sea impedido de presentarse a las elecciones, la izquierda vuelve a triunfar, el desempate se hará a favor de la izquierda este año. Con las victorias en México y en Brasil, se habrá impuesto un fuerte freno a la contraofensiva de la derecha y, asimismo, mediante la alianza entre esos gobiernos, se dará un nuevo impuso al proceso de integración latinoamericano, además de reafirmar políticas antineoliberales, de forma más moderada en México, de forma más acentuada en Brasil.

El desempate se dará entonces de aquí a menos de tres meses, si hay un resultado en primera vuelta, el 7 de octubre, o en tres semanas a partir de esa fecha, si se produce en segunda vuelta. América Latina saldrá con una nueva fisonomía, con un nuevo ciclo antineoliberal y de integración regional.


La izquierda puede triunfar de nuevo. Emir Sader

junio 25, 2018
 
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En la era neoliberal la derecha no dispone de políticas que puedan captar la simpatía y el apoyo de grandes sectores del pueblo. Pudo ganar varias elecciones y gobernar, mientras logró convencer, apoyada en el monopolio de los medios privados, que los problemas de los países y de toda su población se resolverían con recortes en los recursos del Estado. Pero luego, la gran mayoría se dio cuenta que ello no llevaría a responder a las necesidades de la gran mayoría, sino, al contrario, de la minoría, de los banqueros, de los grandes empresarios, de los especuladores.

A partir de ese momento la izquierda estuvo en condiciones de conquistar el apoyo de la gran mayoría de la población, proponiendo un programa que iba en la dirección opuesta, en la prioridad de las políticas sociales, para responder a las desigualdades sociales.  En que el Estado invierta más recursos, pero en el desarrollo económico y en atender los derechos del pueblo.

Las experiencias fracasadas de los intentos de restauración neoliberal en Brasil y Argentina demuestran que ese es siempre el programa de la derecha, que es el proyecto fracasado en los años 1990 lo que la derecha tiene que ofrecer. En Brasil, por ejemplo, la contraposición entre el apoyo cercano a cero del gobierno de Temer, cuya razón fundamental, según las mismas encuestas, es su política económica neoliberal, y el apoyo mayoritario para que Lula vuelva a ser presidente de Brasil, con la propuesta de retomar el modelo antineoliberal, confirma absolutamente ese planteamiento. En Argentina, el gran desgaste del gobierno de Macri se debe a las consecuencias económicas y sociales de su política de ajuste fiscal, de corte netamente neoliberal.

Cuando la izquierda logra colocar en el centro del debate político la oposición entre neoliberalismo y antineoliberalismo, expresando el enfrentamiento central de nuestro tiempo, la izquierda se vuelve la fuerza hegemónica en el país.

La probable elección de López Obrador no se hace centrado en esa polarización, pero es parte central de su programa de gobierno la reactivación de la economía y políticas sociales de redistribución de renta y de combate al desempleo, rasgos fuertes de los gobiernos de izquierda. En Colombia, el triunfo de la derecha se dio porque esa fuerza logró mantener como central el tema de la rediscusión de las negociaciones de paz. Pero, con un planteamiento fuertemente antineoliberal, Gustavo Petro llevó, por primera vez en la historia de Colombia, la izquierda a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

La pérdida de apoyo al gobierno de Lenin Moreno se debe, sobre todo, al viraje de su política económica en la dirección del neoliberalismo, a contramano del éxito del gobierno de Rafael Correa. El gobierno de Evo Morales, a su vez, mantiene políticas claramente de desarrollo económico, acompañado de políticas sociales, que le garantiza un apoyo mayoritario de la población.

En la era neoliberal, la izquierda tiene condiciones muy favorables para construir alternativas propias y triunfar. La fuerza de la derecha es más ideológica, buscando desplazar la agenda de los temas sociales por la crítica del Estado y las propuestas del estilo de consumo como objetivo central de la vida de las personas.

La izquierda puede triunfar, puede volver a triunfar, si logra proyectar un ideal de vida en sociedad centrado en la atención a los derechos de todos, en la solidaridad, en la construcción colectiva de una sociedad justa, si gana la conciencias, el alma de las personas, si logra que el conjunto de la sociedad asuma como objetivo la democratización profunda de la sociedad. Si logra incorporar a la vida política a las mujeres, a los jóvenes, a los negros, los más ausentes, hasta aquí. Si logra combatir sistemáticamente los mecanismos de alienación en la sociedad, si logra despertar en la gran mayoría de la población la conciencia de clase, la conciencia nacional, abriendo espacios para que los jóvenes expresen sus identidades, que rescaten el interés por otra forma de hacer política que la tradicional.

