El desafío actual: contra el Estado pos-democrático rescatar la democracia. Leonardo Boff

julio 23, 2018
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No son pocos los analistas sociales y juristas del más alto nivel que denuncian la actual situación política de Brasil como la instauración de un Estado de excepción. El golpe parlamentario, jurídico y mediático de 2016 permitió que los golpistas pasasen por encima de la Constitución, modificasen las leyes laborales a favor de los patronos, engañasen al país con un techo de gastos en salud y educación, impidiendo que se cree un Estado de Bienestar Social.

La justicia ha dejado de ser imparcial, e incluso en los niveles más altos, se muestra parcial contra el PT y la figura carismática de Lula. Lo que el juez federal de primera instancia Sergio Moro hace es la aplicación descarada del lawfare y no esconde el ánimo persecutorio contra el expresidente, condenándolo sin pruebas materiales irrefutables. Por eso es considerado un prisionero político.

Es importante observar que este tipo de política obedece a una amplia estrategia pensada a partir de los intereses del imperio con los aliados internos de nuestro país. Brasil es decisivo en términos de geopolítica y de bienes y servicios naturales abundantes, capaz de garantizar la base física y química que sustenta el sistema de vida y el sistema-Tierra, ya en alto grado de erosión.

El golpe fue dado bajo la égida del más riguroso neoliberalismo y de la voracidad del capital especulativo de cariz capitalista que domina la política en el mundo entero.

Es sabido que el orden capitalista, por su individualismo y la furia de acumulación nunca se ha llevado bien con la democracia. Si la democracia, más que el derecho de votar, implica buscar la igualdad de todos los ciudadanos en referencia a las leyes, los derechos básicos, la justicia social y las garantías fundamentales, debemos decir que es más un señuelo que una realidad. La democracia moderna se construyó como representativa de toda la sociedad. En realidad, en general representó los intereses de los poderosos y subrepresentó los del pueblo trabajador o pobre.

Los datos de varias entidades serias nos indican que cerca de ocho mil multimillonarios controlan gran parte de la economía mundial, dejando a millones y millones de personas en la pobreza y el hambre. Como la lógica capitalista es la competencia y no la solidaridad, entra en una era de barbarie y de gran inhumanidad.

Este tipo de capitalismo necesita de democracias de bajísima intensidad, con un Estado sometido al mercado, con la menor participación popular posible. La estrategia de los países capitalistas apunta a recolonizar América Latina y Brasil, condenados a ser meros exportadores de commodities (alimentos, minerales y otros).

El golpe de 2016 se dio con ese propósito, en sí antipatriótico, antipopular y profundamente injusto, en beneficio de los ricos y herederos de la «Casa Grande». Este golpe liquidó el Estado democrático de derecho. Guardó las apariencias y las instituciones, pero no funcionan como prevé la Constitución, o funcionan sin imparcialidad.

Se inauguró el «pos-Estado democrático», categoría usada por Rubens Casara, juez de derecho del Tribunal de Justicia de Río de Janeiro y profesor universitario, con notable capacidad teórica para pensar el desastre de la democracia brasileña y la ideología subyacente. En la actualidad rige, en efecto, un estado de excepción, a la moda del jurista alemán Carl Schmitt (1888-1985), que justificaba el régimen de Hitler, pues para él el criterio del político reside en la definición del enemigo a ser satanizado y destruido (cf. El concepto de lo político, Voces 1992, 51-53). Por encima de todas las leyes está el «Führer» o el «Duce», que siempre tienen razón.

La consecuencia se lee en el sub-título del libro: «neo-oscurantismo y gestión de los indeseables». Es decir, se mantiene la farsa democrática y se castiga a los más pobres, pues son indeseables para el sistema de acumulación y de consumo.

El desafío actual consiste en rescatar la democracia mínima (no aquella «sin fin» de Boaventura de Souza Santos, o como «valor universal» de Norberto Bobbio, ni la democracia «socio-ecológica» de Zaffaroni y mía) sino simplemente la pura y simple democracia, expresada en el Estado Democrático de Derecho. Debemos repudiar al Estado posdemocrático como una excrecencia de la democracia y otro nombre para el régimen de excepción.


