El quilombo brasileño. Emir Sader

junio 27, 2019

Todavía no había terminado la reunión del Superior Tribunal de Justicia sobre el habeas corpus para Lula, cuando surgió la noticia de que un militar de la FAB (Fuerza Aérea Brasileña) había sido apresado en Sevilla, en un vuelo presidencial que iba a la reunión del G20, en Japón, con 29 kilogramos de cocaína.

Después de la sorpresa – a pesar de que en este año había ocurrido un caso similar con un militar brasileño en un vuelo hacia Paris -, vinieron las preguntas: antes de todo, ¿cómo había salido de Brasil con los paquetes de cocaína en su bolso de mano? ¿Qué significa que un miembro de la FAB estuviera involucrado en un caso de tráfico de drogas?

Además de los errores en la seguridad de la presidencia de Brasil, vinieron las especulaciones del riesgo de la extensión del tráfico hacia las FFAA brasileñas. Inmediatamente se han asociado el uso de las FFAA en el combate al tráfico en Rio

de Janeiro y cómo ese contacto puede haber contaminado a esa institución. La participación de un militar vinculado a la presidencia, viajando impunemente en un avión de la comitiva presidencial, es síntoma que está involucrada otra gente dentro de la Fuerza Aérea o incluso en otros sectores de las FFAA.

Otra preocupación es con la falta de seguridad de un vuelo presidencial, lo que refleja el desorden generalizado en el gobierno, que cambia de ministros y de secretarios semanalmente. En plena crisis de las denuncias de The Intercept, el presidente de Brasil abrió otro frente de crisis con dos sectores fundamentales del gobierno. Cambió a cuatro importantes asesores militares, incluido el de más rango en el gobierno, sustituyendo a éste por un miembro de la Policía Federal de muy bajo rango. El principal militar sustituido en una entrevista dijo que el gobierno es un quilombo, que solo se concentra sobre lo que no es prioritario, generando crisis tras crisis.

Por otro lado, el presidente pidió la renuncia al presidente del BNDES, un gran banco público de financiamiento, porque no se encontraron las irregularidades en el funcionamiento del banco, conforme el nuevo presidente siempre pregonó. Los empresarios han recibido de muy mala manera la forma abrupta y sin razones de la sustitución del presidente del banco.

En ese clima, el presidente de Brasil cambió su itinerario para ir a la reunión del G20, cambiando Sevilla por Lisboa, como si ello resolviera los problemas.  Se mostró incómodo con las declaraciones de Ángela Merkel de que está muy preocupada con la situación grave que vive Brasil y que pretende tener una conversación seria con el presidente brasileño, especialmente sobre los temas de la devastación forestal. Disgustado, el presidente brasileño dijo que aceptaría críticas en la reunión del G20, en la cual no tendrá ninguna figuración significativa, incluso porque ha publicado un documento con sus posiciones extravagantes sobre la globalización y los temas prioritarios de la reunión de Japón

Mientras tanto, el STF votaba dos requerimientos presentados por la defensa de Lula. El primero es una solicitud de cancelación de un proceso, por comportamiento nada imparcial de parte del juez que lo preside. El segundo es una declaración de recusación del juez Moro, lo cual, en caso de ser aceptado, ante las evidencias presentadas por The Intercept, implicaría que todos los procesos dirigidos por este juez serían cancelados, llevando a Lula a la libertad.

La presidenta dal PT, Gleisi Hoffman, dijo que Lula está sometido a una verdadera tortura jurídica. Cada cierto tiempo se crea un clima de tensión y expectativa alrededor de algún nuevo recurso de la defensa de Lula, como si se tratara de un partido final de un campeonato. Previsiones, análisis, entrevistas con jueces, trasmisión por el canal del sistema judicial, expectativas:  todo inunda los medios, los tradicionales y los alternativos.

Lula siempre recomienda tener los pies en el suelo, se mantiene sereno, sin grandes expectativas. Pero las decisiones actuales del Supremo Tribunal Federal revisten características especiales. Son las primeras desde la revelación de las conversaciones hechas por The Intercept, donde datos reiterados confirman lo que la defensa de Lula siempre dijo: Moro y todos los de la Lava Jato, no son imparciales, no actúan como jueces, sino como partido, coordinados, moviéndose como partido político, que tiene un objetivo: perseguir a Lula, impidiéndole ser candidato en las elecciones del 2018, cuando todas las encuestas apuntaban a la victoria de Lula en primera vuelta.