La izquierda perdería una oportunidad histórica única si no logra constituirse en alternativa a la derecha en la era neoliberal.


El pánico de la derecha brasileña. Emir Sader

junio 18, 2018

La derecha brasileña ha realizado su sueño desde 2003: sacar el PT del gobierno. Como no lo ha logrado por medio de elecciones -y se dio cuenta que ya nunca más lo lograría – , optón por el atajo del golpe. Estuvo condenada así a tener como presidente al vice de entonces, Michel Temer, con toda la carga de acusaciones de corrupción.     

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 Pero la política económica neoliberal es la que unifica a toda la derecha brasileña. Como resultado, el golpe militar generó un gobierno que tiene el 3% de apoyo, sea porque es el gobierno más corrupto de la historia política de Brasil, sea por la recesión que la política económica centrada en los ajustes fiscales que ha producido, con sus crueles consecuencias sociales, sobre todo el alto nivel de desempleo: alrededor de 27 millones de personas.

Si el atajo del golpe fue el camino más corto de la derecha para captar de nuevo la presidencia de Brasil, ésta tiene que pagar el precio de tener que mantener ciertas normas institucionales. Ha hecho un amplio uso de la judicialización de la política, buscando sacar al favorito Lula de la disputa electoral, no ha podido, por lo menos hasta ahora, ni expropiar totalmente la representatividad de las elecciones – por medio de la instauración del parlamentarismo o del término de la obligatoriedad del voto -, tampoco ha logrado encontrar una forma de cancelar las elecciones de octubre de este ano.

La derecha brasileña hizo todo lo que pudo: sacó a Dilma de la presidencia, asaltó  al gobierno, hizo aprobar leyes antipopulares, privatizó el patrimonio público de Petrobras. Además de levantar todo tipo de sospechas respecto a Lula, para intentar destruir su imagen e impedir que volviera a ser presidente de Brasil

Tumbaron a Dilma, aunque sin ningún fundamento legal, al punto que este mes la comisión del Senado brasileño que ha examinado el caso, llegó a la conclusión de que Dilma no había cometido ninguna infracción legal.  Han tomado preso a Lula, aun con un proceso sin crimen y una condena sin pruebas. Pero no les pasa el susto. Aunque lleguen a impedir que Lula sea candidato, el fantasma de que quien Lula indique es favorito para ganar las elecciones y que de esta forma el PT vuelva a la presidencia de Brasil, les quita el sueño.

El conteo regresivo hasta las elecciones presidenciales solo pone más nerviosa a la derecha. La izquierda tiene su candidato – Lula – o quien le indique. La derecha ha agotado los intentos de tener un candidato anti-política, que se valiera del rechazo generado en contra de la política y los políticos. Intentó con un presentador de TV Globo, después con un juez, pero ninguno cuajó.  Recurren entonces a , por lo menos, unificar a los candidatos que la derecha considera serán de centro. Cardoso se asume como articulador de esos intentos, que incluirían al candidato de su partido, el ex-gobernador de Sao Paulo, Alckmin, que no ha logrado superar el 5% de apoyo, además de Marina Silva y otros nombres similares. Pero todos sumados no alcanzan siquiera a superar a Bolsonaro, el candidato de la extrema derecha.

El pánico más grande de la derecha brasileña es el retorno del PT al gobierno. Significaría el fracaso del golpe y del intento de retorno al modelo neoliberal. Significaría asimismo una derrota política de gran dimensión, reabriendo un período de gobiernos populares, que los volvería a marginar por largo período.

Otro fantasma de la derecha brasileña es que ni siquiera sea el principal contendiente de la izquierda, siendo suplantada por la extrema derecha. Lo cual facilitaría todavía más el apoyo a la izquierda.

No son fáciles los tiempos para Brasil, pero tampoco lo son para la derecha brasileña. La más profunda y prolongada crisis de la historia brasileña se acerca a un desenlace. De alguna forma ese desenlace se dará con las elecciones. Derecha e  izquierda afilam sus armas para esse enfrentamento.