El eclipse de la ética en la actualidad. Leonardo Boff

julio 17, 2018
 
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Entre el 10 y el 13 de julio de 2018 se ha celebrado en Belo Horizonte, Brasil, un congreso internacional organizado por la Sociedad de Teología y Ciencias de la Religión (SOTER) en torno al tema Religión, Ética y Política. Las exposiciones fueron de gran actualidad y de nivel superior. Voy referirme solamente a la discusión sobre el Eclipse de la Ética que me tocó introducir.

A mi modo de ver dos factores han alcanzado el corazón de la ética: el proceso de globalización y la mercantilización de la sociedad.

La globalización ha mostrado los diferentes tipos de ética, según las diferencias culturales. Se ha relativizado la ética occidental, una entre tantas. Las grandes culturas de Oriente y las de los pueblos originarios han revelado que podemos ser éticos de forma muy diferente.

Por ejemplo, la cultura maya centra todo en el corazón, ya que todas las cosas nacieron del amor de los dos grandes corazones del Cielo y de la Tierra. El ideal ético es crear en todas las personas corazones sensibles, justos, transparentes y verdaderos. O la ética del «buen vivir, buen convivir», de los andinos, asentada en el equilibrio de todas las cosas, entre los humanos, con la naturaleza y con el universo.

Tal pluralidad de caminos éticos ha tenido como consecuencia una relativización generalizada. Sabemos que la ley y el orden, valores de la práctica ética fundamental, son los prerrequisitos para cualquier civilización en cualquier parte del mundo. Lo que observamos es que la humanidad está cediendo ante la barbarie rumbo a una verdadera era mundial de las tinieblas, tal es el descalabro ético que estamos viendo.

Poco antes de morir en 2017 advertía el pensador Sigmund Bauman: «O la humanidad se da las manos para salvarnos juntos, o engrosaremos el cortejo de los que caminan rumbo al abismo». ¿Cuál es la ética que nos podrá orientar como humanidad viviendo en la misma y única Casa Común?

El segundo gran impedimento a la ética es la mercantilización de la sociedad, lo que Karl Polanyi llamaba ya en 1944 «La Gran Transformación». Es el fenómeno del paso de una economía de mercado a una sociedad puramente de mercado. Todo se transforma en mercancía, cosa ya prevista por Karl Marx en su texto La miseria de la Filosofía, de 1848, cuando se refería al tiempo en el que las cosas más sagradas como la verdad y la conciencia serían llevadas al mercado; sería el «tiempo de la gran corrupción y de la venalidad universal». Pues estamos viviendo ese tiempo. La economía, especialmente la especulativa, dicta los rumbos de la política y de la sociedad como un todo. La competición es su marca registrada y la solidaridad prácticamente ha desaparecido.

¿Cuál es el ideal ético de este tipo de sociedad? La capacidad de acumulación ilimitada y de consumo sin límites, que genera una gran división entre un pequeñísimo grupo que controla gran parte de la economía mundial y las mayorías excluidas y hundidas en el hambre y la miseria. Aquí se revelan rasgos de barbarie y de crueldad como pocas veces en la historia.

Tenemos que volver a fundar una ética que se enraíce en aquello que es específico nuestro como humanos, y que, por eso, sea universal y pueda ser asumida por todos.

Estimo que en primerísimo lugar está la ética del cuidado, que según la fábula 220 del esclavo Higinio, bien interpretada por Martin Heidegger en Ser y Tiempo, constituye el sustrato ontológico del ser humano, aquel conjunto de factores sin los cuales jamás surgirían el ser humano y otros seres vivos. Por pertenecer el cuidado a la esencia de lo humano, todos pueden vivirlo y darle formas concretas, conforme a sus culturas. El cuidado presupone una relación amigable y amorosa con la realidad, de mano extendida para la solidaridad y no de puño cerrado para la dominación. En el centro del cuidado está la vida. La civilización deberá ser biocentrada.

Otro dato de nuestra esencia humana es la solidaridad y la ética que de ella se deriva. Sabemos hoy, por la bioantropología, que fue la solidaridad de nuestros ancestros antropoides la que permitió dar el salto de la animalidad a la humanidad. Buscaban los alimentos y los consumían solidariamente. Todos vivimos porque existió y existe un mínimo de solidaridad, comenzando por la familia. Lo que fue fundacional ayer, lo sigue siendo todavía hoy.

