Apremiante: nuevo concepto de seguridad. La voz debida. Federico Mayor Zaragoza

agosto 6, 2018

¡Irreversible deterioro ambiental!, ¡muertos de hambre y pobreza extrema!, ¡incendios y otras catástrofes!, ¡emigrantes!… Estos son los objetivos que ahora, por un acuerdo unánime a escala mundial, conscientes todos de que se trata de una responsabilidad generacional histórica, deben abordarse de forma impostergable. La inercia de los poderes hegemónicos tradicionales y de los obcecados supremacistas y minimalistas sigue propiciando el incremento de gastos en defensa territorial, olvidando la seguridad de los seres humanos que viven en estos territorios.

Miles de bombarderos, misiles, acorazados… Miles de miles de soldados preparados para el uso de las armas más sofisticadas… cuando resulta que se carece del personal capacitado y de los medios técnicos adecuados para hacer frente con rapidez y eficacia a incendios y otras catástrofes… De nuevo este año, California, la perla de Norteamérica, devastada por fuegos voraces que obligan a evacuar a decenas de miles de ciudadanos… 36.000 hectáreas abrasadas… Y lo mismo en Atenas… Y aquí y allí miles de personas viviendo la tragedia de familiares muertos o heridos, de hogares arrasados…

Y miles de seres humanos al día, no me canso de repetirlo, muertos de hambre al tiempo que se invierten y armas y gastos militares más de 4.000 millones de dólares. Es un dislate intolerable que debe ser corregido sin mayor demora. Ya lo advirtió el Presidente Eisenhower: “El mayor poder

en los Estados Unidos corresponde al complejo bélico-industrial”. Ahora mismo, el neoliberalismo ultra habiendo marginado a las Naciones Unidas sustituyéndolas por grupos plutocráticos (G7, G8, G20), el insólito Presidente Trump ha anunciado que va a incumplir los Acuerdos de París sobre Cambio Climáticos y los Objetivos sobre Desarrollo Sostenible. Y todos los demás países -¡casi doscientos!- en lugar de oponerse radicalmente a una actitud que puede, si no se enmienda rápidamente, afectar a la humanidad en su conjunto, se apresuran a obedecer los designios del Presidente para aumentar los gastos de defensa, omitiendo las acciones inmediatas que reclaman tantos humanos abandonados y la propia habitabilidad de la Tierra.

La Unión Europea, en lugar de haber señalado con firmeza unas “líneas rojas” bien establecidas y argumentadas, se ha precipitado a aumentar las inversiones en defensa, reservando para la otrora importante ayuda al desarrollo unas migajas vergonzantes. ¿Cuánto costarán al final los cuatro “re-tocados” e “imprescindibles” submarinos españoles? ¿Cuánto se invertía y cuánto se invierte ahora en ayudar a tantos países en los que sus nativos no deban verse compelidos a emigrar por carecer de los mínimos recursos de subsistencia? Cuando, por fin, el gobierno decide atender a los emigrantes como se merecen y abordar con políticas conjuntas la cooperación internacional, pensando en la gente y no en el dinero, ayudando en lugar de explotar, tanto en España como en la Unión Europea los peligrosísimos xenófobos y racistas -¡miles de millones para las armas… y unas limosnas para el auxilio a emigrantes y refugiados!- superan a los que se sienten reconfortados.

Todo ser humano igual en dignidad: esta debe ser la referencia para los cambios radicales que son ahora apremiantes. Sin minusvalorar la seguridad territorial, deben destinarse las cantidades apropiadas a las cinco prioridades que hace ya años establecieron las Naciones Unidas: seguridad alimentaria, acceso al agua potable, sanitaria, ecológica y educativa. Este es el nuevo enfoque de seguridad que el mundo requiere con urgencia. Hasta hace pocas décadas, “Nosotros, los pueblos”, como tan lúcidamente se inicia la Carta de las Naciones Unidas, no podíamos expresarnos. Ahora, por primera vez en la historia, ya podemos. Ya somos mujer y hombre. Y ya somos conscientes de que “mañana puede ser tarde” y de que el deterioro de la calidad de vida no tiene marcha atrás. Ahora ya podemos expresarnos y elevar la voz. Y sustituir la fuerza por la palabra. Y ser millones y millones los que, un día señalado, escriban en su móviles “NO”… a las políticas actuales, a seguir adquiriendo productos a quienes profundizan la brecha social y económica. A los grupos oligárquicos que pretenden retener en sus manos las riendas del destino común… Y decir “SÍ” a un Sistema de Naciones Unidas dotado de los recursos personales, financieros, técnicos y de defensa necesarios para el pleno ejercicio del multilateralismo democrático… Y decir “SÍ” a la eliminación completa de las armas nucleares… y a los comportamientos cotidianos solidarios.