Entre las decisiones absurdas del STF está la declaración reiterada de que el juez Moro es apto para juzgar a Lula. La revelación de las conversaciones entre el juez y los acusadores de Lula, instruyéndolos directamente sobre cómo actuar – lo cual es absolutamente prohibido – han replanteado esa decisión.

La primera demanda de la defensa de Lula fue rechazada, la segunda fue aplazada para agosto, después de las vacaciones del Poder Judicial. Uno que otro juez se ha mostrado asustado con las revelaciones, uno que otro ya ha dicho que no ha cambiado su posición.

Lo cierto es que el clima político ha cambiado con esas revelaciones. Tras ser publicadas, la situación de Moro y de sus colegas queda más y más comprometida. Sospechosamente, Moro y su más cercano colaborador han viajado a EEUU. Moro proyecta visitar a organismos de seguridad del gobierno norteamericano. El mismo día en que aparecía el escándalo del tráfico de drogas en avión presidencial brasileño, Moro visitaba la DEA, órgano norteamericano encargado del combate a tráfico, para firmar un convenio con el gobierno brasileño.

Foto: Orlando Brito/Os Divergentes

Abrazo de ahogados. Emir Sader

junio 10, 2019
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Bolsonaro e Macri no Itamaraty em janeiro
Foto: Marcelo Camargo/Agência Brasil

Era una tradición que todo nuevo presidente de Argentina y de Brasil empezaran su mandato visitando al presidente del país vecino. Sin embargo, la relación entre los dos países ha cambiado realmente, cuando Lula y Néstor Kirchner, recién elegidos, abrieron una nueva etapa en la relación entre los dos países.

La política norteamericana había sido siempre la de tratar de separar y oponer a los tres principales países del continente: Argentina, Brasil y México. Trataban de que los gobernantes y las FFAA de Brasil y de Argentina consideraran a otro país como su adversario concurrente y hasta como su principal hipótesis de guerra.

Lula y Néstor establecieron relaciones fraternales y de alianza estratégica entre los dos países, en el marco de la integración latinoamericana. Se constituyeron como el eje a partir del cual se ha fortalecido y expandido el Mercosur, se han creado Unasur y Celac.

Nunca las relaciones entre los países de la relación se habían intensificado tanto, nunca fueran tan cordiales, nunca se había vivido un tiempo de relaciones tan fraternales, pacíficas y solidarias entre los gobiernos del continente. Y nunca EEUU habían estado tan aislados de América Latina. Porque los países que prosperaban, que disminuían la exclusión social, que promovían procesos de integración regional, tenían gobiernos conscientes de la soberanía nacional y de sus contradicciones con el gobierno norteamericano.

No por casualidad la estrategia híbrida, la nueva estrategia norteamericana y de la derecha del continente se ha concentrado inicialmente de forma directa sobre Argentina y sobre Brasil, el eje de los procesos de integración latinoamericana. No por acaso fueron en esos dos países que resurgieron los gobiernos más sumisos a Washington.

Después de romper con la tradición de hacer su primer viaje internacional a Argentina – antes fue a Chile, EEUU e Israel-, Bolsonaro finalmente se atrevió a ir a Argentina, a visitar a Mauricio Macri. Como la visita ha tardado, el presidente brasileño encuentra a una Argentina mucho más deteriorada que hace algunos meses. Ambos se encuentran en situaciones muy similares, pero radicalmente opuestas a las que encontraban antes Lula y Néstor, Cristina y Dilma.

Después de renunciar a la visita a Nueva York, con el miedo, según el mismo presidente de Brasil, de recibir una torta en la cara, fue a Buenos Aires. No queda claro, quien desgasta más al imagen de lo otro. Porque ambos países se encuentran con sus economías en recesión, ambos con un desgaste acelerado del apoyo de la población, ambos sin poder exhibir al otro alguna gran realización de sus gobiernos.

Es la expresión más acabada de lo que la derecha latinoamericana tiene que ofrecer a nuestros países. Ambos son gobiernos de destrucción: del patrimonio público, del derecho de los trabajadores, de las políticas sociales, de la autoestima de sus pueblos, de la imagen de sus países en el mundo.