Otro camino ético ligado a nuestra estricta humanidad es la ética de la responsabilidad universal, O asumimos juntos responsablemente el destino de nuestra Casa Común o vamos a recorrer un camino sin retorno. Somos responsables de la sostenibilidad de Gaia y de sus ecosistemas, para que podamos seguir viviendo junto con toda la comunidad de la vida.

El filósofo Hans Jonas, que fue el primero en elaborar «El Principio de Responsabilidad», le agregó la importancia del miedo colectivo. Cuando éste surge y los humanos empiezan a darse cuenta de que pueden conocer un fin trágico o incluso llegar a desaparecer como especie, irrumpe un miedo ancestral que los lleva a una ética de supervivencia. El presupuesto inconsciente es que el valor de la vida está por encima de cualquier otro valor cultural, religioso o económico.

Por último, es importante rescatar la ética de la justicia para todos. La justicia es el derecho mínimo que tributamos al otro de que pueda continuar existiendo y recibiendo lo que le toca como persona. Las instituciones especialmente deben ser justas y equitativas para evitar los privilegios y las exclusiones sociales que tantas víctimas producen, particularmente en nuestro Brasil, uno de los más desiguales, es decir, de los más injustos del mundo. De ahí se explica el odio y las discriminaciones que desgarran a la sociedad, venidos no del pueblo sino de las élites adineradas, que siempre viven del privilegio y no aceptan que los pobres puedan subir un peldaño en la escala social. Actualmente vivimos bajo un régimen de excepción en el que tanto la Constitución como las leyes son pisoteadas mediante el Lawfare (la interpretación distorsionada de la ley que el juez practica para perjudicar al acusado).

La justicia no vale sólo entre los humanos, sino también con la naturaleza y con la Tierra, que son portadoras de derechos y por eso deben ser incluidas en nuestro concepto de democracia socio-ecológica.

Éstos son algunos parámetros mínimos para una ética válida para cada pueblo y para la humanidad, reunida en la Casa Común. Debemos incorporar una ética de la sobriedad compartida, para lograr lo que Xi Jinping, jefe supremo de China, llamaba «una sociedad moderadamente abastecida»: un ideal mínimo y alcanzable. En caso contrario podremos conocer un armagedón social y ecológico.


Con Trump nos esperan tiempos dramáticos. Leonardo Boff

junio 29, 2018
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La humanidad está bajo varias amenazas: la nuclear, la escasez de agua potable en vastas regiones del mundo, el creciente calentamiento global, las dramáticas consecuencias de la sobrecarga de los bienes y servicios naturales indispensables para la vida (the Earth Schoot Day).

A estas amenazas se añade otra no menos peligrosa, ya señalada por varios analistas mundiales como los premios Nobel Paul Krugman y Joseph Stiglizt. Recientemente un economista ítalo-argentino, Robeto Savio, co-fundador y director general del Inter Press Service (IPS), ahora emérito, escribió un artículo que nos debe hacer pensar, con el título: Trump vino para quedarse y cambiar el mundo (ALAI-América Latina en Movimiento de 20 de junio de 2018).

En él afirma que Trump no es una causa del nuevo desorden mundial. Es más bien un síntoma. El síntoma de tiempos en que los valores civilizatorios que daban cohesión a un pueblo y a las relaciones internacionales, quedan simplemente anulados. Lo que cuenta es el voluntarismo narcisista de un poderoso jefe de Estado, Trump, que en el lugar de estos valores colocó, pura y simplemente, el dinero y los negocios. Son éstos los que definitivamente cuentan. Lo demás son perfumerías dispensables para el dominio del mundo.

El America first debe ser interpretado como sólo América cuenta, y sus propios intereses mundiales. En nombre de este propósito, ya preanunciado en su campaña, Trump rompió tratados comerciales con viejos aliados europeos, la Alianza del Transpacífico y abrió una arriesgada guerra comercial con su mayor rival a China, imponiendo recargos de importación de productos que suman miles de millones de dólares, además de cobrar tasas sobre el acero y otros productos a otros países como Brasil.