En 1945, la mención de “Nosotros, los pueblos”, era prematura. Ahora ya es factible. Los “pueblos” ya tienen voz y van a expresarse aunque el “gran dominio” (militar, financiero, mediático, energético…) intente silenciarlos.


Mañana siempre es tarde. Federico Mayor Zaragoza

julio 20, 2018

Este es el título del libro que, con prólogo de D. Pedro Laín Entralgo e ilustración de cubierta de Nicole Lemaire, publiqué en 1987, acuciado por la necesidad de actuar a tiempo en procesos patológicos que  diagnosticados y tratados oportunamente evitan el deterioro neuronal irreversible. Habíamos iniciado en 1967 en la Universidad de Granada el cribado de ciertas alteraciones genéticas en recién nacidos y desde 1968 –hace ahora 50 años que la Dra. Ugarte detectó y evitó el primer caso de fenilcetunuria- han podido “normalizarse” totalmente muchas vidas porque los diagnósticos fueron seguidos de tratamientos eficaces. Esta es la lección que no debemos olvidar y que ahora, al hacer frente a amenazas globales potencialmente sin retorno como el cambio climático, debemos tener muy en cuenta. Mañana puede ser tarde.
Rebosamos de informes de expertos y “think-tanks” que nos advierten  de lo que puede suceder si seguimos haciendo caso omiso de las advertencias rigurosamente científicas en relación a la calidad de la habitabilidad de la Tierra. Y, en lugar de actuar, creamos otra comisión y solicitamos otro informe.
Ya en 1947, en la UNESCO se creó la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), y se han estudiado las dimensiones geológicas, hidrológicas, oceanográficas de la vida en la Tierra (gran programa “El hombre y la biosfera”)… En 1972, el Club de Roma nos alertó, a través del hombre-vigía Aurelio Peccei, de “los límites del crecimiento”… y la Academia de Ciencias de los Estados Unidos alertó en 1979 de que no sólo estábamos emitiendo demasiados gases con “efecto invernadero” sino que se estaba afectando la recaptura del CO2 por parte del agua del mar, auténtico “pulmón” de la Tierra…
En lugar de actuar en consecuencia, la Fundación Exxon Mobile, constituida en 1980, pagó considerables sumas a seudo-científicos para que dijeran lo contrario… En 1992, la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, con una excelente Agenda 21, ratificada después en Johannesburgo a los diez años y, de nuevo, a los veinte años… Y en el año 2000, la Carta de la Tierra, que debería ser un referente imprescindible para el comportamiento cotidiano a todos los niveles… Y, por fin, después del fracaso de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, porque el sistema neoliberal fue incapaz de proporcionar los medios requeridos, en el año 2015 la humanidad recibió con alivio los Acuerdos de París sobre Cambio Climático y el Acuerdo de las Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Parecía que todo se iba a reconducir. Sin embargo, los “mercados”, siempre protagonistas, lograron una vez más doblegar a los pusilánimas europeos, unidos sólo por el dinero y no por convicciones y principios,  que han sido incapaces de reaccionar con presteza y con firmeza a los insensatos desplantes del insólito Presidente Trump, que pide más dinero para la defensa –no me canso de repetir que cada día se invierten en armas y gastos militares más de 4.000 millones de dólares mientras mueren de hambre miles de personas- al tiempo que declara que no pondrá en práctica los acuerdos sobre cambio climático y los ODS que su antecesor, tan lúcidamente, promoviera.
Es imprescindible y apremiante un nuevo concepto de seguridad que una a la territorial la seguridad humana, alimentaria, educativa y sanitaria de sus habitantes. Es necesario un “volantazo” que evite que sigamos, en el caso de España, obsesionados en la construcción de cuatro submarinos por importes que podrían resolver tantos aspectos de solidaridad internacional e intergeneracional, facilitando la aplicación de los acuerdos referidos.
Al inicio del mencionado libro decía que “la esperanza implica no aguardar pasivamente”. Y concluía así: “Hay límites al crecimiento. Pero, como el propio Club de Roma proclamó a los diez años de su fundación,  no existen límites para el aprendizaje. Estos dos puntos de referencia son esenciales no sólo para la modernización de la universidad, sino del gobierno de los pueblos. Tenerlo presente en la configuración del futuro es absolutamente imprescindible y dará la medida de la talla de los gobernantes. De quienes deben anticiparse a hacer por clarividencia lo que más tarde deberá hacerse por necesidad. El devenir de la humanidad depende de que seamos capaces de desplazar los centros de gravedad desde la guerra a la paz, desde la dependencia de toda índole a la libertad, desde el progreso expresado en términos económicos al interpretado en términos culturales. Para que todavía pueda esperase, no es posible demorar la salida. El largo camino del conocimiento aguarda. Mañana puede ser tarde. De hecho, mañana siempre es tarde”.
¡Hace 31 años! Hoy lo re-escribo convencido de que debemos actuar de forma inaplazable. Entonces no podíamos expresarnos Ahora sí. Ahora, “Nosotros, los pueblos”, ya hombre y mujer en pie de igualdad, podemos manifestarnos, protestar y proponer.  Ahora ya podemos, al unísono, escribir en nuestros móviles al señor Trump diciéndoles que si no cumple sus deberes esenciales con la calidad de vida de todos los habitantes del planeta, y en especial de los jóvenes y niños, dejaremos de adquirir productos  norteamericanos… El tiempo del silencio y de la sumisión ha concluido.