 


Lula rechaza canje de su libertad por la renuncia a la candidatura. Emir Sader

junio 11, 2018
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Lula cuenta siempre que tenía unas ganas enormes de comer una de esas manzanas argentinas que nos llegaban desde Mendoza, con un lindo envoltorio azul. Que sus amigos comían, que no le costaría nada agarrar una y salir corriendo, porque no tenía plata para comprar. Pero que no lo hacía por el miedo de su mama pase vergüenza por haber robado algo.

El suele decir que lo mejor que ha heredado de su mama, Dueña Lindu, analfabeta de por vida, fue su carácter, lo que no se compra en los shopping centers, sino que se hereda de la formación original. Muy pobre, recién llegado luego de un viaje de 13 días de “pau-de-arara” desde el nordeste, con sus 8 hermanos y su mamá, vistiendo la misma ropa, porque no tenían otra, Lula cuenta que solo tomó, por primera vez, café con leche a los 7 años, para dar una idea del nivel de pobreza en que vivían. Trabajó como lustra botas, como office-boy, entre otras actividades, antes de ser escogido por la familia para formarse e intentar sacarlos de esa extrema miseria. Fue a partir de ahí que se dio su formación como tornero mecánico.

Menciono esto porque de nuevo el carácter de Lula vuelve a mostrarse con toda su fuerza. Preso político, con condena sin pruebas ni crimen cometido, Lula manifiesta a todos quienes lo visitan su absoluta indignación por la situación que enfrenta, ya hace más de 2 meses.

La semana pasada una escena surrealista pudo ser vista por los brasileños. Convocado a prestar declaración en un proceso de un gobernador, Lula apareció luciendo un traje y su corbata de Presidente de Brasil, con los colores verde y amarillo, como él siempre ha utilizado. Habló, con toda su fuerza y su humor: cuando el juez dijo que ya había hecho campaña por él, Lula lo invitó a participar de sus próximos comicios en su campaña a la presidencia de Brasil. Todos pudieron volver a ver su imagen, en el momento mismo en que las nuevas encuestas reiteran su favoritismo para triunfar en la primera vuelta de las elecciones presidenciales y que, en caso de que no pueda ser candidato, el 48% de las personas seguirían la indicación del nombre que el apunte.

Su candidatura fue lanzada, mediante un gran acto en Contagem, zona obrera cercana a Belo Horizonte, provincia de Buenos Aires, con la lectura de una Carta al Pueblo Brasileño que Lula ha enviado, reiterando su inocencia y su compromiso de candidatearse a la Presidencia de Brasil.

En ese momento, surge una propuesta indecente de un juez del Supremo Tribunal Federal, según la cual Lula podría obtener su libertad si renuncia a ser candidato. Una propuesta que confirma que se trata de un preso político, cuya libertad podría ser lograda si renuncia al favoritismo para ser elegido presidente de Brasil, razón de su prisión.

Lula, exhibiendo de nuevo su carácter, rechazó indignado la propuesta, diciendo que renunciaría a su candidatura si se presentara una sola prueba de que es culpable de algo. Como no lo han hecho, reiteró su disposición a ser candidato a la presidencia de Brasil.

Así, el 15 de agosto el PT presentará a Lula como su candidato a la Presidencia de Brasil. El Superior Tribunal Electoral tiene 30 días para juzgar la petición. En caso de se lo rechace, el mismo Lula, valiéndose de la extraordinaria influencia sobre el pueblo brasileño, que ninguna condena o prisión le quita, indicará un otro dirigente del PT para ser su candidato a la presidencia de Brasil, a ser elegido a comienzos de octubre. O si se confirma su candidatura, Lula triunfará en primera vuelta y volverá a ser Presidente de Brasil el primero de enero del 2019.


La derecha latinoamericana dijo a qué vino. Emir Sader

mayo 23, 2018
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Temer e Macri: agentes do fim da Unasur. Alainet

Después de años duros, en que parecía que el neoliberalismo había venido para quedarse en Latinoamérica, fuerzas populares lograron construir programas de gobierno antineoliberales, ganar elecciones y protagonizar los años más virtuosos de nuestra historia, en algunos de nuestros países.

