Encuentro con Lula en la prisión: espiritualidad y política. Leonardo Boff

mayo 14, 2018
lula_brasil.jpg

El 7 de mayo se cumplieron 30 días de prisión del ex presidente Lula. Se le concedió por primera vez recibir la visita de amigos. Tuve el honor de ser el primero en encontrarlo, por la amistad de más de 30 años y por la comunión en la misma Causa: la Liberación de los empobrecidos, y también para reforzar la dimensión espiritual de la vida. Cumplí el precepto evangélico: “estaba preso y me visitaste”.

Lo encontré como lo conocemos fuera de la prisión: rostro, pelo, barba… sólo que algo más delgado. Los que querían verlo rabioso o deprimido, deben estar decepcionados. Está lleno de ánimo y de esperanza. La celda es una amplia habitación, muy limpia, con armarios empotrados, baño y ducha en una zona cerrada. La impresión es buena, aunque viva en una celda de aislamiento, pues, a excepción de los abogados y de los hijos, sólo puede hablar con el guardián, de origen ucraniano, gentil y atento, que se ha vuelto un admirador de Lula. Le trae las bandejas de la comida, más calientes o más frías, y café siempre que lo solicite. Lula no acepta ningún alimento que los hijos le traen, porque quiere alimentarse como los demás presos, sin ningún privilegio. Tiene su tiempo de tomar el sol. Pero últimamente, mientras lo hace, aparecen drones sobre el espacio. Por precaución Lula se va pronto entonces, pues no se sabe cuál es el propósito de estos drones, si fotografiarlo o, quizá, algo más siniestro.

Lo importante fue nuestra conversación sobre espiritualidad, en medio de comentarios sobre política… Lula es un hombre religioso, pero de la religiosidad popular, para la cual Dios es una evidencia existencial. Lo encontré leyendo un libro mío, El Señor es mi pastor, (de la editorial Voces) un comentario del famoso salmo 23, el más leído de los salmos, también por otras religiones. Se sentía fortificado y confirmado, pues la Biblia generalmente critica a los pastores políticos y exalta a los que cuidan de los pobres, de los huérfanos y de las viudas. Lula se siente en esta línea, con sus políticas sociales que beneficiaron a tantos millones. No acepta la crítica de “populista”; dice: “Yo soy pueblo y he venido del pueblo, y oriento la política, lo más que puedo, hacia el pueblo”.

En la cabecera de la cama hay un crucifijo. Aprovecha el tiempo de reclusión estricta para reflexionar, meditar, revisar tantas cosas de su vida y profundizar las convicciones fundamentales que dan sentido a su acción política, lo que su madre Lindu (que la siente como un ángel protector e inspirador) siempre le repetía: siempre ser honesto, y luchar, y luchar de nuevo. Ve en eso el sentido de su vida personal y política: luchar para que haya vida digna para todos y no sólo para algunos, a costa de los demás. La grandeza de un político se mide por la grandeza de su Causa, me dijo, enfáticamente. Y la Causa tiene que ser producir vida para todos, comenzando por los que menos vida tienen. En función de eso, no acepta derrotas definitivas. Ni quiere caer de pie. Lo que no quiere es caer. Sino mantenerse fiel a su propósito de base, y hacer de la política el gran instrumento para ordenar la vida en justicia y paz para todos, particularmente a los que viven en el infierno del hambre y de la miseria.

Este sueño tiene una grandeza ética y espiritual innegable. Es a la luz de estas convicciones como se mantiene tranquilo, pues dice y repite que vive de esta verdad interior, que posee fuerza propia, y que quedará al descubierto un día. “Sólo quiero- comentaba- que sea después de mi muerte, pero aún en mi tiempo de vida”. Se indigna profundamente por las mentiras que divulgan contra él y sobre ellas montan el proceso del tríplex. Se pregunta, “¿cómo pueden las personas mentir conscientemente y poder dormir en paz? Hace un desafío al juez Sergio Moro: “presénteme una sola prueba, de que soy dueño del tríplex de Guarujá; si me la presenta, renunciaré a la candidatura a la Presidencia”.

