“Quien odia al hermano es un asesino”. Leonardo Boff

octubre 16, 2018

Reina mucha violencia, rabia y odio en nuestro Brasil a causa de la segunda vuelta de las elecciones. Lo que nos escandaliza y va contra la Constitución que afirma ser un Estado laico (no oficializa ninguna religión ni estas pueden ser usadas partidariamente), son las iglesias neo-pentecostales y algunas evangélicas, concretamente la Universal y su líder, que se han transformado en centros de fake news, verdadera máquina de producción de calumnias y falsedades contra el candidato Haddad, hasta afirmar que, de modo semejante al estado totalitario comunista, “el niño después de 5 años pasa a no pertenecer ya a los padres sino al Estado”. ¿Quién puede imaginar semejante absurdo de una persona que vive en armonía con su familia? Además de ser mentiras y calumnias, suscitan el odio.

Aquí no vale otro argumento que el de la Biblia, que por lo menos reconocen, aunque traicionen sus preceptos.

El gran mensaje de Jesús es el amor incondicional hasta al enemigo, pues incluso “ama a los ingratos y malos” (Lc 6,35). Quien está fuera del amor, está lejos de Dios y traiciona el legado de Jesús.

Más explícita aún es la primera carta de San Juan: “Si alguien dice: ‘amo a Dios‘ pero odia a su hermano es un mentiroso” (1Juan 4,20).

En otro lugar es aún más perentorio: “Quien odia al hermano es un asesino. Y sabéis que ningún asesino tiene la vida eterna” (1Juan 3,15). Pues estamos llenos de asesinos en nuestro país y sabemos especialmente de dónde vienen, aunque no exclusivamente: de un candidato que es claramente homófobo, misógino, enemigo declarado de los LGBTI, de indígenas y de quilombolas. Predica la violencia contra ellos, cosa que ya está siendo practicada en anticipación a su eventual victoria (que los cielos nos libren) en varios lugares del país por parte de sus seguidores, llegando incluso al asesinato del gran maestro de capoeira en Salvador, maestro del cantante Gilberto Gil y de Caetano Veloso, y a la violencia contra una joven de Porto Alegre a la que con una navaja le grabaron en la pierna la esvástica nazi.

Esta actitud va contra toda la base religiosa cultural cristiana de nuestro país. Son verdaderos enemigos de la patria, además de enemigos de los mencionados arriba. En el lenguaje del Nuevo Testamento son ‘asesinos’.

Pero lo que más nos falta –y éste fue el legado de Betinho, nuestro Gandhi de los trópicos– es la sensibilidad. Supo identificar la crisis central de la humanidad actual en la línea del Papa Francisco hoy. De su boca oímos y de su ejemplo aprendimos que “la crisis central no está en la nueva economía política de la exclusión, ni en la corrupción de la política, ni en la derrota moral de la humanidad. La crisis fundamental reside en la falta de sensibilidad de los humanos hacia otros seres humanos”.

Después de siglos de racionalismo y de dictadura del proyecto de la tecno-ciencia, hemos quedado todos con una especie de lobotomía que nos impide sentir al otro como otro, que incapacita nuestro corazón para sentir el pulsar de otro corazón y nos hace crueles y sin piedad ante el sufrimiento humano y la devastación de la biosfera.

No es el logos griego, ni la ratio cartesiana, sino el pathos (el sentimiento profundo), y el cuidado (cura en latín) quienes organizan las estructuras básicas de la existencia humana en el mundo junto con los demás.

Esta es la gran lección humanitaria, ética y espiritual que Betinho nos ha dejado como legado inmortal. Esta lección todavía hoy habla a lo profundo de cada ser humano, donde vive el mundo de las excelencias como el amor, la solidaridad, la compasión y la verdadera hermandad entre todos.

Esta lección, en el contexto actual de Brasil, atravesado por odios y rabias viscerales, posee inmensa actualidad. Sería la única cura verdaderamente eficaz.

¡Qué falta nos hace Betinho en estos días!


La democracia frente al abismo. Leonardo Boff

octubre 15, 2018
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Hay momentos en la vida en los que tenemos que escoger de qué lado nos situamos políticamente.

