Los prostíbulos del capitalismo. Emir Sader

noviembre 14, 2017
Gracias amigo, España debe ganar la partida en cuanto a uso de prostíbulos y, No pasa nada. Increíble en el S XXI.
Los mal llamados paraísos fiscales funcionan como prostíbulos del capitalismo. Se hacen allí los negocios turbios, que no pueden ser confesados públicamente, pero que son indispensables para el funcionamiento del sistema. Como los prostíbulos en la sociedad tradicional.

A medida se acumulan las denuncias y las listas de los personajes y empresas que tienen cuentas en esos lugares, nos damos cuenta del papel central y no solo marginal que ellos tienen en la economía mundial. “No se trata de ‘islas’ en el sentido económico, sino de una red sistémica de territorios que escapan a las jurisdicciones nacionales, permitiendo que el conjunto de los grandes flujos financieros mundiales rehúya de sus obligaciones fiscales, escondiendo los orígenes de los recursos o enmascarando su destino.” (A era do capital improdutivo, Ladislau Dowbor, Ed. Autonomia Literaria, Sao Paulo, 2017, pag 83)

Todos los grandes grupos financieros mundiales y los más grandes grupos económicos en general tienen hoy filiales o incluso matrices en paraísos fiscales. Esa extraterritorialidad (offshore) cubre prácticamente todas las actividades económicas de los gigantes corporativos, constituyendo una amplia cámara mundial de compensaciones, donde los distintos flujos financieros ingresan a la zona del secreto, del impuesto cero o algo equivalente, y de libertad relativamente a cualquier control efectivo.

En los paraísos fiscales, los recursos son reconvertidos en usos diversos, repasados a empresas con nombres y nacionalidades distintas, lavadas y formalmente limpias. No es que todo se vuelva secreto, sino que con la fragmentación del flujo financiero el conjunto del sistema lo vuelve opaco.

Hay iniciativas para controlar relativamente a ese flujo monstruoso de recursos, pero el sistema financiero es global, mientras las leyes son nacionales y no hay un sistema de gobierno mundial. Asimismo, se puede ganar más aplicando en productos financieros y, encima, sin pagar impuestos, es un negocio redondo.

“El sistema offshore creció con metástasis en todo el globo, y surgió un poderoso ejército de abogados, contadores y banqueros para hacer funcionar el sistema… En realidad, el sistema raramente agrega algún valor. Al contrario, está redistribuyendo la riqueza hacia arriba y los riesgos hacia abajo y generando una nueva estufa global para el crimen.” (Treasured Islands: Uncovering the Damage of Offshore Banking and Tax Havens, Shaxon, Nicholas. St. Martin’s Press, Nova York, 2011.

El tema de los impuestos es central. Las ganancias son offshore, donde escapan de los impuestos, pero los costos, el pago de los intereses, son offshore, donde son deducidos los impuestos.

La mayor parte de las actividades es legal. No es ilegal tener una cuenta en las Islas Caimán. “La gran corrupción genera sus propia legalidad, que pasa por la apropiación de la política, proceso que Shaxson llama de ‘captura del Estado’” (Dowbor, pag. 86).

Se trata de una corrupción sistémica. La corrupción involucra a especialistas que abusan del bien común, en secreto y con impunidad, minando las reglas y los sistemas que promueven el interés público, en secreto y con impunidad, y minando nuestra confianza en las reglas y sistemas existentes, intensificando la pobreza y la desigualdad.

“La base de la ley de las corporaciones y de las sociedades anónimas, es que el anonimato de la propiedad y el derecho a ser tratadas como personas jurídicas, pudiendo declarar su sede legal donde quieran e independiente del lugar efectivo de sus actividades, tendría como contrapeso la trasparencia de las cuentas” (Dowbor, pag. 86) Las propinas contaminan y corrompen a los gobiernos, y los paraísos fiscales corrompen al sistema financiero global. Se ha creado un sistema que vuelve inviable cualquier control jurídico y penal de la criminalidad bancaria. Las corporaciones constituyen un sistema judicial paralelo que les permite incluso procesar a los Estados, a partir de su propio aparato jurídico.