Me recomendó que pasara ese mensaje a la prensa y a los que están en el campamento: “Soy candidato. Quiero llevar adelante el rescate de los pobres y hacer de las políticas sociales en favor de ellos, políticas de Estado, y que los costos -que son inversión-, entren en los presupuestos de la Unión. Voy a radicalizar estas políticas para los pobres, junto a los pobres, y a dignificar nuestro país”.

La meditación le hizo entender que esta prisión tiene un significado que le trasciende a él, a mí, y a las disputas políticas. Debe ser el mismo precio que Gandhi y Mandela pagaron, con prisiones y persecuciones, para alcanzar lo que alcanzaron. “Eso creo, y espero -me dijo- que es eso lo que estoy pasando ahora”.

Yo que entré para animarlo, salí animado. Espero que otros también se animen y griten el “¡Lula libre!”, contra una Justicia que no se muestra justa.

 


Ciudadanía y proyecto de refundación de Brasil. Leonardo Boff

mayo 9, 2018
    

La ciudadanía tiene varias dimensiones: es político-participativa, es económico-productiva, es popular-incluyente, es con-ciudadana, es ecológica, y por último es terrenal.

En el contexto actual de un régimen de excepción, que no respeta sino que hiere la ciudadanía de todo un pueblo, necesitamos profundizar en este tema.

La ciudadanía es un proceso inacabado, y abierto siempre a nuevas adquisiciones de conciencia de los derechos, de participación política y de solidaridad, como fundamento de una sociedad humanizada. Sólo los ciudadanos activos pueden fundar una sociedad democrática, como sistema abierto (democracia sin fin, en el decir de Boaventura de Souza Santos), que se siente imperfecta pero al mismo tiempo siempre perfectible. Por eso, el diálogo, la participación, la vivencia de la corrección ética y la búsqueda de transparencia constituyen sus virtudes mayores.

La ciudadanía se realiza dentro de una sociedad concreta que elabora para sí proyectos, muchas veces conflictivos entre sí, de construcción de su soberanía y de los caminos de inserción en el proceso mayor de planetización. Todos ellos quieren dar respuesta a la pregunta: ¿qué Brasil, después de más 500 años, queremos finalmente? Ocurre que el golpe actual ha interfirido tanto en la Constitución, poniendo límites a los gastos sociales, que acaba por hacer imposible la creación de un Estado Social Democrático nacional. Es un proyecto contra la nación libre, contra el pueblo y su futuro.

Fundamentalmente, y simplificando una realidad muy compleja, podemos decir que hay actualmente dos proyectos antagónicos disputándose la hegemonía: el proyecto de los muy ricos, antiguos y nuevos, articulados con las corporaciones transnacionales (y hoy sabemos que apoyados por el Pentágono) quieren un Brasil menor del que realmente es, un Brasil con un máximo de 120 millones, pues así, creen ellos, daría para administrarlo en su beneficio sin mayores preocupaciones. Los restantes millones que se fastidien, pues han tenido que acostumbrarse siempre a vivir en la necesidad y a sobrevivir como han podido. Bastan políticas pobres para calmar a los pobres.

El otro proyecto quiere construir un Brasil para todos, pujante, autónomo, activo, altivo y soberano frente a las presiones de las potencias militaristas, técnica y económicamente poderosas, que buscan establecer un imperio del tamaño del planeta y vivir de la rapiña de las riquezas de los otros países. Aquellas se asocian con las élites nacionales que aceptan ser socios menores y agregados al proyecto-mundo, a cambio de ventajas que pueden obtener en lo económico. Quieren recolonizar América Latina particularmente Brasil para que sea sólo exportador de commodities, y desnacionalizar nuestra infraestructura industrial (energía eléctrica, petróleo, tierras nacionales, etc).