Del lado de la democracia, que respeta las libertades, permite la manifestación de los ciudadanos y se entiende dentro de un Estado democrático de derecho o del lado de quien la niega, de quien exalta la dictadura militar de 1964 y magnifica a sus torturadores, que, según él, no debían torturar, sino simplemente fusilar, empezando por el expresidente Fernando Henrique Cardoso –al que abomina–; de quien predica la represión a los homoafectivos y desmoraliza a los quilombolas, –que, según él, no sirven ni para reproducirse–; de quien desprecia a los indígenas, y se declara partidario de que haya un arma en la mano de cada brasileiro; de quien humilla públicamente a su propia hija, fruto de una «flojera», y confiesa que sería incapaz de amar a un hijo homoafectivo.

Ése, un capitán retirado, sin experiencia de administración pública, que confiesa que no entiende nada de economía, de salud ni de educación, pues para eso están los ministros respectivos… no se da cuenta de que es misión del presidente definir las políticas públicas, marcar un rumbo para la nación y entregar las ejecuciones a ministros competentes.

Tal candidato, mayoritario en la primera vuelta de las elecciones y que sigue mostrando gran ventaja sobre su oponente para la segunda, muestra un claro corte nazifascista, tanto en el lenguaje, como en los gestos o en la brutalidad de sus expresiones.

Es una vergüenza para el país la inconsciencia de la mayoría de los partidos que, no habiendo vencido en las elecciones, lo apoyan explícitamente o dejan a sus seguidores en libertad para escoger a su candidato. Piensan en la parte, que es el partido, y no en el todo, que es Brasil.

Esta neutralidad, en este momento histórico de gran peligro para la democracia, se revela irresponsable. El resentimiento y el odio que se han apoderado de buena parte de la sociedad, son los peores consejeros para la convivencia de una sociedad mínimamente civilizada.

No vale culpar al pueblo diciendo que es ignorante, pero que, al fin y al cabo, ha sido su opción. La ignorancia y la falta de conciencia son fruto de la voluntad de las viejas oligarquías y del capitalismo salvaje que crece entre nosotros. Siempre quisieron un pueblo ignorante y sin conciencia de sus derechos, para manipularlo mejor y garantizar sus propios privilegios. No temen a un pobre, pero tienen pavor de un pobre concientizado de su ser ciudadano y que reclama sus derechos.

Las oligarquías, como mostró el gran historiador José Honório Rodrigues estudiando lass relaciones que guardaron con el pueblo, siempre conspiraron contra éste, lo humillaron, le negaron sus derechos y jamás tuvieron un proyecto político para él.

El excapitán de cariz fascista se alinea con esta tradición. Hasta llegó copiar el lema de Hitler: Deutschland über alles, acomodándolo: Brasil por encima de todo. Con su estilo rudo, fuera del civismo democrático, promete combatir la violencia reinante con más violencia todavía, sin darse cuenta de que las primeras víctimas serán los pobres, los negros y negras, los que tienen otra orientación sexual. Ya sólo ante la perspectiva de su victoria, sus seguidores están anticipando la violencia, llegando incluso a asesinar a un famoso maestro de capoeira en Bahia, y a marcar una esvástica, con navaja, en la pierna de una joven en Rio Grande do Sul.

En este momento, lo más importante es que los partidos hagan un frente amplio para defender la democracia amenazada y los derechos fundamentales negados. Vivimos una hora de urgencia. Las diferencias deben relativizarse ante un peligro que puede amenazar el destino de nuestro país y afectar de forma negativa a los países vecinos, cuyas democracias son también de baja intensidad. El ascenso derechista en el mundo, tanto en Europa como en Estados Unidos, saldría fortalecido y representaría un regreso a tiempos sombríos vividos en Europa bajo la bota de Hitler y de Mussolini.

Hoy sabemos que ellos irrumpieron con un discurso semejante al del candidato fascistoide: prometiendo seguridad y represión a todos los que se les oponían, muchos de ellos asesinados o enviados a las cámaras de exterminio. Unos pocos consiguieron refugiarse en el exilio, como Einstein, Freud, Brecht, Arendt y otros y otras. No queremos que esta historia se repita en nuestro país.

Por eso, hay que respetar la libertad del voto, pero que cada cual sea consciente de ese voto y mida su significado para sí mismo, para sus familiares y para el futuro de nuestro país.

No podemos pasar a los ojos de los extranjeros que se preocupan enormemente con nuestras elecciones, como una nación paria que retrocede a tiempos y a políticas malévolas ante las que todos queremos repetir: «Nunca más».