Cuando se han abrazado en la Casa Rosada, no era el abrazo fraternal, alegre, solidario, entre Néstor y Lula, entre Cristina y Dilma. Es un abrazo de los que no sabe si se volverán a abrazar. Un abrazo de ahogados, en el que cada uno gustaría ser capaz de ayudar al otro en momentos tan difíciles que viven ellos y sus países, por culpa de ellos. Pero que de lo que más tratan, es de no irse todavía más al fondo, juntos.

Saben que lo que han dicho y formado, el viento se llevará. Ni las fotos quedarán. Van a pasar a la historia como nota de pie de página, como momento negativo de sus países y de la relación entre los dos gobiernos.

El presidente brasileño no fue recibido con menos hostilidad que la que han demostrado los neoyorquinos. El pueblo argentino, que se apresta a sacar a Macri del gobierno tiene total claridad de lo que significa Bolsonaro, de cómo solo fue elegido como resultado de un golpe y de la guerra hibrida, de la prisión de Lula sin ninguna prueba – sin lo cual lo derrotaría en la primera vuelta – y así lo ha recibido. A sabiendas que ya no habrá encuentro de presidentes argentino y brasileño tan repudiados por sus pueblos como los de estos dos.


Estudiantes brasileños siguen desafiando a Bolsonaro. Emir Sader

mayo 31, 2019
Dos semanas después de la primera gran manifestación en defensa de los recursos para la educación, los estudiantes brasileños han vuelto a salir a las calles de todo Brasil para desafiar al gobierno de Bolsonaro. Este, sintiéndose amenazado, ha convocado a su gente el domingo pasado, para atacar al Congreso y al Poder Judicial, que, según los sectores más radicalizados del gobierno, impedirían el presidente de gobernar.
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Foto: Brasil de Fato

Los análisis  han revelado de que se ha tratado de manifestaciones mucho más chicas que las que la extrema derecha lograba convocar hasta hace algunos meses, además de estar compuesta básicamente por hombres blancos, de mediana edad y nivel educacional universitario, esto es, de los sectores más privilegiados de la población. Las concentraciones han reunido al grupo que originalmente apoyaba a Bolsonaro, aquellos que justifican todo lo que hace o deja de hacer el gobierno, con marcado rasgos fundamentalistas, a favor de libre venta de armas y de los cortes de recursos para la educación pública.

La primera manifestación fue en respuesta al corte del 39% de los recursos de las universidades públicas, pero que se extendió a todos los niveles de la enseñanza. Es una guerra abierta que el gobierno lleva adelante en contra de los profesores, de los estudiantes, de la educación. Que se alarga hacia la guerra en contra del conocimiento, la cultura, la enseñanza. Propone clases impartidas por las familias en sus propias casas. Busca desarticular las comunidades estudiantiles, diabolizándolas frente a la opinión pública, inventando que son espacios de prácticas de liberación sexual, así como denuncia que las escuelas infantiles excitan niños desde tierna edad.

El tema de la tierra arrasada encuentra adeptos cada vez en más gran número dentro mismo de las elites militares del gobierno. El más importante militar en el gabinete de Bolsonaro afirmó esta semana que ya no lee libros, apenas WhatsApp. Se busca desacreditar a Darwin, Freud, Einstein, para restar credibilidad de las investigaciones en universidades públicas, para justificar el corte de sus recursos. El ministro de Salud trató esta semana de cuestionar investigación del más importante centro de salud pública de Brasil, Fiocruz, que ha concluido que no hay una situación de epidemia de drogas en el país, frente a lo cual el ministro opuso su observación en las calles de las ciudades brasileñas, para cuestionar el carácter científico de la investigación.

Como corolario de esa guerra, el ministro de Educación pidió al Supremo Tribunal Federal autorización para que la policía pueda ingresar normalmente en los campus universitarios, supuestamente para investigar irregularidades. Al mismo tiempo que buscan constituir comisiones de investigación en los parlamentos sobre las universidades públicas, sus manejos presupuestarios y otras acciones de las autoridades universitarias.

Declaraciones de exaltación del obscurantismo, sobre temas como el medio ambiente, la educación infantil, la violencia, se multiplican, como homenajes a la ignorancia. Errores de portugués en textos de twitter y en breves discursos de Bolsonaro ya hacen parte del folclore brasileño y afinan el gusto de los humoristas. La misma TV Globo tiene dos programas de gran audiencia con ridiculizaciones de los ministros del gobierno, incluidos Bolsonaro y Bozo.