Los dos golpes que conocimos en la fase republicana, el de 1964 y el de 2016, se tramaron y se ejecutaron en función de la voracidad de los muy ricos contra el pueblo, negándose a construir un proyecto de nación soberana que tendría mucho que contribuir a esta fase planetaria de la Humanidad. Ellos no tienen un proyecto de Brasil, solamente un proyecto para sí, para su acumulación absurdamente cuantiosa.

La correlación de fuerzas es profundamente desigual y corre en función de las élites opulentas que según Jessé Souza compran a las demás élites. Ellas consiguieron dar el golpe a Dilma Rousseff e hicieron tanto que, con un proceso judicial completamente viciado, pusieron en la cárcel al expresidente Lula, que goza, con creces, de las preferencias electorales del pueblo.

Esas élites del atraso no tienen nada que ofrecer a los millones de brasileros que están al margen del desarrollo humano sino más empobrecimiento y discriminación.

Pero estas élites -que ni este título merecen, pues son sólo ricos sin llegar nunca a ser élites (Belluzo)-, no son portadoras de esperanza y, por eso, están condenadas a vivir bajo permanente amenaza y con miedo de que, un día, pueda revertirse esta situación y perder su posición de riqueza y de privilegios.

Ésta es nuestra esperanza: que el futuro acabe perteneciendo a los humillados y ofendidos de nuestra historia, que un día -y ese día llegará- heredarán las bondades que la Madre Tierra reservó para ellos y para todos.

Es utópico pero representa el sueño de todas las culturas: que, un día, todos, alegres, se sienten juntos a la mesa, en la gran comensalidad de los libertos, gozando de los frutos de la generosidad de la Madre Tierra. Entonces, mirando hacia atrás comprenderán que valió la pena la resistencia, la indignación contra las injusticias y el coraje de cambiar.

Sólo entonces comenzará una nueva historia, de la cual los resistentes y luchadores serán los principales protagonistas de aquello que, en el caso de nuestro país, podrá ser la verdadera refundación de Brasil.


Brasil: “Estaba preso y les impediste venir a visitarme”. Leonardo Boff

mayo 8, 2018

 