Democracia o nazifascismo en Brasil. Leonardo Boff

octubre 1, 2018
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Nunca en nuestra historia estuvimos situados ante una alternativa tan radical: el excapitán candidato a la Presidencia, Jair Bolsonaro, que se presenta con todas las características del nazifascismo que causó millones de víctimas en Europa en la Segunda Guerra Mundial, y enfrente Fernando Haddad, al que no se le puede negar espíritu democrático. Bolsonaro mismo declaró que no le importa ser comparado a Hitler. Se ofendería si lo llamasen gay.

Cometió muchas barbaridades contra las mujeres, los negros, los indígenas, los quilombolas [habitantes de los quilombos], los LGBT, haciendo incluso apología abierta de notorios torturadores, dejó claro, en declaraciones inescrupulosas, que pretende imponer una política represiva contra esos grupos como política de Estado. No sorprende que tenga el más alto rechazo en las encuestas de intención de voto.

Entendemos su resonancia pues no son pocos los que quieren orden en la sociedad a cualquier precio y que rechazan cualquier tipo de políticos a causa de la corrupción que corroe este país. Siempre, la búsqueda del orden sin la preocupación simultánea por la justicia social ni por los procedimientos jurídicos correctos, fue el humus que alimentó y alimenta aún hoy a los grupos de derecha y de extrema derecha. Con Hitler fue así: Ordnung muss sein: «por encima de todo, el orden», pero un orden impuesto mediante la represión y el envío de judíos, gitanos y opositores a los campos de exterminio.

Bolsonaro explota esta búsqueda del orden a cualquier precio, incluso con la militarización del gobierno, como ya ha sido publicado en la prensa. En caso de ganar –¡el cielo nos libre!– colocará en los ministerios clave a generales, en su mayoría jubilados, pero con una mentalidad francamente derechista y autoritaria. Hasta propone eventualmente un auto-golpe, es decir, Bolsonaro como presidente puede convocar a las fuerzas armadas, disolver el Parlamento e instaurar un régimen autoritario y altamente represivo.

No tenemos otra alternativa que unirnos, más allá de los intereses partidistas, para salvar la democracia y no permitir que Brasil sea considerado en todo el mundo un país políticamente paria. Esto afectaría a gran parte de la política latinoamericana, especialmente a aquellos países cuyas democracias son frágiles y están bajo el fuego del pensamiento derechista que crece en el mundo entero.

No es de extrañar que conglomerados financieros que viven de la especulación, asociados a empresarios que no tienen ninguna consideración por el futuro de su patria, sino sólo por sus propios negocios, y asociados a los burócratas del Estado afectos a la corrupción y a las negociaciones turbias, constituyan la base social de sustentación de un tal régimen autoritario de cariz fascista y nazi.

Sería una ruptura inédita en nuestra historia nunca vista antes. Los militares y empresarios que dieron el golpe de 1964 eran por lo menos nacionalistas, y exaltaban un crecimiento económico a costa de los bajos salarios y del control riguroso de las oposiciones, con arrestos, secuestros, torturas y asesinatos, confirmado hoy hasta por documentos provenientes de los órganos de seguridad y de la política exterior de Estados Unidos.

El pueblo brasileño, que tanto ha sufrido ya a lo largo de la historia, primero bajo el látigo de los señores de esclavos y después por la super-explotación del capitalismo nacional, no merece sufrir todavía más. Tenemos con él una deuda que nunca llegamos a pagar, que nos será reclamada hasta el juicio final.

Alimentamos la esperanza de que el buen sentido y la voluntad de reafirmar la democracia de la mayoría de los votantes, nos librarán de este verdadero castigo que, ciertamente, no merecemos.


Un problema nunca resuelto: el sufrimiento de los inocentes Leonardo Boff

septiembre 17, 2018
Mis amigos brasileiros son grandes pensadores-transmisores de su pensar que siento mío. Gracias, os quiero. Que pena la distancia.

Siguiendo de cerca la creciente violencia en Brasil y las verdaderas masacres de indígenas y de pobres en las periferias, y más aún, viajando recientemente por América Central, quedé impresionado en El Salvador, Guatemala, Nicaragua y otros países de la región por los relatos de masacres ocurridas en el tiempo de las dictaduras militares, masacres de pueblos enteros, de catequistas o de campesinos que tenían la Biblia en casa. Lo que hubo entre nosotros, en Argentina y en Chile durante el tiempo asesino, bajo la égida de las fuerzas militares, es también para aterrorizarse.

