Acoso a lo rural. Gustavo Duch

septiembre 5, 2018

Cuando vi el anuncio de Campofrío transformando la boina de un señor de pueblo en emisora de wi-fi o un botijo convertido en altavoz, me sucedió lo mismo que cuando supe de un programa televisivo donde se buscan esposas para granjeros. Me angustié. Me ocurre asociándolo a un dato aterrador: cada dos días, de promedio, una persona dedicada a la agricultura o a la ganadería en Francia se suicida. Y estas cifras, que parecen crecer año a año, dicen los expertos que pueden estar menospreciadas. En cualquier caso, representa entre un 20 y un 30% más que la población en general.

Sobre esta ‘epidemia’ en Francia, van apareciendo noticias de diferentes casos. El año pasado, el caso más difundido fue el del ganadero de vacas de leche, Jean-Pierre Le Guelvout, protagonista justamente en uno de esos programas ‘buscaesposas’ para ganaderos. Con 46 años, deprimido y endeudado, se disparó una bala en el corazón. Éric de la Chesnais, en un reportaje en ‘Le Figaro’ del pasado julio, cita otro ejemplo. “Un granjero que cría cerdos en Normandía me confió que había tomado la decisión de poner fin a su vida si alcanzaba la cifra de 150.000 euros de endeudamiento. Este hombre tenía un profundo sentido del honor y una sensación de culpa por el fracaso de la granja que su padre le había transmitido”. En este caso, aunque la deuda superó esa cifra, el apoyo de diferentes instituciones terapéuticas ha conseguido evitar el trágico desenlace.

Desde luego, debe de ser muy difícil soportar que, año tras año, después de seguir religiosamente las obligaciones que se marcan desde Europa para modernizar las instalaciones, aumentar el número de animales, invertir en costosos animales de alta genética, o no tener días de descanso, se siga pagando, por ejemplo, el precio de la leche por debajo de tus propios costes, mientras las multinacionales que te la compran, la venden tres o cuatro veces por encima.

Pero estos factores económicos, siendo cruciales, no son todo. Detrás de estas decisiones está la pérdida de reconocimiento de quien ejerce el oficio de darnos de comer. En el Estado español, desde tiempos franquistas, ha sido durísima la burla y desprecio a las gentes del campo. Lejos de disminuir la distancia entre quienes consumimos y quienes producen, la brecha se ensancha en cada uno de estos anuncios televisivos, en cada uno de estos programas.

Tampoco ayuda –y aquí hago autocrítica– las presiones que en los últimos años las y los ganaderos están recibiendo en relación a su profesión. Las denuncias hacia un modelo de ganadería intensiva con animales estabulados (con el movimiento animalista muy severo) y generadora de muchos residuos difíciles de gestionar, si bien son necesarias, no deben dirigirse hacia las personas que trabajan en esas industrias. Y desde luego se deben evitar las generalizaciones. Como venimos insistiendo hay otra ganadería, de animales pastando en libertad, distribuyendo fertilidad a la tierra y aprovechando tierras no agrícolas.

No seamos cómplices del acoso televisivo.


El misterio de los piratas que comían pulpos. Gustavo Duch

agosto 4, 2018

 

“Desde este pasado 1 de agosto hemos utilizado todos los árboles, el agua, el suelo fértil y los peces que la Tierra nos puede aportar en un año”. Entonces, a tenor de esta explicación de Valérie Gramond de la Global Footprint Network, ¿cómo seguimos vivos unos días después?¿cómo se mantendran repletos nuestros supermercados los próximos cinco meses?

Una primera respuesta a este misterio es sencilla, tomamos recursos, sin pedir permiso, de las próximas generaciones. La segunda respuesta para entender porqué seguimos sin racionamiento de todo tipo de hortalizas, verduras o pescado nos la ofrece uno de los platos de moda en el verano, el pulpo. En cualquier superficie se encuentra en muchas presentaciones, pulpo envasado al vacío, troceado, congelado… La inagotibilidad del pulpo se descubre al leer la etiqueta y buscar su procedencia. “El pulpo de mejor calidad del mundo’, como dice la propaganda de algunas de estas marcas, tiene su origen en Dakhla, antigua Villa Cisneros, en el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos.

Desde hace décadas los acuerdos de comercio entre la Unión Europea y Marruecos son el mecanismo para el expolio de los recursos del Sáhara Occidental,  arenas, fosfatos y – mediante una flota de 126 buques (100 españoles) – la caza y captura de uno de los mejores bancos pesqueros del mundo, sobre todo de cefalópodos. 9.000 toneladas de pulpo anuales salen de sus aguas para combatir nuestro riesgo de desabastecimiento pulpero.