Hay una escena enormemente dramática en el evangelio de San Mateo cuando trata del Juicio Final, es decir, cuando se revela el destino último de cada ser humano. El Juez Supremo no preguntará a qué Iglesia o religión perteneció esa persona, si aceptó sus dogmas, cuántas veces frecuentó los ritos sagrados.
Ese Juez se volverá hacia los buenos y les dirá: “Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui peregrino y me acogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estaba preso y vinisteis a verme… todas las veces que hicisteis esto a uno de mis hermanos y hermanas menores, a mí me lo hicisteis… y cuando dejasteis de hacerlo a uno de estos pequeños, a mí me lo dejasteis de hacer” (Evangelio de San Mateo, 25, 35-45).
En ese momento supremo son las prácticas hacia los sufridores de este mundo y no las prédicas las que cuentan. Si los hemos atendido, oiremos aquellas palabras benditas.
Esta experiencia fue vivida por el Premio Nobel de la Paz de 1980, el argentino Adolfo Pérez Esquivel (1931), arquitecto y renombrado escultor, gran activista de los derechos humanos y de la cultura de la paz, además de ser profundamente religioso, y de apoyarme. Él pidió a las autoridades judiciales brasileñas permiso para visitar en la cárcel al expresidente Lula, amigo de muchos años.
Esquivel me llamó desde Argentina y en twitter está resumida la conversación en una especie de youtube. Iríamos juntos, pues yo había recibido también el llamado Nobel Alternativo de la Paz en 2001 (The Right Livelihood) del Parlamento sueco. Pero le adelanté que mi visita era para cumplir el precepto evangélico de “visitar a quien está encarcelado” además de abrazar al amigo de más de 30 años. Quería reforzarle la tranquilidad del alma que mantuvo siempre. Poco antes de ser arrestado me confesó: mi alma está serena porque no me acusa de nada; me siento portador de la verdad que posee una fuerza propia y a su debido tiempo se manifestará.
Esquivel y yo llegamos a Curitiba en horarios diferentes el día 18 de abril. Fuimos directamente al gran auditorio de la Universidad Federal de Paraná repleta de gente, para un debate sobre democracia, derechos humanos y la crisis brasileña que había culminado con la prisión de Lula. Allí estaban autoridades universitarias, el exministro de Relaciones Exteriores, Celso Amorim, representantes de Argentina, Chile, Paraguay, Suecia y otros países. Alternadamente se cantaban bellísimas canciones latinoamericanas especialmente en la voz sonora de la actriz y cantora Leticia Sabatella. Los afrodescendientes danzaron y cantaron con sus trajes de bellos colores.
Hubo varios pronunciamientos. Como por arte de magia el desaliento general dio lugar a un aura de bienquerencia y de esperanza de que el golpe parlamentario, jurídico y mediático no podría dibujar ningún futuro para Brasil. Antes bien, se cerraría un ciclo de dominación de las élites del atraso para abrir el camino a una democracia venida de abajo, participativa y sostenible.
Antes de la sesión se nos había comunicado que la jueza Catalina Moura Lebbos, brazo derecho del juez Sérgio Moro, había prohibido la visita que queríamos hacer al ex presidente Lula.
Esta jueza no se dio cuenta del alto significado del que es portador un Premio Nobel de la Paz. Tiene el privilegio de recorrer el mundo, visitar prisiones y lugares de conflicto para promover el diálogo y la paz. Nos apoyamos en el documento de la ONU de 2015 que se ha convenido en llamar “Reglas de Mandela” que trata de la Prevención del crimen y la justicia criminal. En él se aborda también la parte de la visita a los encarcelados. Brasil fue uno de los más activos en la formulación de estas Reglas de Mandela, aunque no las observa en su territorio.
Pero de nada nos valió. La jueza Lebbos simplemente negó. Al día siguiente, el 19 de abril, llegamos al campamento en el que cientos de personas hacen vigilia junto al Departamento de Justicia Federal, donde Lula está preso. Le gritan “Buenos días, Lula”, “Lula libre” y otras palabras de ánimo y esperanza que él desde su cárcel puede escuchar perfectamente.
Había policías por todas partes. Intentamos hablar con el jefe para poder tener una audiencia con el Superintendente de la Policía Federal.
Siempre venía la (misma?) respuesta: no puede, son órdenes de arriba. Después de mucho insistir, con llamadas de teléfono que iban y venían, Pérez Esquivel consiguió una audiencia con el Superintendente. (Le) Explicó los motivos de la visita humanitaria y fraterna a un viejo y querido amigo. Por más que Pérez Esquivel argumentase e hiciera valer su título de Premio Nobel de la Paz, mundialmente reconocido y respetado, oía siempre la misma cantinela: No puede. Son órdenes de arriba.
Y así, cabizbajos, volvimos en medio del pueblo. Yo personalmente insistía en que mi visita era meramente espiritual. Le llevaba dos libros El Señor es mi pastor, nada me falta, un comentario minucioso que realmente alimenta la confianza. Y otro de nuestro mejor exégeta Carlos Mesters, La misión del pueblo que sufre, que describe el desamparo del pueblo hebreo en el exilio babilónico, cómo era consolado por los profetas Isaías y Jeremías y cómo a partir de ahí se fortaleció el sentido de su sufrimiento y su esperanza.
En el Departamento de la Policía Federal todo estaba prohibido. Ni siquiera estaba permitido enviar una nota al expresidente Lula.
En medio del pueblo hablaron varios representantes de los grupos, especialmente una pareja de Suecia que sostiene la candidatura de Lula al Premio Nobel de la Paz. Hablamos Pérez Esquivel y yo, reforzando la esperanza que finalmente es aquella energía poderosa que sostiene a los que luchan por la justicia y por otro tipo de democracia. Él anunció que había lanzado una campaña mundial para proponer a Lula como candidato al Premio Nobel de la Paz. Hay ya miles de firmantes en todo el mundo. Lula cumple todos los requisitos para ello, especialmente por sus políticas sociales que sacaron a millones de personas del hambre y de la miseria y por su empeño por la justicia social, base de la paz.
Hubo muchas entrevistas a medios de comunicación nacionales e internacionales. Algunas fotos del evento comenzaron a difundirse por el mundo y llegaba la solidaridad de muchos países y grupos.
Allí nos dimos cuenta de que efectivamente vivimos bajo un régimen de excepción en forma de un golpe blando que secuestra la libertad y niega derechos humanos fundamentales.
La pequeñez de espíritu de nuestros jueces del Lava Jato y la negación del derecho asegurado a un Premio Nobel de la Paz a visitar a su amigo encarcelado dentro de un espíritu de pura humanidad y de cálida solidaridad avergüenza a nuestro país. Sólo permite comprobar que efectivamente estamos bajo la lógica negadora de la democracia en un régimen de excepción.
Pero Brasil es mayor que su crisis. Purificados, saldremos mejores y orgullosos de nuestra resistencia, de nuestra indignación y del coraje de rescatar, a partir de las calles y de las elecciones, un Estado de derecho.
No olvidaremos jamás las palabras sagradas: “Yo estaba preso y tú les impediste venir a visitarme”.