En la actualidad, dada la crisis económico-financiera, hay millones de personas que pasan hambre, niños hambrientos muriendo y gente en la calle pidiendo centavos para comer cualquier cosa. Pero lo que más duele es el sufrimiento de los inocentes. También el de los millones de pobres y miserables que sufren las consecuencias de políticas económicas y financieras sobre las que no tienen ninguna influencia. Son víctimas inocentes, cuyo grito de dolor sube al cielo. Dicen las Escrituras del Primer y del Segundo Testamento que Dios escucha sus gritos. Uno de los profetas llega a decir que las blasfemias que profieren por causa del dolor, Dios las escucha como súplicas.

En este momento hay un manto de dolor que cubre todo nuestro país, Brasil, con alguna esperanza de que las elecciones nos traigan líderes cuyas políticas sociales hagan al pueblo sufrir menos, o no sufrir más, y hasta volver a sonreír. ¡Cuánto se agradecería!

Pero el sufrimiento de los inocentes es un eterno problema para la filosofía y sobre todo para la teología. Seremos sinceros: hasta hoy no hemos identificado ninguna respuesta satisfactoria por más que grandes nombres, desde Agustín, Tomás de Aquino, Leibniz, y hasta Gustavo Gutiérrez entre nosotros, intentaran elaborar una teodicea, es decir un esfuerzo para no ligar a Dios al sufrimiento humano. La culpa estaría sólo de nuestra parte. Pero en vano, pues el sufrimiento continúa y la pregunta sigue sin tener respuesta.

Tal vez, la cuestión, siempre replanteada después por los grandes pensadores, como Russel, Toynbee y otros, fue formulada en primer lugar por Epicuro (341-270 aC) y recogida por Lactancio, cristiano y consejero de Constantino (240-320 aC), en su tratado sobre La ira de Dios. La cuestión se plantea así: «O Dios quiere eliminar el mal y no puede –y entonces deja de ser omnipotente y ya no es Dios–, o Dios puede suprimir el mal y no quiere –y entonces no es bueno, deja de ser Dios y se transforma en un demonio–». En ambos casos de la disyuntiva permanece la pregunta: ¿de dónde viene el mal?

El judeo-cristianismo responde que viene del pecado humano (original o no), y que nosotros somos los causantes de Auschwitz, de Ayachucho y de las grandes masacres de los colonizadores ibéricos en el nuevo Continente. Pero la respuesta no convence. Si Dios predijo el pecado y no creó condiciones para evitarlo es señal de que no es bueno. Pero si hizo todo lo posible para evitar el pecado y no lo consiguió, entonces es prueba de que no es omnipotente. En ambos casos no sería Dios. Y así caemos en la misma cuestión de Epicuro.

Las teólogas eco-feministas critican esa formulación entre impotencia y falta de bondad como patriarcal y machista, pues tales atributos de omnipotencia y bondad serían atributos masculinos. Lo femenino siente y piensa diferente, más en la línea de los profetas y de Jesús. Estos criticaban una religión sacrificial en nombre de la misericordia: “quiero misericordia y no sacrificios” suena en su boca. La mujer está ligada a la vida, a la misericordia con quien sufre y sabe mejor identificarse con las víctimas.

Se argumenta entonces: Dios es tan bueno y omnipotente que puede renunciar a tales prerrogativas (deja de ser el “Dios” de las religiones convencionales) y se hace él mismo un sufriente, va al exilio con el pueblo, es perseguido y por fin es crucificado en su Hijo Jesús. Comentaba D. Bonhöffer, el teólogo que participó en el atentado contra Hitler y fue ahorcado: “Sólo un Dios sufriente nos puede ayudar”.

Si no tenemos respuesta al mal, sólo sabemos ahora que nunca estamos solos en el sufrimiento. Dios sufre con nosotros. Lo terrible del sufrimiento es la soledad, la mano que se niega a ponerse en el hombro, la palabra consoladora que falta. Ahí el sufrimiento es total.

No hay respuesta para el sufrimiento de los inocentes ni para el mal. Si la hubiera, el sufrimiento y el mal desaparecerían. Pero siguen ahí haciendo su obra perversa. ¿Quién nos salvará? San Pablo, confiado, responde: “Sólo por la esperanza seremos salvados”. ¡Pero cómo tarda en realizarse esta esperanza!