The Economist calcula que en los paraísos fiscales se encuentran 20 trillones de dólares, ubicando a las principales plazas financieras que dirigen estos recursos en el estado norteamericano de Delaware y en Londres. Las islas sirven así como localización legal y de protección en términos de jurisdicción, fiscalidad e información, pero la gestión es realizada por los grandes bancos. Se trata de un gigantesco drenaje que permite que los ciclos financieros queden resguardados de las informaciones.


Lula: más pueblo, más acusaciones. Emir Sader

septiembre 9, 2017
A lo largo de tres semanas Lula protagonizó el más formidable proceso de movilizacióny de formación de conciencia política que el país haya conocido, con su primera caravana,hacia el nordeste de Brasil. Un mar de pueblo lo recibió en todas las 9 provincias de suregión originaria, la que más ha cambiado a lo largo de los 12 años de gobiernos del PT.
Estaba previsto originalmente visitar 28 ciudades, pero la caravana de Lula – de la que tuveel privilegio de participar – tuvo que detenerse en 50 veces ocasiones más, en medio de las carreteras, para que él se encontrara con la gente aglomerada espontáneamente frente a la noticia que corría de que Lula iba a pasar por ahí. Fueron finalmente cerca de 80 localidades, en las que Lula tuvo que hacer cerca de 80 discursos, apoyado por el pueblo que lo quería tocar, hablarle, oírle, sacarse fotos con él.
Ocho de los nueve gobernadores de las provincias recorridas por la caravana fueron a buscar a Lula. Otros tantos políticos de derecha se han pronunciado por él, dado que nadie que esté en contra de Lula podría elegirse en las próximas elecciones.
Mientras la prensa internacional informaba sobre la consagración de Lula, la nacional censuró las fotos de Lula en medio del pueblo, porque no tenía que decir, frente a su fracaso de destruir la imagen del ex-presidente. Una que otra cosa respecto a uno que otro aspecto era reportado, pero nada que reflejara la grandiosidad del viaje de Lula.
Lula terminó el viaje “cansado, pero feliz”, como él dijo. Pudimos constatar la felicidad con que él enfrentaba el asedio popular y las demandas para que hablara en todas las localidades.
Se podría esperar reacciones de la derecha, después de su desconcierto y silencio frente al éxito de la caravana. De inmediato, han acelerado el juicio en segunda instancia en contra de Lula, ya condenado – aun sin pruebas, en base a convicciones e indicios – en primera instancia. Se dan cuenta de que Lula seguirá con sus caravanas, y ya se han anunciado las próximas para Minas Gerais y Rio de Janeiro, por eso intentan condenarlo más rápidamente.
Ni bien había terminado la caravana, con una inmensa concentración en la ciudad de San Luis, en la provincia de Maranhão, la derecha desató una nueva ola de acusaciones en contra de Lula. Acusaciones del hijo de la familia Odebrecht, así como del ex-ministro de Lula, Antonio Palocci, quien, después de estar preso durante un año y con larga condena, ha resuelto inventar acusaciones como le demandaban los jueces para ablandar su pena.
Los medios se valen de esas nuevas acusaciones para intentar borrar los ecos de los viajes de Lula, así como habían censurado las fotos y la cobertura de la caravana. De nuevo anuncian la muerte política de Lula, de nuevo, sin pruebas, solamente basados en acusaciones de gente presa desde hace mucho tiempo, que cambia una disminución de la pena por declaraciones solicitadas por los jueces.
Cuando más vivo se encuentra Lula en la memoria de la gente, más los medios anuncian su muerte política. El único líder político que puede rescatar la credibilidad y la legitimidad del Estado brasileño, es el más perseguido por los que han dado el golpe y buscan enterrar definitivamente la democracia en Brasil.
Las alternativas radicales que se presentan en Brasil – consolidación del golpe o elecciones democráticas – definirán el futuro de país por mucho tiempo y afectarán los destinos del continente. Son 14 meses hasta la fecha prevista para las elecciones presidenciales. Es un conteo regresivo que pone el país en vilo, alarga las ansiedades y tensiones de la más larga y profunda crisis de la historia brasileña.
Mientras tanto, Lula prepara las nuevas caravanas, definidas por las provincias donde la izquierda ha triunfado en 2014: todo el nordeste, Minas Gerais y Rio de Janeiro. Antes, irá de nuevo a declarar frente al juez Sergio Moro, el día 13 de septiembre. Un nuevo cara a cara que Moro intentó evitar, convocando a Lula a una declaración a distancia, dada la pésima experiencia que tuvo el 10 de abril, cuando por primera vez tuvo que encarar directamente a Lula.
Pero este apeló a su derecho de declarar personalmente e irá de nuevo a Curitiba, acompañado por un gran apoyo popular. Moro tendrá que encarar nuevamente la presencia, la fuerza moral, las palabras y los argumentos de Lula que, como siempre repite, ha probado su inocencia; falta a los que lo acusan, probar su culpabilidad.

