Cómo el Sínodo Panamazónico puede sorprendernos Leonardo Boff

octubre 18, 2019
Entre el 6 y el 27 de octubre se está celebrando en Roma el «Sínodo Panamazónico». Ya en 1974 el Papa Pablo VI instituyó la figura del Sínodo, primero el «Sínodo de los Obispos», con representantes de todos los continentes, y también los «Sínodos regionales», como el Sínodo de los obispos holandeses en 1980, y el Sínodo de los obispos alemanes, que se está realizando en 2019, y otros.

El sínodo, cuyo significado etimológico significa “hacer juntos (syn) el camino (odos)” representa la oportunidad para que las Iglesias locales o regionales tomen el pulso de su propio caminar, analizando los problemas, identificando los desafíos y buscando juntos caminos de implementación y actualización del Evangelio.

El Sínodo Panamazónico tiene una especial relevancia, dado el doble grado de conciencia que se manifiesta en el propio tema básico: “Nuevos caminos para la Iglesia y para la Ecología integral”. Se trata de definir otro tipo de presencia de la Iglesia en las Américas y específicamente en esta vasta región amazónica que abarca 9 países, en una extensión de más de 8 millones de kilómetros cuadrados. El otro grado de conciencia se revela en la importancia que tiene la Amazonía para el equilibrio de la Tierra y para el futuro de la vida y de la humanidad.

La Iglesia romano-católica en América Latina y en la Amazonía era una Iglesia-espejo de la Iglesia-madre de Europa. Después de cinco siglos se ha transformado en una Iglesia-fuente, con un rostro afro-indio-europeo. En la homilía de apertura del Sínodo, el día 4 de octubre, el Papa Francisco dijo claramente: ”¡Cuántas veces el don de Dios ha sido… no ofrecido, sino impuesto! ¡Cuántas veces ha habido colonización en vez de evangelización! Dios nos preserve de los nuevos colonialismos”.

En otra ocasión, en Puerto Maldonado (Perú), pidió perdón –cosa nunca hecha antes por un Papa–: ”Pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas cometidas por la Iglesia misma, sino por los crímenes contra los pueblos originarios que tuvieron lugar durante la conquista de América”.

En el «Instrumento de Trabajo» para preparar el Sínodo, se pide que sean ordenados “viri probati”, es decir, hombres casados, comprobadamente honrados, especialmente indígenas, para ser ordenados sacerdotes. El obispo emérito de Xingú, la diócesis mayor del mundo, Dom Erwin Kräutler, sugirió al Papa que en vez de decir viri probati (hombres probados) se diga personae probatae (personas probadas), lo que incluye también a las mujeres. Dice Dom Erwin: en las comunidades las mujeres hacen todo lo que hace el sacerdote, menos consagrar el pan y el vino. ¿Por qué no concederles también esta misión? María dio a luz a Jesús, el Hijo de Dio sus hermanas, las mujeres, ¿por qué no van a poder representarlo? Además el texto dice que se dará a las mujeres una misión especial. Bien podría ser, como se hace en todas las demás Iglesias cristianas, que las mujeres sean, a su manera, también sacerdotes.

Este Papa es innovador y valiente. Dicen los mejores teólogos que no hay ningún dogma o doctrina que impida a las mujeres representar a Cristo. Teológicamente hablando, sacerdote no es el que consagra. Es Cristo quien consagra. El sacerdote sólo le da visibilidad. Sólo lo impide el patriarcalismo todavía reinante.

La cuestión más aguda e importante es la salvaguarda del bioma amazónico. Esa vasta región ha sido objeto de investigación por parte de grandes científicos, desde hace por lo menos dos siglos. Decía Euclides da Cunha en sus ensayos amazónicos: “La inteligencia humana no soportaría el peso de la realidad portentosa de la Amazonía; tendrá que crecer con ella, adaptándose a ella, para dominarla” (Vozes 1976, p. 15). La Amazonía es el gran filtro del mundo que secuestra el dióxido de carbono, nos devuelve oxígeno, y mitiga el calentamiento global. Su biodiversidad es tanta que “en pocas hectáreas de la selva amazónica existe un número de especies de plantas y de insectos mayor que toda la flora y fauna de Europa”, dice el gran especialista E. Salati.

Pero su significado principal reside en la inmensidad de las aguas, ya sea de los ríos volantes (la tremenda humedad de los árboles, que sobrevuela las selvas), de la superficie del río, o del inmenso acuífero Alter do Chão. Si no conservamos en pie la selva, la Amazonía puede transformarse en un desierto como el Sáhara, que hace 15 mil años era una especie de Amazonía, con el río Nilo desaguando en el Atlántico… Si la Amazonía acaba deforestada, cincuenta mil millones de toneladas de dióxido de carbono anuales quedarían instaladas en la atmósfera, haciendo imposible la vida en el sur del Continente.

El papa se refirió a la situación de la Amazonia al analizar la situación actual mundial: “la Tierra cada vez está más interconectada, y los pueblos que la habitan forman parte de la comunidad planetaria; por ejemplo, el problema de los incendios en la Amazonia, no es sólo de esa región…: es un problema mundial, así como el fenómeno migratorio”.