Lo peor del golpe: imposibilitar el Estado Social brasileño. Leonardo Boff

mayo 7, 2018
libertad_para_lula.jpg

Leonardo Boff, Adolfo Pérez Esquivel e Celso Amorim
Foto: Ricardo Stuckert

Los hechos recientes, de la prohibición al Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel (1980) y a otros notables de la política de visitar al expresidente Lula, un prisionero político y amigo de todos los que querían verlo, son la prueba más cabal de que vivimos bajo un régimen de excepción jurídico-mediático. Las togas mandan. La jueza Catarina Lebbos, brazo derecho del juez Sergio Moro, revela rasgos de crueldad y de inhumanidad al prohibir a un médico examinar el estado de salud del expresidente. No estoy seguro, pero desconfío de que tal acto sea incluso criminal, merecedor de castigo.

Lo más grave de nuestra crisis es la estrategia de los muy ricos (0,05% de la población), asociados como siempre a consorcios económico-financieros, hasta extranjeros, incluso con nuestros medios de comunicación monopolistas conservadores, de quebrar el pacto social construido bajo la hegemonía de las fuerzas democráticas y progresistas, contenido en la Constitución de 1988.

Gracias al consenso que ella propició entre los distintos grupos, hasta antagónicos, permitió que se gestaran las bases para la creación de un Estado Social brasileiro. Era un primer paso para atacar nuestra mayor llaga, que es la perversa desigualdad social y conseguir así la inclusión de millones de brasileros y brasileras en la ciudadanía.

La dirección estuvo a cargo de alguien al que las élites del atraso jamás aceptaron pero tuvieron que inclinarse ante el veredicto de las urnas, un obrero, venido de la pobreza nordestina: Luis Inácio Lula da Silva. Por sus políticas sociales había hecho que los del piso de abajo pudieran subir un escalón en la escalera social.

Cuando se dieron cuenta de que podría surgir una nueva hegemonía de carácter progresista y popular, estas clases, como siempre antes en la historia, según nuestros mejores historiadores como José Honório Rodrigues, tramaron un golpe de clase. Se trataba de asegurar la naturaleza de su acumulación y de su control del aparato estatal, de donde saquean su propina millonaria.

Cambian los tiempos, cambian también las estrategias. No debía ser mediante un golpe militar, sino mediante un golpe parlamentario. Marcelo Odebrecht, presidente de una de las mayores empresas brasileñas, en su delación premiada confesó que había dado diez millones de reales para comprar a 140 diputados que garantizasen la destitución de Dilma Rousseff y la toma del poder del Estado.