Así, las manifestaciones del día 15 y de hoy tienen también el sentido de rescatar el conocimiento, la investigación, la cultura. Desde muy temprano, a las 13h00 TV Globo ya consignaba que las manifestaciones eran más grandes que las que apoyan al gobierno.

Bolsonaro apeló a los que lo sostienen, porque vive el peor momento de su gobierno y de su popularidad. Todos los editoriales de los grandes medios de comunicación han perdido la esperanza de que él pueda gobernar. Se desesperan con la capacidad que él y sus hijos tienen de procesar conflictos dentro del mismo gobierno, de concentrar sus esfuerzos en esos conflictos, que debilitan la capacidad de acción del gobierno.  Mientras tanto, la economía brasileña es declarada en recesión, se han perdido las esperanzas de cualquier posibilidad de retomar el crecimiento, que estará cercano a cero, con las miradas volcadas ya hacia el 2020.

Prefieren abiertamente al vicepresidente, Olimpio Mourão, militar que, aun proviniendo de posiciones de ultra derecha, juega el rol del realista y del flexible en su comportamiento. Recién estuvo en China, fue recibido por el presidente chino, discutió la posibilidad de que Brasil ingrese a la Ruta de la Seda. Al mismo tiempo, se realizará en noviembre en Brasilia una reunión de los Brics, cuando Brasil asumirá la presidencia, al mismo tiempo que se ha instalado en San Paulo una sede del Banco de los Brics. Todo a contramano de las declaraciones de Bolsonaro respecto a los EEUU y de los ministros de relaciones exteriores y de economía, que suelen criticar públicamente a China.

Cinco meses de striptease de un gobierno instalado como último recurso para impedir el retorno del PT al gobierno, pero que se revela absolutamente incompetente hasta para poner en práctica las políticas elementales de la derecha brasileña. El país está sin control, sin dirección, nadie se arriesga siquiera a predecir cómo estará el país a fines de este año, que ya parece un lejano largo plazo.


Lula y la izquierda del Siglo XXI. Emir Sader

mayo 2, 2019
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Yo le di ese título a mi nuevo libro –publicado en Brasil y ahora en Argentina–, con un subtítulo: Neoliberalismo y posneoliberalismo en Brasil y en América Latina. (En Brasil, publicado por la Editora del LPP, en Argentina, por la Editorial Colihue.) Se trata de un intento de, más allá del viraje de los acontecimientos, descifrar las tendencias más generales de los procesos históricos en el continente y, de alguna manera, en el mundo. La trayectoria de Lula da el guion de esa lucha y de la misma obra.

Escribir y publicar un libro en los tiempos actuales es correr el enorme riesgo de ser superado rápidamente por los acontecimientos. Más fácil sería atenerse a los textos de internet, menos pretenciosos, menos duraderos, menos riesgosos. Tantos no responden por lo que han escrito, con tanto énfasis, ayer.  Se pide menor coherencia, menos rigor, textos más descartables.

Son tiempos turbulentos en que se agotan rápidamente hegemonías vigentes hasta hace poco, mientras hegemonías alternativas tienen dificultades para afirmarse.

Pero el desafío vale la pena, porque es indispensable descifrar los elementos de fondo de las trasformaciones, progresivas y regresivas, especialmente en este siglo, para poder proyectar las alternativas para la próxima década. Sino, pareciera que todo es volátil, que la política cambia como las nubes en el cielo, más allá de la capacidad de intervención de las personas y de los pueblos. Porque, en las palabras de Shakespeare, hay una lógica en esa locura.

Escoger a Lula como referencia es una forma de buscar, más allá del largo desfile de personajes, concentrarse en alguien que justamente representa elementos estratégicos, más allá de las contingencias históricas inmediatas. Lula representa, en su misma vida, los trajines de la historia contemporánea de Brasil y de América Latina.

Hegel decía que hay biografías que reflejan trayectorias individuales, privadas. Y hay otras que son fenómenos cósmicos, que expresan los grandes problemas de una época, condensan las contradicciones y las alternativas de un tiempo. Lula, seguramente, es uno de esos pocos casos que Hegel menciona, porque ningún personaje ha cruzado, de forma tan intensa, los períodos políticos cruciales de la historia contemporánea, como personaje central.

El libro no es un libro sobre Lula, no es una biografía de Lula. Pero sí es sobre Lula como principal dirigente político de la izquierda contemporánea en el siglo XXI. Es así un libro sobre Lula y sobre la izquierda en el siglo XXI.