Cada vez crece más la conciencia de que el bioma amazónico es un «Bien Común de la Tierra y de la Humanidad». El llamamiento a la soberanía de cada país se mueve todavía dentro del viejo paradigma que dividía el planeta en partes… Ahora se trata de reunir esas partes y reconstruir la realidad, que es una, entera: la Casa Común, para nosotros y para toda la «Comunidad de la Vida»… Brasil no es dueño de la Amazonía (63%); es sólo su administrador, ahora –bajo el nuevo gobierno– de forma altamente irresponsable, al hacer poco caso de los incendios y, en función de los minerales, del petróleo y de otras riquezas, incentivar grandes proyectos que amenazan a los pueblos originarios – los que saben cuidar y preservar la selva– y al equilibrio ecológico de toda la Casa Común.

Hay un proyecto, suscrito por decenas de caciques, obispos, autoridades, científicos y otros, que va a ser presentado en el Sínodo, para declarar a la “Amazonía, ¡santuario intangible de la Casa Común!”.

La UNESCO ya ha registrado varios biomas en varios países; ¿por qué no hacerlo con la Amazonía, en la cual se juega en parte el futuro de la vitalidad de la Tierra y de la civilización humana?


Resurrección de un torturado y crucificado: Jesús de Nazaret. Leonardo Boff

abril 22, 2019
La Pascua de Resurrección de este año la celebramos en el contexto de un Brasil en el que casi toda la población está siendo sofocada por un gobierno de extrema derecha que tiene un proyecto político-social radicalmente ultraneoliberal. Se muestra sin piedad y sin corazón pues desmonta los avances y los derechos de millones de trabajadores y de personas de otras categorías sociales. Pone a la venta bienes naturales pertenecientes a la soberanía del país. Acepta la recolonización de Brasil e intenta traspasar nuestra riqueza a manos de pequeños y poderosos grupos nacionales e internacionales. No tiene ningún sentido de solidaridad ni de empatía hacia los más pobres ni hacia los que viven amenazados de violencia e incluso de muerte por el hecho de vivir en favelas, ser negros y negras, indígenas, quilombolas o de otra condición sexual.

Andando por este país y un poco por el mundo, oigo en muchas partes gemidos de sufrimiento y de indignación. Entonces me parece escuchar las palabras sagradas: “He visto la opresión de mi pueblo, he oído el clamor que le arrancan sus opresores y conozco sus angustias. Voy a bajar para liberarlos y hacerlos salir de este país hacia una tierra buena y espaciosa” (Ex 3,7-8).

Dios deja su trascendencia (¿Deus acima de todos, «Dios por encima de todos», como dice el slogan de Bolsonaro?), baja y se pone en medio de los oprimidos para ayudarlos a dar el paso (pessach = pascua) desde la opresión a la liberación.

Es de resaltar el hecho de que hay algo de amenazador y perverso en curso: un jefe de estado exalta a torturadores, elogia a dictadores sanguinarios y considera un mero accidente que un negro, padre de familia, sea acribillado de 80 balazos a manos de militares. Y todavía propone el perdón para los que promovieron el holocausto de seis millones de judíos. ¿Cómo hablar de resurrección en el contexto de alguien que predica un perenne «viernes santo» de violencia? Tiene continuamente el nombre de Dios y de Jesús en sus labios y olvida que somos herederos de un prisionero político, calumniado, perseguido, torturado y crucificado: Jesús de Nazaret. Lo que hace y dice es un escarnio, agravado por el apoyo de pastores de iglesias neopentecostales, cuyo mensaje tiene poco o nada que ver con el evangelio de Jesús.

A pesar de esta infamia, queremos celebrar la Pascua de Resurrección que es la fiesta de la vida y de la floración, como la del semiárido nordestino: después de algunas lluvias, todo resucita y reverdece.

Los judíos, esclavizados en Egipto vivieron la experiencia de una travesía, de un éxodo desde la servidumbre a la libertad en dirección a «una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel» (símbolos de justicia y de paz: Ex 3,8). La Pessach judaica (la Pascua) celebra la liberación de todo un pueblo, no solamente de individuos.

La Pascua cristiana se agrega a la Pessach judaica, prolongándola. Celebra la liberación de toda la humanidad por la entrega de Jesús, que aceptó la injusta condenación a muerte de cruz. Ésta le fue impuesta, no por el Padre de bondad, sino como consecuencia de su práctica liberadora ante los desvalidos de su tiempo, y por presentar otra visión de Dios-Padre, bueno y misericordioso, y no un Dios castigador con normas y leyes severas, hecho inaceptable para la ortodoxia de la época. Jesús murió en solidaridad con todos los humanos, abriéndonos el acceso al Dios de amor y de misericordia.