Un Congreso, de los más mediocres de nuestra historia republicana, con ladrones unos, acusados de corrupción otros o denunciados por crímenes, incluso por asesinato, se dejó venalmente comprar. Dieron un golpe parlamentario, jurídico y mediático, deponiendo mediante una destitución cuestionable contra la presidenta legítimamente elegida, Dilma Rousseff. El objetivo no era fundamentalmente atacarle a ella, sino alcanzar al expresidente Lula y al partido del PT.

La lucha contra la corrupción, enfermedad endémica de la política brasileña -no por ello excusable-, sirvió de pretexto para atacar, procesar y literalmente perseguir a Lula, mediante el expediente del lawfare (interpretar torpemente la ley para perjudicar al acusado). Tanto hicieron, que lograron meterlo en la cárcel, mediante un proceso -según los más renombrados juristas nacionales y extranjeros- viciado y vacío de pruebas materiales consistentes.

¿Cuál es el sentido mayor de este golpe? Mantener la naturaleza de la acumulación de un grupo de rapiña que controla gran parte de nuestra riqueza y traspasarla a sus bolsillos. Pero la consecuencia más desastrosa, analizada finamente por el científico social Luiz Gonzaga de Souza Lima, en una conferencia dada el 22 de noviembre de 2017 en Fiocruz de Río de Janeiro, está contenida en la Enmienda Constitucional (PEC 55). Mediante ella se trata no sólo de establecer un techo en los gastos. Ella atenaza al país. “La PEC -dice Souza Lima- es la prohibición de construir un Estado Social en nuestro país. Se veta constitucionalmente construir el Estado Social, es más que una congelación de gastos”.

Las clases del atraso optaron por el pasado, aceptando la recolonización de Brasil, alineándolo a los intereses del imperio del Capital hegemonizado por los USA. No mediante una elección sino por medio de un golpe disolvieron el pacto construido en la Constitución de 1988. Souza Lima dice más: “estamos ante un golpe contra el Gobierno que el pueblo brasileño eligió. Estamos ante una inflexión histórica de una importancia inmensa: prohibir constitucionalmente hacer inversiones sociales, especialmente en la educación y en la sanidad”.

Esto es un caso único en el mundo de hoy. ¿Cómo puede un pueblo enfermo e ignorante avanzar hacia un desarrollo, adecuado a una población de más de cien millones de personas?

Estas élites, egoístas al máximo, nunca tuvieron un proyecto para Brasil. Sólo para sí mismas, y en función de una acumulación absurda. Actualmente se asientan sobre una derecha fascista, autoritaria, violenta, racista y despreciadora del pueblo, considerado vulgar y despreciable. Para nuestra vergüenza, apoyadas en parte por el cuerpo jurídico y por la mano dura de la policía militar, capaz de reprimir y matar, especialmente a negros y pobres.

La lucha es para recuperar la democracia mínima, y sobre todo para hacer valer la Constitución de 1988, rota por los golpistas, pero que abría espacio para la convivencia pacífica y para el desarrollo humano.


¿Quién puede modificar mi BLOG?

mayo 6, 2018

Mi última entrada ha sido coloreada. ¿Quién tiene acceso? NADIE puede alterar lo que otro escribe o incluye de algunos amigos. ¿Libertad?

Yo lo llamaria Libertinaje. Si todos tuviermos que pintar lo que no nos gusta, el colorido seria apabullante. Me duele.

Leonardo Boff es amigo de vida, de más de 40 años, junto a Ernesto Balducci. Aquel notabilisimo escolapio-maestro de maestros de la Badia fiesolana que si viviera estos momentos escribiria muy duro. Gracias, vuestra labor en Fiesole ha sido notoria. Tenéis muchos amigos y, por lo visto, muchos enemigos. Así es el mundo que nos ha tocado vivir.