Atención, ¡un bufón comanda el imperio! Emir Sader

agosto 14, 2017
 EEUU siempre han tenido el temor de no lograr mantener dos guerras a la vez. En el entusiasmo del consenso logrado para invadir y destruir a Afganistán – chivo expiatorio de los atentados a las Torres Gemelas, para librar de responsabilidades a Arabia Saudita, su aliado carnal -, el gobierno norteamericano se lanzó, en ese momento solo con el apoyo de Gran Bretagna, a invadir y a destruir el país de la mas antigua civilización del mundo – Iraq. Década y media después, todavía están por allá. No han logrado salir de ninguno de los dos países, a pesar de haberlos destruido.

Ahora, con el intervalo de pocos días, Donald Trump, que dirige el imperio por twitter, dio dos declaraciones bomba, bien a su estilo. Dijo que Corea del Norte será víctima del mas fenomenal ataque que el mundo haya conocido y, no contento con ello, de que encaraba la posibilidad de una solución militar, de invasión de Venezuela.

Agencia Reuters dijo que hay una vía de comunicación directa, secreta entre Corea del Norte y los EEUU, una especie de teléfono rojo o amarillo. New York Times alineó las razones por las cuales EEUU no se metería con Venezuela: pérdida de ganancias de empresas norte-americanas del petróleo, costo caro de importar petróleo de otros países mas lejanos, además de las reacciones, que sucitarían mas apoyo al gobierno venezolano.

Pero Trump ya ha jugado con apretar el botón de guerra, bombardeando a Siria y a Afganistán, le gusto y tuvo apoyos dentro y fuera de EEUU, después de la operación en los medios sobre las crueldades que el gobierno de Assad habría cometido y que llevaron a Trump casi a las lágrimas. No fue necesario nada de ello para que tirara la mas potente bomba disparada hasta hoy en contra de un país, en Afganistán.

Racionalmente nadie tomaría en serio a los EEUU, metido todavía en Afganistán y en Iraq, además de Siria, metiéndose a destruir a Corea del Norte e invadiendo a Venezuela, a la vez. Pero el hecho de ser el presidente con menor apoyo en los primeros seis meses de gobierno, puede incitar a Trump a montar operaciones mediáticas – como la que él hizo sobre Siria, yendo a las lágrimas con la exhibición de escenas de crueldad atribuidas al gobierno de Assad – para justificar alguna operación que, cree él, pueda aumentar su apoyo interno y mostrar al mundo que él está todavía en el comando del mundo.

Después de tantas barbaridades que Trump ha hecho y ha dicho, ya hay gente que no duda que se pueda meter en alguna nueva aventura nuclear en contra de Corea del Norte. Y que pueda querer “dar una leccion” en Venezuela, valiéndose del clima favorable en el continente, antes que pueda mudar, por ejemplo, con un eventual retorno de un gobierno hostil en Brasil.