Cuando se le ha pedido alTribunal de Justícia de la Unión Europea que se posicione al respecto, por tres veces ha dictaminado que es ilegal. La última este mismo 19 de julio que concluyó que “el territorio del Sáhara Occidental y las aguas adyacentes al territorio no entran dentro del ámbito territorial respectivo de este Acuerdo”.

Una sentencia que confirma aquello que es obvio, Europa se rige por el código de la piratería: robar y esconder el tesoro… entre vallas.

 

 


Sushi de carne. Gustavo Duch

julio 25, 2018

Ante la alegría desatada por el acuerdo de libre comercio entre Japón y Europa, tengo una opinión crítica. Efectivamente,  ya he podido leer la nota de prensa de Prodeca, la empresa pública adscrita al Departament d’Agricultura, Ramaderia, Pesca i Alimentació de la Generalitat de Catalunya dedicada a la promoción de los productos agroalimentarios catalanes en el mercado nacional internacional, donde explica que la supresión de aranceles entre ambos mercados supondrá un ahorro de 12’5 millones de euros.

En concreto, 12’5 millones de ahorro que se convertirá en un beneficio neto para las grandes industrias catalanas de la agroexportación de vinos, cavas y producción de carne de cerdo pues, a partir del 2019, dejarán de pagar aranceles de entre un 4’3 y un 15%.

Con estos datos situados mi análisis particular es claro. Este estímulo desproteccionista es un empuje para la consolidación y avance de dos modelos productivos en Catalunya que pocos beneficios generan directamente a su población: la viña controlada por pocas empresas que son las máximas acaparadora de ayudas de Europa y el sector porcino que ya se friega las manos.

Pero ¿se ha parado a pensar la Generalitat qué significa que unas empresas ganen más dinero criando más cerdos? Les explico, significa más desaparición de las pequeñas ganaderías que fijan verdaderamente población en el territorio y lo mantienen vivo; significa más trajín por autopistas y barcos de cerdos y lechones combustiendo petróleo y emitiendo co2; significa más purines contaminando aún más tanto la tierra como al agua de nuestro territorio; significa mayor dependencia, para engordar más cerdos, de la soja transgénica de Sudamérica que allá devasta sus posibilidades agrarias; y significa, desde luego, una tensión mayor para un eslabón de esta cadena alimentaria que consigue precios de carne muy económica a partir de explotar en los mataderos a trabajadores y trabajadoras muchas veces de origen migrante.

Me sube el colesterol, perdonen.

 


La ganadería es vida. Gustavo Duch

junio 4, 2018

El informe de Greenpeace, “La insostenible huella de la carne en España”, elaborado a partir de un trabajo previo de la Fundación Entretantos y las cooperativas Cyclos y Garúa, propone la necesidad de reducir nuestro consumo de carne (casi 100 kilos por persona al año) pues su producción está dañando la salud del Planeta y la nuestra. Es muy sensato y yo reduciré aún más la poca carne de mi dieta pero también voy a seguir defendiendo la ganadería.

El informe explica que la ganadería es responsable de la producción de 86 millones de toneladas de de gases con efecto invernadero derivados sobretodo de la producción de forrajes y granos para la alimentación de los animales y de las emisiones de los excrementos de estos animales que viven encerrados en granjas cual prisiones; pero yo voy a seguir defendiendo la ganadería.

Solo en Catalunya se gastan cada año seis millones de euros para tratar de corregir la contaminación provocada por los excrementos de los cerdos que afectan al 41% de los acuíferos; pero yo voy a seguir defendiendo la ganadería.

Para dar de comer a toda esta animalidad (al año se sacrifican 19 animales por habitante) se dedica la brutalidad del 77% de la superficie cultivada, en detrimento de otros cultivos para el consumo directo humano. Aún así no es suficiente y se importan cada año 15 millones de toneladas de granos, como la soja transgénica que llega directa de las fincas de los terratenientes del sur de América Latina que han desplazado y expoliado a la agricultura familiar. Para darles de beber, en solo un año se necesita la misma cantidad de agua como la que se consume en todos los hogares españoles durante…21 años; pero yo voy a seguir defendiendo la ganadería.

De las más de 50 mil toneladas del amoníaco que contamina nuestra atmósfera y nuestros pulmones, el 94% tiene su origen en la ganadería. La ganadería en España ingiere el 36% de todos los antibióticos veterinarios que contabiliza la Agencia Europea del Medicamento -y luego nos extrañamos de la aparición de resistencias. Aunque la ganadería como sector económico está en alza, provoca la pérdida neta de empleo en el campo…y así muchos más datos negativos pero yo voy a seguir defendiendo la ganadería.

Porque estas cifras se refieren a un tipo de ganadería, la ganadería intensiva e industrial que llena de carne barata los supermercados, pero, como explica el informe original de Entretantos, Garua y Cyclos, existe otra ganadería tan antigua como nuestra civilización, la ganadería extensiva y ecológica. Una práctica donde los animales guiados por el pastor se alimentan a diente de plantas que crecen de forma natural o seminatural en lugares como los pastizales, suelos muy importantes para reducir los gases invernadero, o en zonas montañosas y marginales fuera del alcance de la agricultura sin competir con la la alimentación humana; generando numerosos puestos de trabajo, directos e indirectos, fundamentales para mantener la maltrecha economía del medio rural; manteniendo los paisajes limpios, reduciendo el peligro de incendios y devolviendo fertilidad al suelo. Fertilidad que es sinónimo de Vida.


¿Llegan los nuevos transgénicos? Gustavo Duch

abril 9, 2018

 

La semilla única. (Los nuevos transgénicos)

En el artículo ‘El monopolio del tomate’ publicado en la revista ‘Soberanía Alimentaria’, Juan José Soriano explica cómo una sola empresa multinacional, Heinz, suministra anualmente más de 6000 millones de semillas de tomates por todo el mundo; lo que supone que el 34% de todos los tomates que se procesan proceden de semillas de una única multinacional. Todas son “híbridas”, es decir, han sido transformadas para reforzar algunas características pero provocando también que sus descendientes no se comporten en el campo como ellas. Entonces, para conseguir buenas producciones, los agricultores y las agricultoras ya no pueden extraer semillas de la cosecha y volver a usarlas como siempre han venido haciendo sino que deben volver a comprarlas semillas año tras año. Además, como estas semillas consiguen ser patentadas a nombre de la empresa ‘mejoradora’ si alguien las guarda y multiplica puede ser multado o encarcelado, como sucede con cierta frecuencia.

Después de las semillas híbridas llegó la ola transgénica, con una diferencia. En el laboratorio, la modificación genética incluye la introducción de genes de otro organismo. Aunque se habla mucho de ellos su implantación ha quedado reducida a cultivos pensados solo en dar muchísimos beneficios a empresas que ‘no’ dan de comer a personas; como el maíz, colza y soja dedicados a piensos para la ganadería industrial y/o agrocombustibles para automóviles y camiones.

Son muchas las técnicas de laboratorio para modificar el material genético original de las semillas, como la mutagénesis o la fusión protoplástica, pero desde hace unos cinco años una nueva técnica está permitiendo un desarrollo muy rápido. La técnica CRISPR permite, como si habláramos de un editor de texto, suprimir pedazos de gen o cortar y pegar pedacitos del gen en otros lugares esperando obtener con ello nuevas características. Tanto se puede hacer solo con el material genético propio que se quiere modificar como combinando con otros organismos dando lugar entonces a un transgénico.

Es justamente en este punto donde se se está generando un gran debate del que la sociedad en general parecemos excluidos. Aunque no introduzcan nuevos genes, ¿el hecho de ser modificaciones genéticas debe obligar a regulaciones fuertes para garantizar el principio de precaución como se hace con los transgénicos? O por el contrario, como piden las multinacionales, ¿que lleguen a los campos y a las mesas sin más garantías?

Mientras, son muchísimos los grupos científicos que están publicando nuevos éxitos tanto en semillas vegetales como en genética animal para conseguir, por ejemplo, cerdos con menor cúmulo de grasas, vacas que solo paren machos para beneficio de la cría de engorde o vacas resistentes a la tuberculosis. Aparentemente mágicas y magníficas invenciones. Pero siendo una técnica sencilla y barata para una gran empresa y con las leyes de patentes a su favor, el debate por la legalización de estos experimentos equivale a la lucha por el anillo mágico de Frodo y compañía: quien controle la vida controlará el mundo

 


Las multinacionales hacen presas y presos. Gustavo Duch

marzo 1, 2018

Desde que nació era libre. Cada día recorría 195 kilómetros en una ruta sinuosa desde el altiplano central de Guatemala hasta llegar al mar. Pero desde el 2012 lo tienen encerrado y domesticado. 30 kilómetros del curso del río Cahabón está preso en el interior de un canal afectando su vida y la del territorio que bañaba. También, desde hace unas semanas, está preso el maestro de escuela Bernardo Caal por liderar la lucha contra este delito medioambiental que afecta directamente a casi 30 mil personas del pueblo q’eqchi. “Soy un preso político que se encuentra en esta situación por denunciar el secuestro de los ríos, por declarar que los están matando, por dar a conocer el saqueo del territorio del pueblo Q’eqchi’ -denunció Bernardo cuando le detuvieron.