Lula ha vivido y protagonizado, primero, la resistencia contra la dictadura militar brasileña y sus políticas de congelamiento salarial, rotas por las huelgas dirigidas por él. Fue el gran conductor en la fundación del Partido de los Trabajadores y de la Central Única de los Trabajadores. Se volvió el más importante dirigente político brasileño, en la lucha en contra de los gobiernos neoliberales, hasta ser elegido presidente de Brasil y volverse el mejor presidente que el país jamás ha tenido. Enseguida ha logrado elegir a su sucesora, Dilma Rousseff, como primera mujer presidenta de Brasil.

Con la contraofensiva de la derecha, Lula ha sido víctima privilegiada de la persecución política, justamente por ser el único líder político con gran prestigio y apoyo popular, a punto que siempre fue favorito para triunfar en las elecciones presidenciales en primera vuelta.

Pero el libro parte de mucho antes, con el viraje conservador en las últimas décadas del siglo pasado, que han introducido un nuevo período histórico en el mundo, con el paso de un mundo bipolar a un mundo unipolar bajo hegemonía imperial norteamericana; de un ciclo largo expansivo del capitalismo a un ciclo largo recesivo; de la hegemonía de un modelo de bienestar social a un modelo liberal de mercado.

Analiza enseguida las consecuencias hacia América Latina, con los gobiernos neoliberales, los antineoliberales y la situación actual, buscando proyectar los futuros posibles en la primera mitad del siglo en el continente.

Las grandes trasformaciones vividas por América Latina requieren análisis de largo aliento, de balance critico de los proyectos políticos y de las visiones teóricas que lo han acompañado. Este libro pretende ser una contribución en esa dirección.


¿Lula semi libre? Emir Sader

abril 24, 2019

El Superior Tribunal de Justicia de Brasil decidió reducir, por unanimidad, la pena de la condena a Lula a ocho años y medio. ¿Qué significa esto?

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Después de haber sido condenado por el juez Sergio Moro a nueve años y medio (una referencia odiosa a los nueve dedos que tiene Lula, víctima de accidente de trabajo en la línea de producción, como obrero metalúrgico en la industria automovilística), otro Tribunal elevó la pena a 12 años y medio, lo cual impediría que Lula interponga recursos para apelar la condena.

Todo hacía parte de una escalada persecutoria, que tras rechazar todos los recursos, solo agregaba nuevos procesos en contra de Lula. Esta decisión, más allá de sus consecuencias, representa el cierre de este clima. Por primera vez un Tribunal da una decisión favorable a Lula.

La disminución de la condena y de la multa que Lula debiera pagar le trae consecuencias favorables. En primer lugar, la pena menor permite que, en septiembre, Lula cumpla 17 meses de prisión, tiempo suficiente para que pueda demandar régimen semi abierto de prisión.

Asimismo se disminuye de 16 a 2 millones la multa que Lula debería pagar, pago que es condición para poder acogerse a ventajas en el proceso. Asimismo, Lula podría solicitar prisión domiciliaria, situación que todavía no está clara.

Imposible no vincular esa decisión al nuevo clima político y jurídico, marcado por profundos y reiterados conflictos dentro del gobierno, de sectores del gobierno con el Poder Judicial, de los de la operación Lava Jato con el Supremo Tribunal Federal, así como el debilitamiento de la figura de Sergio Moro, por múltiples apariciones públicas desastrosas, pero sobretodo por reiterados tropiezos en el caso Lava Jato.

Hubo, por una parte, una decisión del STF que ha decidido que los procesos en que los recursos que tienen que ver con campañas electorales, deber ser juzgados por tribunales electorales y no por las instancias de la operación Lava Jato. Por otra parte, surgió la denuncia de que una de las empresas más directamente involucradas en procesos de corrupción, había fabricado delaciones voluntarias de sus dirigentes, con finalidades de incriminar a otras personas y de favorecer a la empresa.

Pero el principal escándalo que ha afectado la imagen pública de la operación Lava Jato fue el descubrimiento de un Fondo millonario de recursos que los jueces estaban montando, en acuerdo con autoridades norteamericanas. El Fondo sería el resultado de un acuerdo de la Lava Jato con autoridades de los EEUU, según la cual Petrobras habría pagado una multa gigantesca, pero del cual, el gobierno norteamericano habría reservado una parte de esos recursos para el Fondo que sería administrado en Brasil por los jueces de la Lava Jato. La revelación provocó escándalo, reacciones negativas generalizadas, hasta que los jueces que dirigirían el Fondo han decidido, frente a esa repercusión, retirar la iniciativa.