Carmen Calvo y “Las Sinsombrero” . Federico Mayor Zaragoza

julio 10, 2018

Carmen Calvo, Vicepresidenta del Gobierno y Ministra de Igualdad, escribió hace dos años este bellísimo texto para el DVD “Las Sinsombrero”, del cantautor Paco Damas:
“Las mujeres sin sombra irradiando luz, las mujeres con la cabeza descubierta derramando libertad. Las mujeres abriendo caminos en la creación: Las Sinsombrero.
 
María Teresa León dijo que rebelarse es el oficio más viejo del mundo y lo determinante en cada momento es saber por qué nos rebelamos. Nos rebelamos, porque ellas no estén más en nuestras vidas, en nuestros textos, en nuestra memoria, en nuestro presente. Son nuestras, la entraña y el escaparate de una generación que marcó el mapa de las que rompieron el suelo de acero y los techos de cristales donde se estrellan los derechos y los sueños de todas”.
¡Qué bien dicho! ¡Qué bien escrito!

Catalunya, urgente: reencuentro. Federico Mayor Zaragoza

julio 7, 2018

“A fuerza de sacrificar lo esencial a lo urgente,
se termina por olvidar la urgencia de lo esencial”.
Edgar Morin
En las situaciones de gran complejidad el mayor peligro radica en que, entre la multitud de cosas, importantes unas, accesorias otras, y el bullicio de tantas voces, se pierde el hilo conductor, la razón misma que originó tal confusión. Y, sin apercibirnos apenas, la emoción y la pasión sustituyen a la razón, hasta el punto de que, de pronto, nos damos cuenta de que ya no sabemos por qué gritamos… Lo apremiante nos envuelve y sumerge en su inescapable remolino.
En estas circunstancias, es altamente recomendable concertar una pausa para la reflexión serena y abrir luego una “nueva página” habiendo aprendido bien las lecciones del pasado pero teniendo sólo en cuenta la “memoria del futuro”. Estos fueron, precisamente, los títulos de los dos ensayos que escribí al inicio de mi actuación como Director General de la UNESCO porque, desde el primer momento, consideré que la única solución era pensar sosegadamente sobre el complicadísimo panorama al que debía hacer frente, llevar a cabo un gran esfuerzo de conciliación y reconciliación sabiendo que lo único que está por-hacer es el por-venir. El pasado y el presente como lección. El devenir, como objetivo supremo, adaptando cada amanecer la “hoja de ruta”.
Nunca es demasiado pronto ni, sobre todo, nunca es demasiado tarde para el encuentro y el diálogo. Nunca es tiempo de desesperanza ni de proclamar que “ya no hay remedio”. Sólo los pusilánimes y los obcecados no procuran que los imposibles hoy sean feliz realidad mañana. Como ejemplo, recuerdo cuando en la “transición” no fueron pocos los que dijeron que el retorno del Presidente Josep Tarradellas a la Generalitat de Catalunya constituía una propuesta impensable… y, sin embargo, se pensó, se actuó y aquel “imposible” fue posible.
Pensando en las generaciones que llegan a un paso de la nuestra, y en los procesos potencialmente irreversibles a los que la humanidad se enfrenta, es éticamente ineludible inventar un futuro distinto. Así lo he propuesto en varias ocasiones en los últimos años: reforma de la Constitución, multilateralismo democrático, nuevo concepto de seguridad, el derecho a decidir… (http://federicomayor.blogspot.com.es/ ). Hay que tener presentes a todos los catalanes y respetar sus ideologías y creencias, sin imponer –hasta el arriesgado límite de la ofuscación y la defensa apasionada- unos criterios que, con gran capacidad movilizadora, no representan opciones adecuadas en el contexto internacional actual que, por primera vez en la historia, requiere con apremio respuestas consistentes y oportunas a escala global.