 

El rectángulo azul NO lo he puesto yo…

 


Jueza impidió la visita de Pérez Esquivel a Lula. Ricardo Stuckert

abril 20, 2018

El Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, y el teólogo brasilero Leonardo Boff fueron impedidos de ingresar a ver al Ex Presidente Lula Da Silva en la sede de la Policía Federal en Curitiba, luego de que el argentino realizara una nueva solicitud de visita a la Jueza Carolina Moura Lebbos.

Al salir de la cárcel realizaron una conferencia de prensa en la que Pérez Esquivel remarcó que “cada día queda más claro que Lula Da Silva es un preso político. La ley brasilera permite visitas de amigos pero no nos dejan verlo. Esta lucha recién comienza, quieren impedir que Lula sea candidato a Presidente porque no pueden ganarle por los votos. Esta es una segunda etapa del ´golpe blando´ en un Brasil que ha perdido su Estado de derecho”.

Luego del intento de visita al Ex Presidente de Brasil, visitó el “Acampamento Lula Livre” donde más de mil personas acampan desde el primer día en que Lula fue encarcelado. “Vinimos a traerle la solidaridad internacional de cientos de miles de personas que defendemos la democracia y no sólo quieren la libertad de Lula, sino también que sea galardonado con el Premio Nobel de la Paz por su lucha contra la pobreza”. Y agreró: “el camino de la esperanza está en la unidad y la solidaridad internacional”.

“Tengo conocimiento de que están amedrentando al campamento para que se vayan, para que no puedan defender la democracia. Pero el miedo no está en el campamento, está del otro lado. No pueden tolerar que el pueblo brasilero quiera ser actor de su própria historia, y menos que lo haga con la fuerza de la verdad y la justicia”, transmitió el referente internacional de derechos humanos.

En los días previos, Pérez Esquivel pasó por la ciudad de Rio de Janeiro para denunciar la militarización violatoria de derechos humanos que están sufriendo sus ciudadanos. En ese marco visitó la favela da Maré donde fueron asesinados Marielle Franco y el motorista Anderson Gomes. “Marielle luchó por la vida y por el derecho del pueblo a la democracia, por eso la mataron y están persiguiendo a muchas personas más que hoy están en riesgo. Brasil necesita de nuestra solidaridad internacional”. E inició el ciclo lectivo de la Universidade Federal do Rio de Janeiro (UFRJ) en su Aula Magna, con una charla para escuchar y conversar con los estudiantes y profesores sobre la situación que vive Brasil y los caminos de trabajo necesarios de aquí en adelante.


Lula, el carismático líder servidor Leonardo Boff

abril 17, 2018
caravana_de_lula.jpg

Ato da caravana de Lula em São Borja.
Foto: Guilherme Santos/Sul21

Toda sociedad refuerza su identidad a través de grandes símbolos que le hacen ganar nitidez y le indican una dirección. Esos símbolos se encuentran en los monumentos referenciales como el Cristo del Corcovado, o en una ciudad entera como Brasilia, o en las imágenes de los profetas de Aleijadinho, en las estatuas que adornan las plazas y otras. Los nombres de las calles reavivan la memoria de escritores, de poetas, de artistas, de figuras que permanecen en la conciencia colectiva. En el mundo político no se puede negar la predominancia de Getúlio Vargas, uno de los mayores líderes políticos de nuestra historia, que dio otro rumbo a Brasil y lo introdujo en el mundo moderno, beneficiando particularmente a la clase trabajadora.

En esta línea se sitúa la figura de Luiz Inácio Lula da Silva. Nadie puede negarle el carisma que tiene reconocido nacional e internacionalmente. Lo decisivo de su figura carismática es que proviene de las clases abandonadas por las élites que siempre ocuparon el Estado y elaboraron políticas que les beneficiaban a ellas, de espaldas al pueblo. Nunca tuvieron un proyecto para Brasil, sólo para sí mismas.