El jurista Afranio Jardim dijo que “en pocos meses Lula estará de nuevo en los brazos del pueblo”.

Pero Lula, desde un comienzo, dijo que solo aceptaría salir una vez reconocida su inocencia. Ha reiterado recientemente que prefiere la dignidad en la prisión que una situación vergonzosa afuera. Comienza una campaña sistemática para intentar convencerlo que busque formas de salir de la injustica y de la injustificada prisión. Por el momento, queda un clima favorable a que nuevos recursos lo puedan favorecer.

Los próximos meses se definirá el destino de la campaña internacional Lula Libre.


Teoría práctica. Emir Sader.

diciembre 19, 2018

Ilustracion: Diego Sterlacchini.

La separación entre teoría y práctica es algo que acompañó a la izquierda a lo largo de casi un siglo. Quedaron atrás los momentos en que los grandes dirigentes políticos de la izquierda eran, a la vez, grandes intelectuales. Marx, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Gramsci fueron marcados ejemplos de aquel momento en que teoría y práctica se imbricaban mutuamente.

A partir de la estalinización de los PCs y del abandono de parte de la socialdemocracia del anticapitalismo, la teoría pasó, la teoría tendió a estar recluida en las universidades y centros de estudio, sin tener ninguna injerencia en la realidad, teorías sin trascendencia práctica. Mientras que la práctica política se fue amoldando a las estructuras existentes de los sistemas políticos, sin análisis más profundos de la realidad y sin capacidad de diseñar futuros alternativos.

Latinoamérica tiene una larga tradición de pensamiento crítico, que tiene como fundador Mariátegui, con su capacidad creativa de captar, en el marco del marxismo, nuestra realidad en sus particularidades. En este siglo la intelectualidad crítica vivió nuevos desafíos, frente a la ola neoliberal, no solamente como proyecto económico, sino como modelo hegemónico renovador del capitalismo.

En un primer momento, se trató de resistir a la ofensiva neoliberal, defendiendo a las empresas públicas de las privatizaciones, los derechos de los trabajadores, las regulaciones estatales, la soberanía externa. Ello exigió solamente firmeza de principios.  Pero incluso al interior del Foro Social Mundial hubo quienes –especialmente intelectuales europeos– optaron por criticar al Estado desde el punto de vista de la sociedad civil, rindiéndose a tesis de carácter liberal. En lugar de proponer procesos de democratización del Estado, han preferido caracterizar al Estado como reaccionario, conservador, adversario de los movimientos sociales. Pero han sido posiciones minoritarias, que no han sobrevivido con fuerza al surgimiento de los gobiernos antineoliberales en América latina.

Fue el momento de Chávez, Lula, Néstor y Cristina, Pepe Mujica, Evo, Rafael Correa. Una parte solamente de la intelectualidad latinoamericana ha comprendido el carácter profundamente antineoliberal de esos gobiernos, que respondían concretamente a los desafíos de construir alternativas al neoliberalismo.

Otros han mantenido puntos de vista críticos y distancias, cuando no oposición frontal. Unos, afirmando que esos gobiernos no eran distintos de los gobiernos neoliberales que los habían antecedido y a los cuales se oponían. No veían cómo la Venezuela de Chávez era radicalmente distinta de la que él había heredado. Ni cómo el Brasil de Lula era absolutamente otro que el país que Cardoso le había dejado. Ni que la Argentina de Menem era un país frontalmente diferente al que los Kirchner habían reconstruido. Ni que los gobiernos del Frente Amplio uruguayo habían cambiado radicalmente a la sociedad de ese país. Ni que entre los gobiernos anteriores y el de Evo Morales había un abismo de diferencias. Ni que el Ecuador de Rafael Correa era otro país que el de gobiernos anteriores.