Lo cierto es que un bufón, un boquirroto está en el comando del imperio y tiene el botón nuclear al alcance de su dedo y de su twitter. Esa es la contribución de EEUU hoy a restablecimiento de la paz mundial. Solución que no resultó en Siria y tampoco ha logrado ser puesta en práctica en contra de Irán. Rusia salió fortalecida, como la gran adversaria del llamado Estado Islámico, y promotora de soluciones que superen la crisis de Siria. Todo ha resultado mal para EEUU allá. Además de que la incomodidad de las relaciones estrechas con Arabia Saudita implican y el desgaste, por ser el país promotor de apoyo al Estado Islámico, agente mas importante del terrorismo en Medio Oriente y en otros lugares del mundo.

Las amenazas de la derecha de que la Venezuela está en todos los países, como lo hace Macri frente a los reveses electorales, no tiene asidero en la realidad. Pero una locura de Trump en contra de Venezuela va a tener consecuencias, que se extenderán por todo el continente. Hasta la misma OEA se vio obligada a condenar las declaraciones de Trump, lo mismo que hizo Vicente Fox.

Una locura de Trumpo en contra de Corea del Norte no podría sino tener efectos graves, con respuestas hacia Corea del Sur, además de que lo que quede de los países se volverían ingobernables. En Venezuela promovería un nuevo aislamiento grave de EEUU en América Latina. Y tampoco es seguro que los norteamericanos todavía apoyen locuras de ese tipo, después de los fracasos y los desgastes en Afganistán, Iraq y Siria.

Pero es bueno saber que un bufón está en el comando del imperio y todo de malo puede ocurrir a partir de esa situación. Incluso la crisis final de la hegemonía imperial norteamericana en el mundo.


El futuro de Brasil depende siempre de Lula. Emir Sader

julio 18, 2017
La derecha brasileña ha engendrado el golpe en contra de los gobiernos del Partido de los Trabajadores -PT-, pero ahora no sabe qué hacer con su gobierno. La izquierda ha producido a Lula y la derecha no sabe qué hacer con Lula. La derecha no sabe si intenta seguir con Temer como presidente o si encara la delicada operación de sustituirlo. Muchos sectores da la derecha brasileña ya consideran a Temer un cadáver político, pero su mal olor no ha sido hasta ahora suficiente para que se genere una nueva unidad entre los golpistas para sustituirlo.

Con Lula la derecha tampoco sabe qué hacer. Puede intentar condenarlo, con el riesgo de hacerlo todavía más popular y objeto de apoyo aún más generalizado en el país, como víctima de un proceso sin fundamento, ni pruebas. Y con el riesgo de no lograr mantener la condena y que el tiro salga por la culata, de la peor manera para la derecha brasileña. O tener que enfrentar a Lula como candidato, con todas las posibilidades de perder de nuevo.

Porque una figura como la de Lula no se elimina así, como le gustaría a la derecha, mágicamente, mediante una sentencia de un juez de quinta categoría. Lula ya está inscrito definitivamente en la historia de Brasil, como su presidente más popular, más importante, de más trascendencia en la vida de todos los brasileños. Asimismo, Lula es el más importante líder político de la izquierda contemporánea a escala mundial.

Cualquiera que sea el desenlace jurídico de los procesos en contra de Lula, el seguirá siendo el personaje decisivo para el futuro de Brasil. Sea como candidato favorito y como presidente de Brasil una vez más, sea como dirigente fundamental para las futuras en Brasil. Nada de importante sucederá en Brasil sin la presencia y la posición determinante de Lula, de tal forma su imagen es omnipresente en el país.

La derecha, muy incomodada, siempre tendrá que referirse a Lula, como su mayor enemigo. La izquierda, como su líder fundamental. Los medios, como la figura más conocida y reconocida en Brasil. El pueblo brasileño, porque deposita en él su esperanza y la confianza de volver a conquistar sus derechos y su autoestima.

La historia brasileña sigue y Lula tendrá en ella siempre un rol fundamental. Si como candidato, tiene todas las posibilidades de ganar de nuevo y, como él dice, hacer más y mejor en el gobierno. Si impedido de candidatearse, dirigir a las fuerzas de la izquierda en sus combates futuros.