Pero la derecha, aun derrotada, no ha dejado de maniobrar para intentar frenar a esos procesos, que representan el desenmascaramiento de todo lo que la derecha había dicho que era nuestro destino inevitable. Planteaba distintas cosas, pero su política económica siempre era el viejo modelo centrado en los ajustes fiscales, como medicamento en contra la enfermedad de los gastos estatales.

Después del período de gobiernos posneoliberales, la derecha ha vuelto a la carga, conquistando el gobierno en Argentina mediante elecciones,   retornó a Brasil mediante un golpe. Y tuvo la posibilidad de decir a qué vino, porque peleo tanto, con todas sus fuerzas, legales e ilegales, para retornar al gobierno. ¿Qué es lo que tiene que proponer y realizar en América Latina?

En verdad, no fue necesario aguardar ese retorno. Porque podemos saber lo que la derecha latinoamericana tiene que proponer para la situación de países como México, por ejemplo, gobernado desde hace tantas décadas por la derecha, con su modelo neoliberal ya hace por lo menos dos décadas y media. El favoritismo de López Obrador para convertirse en el próximo presidente de México es el resultado directo del fracaso de los gobiernos del PRI y del PAN, que se han alternado en el gobierno, sin cambiar la política económica neoliberal, y llevando México a una situación catastrófica, desde todos los puntos de vista.

El país que iba a marcar la senda para los otros países del continente, habiendo sido el primero en firmar un tratado de libre comercio con EEUU (y también con Canadá, en este caso) representa, al contrario de lo propuesto, la falencia de esos tratados y de esas políticas. Los dos partidos de derecha sumados no tienen las preferencias de López Obrador, que aparece como la ruptura con la corrupta oligarquía tradicional en México.

Pero el retorno de la derecha al gobierno en Argentina y en Brasil podría significar una actualización de las propuestas de la derecha. Sin embargo, en los dos países se ha aplicado el mismísimo modelo que ya había fracasado en los años 1990. El mismo diagnóstico de que los problemas de nuestras economías son los gastos excesivos del Estado tuvieron el mismo tipo de respuesta: la centralidad del ajuste fiscal. Con las desastrosas consecuencias aparejadas: profunda y prolongada recesión, desempleo record, desindustrialización de la economía, fuga de capitales, alza del déficit público.

¿A eso vinieron las derechas en Argentina y en Brasil? ¿Es eso lo que prometen? Por ello han luchado tanto en contra de los gobiernos populares, valiéndose de acusaciones falsas, de campañas de mentiras, de cerco a los gobiernos desde los medios y desde los capitales especulativos.

Esta es la demostración, para México, Colombia, Bolivia, y para otros países que están o van a entrar en procesos electorales, lo que pueden esperar de los partidos y candidatos de la derecha en Latinoamérica, cualesquiera que sean sus promesas. En Venezuela, se llegó a prometer la dolarización de la economía del país. En Brasil se privatiza los mejores patrimonios nacionales, los de Petrobras. En Argentina, se vuelve a la entrega a los brazos del FMI, volviendo a comprometer el futuro del país.

Las alternativas de retomar el desarrollo económico con distribución de renta suponen la ruptura con el modelo neoliberal, lo cual solamente gobiernos de izquierda pueden hacer, como se ha demostrado en este siglo. De la capacidad de la izquierda de volver a unificarse dónde está dividida, de superar los obstáculos jurídicos donde la derecha se vale de ellos en contra de líderes de izquierda, de reformular los proyectos que han dado resultados, adecuándolos a las condiciones internas y externas actuales, de rescatar los valores solidarios, cooperativos, humanistas, depende una solución positiva de la crisis actual que afecta a todo el continente.


China en la era Xi Jinping. Emir Sader

mayo 18, 2018
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Fui invitado por la Universidad de Pekín para participar en el II Congreso del Pensamiento Marxista y de la fundación de la Asociación Mundial del Marxismo. Los eventos se dieron en un nuevo momento decisivo en la historia de China y hacen parte de ese momento.

Los eventos se inscriben en el marco de las conmemoraciones del 200 aniversario del nacimiento de Marx, que se dieron de manera cómo en ningún otro lado se han dado, por la cantidad de eventos, así como por la importancia atribuida a ellos. A la vez se han conmemorado los 120 de la fundación de la Universidad de Pekín, la más importante de China.

