Muere Bladimir Zamora, el poeta-periodista-musicólogo, entrañable amigo

mayo 6, 2016

Maldita distancia, cuando te separa de los amigos. Hacía tiempo que no sabía de Bladimir. Hoy he leído una Nota en la que un amigo hablaba de su situación delicada. Averigüé, a través de Internet y, encontré la triste noticia de su muerte. Solo tenía 64 años. La muerte envidiosa se lo llevó más allá de las estrellas. No te olvidaremos.
Desde siempre estuvo delicado de salud pero, nunca le preocupó demasiado.
Era un personaje único, le conocí hace muchos años en un encuentro en el que participé, igual que él, en La Habana “Por el Equilibrio del mundo”.
Nos veíamos en mis viajes, le invité y vino a pasar unos días a mi casa hace unos años.
Era un hombre sabio, docto, el alma mater de todas las Tertulias. Lo sabía todo y, lo sabía bien. Escribía de maravilla.
Podía discutir no importa el tema, sobre el bien y sobre el mal, pero también sobre arte, poesía, literatura, pintura, música su plato fuerte.

Bladimir

Nacido en Bayamo el año 1952, trabajó, desde los años 80 en El Caimán Barbudo. Escribía de música, especialmente de la trova. Se convirtió en uno de los principales referentes tanto en Cuba como en España. Su opinión era fe de vida.
Trabajador incansable, fue promotor de artistas, músicos, poetas, a los que dio voz, algunos de los cuales son hoy, reconocidos.
Según Cubaliteraria, poemas de Bladimir Zamora han aparecido en las antologías Nuevos poetas 1974 (1975), Poetas de la Colina (1977), Imágenes de la mujer (1980), Usted es la culpable (1985) y en Como las huellas de Acahualinca (1988).
Zamora elaboró la compilación Cuentos de la remota novedad (1982) y colaboró en revistas como Cine Cubano, Casa de las Américas, Revolución y Cultura, La Nueva Gaceta, Santiago (Santiago de Cuba) y Nuevo Amanecer Cultural (Nicaragua), entre otras.


Ale… por Leandro Albani

septiembre 24, 2014

Falleció el periodista Alejandro Haddad. Escribía en Resumen Latinoamericano y otros medios alternativos
haddad
Tenía 35 años, era periodista y actualmente escribía sobre la realidad del pueblo de Kurdistán, para varios medios alternativos, entre ellos Resumen Latinoamericano y la Revista Sudestada. Estaba aquejado de una grave enfermedad. Sus restos serán cremados mañana miércoles en el Cementerio de Chacarita, a las 10 horas.
Publicamos dos notas recordando al compañero Alejandro y, acompañamos en el dolor a sus familiares y a todos aquellos que lo han conocido y querido.
Con Alejandro Haddad nos conocimos poco. De casualidad, casi. Fui su profesor en la Universidad de las Madres durante un año. Después, la vida nos llevó por diferentes caminos.
El año pasado nos volvimos a ver luego de mucho tiempo. ¿La razón del encuentro? Kurdistán. Me habían propuesto viajar al Irak kurdo junto a él y a Mehmet Alí Dogan. En ese momento, la salud le jugó a Ale una mala pasada y no pudo acompañarnos. Pero en los meses previos nos reunimos varias veces en Argentina, y esos encuentros y charlas fueron para mí todo un descubrimiento: en apenas unas horas, mates de por medio, Ale me explicó que el pueblo kurdo existía, que su lucha era ancestral, que una organización insurgente y de masas se llamaba Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), y que sus guerrilleros y guerrilleras enfrentaban al imperialismo y se interesaban cada vez más por América Latina. También me dio para leer los artículos y crónicas de sus viajes por el Kurdistán turco. Concretos, pedagógicos y con la pluma afilada de los grandes cronistas, Ale le regalaba al que quisiera las historias duras y dignas de los kurdos y las kurdas que no bajan los brazos frente a la represión.
Pero en esas conversaciones también conocí a un tipo sencillo y con un humor de ese que tanto me gusta: un poco ácido, otro poco ingenuo, pero siempre con la justeza que termina en carcajadas.
En apenas unas semanas armamos el libro “Kurdistán. Crónicas insurgentes”. Lo amasamos, lo corregimos, lo corregimos una y mil veces, elegimos fotos y tipografías, y ese acto también fue un compartir mutuo.
Tuve la suerte de participar con Ale en las mismas trincheras de comunicación: Resumen Latinoamericano y Marcha. En esos medios alternativos y populares, Ale nos permitió entender mucho más qué sucede en Turquía, o qué significa el Newroz para el pueblo kurdo, esa festividad que todos los años se convierte en una jornada de lucha por la liberación.
Pero ahora, justo ahora, lo que me cruza es la rabia. La rabia de que un compañero se fue, de su juventud plena que ya no es, de una mente lúcida que nos va a faltar para entender un poco más qué sucede en el mundo. Y también la ausencia de un gran periodista, cargado de proyectos, con una fuerza descomunal para soportar los dolores y las trabas permanentes que su enfermedad le puso en el camino. Porque Ale era eso: fuerza pura para decir que no, que la muerte no se la iba a llevar así de fácil, que todavía queda mucho por hacer y escribir, mucho por organizar y difundir. Y para decir que no, también publicó un último libro de poemas. “Gulê Gulîstan” se llama y habla de las mujeres del Kurdistán, aguerridas y tenaces, guerrilleras como flores rojas penetrantes.
Pero esa rabia que me cruza es por lo que no fue, por los encuentros que no llegaron a concretarse, de las veces que dijimos de ir a un bar a tomar algo para hablar nomás de la vida, de lo que queríamos o buscábamos, de futuros inciertos cargados de rebeldía; de lanzarnos a escribir más sobre Kurdistán y, por qué no, viajar alguna vez juntos a esa tierra que no deja de nacer.
Nos vimos algunas veces antes de que la enfermedad se lo llevara. Esa fuerza que lo caracterizó siempre estuvo con él: charlamos, tomamos mates, disfrutamos (Ale, yo, sus amigos y amigas) de la atención de su familia, siempre con sonrisas para regalar a quienes estábamos en su casa.
Ale me va a acompañar de aquí en más, porque siempre será un ejemplo de tenacidad y coherencia. Y junto a él, sus amigos y compañeros, vamos a hacer realidad uno de sus versos, ese que dice “Vamos a organizar los recuerdos/y ponerlos sobre tablas./Despleguemos el mantel que la mesa está lista./ Hoy habrá fiesta por el destino propio que será”.
La rabia de que Ale ya no esté también me va a acompañar. Esa rabia que es necesaria transformar en vida digna e insurgente. Como fue la vida misma de Ale…
Te vamos a extrañar, hermano… Te abrazamos fuerte…


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