El golpe de 2016 interrumpió la construcción de Brasil. Leonardo Boff

septiembre 3, 2018

«En medio milenio de historia, partiendo de una constelación de factorías, de poblaciones indígenas desgarradas, de esclavos trasplantados de otro continente, de aventureros europeos y asiáticos en busca de un destino mejor, llegamos a un pueblo de extraordinaria polivalencia cultural, un país sin paralelo por su vastedad territorial y su homogeneidad lingüística y religiosa. Pero nos falta la experiencia de pruebas cruciales, como las que conocieron otros pueblos cuya supervivencia llegó a estar amenazada. (…) No ignoramos que el tiempo histórico se acelera y que el recuento de ese tiempo se hace contra nosotros. Se trata de saber si tenemos un futuro como nación que cuenta en la construcción del devenir humano. O si prevalecerán las fuerzas que se empeñan en interrumpir nuestro proceso histórico de formación de un Estado-nación» (Paz e Terra, Rio de Janeiro 1993, p. 35).

Hay que reconocer que la actual sociedad brasileña ha conocido avances significativos bajo los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) y de sus aliados. Nunca había ocurrido antes, en las fases históricas hegemonizadas por las oligarquías tradicionales, que siempre detentaron el poder de Estado y nunca tuvieron un proyecto de nación, sino sólo un propósito corporativo de enriquecimiento ilimitado. Ahora, con un Estado post-democrático y de excepción, se está produciendo aceleradamente el desmonte de estas políticas, aumentando el sufrimiento del pueblo.

Nos estamos acercando a lo que Celso Furtado llamaba “pruebas cruciales”. Actualmente después del golpe de 2016, tal vez como nunca antes en nuestra historia, hemos alcanzado esta etapa crítica de las “pruebas”. Dada la aceleración de la historia, impulsada por la crisis sistémica mundial, nos vamos a ver forzados a tomar una decisión: o aprovechamos las oportunidades de este momento, reafirmando nuestra soberanía y garantizando nuestro futuro autónomo o las desperdiciamos y viviremos atados al destino decidido siempre por los que nos quieren condenar a ser sólo proveedores de productos in natura, y recolonizarnos de nuevo.

No podemos aceptar esta extraña división internacional del trabajo. Tenemos que retomar el sueño de algunos de nuestros mejores analistas, del nivel de Darcy Ribeiro, Luiz Gonzaga de Souza Lima, Celso Furtado y Jessé Souza, entre otros, que propusieron una reinvención o refundación de Brasil sobre bases nuestras, gestadas por nuestro ensayo civilizatorio tan enaltecido y reconocido mundialmente.

Este desiderátum ha sido profundamente herido por el golpe parlamentario. Por detrás de él están las clases dominantes internacionalizadas que intentan imponer la agenda política de un neoliberalismo radical que les devuelva los privilegios históricos amenazados por las políticas sociales populares que sacaron de la miseria y de la invisibilidad a millones de brasileños pobres.

El sueño de una reinvención y refundación de Brasil no se puede perder, ni puede ser sepultado por la voracidad destructora de los dueños del tener, del poder y del saber. Su tiempo ya pasó. Ha crecido una nueva conciencia política, especialmente a partir de los movimientos sociales populares, que se cuentan por centenares. Allí siempre se plantea la cuestión: ¿Qué Brasil queremos? (cf. Boff, Concluir la refundación o prolongar la dependencia, 2018) ¿Cómo vamos a construirlo juntos? ¿Con qué fuerzas y aliados podemos contar para esa tarea gigante?

¿Podrán ser co-parteras de una ciudadanía nueva ―la co-ciudadanía y la ciudadanía ecológica y terrenal― que articule al ciudadano con el Estado, al ciudadano con el otro ciudadano, lo nacional con lo mundial, la ciudadanía brasileña con la ciudadanía planetaria, ayudando así a moldear el devenir humano? ¿O se harán cómplices de aquellas fuerzas que no están interesadas en la construcción del proyecto-Brasil, porque se proponen insertar a Brasil en el proyecto-mundo globalizado de forma subalterna y dependiente, con ventajas concedidas? Pues éste es el proyecto de los que dieron el golpe parlamentario, jurídico y mediático de 2016.

La actual crisis brasileña nos fuerza a decidir no qué partido apoyamos, sino de qué lado estaremos. La situación es urgente, pues como advertía con tristeza Celso Furtado: “todo apunta a la inviabilización del país como proyecto nacional” (op. cit 35). Pero no queremos aceptar como fatal esta grave advertencia.