Es propio de figuras autoritarias y narcisistas hacer de menos a las legislaciones. Cuando les conviene, pasan por encima de ellas, sin dar mayores razones. Para Trump vale más la invención de «una verdad» que la verdad factual misma. Las fakenews son un recurso presente en sus twitters. Según Fact Schecker, desde que asumió la presidencia, ha dicho unas 3.000 mentiras. La verdad y la mentira valen para él en la medida que respaldan sus intereses. Curiosamente, venció los principales pleitos, y tiene la aprobación del 44% de la opinión pública, y del 82% de aprobación del Partido Republicano.

No tolera críticas, y se cercó si asesores súcubos que le dicen para todo «sí», bajo el riesgo de ser, si no, despedidos sumariamente.

Si es reelegido –lo que no es improbable–, el estilo de gobierno y la negación de toda ética pueden tornarse irreversibles. No olvidemos que Hitler y Mussolini también fueron elegidos y crearon sus mentiras, vendidas como «verdades» todo un pueblo. Podemos estar frente a un mundo marcado por la xenofobia, por la exclusión de miles y miles de inmigrantes y refugiados, por la afirmación excesiva de los valores nacionales en desprecio de los valores de los otros.

Tales actitudes, transformadas en políticas oficiales, pueden ser fuente de graves conflictos, cuyo «crecimiento» puede incluso amenazar a la especie humana. Cerca de 1300 psicoanalistas y psiquiatras norteamericanas denunciaron desvíos psicológicos graves en la personalidad de Trump.

Cómo será el destino de la humanidad, puesta en manos de un narcisista de este tipo, cuyo paralelo sólo se encuentra en Nerón, que se divertía asistiendo al incendio de Roma, con la diferencia de que ahora no se trata de un incendio cualquiera, sino del incendio de la entera Casa Común. Como es imprevisible y a toda hora puede cambiar de posición, nos preguntamos, entre asustados y aterrorizados, cuáles serán sus próximos pasos.

Que Dios, que se anunció como «el apasionado amante de la vida» (Sabiduría 11,24) nos libre de las tragedias que pueden ocurrir, dada la irracionalidad de alguien que anuncia «un solo mundo y un solo imperio» (el imperio norteamericano).


El peso kármico de la historia de Brasil. Leonardo Boff

junio 27, 2018
 
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La amplitud de la crisis brasilera es de tal gravedad que nos faltan categorías para dilucidarla. Tratando de ir más allá de los clásicos abordajes de la sociología crítica o de la historia, me he valido de la capacidad explicativa de las categorías psicoanalíticas de «luz» y de “sombra” generalizadas, como constantes antropológicas, personales y colectivas. Ensayé una comprensión posible que nos viene de la teoría del caos, capítulo importante de la nueva cosmología, pues de este caos, en situación de altísima complejidad y juego de relaciones, irrumpió la vida que conocemos, inclusive la nuestra. Esta se ha mostrado capaz de identificar aquella Energía Poderosa y Amorosa que sustenta todo, el Principio Generador de todos los Seres, y abrirse a Él con veneración y respeto.

Me preguntaba qué otra categoría habría en el repositorio de la sabiduría humana que pudiera traernos alguna luz en las tinieblas en las cuales todos estamos sumergidos. Entonces me acordé de un sugerente diálogo entre el gran historiador inglés Arnold Toynbee y Daisaku Ikeda, eminente filósofo japonés (cf. Elige la vida, Emecé, Buenos Aires 2005), que se realizó durante varios días en Londres. Ambos creen en la realidad del karma, sea personal, sea colectivo. Prescindiendo de las distintas interpretaciones que se le han dado, me parecía haber encontrado aquí una categoría de la más alta antiguedad, manejada por el budismo, el hinduismo, el jainismo y también por el espiritismo para explicar fenómenos personales y colectivos.

Karma es un término sánscrito que originalmente significa «fuerza y movimiento», concentrado en la palabra acción que provoca su correspondiente reacción. Este aspecto colectivo me pareció importante, porque, no conozco –puedo estar equivocado– en Occidente ninguna categoría conceptual que dé cuenta del devenir histórico de toda una comunidad y de sus instituciones, en sus dimensiones positivas y negativas. Tal vez, debido al arraigado individualismo típico de Occidente, no hemos sido capaces de elaborar un concepto suficientemente abarcador.