De repente, irrumpe Lula en el escenario político con la fuerza de un carisma excepcional, representando a las víctimas de la tragedia brasileña, marcada por una desigualdad-injusticia social de las mayores del mundo. Incluso teniendo que aceptar la lógica del mercado capitalista, perversa porque es excluyente y por eso antidemocrática por naturaleza, logró abrir brechas que beneficiaron a millones de brasileños, comenzando con el programa ‘Hambre Cero’ y siguiendo con otras varias políticas sociales.

Los que le critican de populista y asistencialista no saben lo que es el hambre, que Gandhi afirmaba que era “un insulto, porque humilla, deshumaniza y destruye el cuerpo y el espíritu; es la forma más asesina que existe”. Siempre que se hace algo en beneficio de los más necesitados, surge la crítica de las élites adineradas y de sus aliados, de populismo y de asistencialismo cuando no de uso político de los pobres. Olvidan lo que es elemental en una sociedad mínimamente civilizada: la primera tarea del Estado es garantizar y cuidar la vida de su pueblo, y no dejarlo en la exclusión y en la miseria que hacen víctimas a sus niños y los hacen morir antes de tiempo. La ola de odio y de difamación que brota actualmente en el país nace del espíritu de los herederos de la Casa Grande: el desprecio que dedicaban a los esclavos lo han pasado a los pobres, a los negros, especialmente a las mujeres negras y a otras pobres.

Lula con sus proyectos de inclusión no sólo sació el hambre y atendió a otras necesidades de casi 40 millones de personas, sino que les devolvió lo más importante, que es la dignidad y la conciencia de que son ciudadanos e hijos e hijas de Dios.

El verdadero líder sirve a una Causa que más allá de él mismo. Como Presidente, Lula, hijo de la pobreza nordestina, se propuso que ningún brasilero tuviese que pasar hambre. Cuántas veces personalmente le oí decir que todo el sentido de su vida y de su política era dar centralidad a los pobres y arrancarlos del infierno de la miseria. Una vez, viniendo en coche con él desde São Bernando, al pasar por un lugar solitario, hizo parar el auto para confesarme: “muchas veces, saliendo de la fábrica, me senté aquí en esa hierba y lloraba porque no tenía nada para llevar a mis hermanos que en casa pasaban hambre”. Como Jefe de Estado quiso crear las condiciones para que nadie tuviese que llorar por hambre.

Lula fue y es un líder servidor de esta Causa. El líder carismático servidor habla a lo profundo de las personas. De ahí nace el entusiasmo y atracción que suscita. Cuántas veces, en mis andanzas por las comunidades de la periferia oí esta frase: “Lula fue el único que pensó en nosotros, los pobres, e hizo cosas buenas para nosotros”. De él se pueden apuntar limitaciones, que pertenecen a la condición humana, incluso equivocaciones políticas, pero jamás se podrá decir que abandonó el propósito básico de su vida y de su acción política. Señal de ello es que pasaba las Navidades con los mendigos, cuidados por el Padre Júlio Lancelotti, bajo un puente en São Paulo. Se encontraba a sus hermanos y hermanas de destino mostrándoles solidaridad y compañía.

La saña de los que quieren un Brasil de privilegios para pocos, ha conseguido aprisionarlo. Pero el sueño de un Brasil rico, ya sin miserables, jamás podrá ser apresado. Lula con su sueño es inmortal y se hace, como se dice en la tradición judía, “un justo entre las naciones”.

Estos pocos ejemplos muestran cómo se puede ser un líder político servidor del pueblo y suscitar en sus seguidores el mismo espíritu de servicio solidario y constructivo.

Tal actitud apunta a otro tipo de Brasil, que queremos y merecemos, animado por representantes que hacen de la política, al decir de Gandhi “un gesto amoroso para con el pueblo y un cuidado por todo lo que es común”. Lula se inscribe en esta honrosa tradición.

 


A %d blogueros les gusta esto: