Brasil sigue haciendo la más grande, alegre y pacífica fiesta popular del mundo. Emir Sader

febrero 26, 2020
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Foto: es.noticias.yahoo.com

Tantos clichés, a favor y en contra, se gastan anualmente sobre el carnaval brasileño. Agencias de turismo se encargan de vender imágenes de exportación, que van desde la samba hasta las mulatas, sugiriendo aventuras libidinosas y fastuosas. Crónicas policiales se encargan de reproducir las imágenes de escenas de violencias de todo tipo. Cadenas televisivas difunden las imágenes de los grandes desfiles que, según sus críticos, habrían comercializado las fiestas con intereses económicos, quitando su carácter popular.

Sin embargo, año tras año, el pueblo brasileño protagoniza su más linda fiesta, la más grande, alegre y pacífica del mundo, en varios días de febrero, que se alargan cada vez más. Antes, terminaba, religiosamente, el miércoles de ceniza, con ese nombre justamente para purgar, con cenizas en la frente, en las iglesias, los pecados o excesos cometidos durante los tres días de carnaval.

Hoy en día, terminadas las fiestas de fin de año, empiezan los preparativos para el carnaval, para cuando quiera que el calendario reserve para el carnaval. De los carnavales tradicionales, lo que prácticamente han desaparecido son tanto los bailes en los clubes, como los concursos de fantasías. En compensación, lo que ha ganado fuerza extraordinaria en este siglo ha sido el carnaval de calle, que se propaga por todo el país.

A los espectaculares carnavales callejeros de Rio de Janeiro, de Salvador, de Recife, de Olinda, ahora se suman los de ciudades como Sao Paulo donde el carnaval no tenía arraigo de calle (que, según Vinicius de Morais, era “la tumba del samba”), desarrollándose tanto expresiones tanto de calle como concursos de escuelas de samba de primer y segundo nivel. Al igual que prácticamente todas las grandes y medianas ciudades de Brasil, los grandes carnavales de calle congregan algunos millones de personas, que gozan de la fiesta, sin parar, del viernes al miércoles de carnaval.

Todo en condiciones de tranquilidad, de paz, con mucho menos violencia que en los otros días del año en esas ciudades. En un ambiente protagonizado por una gran mayoría de jóvenes pero también por gente de tercera edad, es un tipo de confraternización que Brasil no conoce en ningún momento.

Los desfiles de los blocos es el espectáculo más sensacional que se puede ver. Lo que se ve por televisión es una imagen lejana a la realidad. No solo por los colores, sino también por el sonido espectacular por los tambores de las escuelas, en las que 400 o 500 personas emiten una percusión que envuelve completamente a los desfiles.

En Rio de Janeiro son 24 blocos, divididos en dos categorías, que desfilan entre viernes y lunes, a lo largo de toda la noche. El momento de auge es el desfile de la Mangueira, la más carismática y bonita de las escuelas, con la combinación de sus colores – verde y rosa -, vencedora del año pasado con un desfile alrededor de Marielle, y gran candidata este año, con el tema de Jesús negro, con críticas directas al discurso del gobierno. (La coordinación de toda la escuela de Mangueira, estuvo con nosotros en la reunión de Lula con artistas e intelectuales a fines del año pasado en Rio.) Fue el primer año en que la escuela no pudo contar con Beth Carvalho, su sambista mayor, muerta en año pasado, y homenajeada este año.

Las escuelas tienen una hora y cinco minutos para desfilar con sus imponentes carros alegóricos, seis por cada escuela, sobre los temas centrales escogidos por cada escuela. Portela, Salgueiro, Beija Flor, entre tantas otras, exigen el lujo de sus fantasías y coches gigantescos (Joaozinho Treinta, el más conocido carnavalesco, decía que “al pueblo le gusta el lujo, al que le gusta la miseria es al intelectual”).

El resultado sale el miércoles, en el mismo Sambódromo, espacio idealizado por Oscar Niemeyer. En ese día se conoce la vencedora de cada grupo, los que ascienden y los que bajan de grupo. El sábado hay el desfile de las campeonas. Ahí recién empieza el año en Brasil.

El país sigue haciendo la más linda fiesta popular del mundo, que ahora ni siquiera se puede decir que es una expresión de la alienación popular, porque nunca como ahora es expresión política de la voluntad popular en contra del gobierno.


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