Cada persona está marcada por las acciones que ha praticado en la vida. Esa acción no se restringe a la persona sino que afecta a todo el ambiente. Se trata de una especie de cuenta corriente ética cuyo saldo está en constante cambio según las acciones buenas o malas realizadas, o sea, los «débitos y los créditos». Incluso después de la muerte, en la creencia budista la persona carga con essa cuenta, por más renacimientos que pueda tener, hasta que ponga a cero la cuenta negativa.

Toynbee hace otra versión, que también me parece iluminadora y ayuda a entender un poco nuestra historia. La historia está hecha de redes relacionales dentro de las cuales se inserta cada persona, ligada a las que la precedieron y a las presentes. Hay un funcionamento kármico en la historia de un pueblo y sus instituciones según los niveles de bondad y justicia o de maldad e injusticia que produjeron a lo largo del tiempo. Este sería una especie de campo mórfico que permanecería impregnándolo todo. No se requiere la hipótesis de los muchos renacimientos porque la red de vínculos garantiza la continuidad del destino de un pueblo (p. 384). Las realidades kármicas impregnan las instituciones, los paisajes, configuran a las personas y marcan el estilo singular de un pueblo. Esta fuerza kármica actúa en la historia, marcando los hechos benéficos o maléficos. C.G. Jung en su psicología arquetípica notó de alguna forma tal hecho.

Apliquemos esta ley kármica a nuestra situación. No será difícil reconocer que somos portadores de un pesadísimo karma, a gran escala, derivado del genocidio indígena, de la superexplotación de la fuerza de trabajo esclavo, de las injusticias perpretadas contra gran parte de la población negra y mestiza, lanzada a la periferia, con familias destruidas y corroídas por el hambre y las enfermedades. El viacrucis de sufrimiento de esas hermanas y hermanos nuestros tiene más estaciones que el del Hijo del Hombre cuando vivió y padeció entre nosotros. No hace falta mencionar otras maldades.

Tanto Toynbee como Ikeda concuerdan en esto: «la sociedad moderna (incluídos nodotros) sólo puede ser curada de su carga kármica a través de una revolución espiritual en la mente y en el corazón» (p. 159), en línea de justicia compensatoria y de políticas sanadoras con instituciones justas. Sin esta justicia mínima no se deshará la carga kármica Pero ella sola no será suficiente. Serán necesarios el amor, la solidaridad, la compasión y una profunda humanidad para con las víctimas. El amor será el motor más eficaz porque, en el fondo “es la realidad última” (p. 387). Una sociedad incapaz de amar efectivamente y de ser menos malvada jamás deconstruirá una historia tan marcada por el karma. Este es el desafío que la crisis actual nos suscita.

Es lo que pregonan maestros de la humanidad, como Jesús, San Francisco, Dalai Lama, Gandhi, Luther King Jr y el Papa Francisco. Sólo el karma del bien redime la realidad de la fuerza kármica del mal.

Si Brasil no hace esta reversión kármica, continuará yendo de crisis en crisis, destruyendo su propio futuro.


La crisis brasileña a la luz de la teoría de caos. Leonardo Boff

junio 18, 2018
 

Hace ya bastantes años, científicos provenientes de las ciencias de la vida y del universo comenzaron a trabajar con la categoría del caos. Inicialmente también Einstein participaba de la visión de que el universo era estático y regulado por leyes deterministas. Pero siempre escapaban algunos elementos que no se dejaban encuadrar en este esquema. Para armonizar la teoría, Einstein creó el “principio cosmológico”, del que más tarde se arrepentiría mucho, porque no explicaba nada, pero mantenía la teoría estándar del universo lineal inalterado. Con el advenimiento de la nueva cosmología cambió completamente de idea y empezó a entender el mundo como un proceso ininterrumpido de mutación y autocreación.

Todo comenzó con la observación de fenómenos aleatorios, como la formación de las nubes, y particularmente lo que se vino a llamar el «efecto mariposa» (pequeñas modificaciones iniciales, como el revoloteo de las alas de una mariposa en Brasil, puede provocar una tempestad en Nueva York), y la constatación de la creciente complejidad que está en la raíz de la emergencia de formas de vida cada vez más altas (cf. J. Gleick, «Caos: creación de una nueva ciencia», 1989).

El sentido es éste: detrás del caos presente se esconden dimensiones de orden. Y viceversa, detrás del orden se esconden dimensiones de caos. Ilya Progrine (1917-2003), premio Nobel de Química en 1977, estudió particularmente las condiciones que permiten el surgimiento de la vida. Según este gran científico, siempre que exista un sistema abierto, haya una situación de caos (lejos del equilibrio) y esté en vigor una no linealidad, es la conectividad entre las partes que la genera un nuevo orden vital (cf. Order out of Chaos, 1984).

Este proceso conoce bifurcaciones y fluctuaciones. Por eso el orden nunca se da a priori. Depende de varios factores que lo llevan a una dirección o a otra.

Hemos hecho toda esta reflexión sumarísima (requeriría muchas páginas) para ayudarnos a entender mejor la crisis brasileña. Inevitablemente vivimos en una situación de completo caos. Nadie puede decir a dónde vamos. Hay varias bifurcaciones. Cabrá a los actores sociales determinar una bifurcación que no represente la continuidad del pasado que creó el caos. Sabemos que hay oculto dentro de él un orden más alta y mejor. ¿Quién va a desentrañarlo y hacer superar el caos?

Aquí se trata, en mi modo de leer la crisis, de liquidar el perverso legado de la Casa Grande, traducida por el rentismo y por los pocos milmillonarios que controlan gran parte de nuestras finanzas. Éstos son el mayor obstáculo para la superación de la crisis. Antes bien, ellos ganan con ella. No ofrecen ninguna subvención para superarla. Y tienen aliados fuertes, comenzando por el actual ocupante de la Presidencia y parte del Poder Judicial, poco sensible a la cruel injusticia social y a su superación histórica.

Necesitamos constituir un frente amplio de fuerzas progresistas enemigas de la neocolonización del país para desentrañar el nuevo orden, ausente en el caos actual, pero que quiere nacer. Tenemos que hacer ese parto aunque sea doloroso. En caso contrario, continuaremos rehenes y víctimas de aquellos que siempre pensaron corporativamente sólo en sí, de espaldas y –como ahora– contra el pueblo.

El caos nunca es sólo caótico. Es generador de nuevo orden. El universo se originó de un tremendo caos inicial (la gran explosión). La evolución se hizo y se hace para colocar orden en este caos. Debemos imitar el universo y construir un nuevo orden que sea inclusivo de todos, a partir de los últimos.


Encuentro con Lula en la prisión: espiritualidad y política. Leonardo Boff

mayo 14, 2018
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El 7 de mayo se cumplieron 30 días de prisión del ex presidente Lula. Se le concedió por primera vez recibir la visita de amigos. Tuve el honor de ser el primero en encontrarlo, por la amistad de más de 30 años y por la comunión en la misma Causa: la Liberación de los empobrecidos, y también para reforzar la dimensión espiritual de la vida. Cumplí el precepto evangélico: “estaba preso y me visitaste”.

Lo encontré como lo conocemos fuera de la prisión: rostro, pelo, barba… sólo que algo más delgado. Los que querían verlo rabioso o deprimido, deben estar decepcionados. Está lleno de ánimo y de esperanza. La celda es una amplia habitación, muy limpia, con armarios empotrados, baño y ducha en una zona cerrada. La impresión es buena, aunque viva en una celda de aislamiento, pues, a excepción de los abogados y de los hijos, sólo puede hablar con el guardián, de origen ucraniano, gentil y atento, que se ha vuelto un admirador de Lula. Le trae las bandejas de la comida, más calientes o más frías, y café siempre que lo solicite. Lula no acepta ningún alimento que los hijos le traen, porque quiere alimentarse como los demás presos, sin ningún privilegio. Tiene su tiempo de tomar el sol. Pero últimamente, mientras lo hace, aparecen drones sobre el espacio. Por precaución Lula se va pronto entonces, pues no se sabe cuál es el propósito de estos drones, si fotografiarlo o, quizá, algo más siniestro.