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Como explica Greenpeace en un reciente informe, el caso de la canalización del río Cahabón para proyectos hidroeléctricos -cuya electricidad generada se exporta a terceros países- es un claro ejemplo del tipo de expolio que en los últimos años está dándose para seguir en una dinámica colonizadora que tiene más de 500 años de historia. Si entonces los metales preciosos o los frutos tropicales se robaban por la fuerza de las armas o engañando con espejitos de colores, en la actualidad es la impunidad de las multinacionales extranjeras el caballo de troya que les permite acceder y vaciar las riquezas de lugares vírgenes y naturales.

Los proyectos de canalización y las presas en el río Cahabón los promueve la empresa guatemalteca Corporación Multinacional Inversiones (CMI) que no ha tenido en cuenta los tratados de los pueblos indígenas firmados por Guatemala que obliga a procesos consultivos. Ni ha llevado a cabo suficientes evaluaciones de impacto ambiental. La empresa que está realizando buena parte de todas estas obras es la empresa española Cobra que cuando se le pregunta por sus responsabilidades se justifica diciendo que ellos son unos simples subcontratados, que las responsabilidades son de CMI.

Un ardid con muchas ganancias: las multinacionales extranjeras como Cobra, cobran pero no pagan impuestos; no compensan a las victimas de sus proyectos; e incluso, pueden demandar a los Estados si estos toman decisiones que afecten negativamente a sus intereses. Sumemos a estos mecanismos el más macabro de todos, la persecución que no deja de crecer de líderes como Bernardo, Berta Cáceres y tantas otras personas que arriesgan su vida para defender, frente a los intereses económicos de grandes multinacionales, los ríos que sustentan a sus comunidades.

La empresa Cobra es una de las principales filiales del sector de la construcción del Grupo ACS. ACS es una de las mayores empresas del estado español. El consejero delegado de ACS es Florentino Pérez, al que se le calcula un patrimonio de casi 2.000 millones de euros.

– Ojalá – como una vez me dijo Luz María Abreu, una amiga dominicana – llegue pronto el día que los ríos recuperen sus cauces. Y la vida vuelva a fluir.


EL CRACK DEL AGUACATE, Gustavo Duch

noviembre 13, 2017

Estos días, en Málaga y Granada, empieza la cosecha de los primeros aguacates. Hasta abril se irán sumando más toneladas producidas en Alacant, València y Castelló, incluso en Amposta donde hay una pequeña finca que los cultiva. Aunque en las estanterías de los supermercados -que nada saben de climatología- los podemos encontrar siempre que gustemos, como cualquier otra fruta o verdura. Porque el aguacate, y la salsa a la que da nombre, el guacamole, se ha convertido en los últimos años en una de las grandes estrellas de la globalización alimentaria.

Prácticamente toda esta cosecha mediterránea, que rondará las 70 mil toneladas, viajará hacia los países del Norte de Europa donde pagan un precio más alto por productos cosechados dos o tres días antes, y que les llegan en el punto de maduración perfecto. Aquí consumiremos aguacates importados mayoritariamente de Perú, Israel, Sudáfrica y unas 40 mil toneladas llegadas desde México, el mayor productor del mundo. Una cifra pequeña frente a los 2 millones de toneladas que México exporta a los Estados Unidos. Sólo para satisfacer la demanda del día de la Super Bowl, se requieren 100 mil toneladas del aguacate mexicano.

El boom del aguacate en México, como ha venido recogiendo la prensa los últimos años, ha provocado la presencia de cárteles de la droga en el negocio. Pero hay un problema mayor. Prácticamente todas estas cantidades de aguacates se producen en el estado de Michoacán donde, como me dice Blanca Lemus, doctora jubilada de la universidad local, “la producción de esta fruta para la exportación ha llevado a grandes productores de aquí a acaparar buena parte de todas las tierras, el pequeño campesino ya ni existe, ahora son jornaleros de negocios de las élites y de las empacadoras que son propiedad norteamericana e israelita”. Según el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias con sede en Uruapan, “la capital mundial del aguacate”, la expansión de este cultivo provoca una deforestación (muchas veces por incendios provocados) de 500 hectáreas anuales. “Un daño permanente que llegó para quedarse”, me sigue contando Blanca, “las imágenes son desconsoladoras. El agua es cada vez más escasa y contaminada, y esta tierra paradisíaca con un clima de templado a frío, se ha transformado en parajes calurosos de aire seco”. Los aguacates se expanden por todas partes, en las faldas de los cerros, en lo alto de las lomas, y también, en las laderas de las montañas, donde, acrobáticamente, les fuerzan a crecer en horizontal.

Un boom que convertido en monocultivo asume muchos riesgos. Por cuestiones del clima (como este año donde las inundaciones han provocado una caída del 20% de la producción), por la aparición de otra región más competitiva, por una demanda que no se sostendrá… ¿Y entonces?. Será otra burbuja explotada, con una diferencia: a los bancos se le pueden reinyectar dinero, a la tierra no, lo escupe. El papel moneda le repugna.


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