Otros han tratado de descalificar a esos nuevos gobiernos, como caracterizándolos de modelos de exportadores primarios, dilapidadores de la naturaleza. No vieron las trasformaciones económicas, sociales y políticas que esos países han tenido, por ejemplo, en comparación con países que habían mantenido políticas neoliberales como Perú y México. Son intelectuales que se han alejado de la ola progresista que había barrido el continente, que no consiguen ningún tipo de apoyo popular y que tampoco logran proponer alternativas de gobierno, haciendo que las alternativas a esos gobiernos hayan estado siempre a la derecha, como la posterior crisis de algunos de esos gobiernos lo han demostrado.

Aun la parte de la intelectualidad que se ha identificado con esos gobiernos en general no ha tenido una participación activa en la formulación de las políticos antineoliberales, que han sido más mérito de los líderes de esos procesos. Gran parte de la intelectualidad de esos países ha votado por esos gobiernos, pero bajo la forma de un consenso pasivo   –los han preferido a los de derecha o de ultraizquierda–, pero sin participar activamente de la construcción de las nuevas políticas y muchas veces sin siquiera participar del intenso debate ideológico.

La retomada de la ofensiva conservadora puso en crisis a los gobiernos progresistas, que fueron sustituidos en varios casos –Argentina, Brasil, Ecuador– por gobiernos de restauración neoliberal o sometidos a duras ofensivas de la derecha, como en los casos de Venezuela, de Bolivia e incluso Uruguay.

En este período la distancia entre la práctica intelectual y los desafíos políticos concretos de la realidad latinoamericana se ha vuelto más evidente. Los líderes políticos de la izquierda, los partidos, los movimientos populares no cuentan, en general, con las contribuciones de intelectuales que puedan ayudar a hacer balances, ubicar las debilidades, apuntar hacia la superación, comprender el nuevo período político que tenemos por delante. Los partidos, los líderes, los movimientos populares tienden a sufrir el aislamiento respecto a la intelectualidad.

Una tendencia al encierro en las universidades, centros de estudio, instituciones, se corresponde con los procesos de despolitización y de burocratización en los medios intelectuales. Rasgos típico de épocas de reveses, de repliegue de la izquierda, de pérdida de iniciativa y de ofensiva de la derecha. En el período actual es notoria la falta de participación de la intelectualidad en los debates públicos, la pérdida de perfil de la presencia de gran parte del pensamiento social latinoamericano, revelando un período de baja de la creatividad teórica y del compromiso político.

Las tendencias críticas, que no valoran las conquistas de este siglo, tienden a predominar. El alejamiento de partidos y movimientos populares, la adhesión a otras alternativas. Pero, principalmente, la despolitización, el refugio en temas e intercambios académicos, lejos de las prioridades y las urgencias políticas de sus países, del continente y del mundo. Las críticas a los partidos y liderazgos de izquierda vuelven a encontrar espacio, a veces de forma muy coincidente con las de la derecha, después de haber prácticamente desaparecido, en los años de auge de los gobiernos progresistas, frente a los cuales habían perdido su discurso.

Es muy significativo que Alvaro García Linera, quien fuera considerado el más importante intelectual latinoamericano, reciba manifestaciones de rechazo en el medio intelectual del continente. Que Rafael Correa no sea reivindicado también por el medio intelectual, como si él no fuera, además de gran líder político, un importante intelectual latinoamericano. Señales de que la contraofensiva conservadora hace sentir sus efectos también, de forma directa o indirecta, en la intelectualidad latinoamericana.

Solamente la comprensión de la perspectiva histórica en la que se ubica Latinoamérica, de la naturaleza de los problemas que enfrenta la izquierda, del carácter de los reveses actuales, de la dimensión de los nuevos desafíos, de los elementos de continuidad con la lucha antineoliberal y de los elementos nuevos, que exigen readecuaciones de parte de la izquierda, permitirán un nuevo ciclo de compromiso de la intelectualidad latinoamericana con la historia contemporánea de nuestro continente. No caben más iniciativas que no se traduzcan en contribuciones concretas, en nuevas interpretaciones de lo que vivimos.

La intelectualidad del pensamiento crítico latinoamericano necesita más profundidad, creatividad, trabajo colectivo, compromiso político, ideas, acercamiento a los movimientos y partidos populares. Agregar a la resistencia al neoliberalismo, la participación concreta, con análisis y propuestas, en la recuperación de las fuerzas antineoliberales. De lo contrario la teoría se volverá a apartar de la práctica, se perpetuará como ideas sin trascendencia hacia la realidad concreta y se facilitará la ofensiva política e ideológica de la derecha.

Sin teoría, la práctica se vuelve impotente. Sin práctica, la teoría se vuelve inocua.