Solo dos personas fueron invitadas de América Latina, una profesora de la UNAM, de México, y yo. Los chinos han definido las invitaciones no por los cargos de las personas, según ellos, sino por su obra, su trayectoria y su actividad política. América Latina estuvo subrepresentada, como efecto del bajón que tuvo el pensamiento social del continente en los últimos años.

A pesar de la importancia de los dos eventos, el más significativo para la historia concreta de China este año son los 40 años del proceso de reformas y de apertura de la economía. Yo había estado en las conmemoraciones de los 30 años, el clima era distinto, pero ya empezaba a cambiar, bajo los efectos de la crisis general del capitalismo.

Hasta aquel momento, 2008, reinaba, desde el comienzo del período de reformas y apertura, iniciado en 1998 por Den Xiaoping, una euforia alrededor de los efectos de los mercados, interno y externo, sobre la economía china. Y las consecuencias espectaculares en el ritmo de crecimiento parecían autorizar ese sentimiento.

Pero la crisis fue un primer llamado de atención sobre la otra cara de los mercados. Desde entonces, China ha pasado a un equilibrio más grande entre el Estado y el mercado, en lo que ellos llaman economía socialista de mercado, en lugar de la economía centralmente planificada, de inicios de la revolución, importada desde la URSS.

La historia reciente de China ya posee un período más largo desde la muerte de Mao (1976) que el primer período desde la toma del poder, en 1949. Se cumplen 40 años desde el comienzo de las reformas y de la apertura de la economía. Los primeros son valorados apenas como años de consolidación del nuevo poder y de defensa de la integridad territorial, pero no como momento de construcción de la nueva sociedad.

Mao es valorado como el protagonista de la Larga Marcha, el dirigente que llevó China a derrotar sucesivamente a Japón y a EEUU, pero no como dirigente del Estado chino. O su período tiene pocas referencias o son referencias negativas, como el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, caracterizados negativamente, como proyectos que han fracasado y dejado mucho sufrimiento para el pueblo chino.

La historia contemporánea de China abarca los últimos 40 años, cuando el país ha empezado a recuperar su lugar de destaque en la historia mundial, después de dos siglos de derrotas y humillaciones impuestas por las potencias occidentales. Fueros los siglos que han empezado cuando China fue invadida por Inglaterra, en la guerra del opio, para imponer el consumo del opio, para poder equilibrar el comercio entre los dos países, dado que Europa quería comprar todo lo que China tenia para vender, pero China no se interesaba en comprar nada de Europa.  Inglaterra tuvo que retirarse militarmente de China, pero dejó el esquema de tráfico y consumo del opio, abastecido desde otra gran colonia inglesa: la India.

Como China no tenía poderío marítimo, porque no pretendía ser una potencia colonial, fue derrotada por Inglaterra y pasó a vivir dos siglos de derrota y de humillación, que China considera que se han terminado, desde que el país ha entrado en la época de reconstrucción económica y de desarrollo sostenido, desde 1978.

La era  Xi Jinping, que China vive actualmente y que promete ser larga en el tempo, no solo por el prestigio y el poder de su dirigente actual, sino también porque ha logrado cambiar la Constitución china, para poder ocupar los máximos cargos de dirección del país por varios períodos y no solo por los dos previstos anteriormente.

Es un período caracterizado por una presencia más fuerte del Estado y del Partido Comunista Chino, tanto en el plano económico interno, como en la presencia de China en el mundo. En lo económico, Xi define ahora la prioridad del carácter cualitativo del crecimiento económico, en detrimento de su simple crecimiento cuantitativo. Lo cual significa mejorar las condiciones de trabajo de todos, así como una mejoría sustancial respecto a la contaminación reinante en todas las grandes ciudades chinas.

El gobierno actual se enorgullece de ser la única gran economía del mundo sin crisis, que mantiene hace cuatro décadas un impresionante ritmo de crecimiento constante, a la vez que ha sacado de la miseria a 700 millones de personas. Ahora se trataría de mejorar las condiciones de trabajo y del medio ambiente.

La sensación que uno tiene es que, si el siglo XVIII fue francés, el XIX fue inglés, el XX fue norteamericano, el siglo XXI ya es un siglo chino, en que el destino del siglo será determinado, en gran medida, por lo que pase en China.  Por ello tenemos que hablar mucho de China.


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