No se puede aprisionar a la esperanza, no se puede condenar a la voluntad del pueblo de retomar el camino de las trasformaciones democráticas en Brasil. La historia no cabe en una sentencia arbitraria de un juez fantoche de la derecha y del Imperio. El destino de Brasil no cabe en las campañas de los medios oligárquicos.

Lula y la izquierda brasileña son resultados de las luchas del pueblo por sus derechos. La miseria, la pobreza, el hambre, la desigualdad, la exclusión social, producidos por la derecha brasileña a lo largo de los siglos, que habían hecho de Brasil el país más desigual del continente más desigual del mundo, han generado también las luchas por la justicia social y por los derechos de todos, el liderazgo de lucha y las fuerzas de la izquierda brasileña.

Por más que intenten descalificar a la figura de Lula, por más que intenten condenarlo, aun sin pruebas, la influencia, la capacidad de convencimiento de Lula hacia los brasileños solo aumenta, conforme el gobierno surgido del golpe intenta deshacer todo lo bueno que hicieron los gobiernos del PT. Hoy la gran mayoría ya considera, de nuevo, la cuestión social como la más importante del país. El rechazo al paquete cruel de proyectos del gobierno Temer es aplastante y, con él, el incremento del apoyo a Lula, como contraposición a todos los derechos que se le está quitando al pueblo.

La ilusión de que jurídicamente la derecha puede abolir la imagen de Lula de la cabeza de las personas y el propio Lula como líder político y de masas de la historia de Brasil es eso – una ilusión. Él soporta cualquier sentencia, cualquier acusación sin pruebas, pero la vida real es distinta. El país real se hace con conciencia política, con lucha por los derechos sociales y por la democracia. En el país real Lula tiene un lugar fundamental en la historia pasada, presente y futura de Brasil. (Para comprobar, la derechista revista Veja hizo una encuesta entre sus lectores sobre el futuro de Lula y aun ahí el resultado es elocuente: – Será preso – 14 %. Será presidente de Brasil – 86%.)


América Latina contra el pensamiento único. Emir Sader

julio 10, 2017
Comparto este excelente articulo de Emir Sader, sociólogo, científico político brasileño, coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ), buen amigo.

Hay que borrar las políticas que han caracterizado a un cierto número de países de América Latina, porque ellas desmienten el pensamiento único. Hay que borrar de la conciencia de la gente de que es posible hacer políticas distintas de las que todavía dominan el mundo.

Hay que hacer que las personas se olviden de que no se debe naturalizar el mercado, que los derechos deben ser garantizados, si queremos sociedades menos injustas, con menos exclusión social, menos miseria y menos pobreza. Para ello se pretende de que se olvide que Argentina superó la peor crisis de su historia, a comienzos del siglo XXI, sin que el peso de la crisis recayera sobre la gran masa del pueblo. Que Brasil – hasta hace poco el país más desigual del continente más desigual del mundo – no solamente dejó ese puesto, como ha salido, sino que por primera vez en su historia ya no figura del Mapa del Hambre.  Que Bolivia pasó de ser uno de los países más pobres de América Latina al más ejemplar en su desarrollo económico, social, político, étnico y cultural. Y todo lo que ha pasado también en países como Ecuador, Uruguay y Venezuela.

Hay que hacer que América Latina – o al menos algunos países del continente – dejen de ser puntos fuera de la curva y vuelvan a su rol de países injustos, endeudados, humillados y ofendidos. Que no tengan soberanía externa y tampoco sean Estados fuertes y legitimados por el voto democrático del pueblo.

Me di cuenta de esto recién, cuando he participado de un seminario sobre políticas de inclusión,  donde, para mi espanto, las políticas sociales de los gobiernos progresistas de América Latina han estado ausentes, más  aún cuando el seminario tenía 17 conferencias, y  una sola sobre América Latina sobre la exclusión social en algunos países del continente.