El destino de Lula y el destino de Brasil Emir Sader

noviembre 19, 2018
Gracias Emir Sader. ¿Cómo y por qué hemos permitido construir un mundo tan desalmado?
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Nunca el destino de una persona se ha identificado, de forma tan estrecha, con el destino de Brasil. Ya no bastará la trayectoria de vida de Lula, con apellido Silva, menino pobre del interior del nordeste brasileño, expulsado por la sequía hacia el sur, lustrabotas, hasta llegar a ser obrero. No bastara que Lula se haya vuelto el mejor presidente de la historia del país, que ha dejado el gobierno con el 74% de apoyo. No bastará todo ello, ahora Lula refleja la situación misma de Brasil.

Todos sabíamos que del destino de Lula dependería el destino de Brasil. Que Lula libre significaría su candidatura a presidente, su victoria en primera vuelta y de nuevo presidente del país. La derecha también lo sabía. De ahí que inventó un proceso sin ningún fundamento, le quitó la presunción constitucional de inocencia, lo ha metido en la cárcel, le ha negado el habeas corpus, le ha quitado el derecho a participar de las elecciones, hasta de dar entrevistas y declaraciones públicas, para que alguien de la (extrema) derecha fuera elegido en su lugar.

Lula vive una situación similar a la de Brasil y del pueblo brasileño, de lo cual él tiene plena conciencia y lo dice. Sin respaldo alguno del Poder Judicial, que se muere de miedo ante una decisión que lo favorezca y sea destrozado por los medios, con un nuevo proceso y una nueva condena en camino, también tiene que sufrir por el hecho de que el juez que ha fabricado todo ello se vuelva ministro de justicia, Lula se siente tan desamparado como el pueblo brasileño.

Los brasileños sufren, en grado máximo, la falta de protección de sus derechos, de su empleo formal, de su salario mínimamente digno, de su escuela pública, de su servicio público de salud. Sufren tener que convivir con un gobierno que le quita el servicio de médicos cubanos, que se entrega absolutamente en las manos de EEUU, que tiene ministros que dan vergüenza a los brasileños y hacer el ridículo del mundo.

El presidente elegido del país escoge lo peor de cada sector para conformar su gobierno, no le importa las advertencias de China y de Rusia sobre los efectos económicos adversos que las posiciones de Brasil tendrán con socios económicos importantes, como esos países, además de todo el mundo árabe. Como ha prestado un servicio inestimable a los grandes empresarios, a los medios, de impedir la victoria electoral del PT, se siente con el derecho de decir y de hacer lo que le da la gana, como si no dependiera de nadie. Como si administrara una hacienda, sin contrapesos. Por ello hace anuncios y después recula, lo que más ha hecho hasta ahora.

Nadie tiene idea de lo que será Brasil en manos de gente así. Como nadie tiene idea de lo que será el destino de Lula en manos de gente así. Lula fue interrogado la semana pasada por la juez substituta de Moro, nombrada por él, que ha reproducido la misma prepotencia de aquel. Gente sin ninguna calificación, se siente orgullosa de practicar la arbitrariedad en contra del más importante líder político brasileño, que cuenta con el apoyo mayoritario del pueblo.

¿Pero qué es esto frente al poder de judicialización de la política, que han reivindicado sin límites los funcionarios judiciales brasileños, algunos activamente, otros con su silencio cobarde y miedoso? No hay límites para ello. Han cambiado la historia de Brasil, expropiando del pueblo brasileño el derecho de decidir sus destinos, eligiendo a Lula presidente de Brasil.

Es una situación nueva. La izquierda tiene que enfrentar ese escollo más – la democratización del Poder Judicial. Además de enfrentar campañas electorales fundadas en noticias falsas y en su propagación por millones de robots. Son nuevos desafíos, pero hay que enfrentarlos, porque el ensanchamiento de los espacios democráticos es la única vía de la izquierda.

De eso depende la recuperación de los gobiernos progresistas en Latinoamérica, porque está claro que la situación de Lula prefigura la situación de Cristina, de Rafael Correa, de Petro. En Brasil, el destino de Lula está indisolublemente ligado al destino del país. Lula preso, condenado, sin ningún tipo de respaldo jurídico, vive una situación similar a la del pueblo brasileño. Su lucha de resistencia es similar a la lucha de todos los brasileños.

Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).


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