Lo importante fue nuestra conversación sobre espiritualidad, en medio de comentarios sobre política… Lula es un hombre religioso, pero de la religiosidad popular, para la cual Dios es una evidencia existencial. Lo encontré leyendo un libro mío, El Señor es mi pastor, (de la editorial Voces) un comentario del famoso salmo 23, el más leído de los salmos, también por otras religiones. Se sentía fortificado y confirmado, pues la Biblia generalmente critica a los pastores políticos y exalta a los que cuidan de los pobres, de los huérfanos y de las viudas. Lula se siente en esta línea, con sus políticas sociales que beneficiaron a tantos millones. No acepta la crítica de “populista”; dice: “Yo soy pueblo y he venido del pueblo, y oriento la política, lo más que puedo, hacia el pueblo”.

En la cabecera de la cama hay un crucifijo. Aprovecha el tiempo de reclusión estricta para reflexionar, meditar, revisar tantas cosas de su vida y profundizar las convicciones fundamentales que dan sentido a su acción política, lo que su madre Lindu (que la siente como un ángel protector e inspirador) siempre le repetía: siempre ser honesto, y luchar, y luchar de nuevo. Ve en eso el sentido de su vida personal y política: luchar para que haya vida digna para todos y no sólo para algunos, a costa de los demás. La grandeza de un político se mide por la grandeza de su Causa, me dijo, enfáticamente. Y la Causa tiene que ser producir vida para todos, comenzando por los que menos vida tienen. En función de eso, no acepta derrotas definitivas. Ni quiere caer de pie. Lo que no quiere es caer. Sino mantenerse fiel a su propósito de base, y hacer de la política el gran instrumento para ordenar la vida en justicia y paz para todos, particularmente a los que viven en el infierno del hambre y de la miseria.

Este sueño tiene una grandeza ética y espiritual innegable. Es a la luz de estas convicciones como se mantiene tranquilo, pues dice y repite que vive de esta verdad interior, que posee fuerza propia, y que quedará al descubierto un día. “Sólo quiero- comentaba- que sea después de mi muerte, pero aún en mi tiempo de vida”. Se indigna profundamente por las mentiras que divulgan contra él y sobre ellas montan el proceso del tríplex. Se pregunta, “¿cómo pueden las personas mentir conscientemente y poder dormir en paz? Hace un desafío al juez Sergio Moro: “presénteme una sola prueba, de que soy dueño del tríplex de Guarujá; si me la presenta, renunciaré a la candidatura a la Presidencia”.

Me recomendó que pasara ese mensaje a la prensa y a los que están en el campamento: “Soy candidato. Quiero llevar adelante el rescate de los pobres y hacer de las políticas sociales en favor de ellos, políticas de Estado, y que los costos -que son inversión-, entren en los presupuestos de la Unión. Voy a radicalizar estas políticas para los pobres, junto a los pobres, y a dignificar nuestro país”.

La meditación le hizo entender que esta prisión tiene un significado que le trasciende a él, a mí, y a las disputas políticas. Debe ser el mismo precio que Gandhi y Mandela pagaron, con prisiones y persecuciones, para alcanzar lo que alcanzaron. “Eso creo, y espero -me dijo- que es eso lo que estoy pasando ahora”.

Yo que entré para animarlo, salí animado. Espero que otros también se animen y griten el “¡Lula libre!”, contra una Justicia que no se muestra justa.

 


Ciudadanía y proyecto de refundación de Brasil. Leonardo Boff

mayo 9, 2018
    

La ciudadanía tiene varias dimensiones: es político-participativa, es económico-productiva, es popular-incluyente, es con-ciudadana, es ecológica, y por último es terrenal.

En el contexto actual de un régimen de excepción, que no respeta sino que hiere la ciudadanía de todo un pueblo, necesitamos profundizar en este tema.

La ciudadanía es un proceso inacabado, y abierto siempre a nuevas adquisiciones de conciencia de los derechos, de participación política y de solidaridad, como fundamento de una sociedad humanizada. Sólo los ciudadanos activos pueden fundar una sociedad democrática, como sistema abierto (democracia sin fin, en el decir de Boaventura de Souza Santos), que se siente imperfecta pero al mismo tiempo siempre perfectible. Por eso, el diálogo, la participación, la vivencia de la corrección ética y la búsqueda de transparencia constituyen sus virtudes mayores.