Basados en los resultados de unas leyes electorales que hubieran debido  mejorarse hace tiempo, se habla “en nombre del pueblo catalán” y de “mandatos” recibidos en consultas carentes de las mínimas garantías democráticas. Por cierto, “democracia” no significa “mayoría” (sobre todo mayoría enardecida) sino, según la Constitución de la UNESCO en su preámbulo, “justicia, libertad, igualdad y solidaridad”…
Para progresar hacia el entendimiento es imprescindible una  información veraz. Saber muy bien lo que se pretende y adherirse a unas ideas o ideales por convicción y no por reacción, urgencia o miedo. Es necesario conocer la realidad en profundidad para poder transformarla en profundidad. De otro modo, los cambios son superficiales, epidérmicos. Para llegar a ser plenamente lo que somos, los seres humanos debemos poder ejercer sin cortapisas las facultades distintivas de la especie: pensar, imaginar, anticiparse, innovar, crear…y debemos actuar en virtud de las propias decisiones y nunca al dictado de nadie o nada. El dogmatismo, el fanatismo, el supremacismo… deben ser excluidos con “tolerancia cero”, porque conducen inevitablemente a la violencia y al enfrentamiento.
Pero no debemos olvidar que la Constitución se redactó –con la excelente colaboración de dos ilustres catalanes, Miquel Roca y Jordi Solé Tura- en momentos de inmensa inercia y apasionamiento, hasta el punto, de pretender la reposición de un gobierno militar. El Título VIII, relativo a  las Comunidades Autónomas que tan buenos resultados han dado en su conjunto, quedó como “sinfonía inacabada”, según el propio Presidente Suárez y después, a pesar de reiteradas sugerencias, no se ha querido –el gobierno, impasible- completar lo que entonces impidieron los nostálgicos de la dictadura.Sin embargo, a pesar de los pesares, la Constitución logró asegurar el pluralismo político, la aconfesionalidad del Estado, los derechos humanos…
Después, inmovilismo total. Sólo por exigencias del neoliberalismo imperante, se modificó de urgencia el texto constitucional. Pero no sólo no quiso adecuarse la estructura del Estado sino que el Estatuto de Catalunya fue incomprensiblemente modificado a posteriori… y se recogieron millones de firmas en contra… y se negó que Catalunya fuera una “Nación” cuando Navarra era “Reino”, Euskadi era el “País Vasco”, y en Asturias el himno oficial la denomina “Patria”…
Catalanes son todas las personas que habitan Catalunya y son en buena medida los muchos migrantes que Catalunya ha incorporado los que hoy nos reclaman mayor sensatez, una “nueva mirada” y una solución que devuelva la concordia propia de la inmensa riqueza de la diversidad de identidades de España. Lo que debe lograrse es un mayor autogobierno, sin privilegios “históricos” ni ventajas comparativas, con un buen sistema federal o confederal, con una estructura de Nación pluriestatal, como los Estados Unidos de Norteamérica, o un Estado plurinacional, como en las otras múltiples federaciones (Alemania, Brasil, México…).
En lugar de favorecer una mayor autonomía, en los términos del párrafo anterior, se han prometido soberanías con autodeterminaciones y derechos que no se contemplan en la normativa internacional.  Actualmente no hay ningún país –salvo Formosa, que no figura como tal en la lista de las Naciones Unidas- que se haya originado por secesión. El “derecho a la autodeterminación” está estrictamente regulado por la Convención de la Conferencia de Viena de julio de 1993, que establece en su artículo I/2 que este derecho se aplica de forma exclusiva a los países coloniales o sometidos a poder militar. No es procedente, por tanto, transmitir a catalanes fatigados por el hostigamiento y la incapacidad política de sus autoridades y del gobierno, aspiraciones que –aparte de incoherentes con el momento en que vivimos, que requiere una reacción global frente a amenazas globales- conducirían, si se alcanzaran forzadamente, al aislamiento, necesidad de visado para desplazarse al exterior,… ¿qué ejército tendría?, ¿qué moneda?, ¿qué intercambios científicos y técnicos?, ¿qué fuerza productiva?, ¿qué fuentes de energía?, ¿cómo se gestionaría el caudal del Ebro?…
Ningún país, ninguna entidad internacional ha reconocido los resultados del 1-O. Diferencia, sí. Disidencia, sí (¡disiento de tantas cosas propias de este contexto, con espacios ya irreparables, en el que vivimos!) pero conscientes de que nos une más de lo que nos separa, y de que es preciso construir puentes y derribar muros. Es este “catalanismo” el que sedujo a muchos seguidores y no el de la separación diferencial y unilateral y de la auto-apreciación excesiva. Con todos los respetos, como ciudadano del mundo, responsable ante mis hijos, nietos y bisnietos no pienso en los 7 millones de catalanes ni en los47millones de españoles… sino en los casi 7.000 millones de seres humanos, todos iguales en dignidad, muchos de los cuales viven en condiciones de precariedad extrema.
La Constitución no se defiende conservándola tan sólo sino adaptándola oportunamente. Para el bien de todos. De todos los catalanes y catalanas, y de todas las personas procedentes de Andalucía, el País Vasco… de toda la ciudadanía española. El nacionalismo españolista tiene que tener en cuenta antes de que sea tarde para una solución serena que la vertebración territorial de España se hace con fórmulas políticas y no con  imposiciones.
En los últimos meses, de manera especial, los desaciertos por ambos “lados” han sido notorios y variados. Destacan la arbitrariedad de los acontecimientos en el Parlamento Catalán de los días 6 y 7 de septiembre de 2017…. y la convocatoria de un referéndum carente de fiabilidad, sin fijación de porcentajes mínimos, etc… y los excesos de algunos manifestantes y de la reacción policial del 1 de octubre, …. así como el “desuso” del artículo 56 de la Constitución que se refiere a la misión de “arbitrar y moderar conflictos inter institucionales” que se encomienda a la Corona… y la perseverancia en sortear los circuitos legales, sabiendo que ser independentista y, desde luego, republicano, es completamente “legal” pero que en este caso como en cualquier otro es insoslayable atenerse a los preceptos jurídicos (y, si no, modificarlos)… la resistencia a promover las adecuadas reformas constitucionales, especialmente las del Título VIII, y a dialogar sobre algunas propuestas concretas, sin apriorismos ni condicionamientos… ¡y sin confundir Estado con Gobierno!…
La mayoría de la ciudadanía catalana, según los resultados de las últimas elecciones, desean vivir formando parte,  con su preciosa e incuestionable diversidad, de una sociedad en su  conjunto integrada en Europa y en el mundo que, en estos momentos y en los que se avecinan apresuradamente, necesitan reacciones globales apropiadas para el debido cumplimiento de la suprema responsabilidad intergeneracional.
Por todo ello, ha llegado el momento álgido que reclama sustituir el enfrentamiento y la pasión por la palabra. Es el momento de interlocutores que abran una nueva página con la mirada puesta en el futuro y, así, imposibles hoy serán posibles mañana. Sin necesidad de recurrir a la prisión por riesgo de fuga ni de fugarse por riesgo de prisión, cada uno con su balanza íntima, con su propia trayectoria, para iniciar una nueva etapa. Restablecer la serenidad, la amistad y el respeto, la veracidad, para que prevalezca la razón.
Re-encuentro, rápido. Dialogar sinceramente. Escucharse. Que tengan “ambos lados” –en Catalunya y luego a escala estatal- la voluntad y la sabiduría necesarias para reorientar la compleja y aberrante situación presente, siguiendo puntualmente los versos de Miquel Martí i Pol: “No més amb risc i esperança podem reconduir la vida”.

Por fin, la palabra. Federico Mayor Zaragoza

junio 25, 2018

Ser diversos es nuestra riqueza, actuar unidos será nuestra fuerza

El siglo XX nos dejó grandes contrastes. A la aceleración del desarrollo científico, los grandes avances en el área de la comunicación y las innovaciones en el campo de la tecnología, se contraponen la pobreza, la exclusión y el desamparo de tantos seres humanos. El siglo XX ha sido el más civilizado… pero, también, el más bárbaro. El más brillante y, a la vez, el más oscuro de la historia…
Entramos al siglo XXI entre luces y sombras que nos obligaron y obligan a meditar e imaginar: ¿estamos preparados para el siglo XXI? La reflexión filosófica y el saber científico nos han conducido desde múltiples certezas a un océano de dudas e incertidumbres.
La revolución de las nuevas tecnologías es fuente de transformaciones económicas, sociales y culturales sin precedentes, de las que apenas empezamos a percibir toda su amplitud. ¿Es esta nueva revolución industrial el preludio de una nueva edad de desigualdades y segregaciones? ¿Se traducirá a escala mundial en un crecimiento de las disparidades entre ricos y pobres? Evitarlo no sólo precisa importantes esfuerzos económicos, sino también notables inversiones en favor de la educación y la formación.
Es esta sociedad civil la que libra la primera revolución del siglo XXI, encarnada en el movimiento antiglobalización Otro Mundo es Posible. La tercera revolución industrial –desde 2011 ya se propugna la «revolución 4.0», con cambios sustanciales a la organización del trabajo, los modos de producción, la redistribución del poder económico- cimentada en la era de la información y las nuevas tecnologías en todos los aspectos de la vida humana, que está cambiando el mundo.
¿Cuáles son las consecuencias que experimenta el tejido social debido a esta revolución informática que «convierte a cada uno de nosotros en el motor inmóvil de una infinidad de desplazamientos virtuales»? La impunidad a escala internacional y, por ende, la carencia de estabilidad y seguridad; la transferencia de responsabilidades públicas desde los gobernantes al «mercado»; el extremismo nacionalista y religioso; el fanatismo étnico y el rechazo a la diferencia… han conocido una lamentable reactivación en las últimas décadas y, como respuesta a ellos, la enfermedad de nuestro tiempo: la indiferencia. «Más que la maldad de los malos, me preocupa la indiferencia de los buenos», decía Martin Luther King.
Un fantasma recorre el mundo: la sociedad disociada que, lejos de fortalecer la convivencia planetaria – «Nosotros los pueblos» – y la convergencia sinérgica de las naciones, ha sometido el mundo a una lógica fractal. Se han debilitado y roto los núcleos de cohesión social tradicional: la familia, el Estado, la escuela, el trabajo y las instituciones.
El incumplimiento de múltiples promesas formuladas por los países más prósperos a los menesterosos es una de las raíces principales de los problemas que acechan al siglo actual. ¿Cómo devolver a la humanidad la pasión, el amor, los sentimientos y el sentido de la vida? Habrá que cambiar el rumbo antes de que sea demasiado tarde…
Por fortuna, la mundialización no se reduce a los ordenadores, las telecomunicaciones, los mercados financieros, los paraísos fiscales y los tráficos, sin leyes ni códigos de conducta, porque no es sólo virtual. La mundialización genera también un fuerte sentimiento de pertenencia y de común dependencia. Por ello, la mundialización de los acontecimientos suscita la mundialización de las voluntades, ilustrada por el auge de la sociedad civil y los movimientos internacionales de solidaridad. Esto ha generado la aparición del nuevo actor del siglo XXI, que es la sociedad civil organizada en sus redes de expresión a través de Internet y sus clamores.
Esta mundialización, la de rostro humano, debe apoyarse en la consolidación de un espacio público democrático a escala mundial y en su recreación permanente a escala nacional con los valores fundamentales – «ideales democráticos» les llama la Constitución de la UNESCO- de libertad, igualdad, justicia y fraternidad.
¿Cuáles son las premisas de este nuevo comienzo cada vez más apremiante? La primera está representada por el magnífico verso de Miguel Martí i Pol: «¿Quién, sino todos?» Las nuevas tecnologías al servicio de una educación para todos y a lo largo de toda la vida, a través de una bien concebida y dirigida educación a distancia podrían asegurar el acceso de todos y liberar al ser humano de la ignorancia y la manipulación. Educación es «dirigir con sentido la propia vida», es tener tiempo para pensar y elaborar respuestas propias, es no actuar al dictado de nadie. Las nuevas tecnologías, junto al riesgo de convertirnos en receptores, en espectadores, en lugar de emisores y autores, facilita la generalización del acceso y permite que sean todos en cualquier momento de la vida quienes accedan a la información, a las fuentes del saber. Y puedan participar… y, por tanto, ser verdaderos ciudadanos del mundo. Todo ello en manos de un profesorado muy competente para que sea siempre la humanidad la que domine la tecnología. Es necesario convertir la educación «a distancia» en el instrumento de una educación sin distancia, democrática y adaptada a cada uno, impartida en todas partes y sin exclusiones. Es la base de una educación universal, abierta y sin fronteras, humana, no discriminatoria y ética.
Estamos ante una revolución descarriada que puede hacer que ser informado prevalezca sobre ser consciente. Donde la información prime sobre la reflexión, el saber sobre la sabiduría, dando lugar a una nueva «inteligencia» más dependiente de las influencias y las representaciones exteriores… A mayor docilidad y sometimiento se haría realidad la terrible predicción de José Saramago:
«¿Llegaremos a tecnología 100, pensamiento 0?»
Las nuevas tecnologías nos sitúan ante nuevas oportunidades pero, también, ante nuevas amenazas. Todo depende de nosotros. De nuestra educación, es decir, de nuestra capacidad de decidir y escoger por nosotros mismos lo que queremos ser y hacer cada día.
La convivencia y el diálogo intercultural, así como la libre circulación de la información y de los conocimientos, serán las mejores políticas para, frente a la globalización tecnológica, proteger la identidad y la diversidad cultural en un marco democrático a escala nacional y global. Lo que equivale a situar cada cosa en su sitio: los valores, los conocimientos, la información, los instrumentos… y enderezar así los presentes derroteros hacia una cultura de paz, que aguarda, después de tantos siglos de violencia, para proporcionar a las futuras generaciones un futuro más humano y luminoso.
Una de las grandes contradicciones que vivimos actualmente es la coexistencia de democracias nacionales con una oligocracia a escala mundial. Es un hecho histórico la «marcha hacia la democracia» en la mayor parte de los países del mundo. Las leyes y los mecanismos que garantizan su cumplimiento se basan en la esencia de la democracia: la voz del pueblo, representada en los Parlamentos y en la libertad irrestricta de los medios de la comunicación. En cambio, cuando pasamos al ámbito supranacional, no hay códigos de conducta ni capacidad punitiva. Es una jungla ingobernable –tráficos de capitales, de armas, de personas ,de drogas – donde sólo rigen poderosos conglomerados públicos o privados. Las Naciones Unidas, única posibilidad de disponer de un marco ético – jurídico global, han sido progresivamente relegadas por los países más prósperos (G-7 ó G-8) a funciones humanitarias, reduciendo sus atribuciones y recursos humanos y económicos.
La brecha entre los países más avanzados y los más menesterosos se ha ampliado, al haberse incumplido los acuerdos alcanzados sobre desarrollo integral y endógeno, originándose situaciones de alto riesgo para la estabilidad mundial, con un serio deterioro de los equilibrios sociales, naturales, culturales y éticos, acumulándose la riqueza y los saberes en un polo, cada vez menor, y la miseria y la marginación en el otro, cada vez mayor. Compartir el conocimiento es esencial en la lucha contra la pobreza y la exclusión.
Estamos en «…tiempos de dudas y renuncias en los que los ruidos ahogan las palabras», como tan bellamente escribió Miquel Martí i Pol en 1981 (en L’ámbit de tots el ámbits). Empeñados por igual en la libertad de expresión y la no violencia, cuando se acallan las voces de las Naciones Unidas y de sus Instituciones, cuando – como entre Calvino y Castellio- hay que defender el principio de la palabra frente a la espada. El silencio de «la voz del mundo» va en contra de los intereses generales porque propicia la frustración, la exclusión, la radicalización.
Lo último que yo desearía es que alguno de nuestros descendientes volviera la vista atrás y –como Albert Camus – nos despreciara «porque pudiendo tanto nos atrevimos a tan poco». Tenemos que atrevernos a buscar juntos soluciones alternativas y nuevas maneras de abordar y gestionar los retos del mundo. Ser diversos es nuestra riqueza, actuar unidos será nuestra fuerza.

Ahora sí, “Nosotros, los pueblos…” en una gran movilización popular. Federico Mayor Zaragoza

mayo 25, 2018

 

Ahora sí, de forma inaplazable, son “los pueblos” los que deben tomar en sus manos, las riendas de su destino. Ahora, sí, “Nosotros los pueblos”, como lúcidamente establece la primera frase de la Carta de las Naciones Unidas, porque los gobernantes se hallan, en su inmensa mayoría, amilanados, ofuscados, silenciosos, silenciados.
· El pacto nuclear con Irán: Trump y Netanyahu están haciendo exactamente lo contrario de lo que se había conseguido con el Presidente Barack Obama. Y el espectro del inmenso y delictivo error y horror de la invasión de Irak se cierne de nuevo sobre el mundo entero.
· Y la apremiante acción que requieren los Objetivos de Desarrollo Sostenible y Acuerdos sobre el Cambio Climático: la puesta en práctica de ambos era la esperanza para el cumplimiento de las responsabilidades intergeneracionales, que ahora quedan de nuevo postergadas, con una amenaza especialmente tenebrosa -porque se trata de procesos irreversibles- para la calidad de vida y futura habitabilidad de la Tierra.
· Y, eso sí, los grandes productores de armas se frotan las manos, porque los presupuestos de defensa –más de 4000 millones de dólares al día al tiempo que mueren de hambre miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad- se incrementan al ritmo trepidante de los tambores de guerra de  Trump.
· Y la tragicomedia de Corea del Norte se exhibe, antes de que fuera descubierta, como una victoria del magnate norteamericano.
· El neoliberalismo marginó el multilateralismo democrático y puso la gobernanza mundial en manos  de los grupos plutocráticos G6, G7, G8, G20… (en realidad sólo hay un G1 y un G2), que  se han revelado, como era de esperar, incapaces de formular y aplicar políticas de progreso y bienestar que respeten la igual dignidad humana.
· La brecha social no deja de aumentar, y las amenazas globales de la extrema pobreza, el cambio climático y la guerra nuclear no se están abordando a tiempo.
 
· Por si fuera poco, el gran dominio (militar, financiero, energético…) incluía al mediático, habiendo convertido a la inmensa mayoría de los medios de comunicación en “la voz de su amo”. Los informativos son noticieros y buena parte de sus mensajes son sesgados y no reflejan lo que realmente acontece.
· Para colmar el vaso, la represión inhumana perpetrada en Gaza por el dúo Netanyahu-Trump. ¡El Primer Ministro de Israel hablando de la “solución letal”! ¡Qué afrenta más grave a la humanidad en su conjunto! ¡Qué vergüenza…! El silencio que guardan los líderes europeos es un silencio culposo. No debemos permitirlo.
· Los seres humanos, que ahora ya pueden expresarse, gracias a la tecnología digital, se distraen (“los medios son armas de distracción masiva” ha indicado sagazmente  Soledad Gallego) y no son actores sino espectadores impasibles.
· La mujer se está convirtiendo en la “piedra angular” de la nueva era, como tan acertadamente manifestó el Presidente Nelson Mandela en 1996, porque “la mujer sólo excepcionalmente utiliza la fuerza cuando el hombre sólo excepcionalmente no la utiliza”.
Ahora sí, “Nosotros, los pueblos…” con grandes clamores presenciales y, sobre todo, en el ciberespacio. El único lenguaje que entendería el Presidente Trump sería que millones y millones de personas escribieran en sus móviles que, si no modifica de inmediato su política medioambiental y de habitabilidad de la Tierra para las generaciones venideras, dejarán de adquirir productos norteamericanos… Es tiempo de alzar la voz. “Nos quedará la palabra”, dijo Blas Infante.
Ahora sí. No podemos permanecer silenciosos. Seríamos cómplices.
Delito de silencio.

Federico Mayor Zaragoza en la Feria del libro en Madrid

mayo 23, 2018

Suerte Federico… El libro la merece. ¡Tu también!

Su labor a favor de hombres y pueblos es notoria.

También su defensa de la mujer en tanto que forjadora de Paz.

“La mujer, piedra angular de la nueva era”, me dijo en 1996 el Presidente Nelson Mandela en Pretoria.

Ella será la que, con sus facultades inherentes, pondrá en práctica la cultura de la paz y la no violencia.

Porque “las mujeres sólo usan la fuerza excepcionalmente. Y el hombre sólo excepcionalmente no la utiliza”.

 

 


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