Hasta hace poco las políticas sociales brasileñas, bolivianas, venezolanas, uruguayas, argentinas, ecuatorianas, eran el centro de cualquier evento o debate sobre cualquier aspecto social del mundo contemporáneo. Como ejemplos que contrastan con lo que pasa en Europa,  EEUU,  Asia, África y en otros países de América Latina. Eran ejemplos concretos de cómo es posible, aun en un mundo dominado por el neoliberalismo, remar en contra de la corriente y disminuir la desigualdad, la injusticia, el hambre, la miseria y la pobreza. Eran malos ejemplos para el pensamiento dominante. Había que derrotar a esos gobiernos y borrar de la conciencia de los pueblos de esos países y de los otros, esas políticas. Había que destruir las imágenes de los líderes de esas políticas. Campañas feroces de ataques personales se desarrollan en contra de Lula, Evo, Cristina, Pepe Mujica, Rafael Correa, entre otros, para complementar el cierre de un capítulo de nuestra historia, que debiera pasar a la historia como un breva paréntesis “populista”, de locura política en contra de la indefectible lógica económica.

Largas exposiciones sobre la exclusión y la pobreza en el mundo y en todas sus regiones no se complementan con alternativas sociales concretas, resultado de gobiernos populares y democráticos. Todo como se ha hecho siempre en eventos sobre cuestiones de carácter social. Pero ahora se trata de mantener el debate a nivel teórico, en constataciones sobre la concentración de renta, la exclusión social, etc.; pero sin desembocar en alternativas concretas. Todo se queda envuelto en un escenario desalentador, en que el mundo va hacia lo peor, ineluctablemente, porque no se mencionan opciones concretas de superación de esos problemas.

Es que el cuestionamiento de la supuesta condena de la humanidad al pensamiento único había dejado de ser un tema teórico, para aterrizar al plano concreto de países determinados, que asumieron la opción de atacar las raíces de esos problemas:  el modelo neoliberal.

Es un mal ejemplo para el sistema financiero internacional, para los ideólogos del fin de la historia, para los adeptos del Consenso de Washington, para los que – en particular economistas – creen todavía en el pensamiento único como política económica dictada por los mercados. Un mal ejemplo que hay que eliminar como gobiernos, como políticas, como derechos y como memoria en la cabeza de los pueblos.

La historia no ha terminado, el pensamiento nunca es único, consensos solo hay impuestos por Washington. La historia es siempre un proceso abierto, en que la conciencia y la organización de los pueblos definen los caminos, hacia una dirección u otra. Nunca la historia de la humanidad ha estado tan abierta, tan indefinida. Ni siquiera la globalización neoliberal es un camino sin vuelta. En América Latina es donde esa disputa está más abierta que nunca. Elecciones en los próximos dos años en países como Chile, Colombia, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, México, Honduras, Paraguay, Venezuela, entre otros, van a definir senderos futuros en el continente, en los que las luchas populares y las luchas de ideales son los escenarios que preparan los futuros y siempre abiertos caminos del continente. América Latina puede dar nuevos pasos definitivos para enterrar definitivamente las ilusiones del pensamiento único.

 

 


La crisis de la democracia en el neoliberalismo. Emir Sader

marzo 28, 2017
ALAI AMLATINA, 27/03/2017.- Un elemento que se ha globalizado rápidamente ha sido el de la crisis de la democracia. En Europa, que se enorgullecía de sus sistemas políticos, las políticas de austeridad han promovido la generalizada deslegitimación de esos sistemas, centrados en dos grandes partidos. Cuando ambos asumieron esas políticas económicas anti-sociales, han entrado en crisis acelerada, perdiendo votos, intensificando el desinterés político por las elecciones, dado que esos dos partidos promueven políticas similares. Han empezado a surgir alternativas –en la extrema derecha y en la misma izquierda- que ponen en shock a esos sistemas: por la derecha de forma autoritaria, por la izquierda buscando el ensanchamiento y la renovación de las democracias.

Hasta que la crisis de las democracias dio un salto con el Brexit y con la elección de Donald Trump en los EEUU. En Gran Bretaña, los dos partidos tradicionales fueron derrotados en una decisión crucial para el futuro del país y de la misma Europa, con la decisión mayoritaria de salida de la Unión Europea. Lo cual refleja cómo esos dos partidos no han sabido entender el malestar de gran parte de la población –incluso de amplios sectores de la misma clase trabajadora- respecto a los efectos negativos de la globalización neoliberal. Los trabajadores, electores tradicionales del Partido Laborista, concentraron su voto por el Brexit, en contra de la decisión de ese partido y terminaron decidiendo la votación.

En EEUU la victoria de un candidato outsider, que, para ganar, no solo enfrentó al Partido Demócrata sino también a los grandes medios, a la dirección de su propio partido, a los formadores de opinión. El triunfo de Trump representó una derrota para los dos partidos como expresiones de la voluntad organizada de los norteamericanos.

Por todas partes la democracia tradicional hace agua. Los partidos tradicionales pierden aceleradamente apoyos, las personas se interesan cada vez menos por la política, votan cada vez menos, los sistemas políticos entran en crisis, ya no representan a la sociedad. Es la democracia liberal, que siempre se autodefinió como “la democracia”, la que entra en crisis, bajo el impacto de la pérdida de legitimidad de gobiernos que han asumido los proyectos antisociales del neoliberalismo y de la misma política, corrompida por el poder del dinero, que en el neoliberalismo invade a toda la sociedad, incluso a la misma política.

En América Latina, dos países que habían fortalecido sus sistemas políticos, mediante gobiernos y liderazgos con legitimidad popular, como Argentina y Brasil, han retrocedido hacia gobiernos que pierden –o nunca han tenido– apoyo popular. El mismo sistema político sufre con gobiernos que han hecho promesas o han sido elegidos con programas distintos a los que ponen en práctica. El programa neoliberal de ajustes fiscales profundiza la crisis de legitimidad de los gobiernos y de los mismos sistemas políticos.

La concepción que preside al neoliberalismo, que busca transformar todo en mercancía, llegó de lleno a la política, con sus financiamientos privados, con campañas adecuadas a servicios de marketing, con millonarias actividades que hacen de las campañas un despliegue de piezas publicitarias casi al estilo de cualquier otra mercancía. Por otra parte, gobiernos copados de ejecutivos privados los hacen cada vez más parecidos a empresas, por el personal y por la concepción que preside a gobiernos con mentalidad de mercado.

La era neoliberal es así la era del agotamiento del sistema de las democracias liberales. Los agentes que le daban legitimidad – parlamentos con representación popular, partidos con definiciones ideológicas, sindicatos y centrales sindicales fuertes, dirigentes políticos representantes de distintos proyectos políticos, medios de comunicación como espacio relativamente diversificado de debates – se han vaciado, dejando al sistema político y a los gobiernos suspendidos en el aire. El desprestigio de la política es la consecuencia inmediata del Estado mínimo y de la centralidad del mercado.

La crisis de las democracias se ha vuelto uno de los temas que se extienden de los EEUU a la América Latina, pasando por Europa y por Asia. Ya no se trata de reivindicar un sistema que se ha agotado, sino de construir formas alternativas de Estado, de sistemas políticos y de representación política de todas las fuerzas sociales.


Una izquierda de la esfera pública. Emir Sader

marzo 18, 2017
ALAI AMLATINA, 17/03/2017.- La izquierda del siglo XX fue una izquierda del Estado, que se valió del Estado para organizar proyectos de nación, para hacer que el Estado empujara el desarrollo económico, garantizara derechos sociales. Tuvo un rol fundamental, sobre todo si pensamos que antes había un Estado estrictamente de las elites dominantes, de las oligarquías primario exportadoras, que hacían del Estado un instrumento estricto de sus intereses.

Cuando se agotó el ciclo largo expansivo del capitalismo internacional y, con él, el modelo desarrollista, dos perspectivas se presentaban en el horizonte. Ronald Reagan enarboló una, la vencedora: el Estado habría dejado de ser solución, para ser problema. Y la forma de enfrentar ese problema era reducirlo a sus proporciones mínimas, al Estado mínimo, promoviendo al mercado a un rol de centralidad. El viejo adagio del liberalismo recobraba nueva fuerza: el mercado es el mejor redistribuidor de recursos.

Aparentemente de forma contrapuesta a esa versión, surgió un relato que también pretendía superar el agotamiento del Estado, pero proponiendo a la “sociedad civil” como su sucedáneo. Condenaba tanto o incluso más que la versión anterior al Estado. Toni Negri alcanzó a tildarlo como conservador, como pieza de museo. Holloway tenía esperanzas de que se podría cambiar el mundo sin el tomar el poder, sin el Estado.

Los primeros han realizado su sueño y han llevado el mundo a sus desastres actuales, resultado de la centralidad de un mercado descontrolado, mercado dominado por el capital especulativo y por los grandes bancos privados. Los segundos han quedado relevado a la intrascendencia, prisioneros de la trampa liberal de una sociedad civil en contra del Estado.

La versión alternativa era otra. No era el abandono del Estado, sino su democratización. No era ni el abandono a la esfera mercantil, ni el retorno pura y simple a la esfera estatal, sino la construcción, a partir del Estado y de organizaciones sociales, la esfera pública. Una esfera de la ciudadanía, una esfera de los derechos iguales para todos, la verdadera esfera democrática.

Lo gobiernos que han revertido al modelo neoliberal de la centralidad del mercado son aquellos que se han valido del Estado para promover los derechos sociales de todos, para rescatar el rol activo del Estado como inductor del crecimiento económico y proyector de políticas externas soberanas. Fueron los gobiernos anti neoliberales de América del Sur.

Pero incluso estos han recuperado al Estado, sin transformarlo, defendiendo a la sociedad de las consecuencias negativas de un mercado descontrolado, pero sin democratizar al Estado, con la centralidad en la esfera pública. Los aparatos de Estado han resistido, desde adentro, con las alianzas con las fuerzas conservadoras desde afuera, para frenar un amplio proceso de democratización política, social, económica y cultural, de que carecen las sociedades contemporáneas.

Cuando los gobiernos anti neoliberales se enfrentan a obstáculos, no deben ceder pura y simplemente al liberalismo tradicional, al mercado, sino, al contrario, avanzar hacia la trasformación radical de los Estados con la centralidad de la esfera pública. Porque la contradicción fundamental en la era neoliberal es la que se da entre la esfera mercantil – el afán de mercantilizar a todo, de trasformar derechos en mercancías y ciudadanos en consumidores – y la esfera pública, la esfera de los derechos para todos, la esfera de los ciudadanos.

Se puede medir cuanto se ha avanzado en la superación del neoliberalismo por la medida en que se ha avanzado en la extensión de los derechos para todos y en la restricción de la mercantilización de la sociedad. La medida en que se han fortalecido la educación pública, la salud pública, por ejemplo, a expensas de la educación mercantil, de la salud mercantilizada, el fortalecimiento de los bancos públicos a expensas de los bancos privados.

La esfera pública no representa tan solamente la democratización de la sociedad actual, sino apunta hacia una dinámica anticapitalista, en la medida que el eje y el proyecto central del capitalismo son la mercantilización generalizada de todas las esferas de la sociedad, a transformar todo en mercancías, que todo tenga precio, que todo se pueda vender y comprar. La esfera pública, al contrario, promueve el derecho de todos, la promoción de todos los individuos a ciudadanos, esto es, a sujetos de derechos.

Para llegar a tener una izquierda de la esfera pública es indispensable, antes que todo, además de una crítica radical de todos los efectos negativos de la centralidad del mercado, desarrollar una profunda conciencia pública, radicalmente democrática, un espíritu de la centralidad de los bienes públicos, de las empresas públicas, de los servicios públicos, del Estado como un instrumento en las manos de toda la sociedad, antes que todo de los trabajadores y del pueblo. El Estado no es así ni la solución por sí solo, ni el problema. Es un espacio de disputa entre la esfera mercantil y la esfera pública. Cabe a la izquierda del siglo XXI ser una izquierda de la esfera pública, – que es la forma actual de ser anticapitalista- para la construcción de sociedades profundamente democráticas y de un mundo apropiado por sus pueblos a partir de esos Estados nacionales democratizados y centrados en la esfera pública.


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