La ciudadanía se realiza dentro de una sociedad concreta que elabora para sí proyectos, muchas veces conflictivos entre sí, de construcción de su soberanía y de los caminos de inserción en el proceso mayor de planetización. Todos ellos quieren dar respuesta a la pregunta: ¿qué Brasil, después de más 500 años, queremos finalmente? Ocurre que el golpe actual ha interfirido tanto en la Constitución, poniendo límites a los gastos sociales, que acaba por hacer imposible la creación de un Estado Social Democrático nacional. Es un proyecto contra la nación libre, contra el pueblo y su futuro.

Fundamentalmente, y simplificando una realidad muy compleja, podemos decir que hay actualmente dos proyectos antagónicos disputándose la hegemonía: el proyecto de los muy ricos, antiguos y nuevos, articulados con las corporaciones transnacionales (y hoy sabemos que apoyados por el Pentágono) quieren un Brasil menor del que realmente es, un Brasil con un máximo de 120 millones, pues así, creen ellos, daría para administrarlo en su beneficio sin mayores preocupaciones. Los restantes millones que se fastidien, pues han tenido que acostumbrarse siempre a vivir en la necesidad y a sobrevivir como han podido. Bastan políticas pobres para calmar a los pobres.

El otro proyecto quiere construir un Brasil para todos, pujante, autónomo, activo, altivo y soberano frente a las presiones de las potencias militaristas, técnica y económicamente poderosas, que buscan establecer un imperio del tamaño del planeta y vivir de la rapiña de las riquezas de los otros países. Aquellas se asocian con las élites nacionales que aceptan ser socios menores y agregados al proyecto-mundo, a cambio de ventajas que pueden obtener en lo económico. Quieren recolonizar América Latina particularmente Brasil para que sea sólo exportador de commodities, y desnacionalizar nuestra infraestructura industrial (energía eléctrica, petróleo, tierras nacionales, etc).

Los dos golpes que conocimos en la fase republicana, el de 1964 y el de 2016, se tramaron y se ejecutaron en función de la voracidad de los muy ricos contra el pueblo, negándose a construir un proyecto de nación soberana que tendría mucho que contribuir a esta fase planetaria de la Humanidad. Ellos no tienen un proyecto de Brasil, solamente un proyecto para sí, para su acumulación absurdamente cuantiosa.

La correlación de fuerzas es profundamente desigual y corre en función de las élites opulentas que según Jessé Souza compran a las demás élites. Ellas consiguieron dar el golpe a Dilma Rousseff e hicieron tanto que, con un proceso judicial completamente viciado, pusieron en la cárcel al expresidente Lula, que goza, con creces, de las preferencias electorales del pueblo.

Esas élites del atraso no tienen nada que ofrecer a los millones de brasileros que están al margen del desarrollo humano sino más empobrecimiento y discriminación.

Pero estas élites -que ni este título merecen, pues son sólo ricos sin llegar nunca a ser élites (Belluzo)-, no son portadoras de esperanza y, por eso, están condenadas a vivir bajo permanente amenaza y con miedo de que, un día, pueda revertirse esta situación y perder su posición de riqueza y de privilegios.

Ésta es nuestra esperanza: que el futuro acabe perteneciendo a los humillados y ofendidos de nuestra historia, que un día -y ese día llegará- heredarán las bondades que la Madre Tierra reservó para ellos y para todos.

Es utópico pero representa el sueño de todas las culturas: que, un día, todos, alegres, se sienten juntos a la mesa, en la gran comensalidad de los libertos, gozando de los frutos de la generosidad de la Madre Tierra. Entonces, mirando hacia atrás comprenderán que valió la pena la resistencia, la indignación contra las injusticias y el coraje de cambiar.

Sólo entonces comenzará una nueva historia, de la cual los resistentes y luchadores serán los principales protagonistas de aquello que, en el caso de nuestro país, podrá ser la verdadera refundación de Brasil.


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