La Pascua cristiana celebra la resurrección de un torturado y crucificado. Él realizó el paso y el éxodo de la muerte a la vida. No volvió a la vida que tenía antes, limitada y mortal como la nuestra. En él irrumpió otro tipo de vida no sometida ya a la muerte, que representa la realización de todas las potencialidades presentes en ella (y en nosotros). Aquel ser que venía naciendo lentamente dentro del proceso de la cosmogénesis y de la antropogénesis, alcanzó por su resurrección tal plenitud que, finalmente, acabó de nacer. Como dijo Pierre Teilhard de Chardin, Jesús, plenamente realizado, explosionó e implosionó hacia dentro de Dios. San Pablo entre perplejo y encantado le llama novissimus Adam (1Cor 15,45), el nuevo Adán, la nueva humanidad. Si el Mesías resucitó, su comunidad, que somos todos nosotros, hasta el cosmos del cual somos parte, participamos de ese evento bienaventurado. Él es el “primero entre muchos hermanos y hermanas” (Rom 8,29). Nosotros le seguiremos.

A pesar del “viernes santo” de odio y de exaltación de la violencia, la resurrección nos infunde la esperanza de que daremos el paso (pascua) desde esta situación siniestra a la recuperación de nuestro país, donde ya no habrá nadie que se atreva a favorecer la cultura de la violencia, ni que exalte la tortura, ni que se muestre insensible al holocausto de millones de personas. Aleluya. Feliz Pascua para todos.


Brasil. Está confuso pero yo sueño. Leonardo Boff

julio 30, 2018
     
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Crianças Sem Terrinha Foto: MST

“Está oscuro pero canto porque la mañana va a llegar”, proclamó el poeta Thiago de Mello en la época sombría de la dictadura civil-militar de 1964.

“Está confuso pero sueño” digo yo en estos tiempos no menos sombríos. El sueño nadie te lo puede quitar. Él anticipa el futuro y anuncia el mañana.

Nadie puede decir lo que va a ser de este país después del golpe parlamentario-jurídico-mediático de 2016. Está escuro y todo está confuso, pero yo sueño. Este sueño está rondando por mi cabeza desde hace muchos días y he resuelto expresarlo para alimentar nuestra inquebrantable esperanza.

Sueño ver un Brasil construido desde abajo hacia arriba y desde dentro hacia fuera, forjando una democracia popular, participativa y socio-ecológica, y reconociendo a la naturaleza y a la Madre Tierra como nuevos ciudadanos con derechos.

Sueño ver al pueblo organizado en redes de movimientos, un pueblo ciudadano con competencia social para generar sus propias oportunidades y moldear su propio destino, libre de la dependencia de los poderosos, recuperando su autoestima.

Sueño ver plenamente realizada la utopía mínima de comer al menos tres veces al día, de vivir con decencia, de asistir ocho años a la escuela, de recibir por su trabajo un salario que satisfaga las necesidades esenciales de toda la familia, de tener acceso a la salud básica y después de haber trabajado durante toda una vida, recibir una jubilación digna para enfrentar serenamente los achaques de la vejez.

Sueño ver celebrado el matrimonio entre el saber popular, hecho de experiencias, y el saber académico, hecho de estudios, construyendo entre ambos un país para todos, sin excesos y también sin carencias.

Sueño ver al pueblo celebrando sus fiestas con mucha comida y alegría, bailando su San Juan, su Bumba-meu-Boi, su samba, su frevo y su espléndido carnaval, expresión de una sociedad sufrida, pero que se encuentra en la fraternura y en la celebración alegre de la vida.

Sueño ver a los que han sido condenados a perder siempre, sentirse victoriosos porque el sufrimiento no fue en vano y los hizo madurar para construir, junto con otros, un Brasil diferente, uno y diverso, hospitalario y alegre.

Sueño contar con políticos que se abajan para estar a la altura de los ojos del otro, despojados de arrogancia, conscientes de representar las demandas populares, haciendo de la política cuidado diligente de la cosa pública.

Sueño poder andar por ahí de noche sin miedo a ser asaltado o víctima de balas perdidas, pudiendo disfrutar de la libertad de hablar y criticar en las redes sociales sin ser inmediatamente ofendido y difamado.

Sueño contemplar nuestras selvas verdes, nuestros inmensos ríos regenerados, nuestros soberbios paisajes y la biodiversidad preservada, renovando el pacto natural con la Madre Tierra que nos da todo, reconociendo sus derechos y por eso tratándola con veneración y cuidado.

Sueño ver al pueblo místico y religioso venerando a Dios como le gusta, sintiéndose acompañado por espíritus buenos, por fuerzas portadoras de la energía cósmica del axé, dando un carácter mágico a la realidad, con la convicción de que, al final, por causa de Dios, Padre-y-Madre de infinita bondad y misericordia, todo va a salir bien.

Sueño que este sueño no sea sólo un sueño sino una realidad dichosa y factible, fruto maduro de tantos siglos de resistencia, de lucha, de lágrimas, de sudor y de sangre.

Sólo entonces, solamente entonces, podremos reír y cantar, cantar y bailar, bailar y celebrar un Brasil nuevo, el mayor país latino del mundo, una de las provincias más ricas y bellas de la Tierra que la evolución o Dios nos entregaron.

Así lo quiere el brasileño y Dios nos ayude.


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