Todavía hay tiempo en estas elecciones para cambios que pueden reorientar al país hacia su rumbo correcto, especialmente ahora que, con la crisis ecológica, se ha convertido en un peso decisivo para la balanza y el equilibrio buscado por el planeta Tierra. Es importante creer en nuestra misión planetaria.

Todo está reclamando una refundación de Brasil sobre otras bases, porque las vigentes son altamente antipueblo, destructivas de las personas, irrespetuosas con la naturaleza, espoliadoras de los bienes públicos, violadoras de la soberanía nacional y negadoras de un futuro mejor.

 


Rescatar la democracia mínima, contra el “Estado pos-democrático”. Leonardo Boff

agosto 27, 2018
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La democracia en nuestro país y en general en el mundo está sufriendo una peligrosa erosión. Juez de Derecho de Río de Janeiro y profesor universitario, Rubens Casara fue uno de los primeros en denunciar la aparición de un «Estado post-democrático», es decir, un «Estado» (si es que lo podemos llamar así) que rompe con el pacto social configurado en la constitución y por las leyes, y se rige por el autoritarismo, por la arbitrariedad y la violencia en relación con la sociedad, especialmente hacia los más vulnerables. En Brasil, lentamente, está sucediendo eso. Un Supremo Tribunal Federal sin capacidad, y ajeno a la gravedad de lo que está ocurriendo, deja pasar todo, incluso la violación del sagrado precepto de la presunción de inocencia hasta la comprobación de la materialidad del crimen (caso Lula).

La lucha ahora es para reconquistar la democracia, incluso la de baja intensidad, a fin de evitar la disolución del lazo social que nos permite convivir mínimamente. De lo contrario, entraremos en el caos y en la barbarie como se nota en algunos lugares en Brasil de gran violencia.

No dejaremos de reclamar, como lo hacen los movimientos sociales de base, una democracia participativa y popular o una democracia comunitaria, que los andinos nos están enseñando con su ideal del «buen-vivir» y del «buen-convivir», inaugurando por primera vez en el mundo el constitucionalismo ecológico, al insertar en la Ley Mayor los derechos de la naturaleza y de la Madre Tierra (Pacha Mama). Con ello anticipan lo que será seguramente el nuevo pacto natural, articulado con el pacto social de la futura sociedad mundial –si no la destruimos antes–.

Recordemos siempre las lecciones del gran jurista y filósofo Norberto Bobbio, con su democracia como valor universal, valor a ser vivido en la familia, en la comunidad, en la escuela, en los sindicatos, en los partidos y en el Estado. Murió con una profunda frustración frente a la violencia del terrorismo, –hasta terrorismo de Estado– en Estados Unidos.

No podemos abandonar el sueño del gran amigo de Brasil Boaventura de Souza Santos con su Democracia sin fin. Es sin fin porque es un proyecto abierto, que puede ser siempre enriquecido, cuanto mayor sea la participación humana y la responsabilidad que los ciudadanos van asumiendo en la construcción del bien común y del buen vivir y convivir, redefiniendo sus relaciones hacia la naturaleza en forma de sinergia, de cooperación y de cuidado.

Además, la democracia como sistema abierto hace que podamos estar caminando hacia una superdemocracia planetaria, en las palabras del gran asesor de Mitterrand, Jacques Attali (cfr. Una breve historia del futuro, 2008). Esta forma de democracia será la alternativa salvadora frente a un superconflicto que, dejado a su libre curso, podrá poner en peligro la permanencia de la especie humana. Esta superdemocracia resultará de una conciencia planetaria colectiva que se da cuenta de la unidad de la especie humana, viviendo en una única Casa Común, en el planeta Tierra, pequeño, con bienes y servicios naturales escasos, superconsumista y superpoblado y amenazado por los cambios climáticos que están afectando a la biosfera, a la biodiversidad y a nosotros mismos.

La Carta de la Tierra utiliza dos expresiones que señalan el nuevo paradigma de civilización: alcanzar “un modo de vida sostenible” (nº 14) y “la subsistencia sostenible de todos los seres”. Aquí emerge un diseño ecológico, es decir, otra forma de organizar la relación con la naturaleza, el flujo de las energías y las formas de producción y de consumo que atiendan a las necesidades humanas, que nos permitan ser más con menos y que favorezcan la regeneración de la vitalidad de la Tierra.

Por fin, yo por mi parte, fruto de los estudios en cosmología y ecología, he propuesto una democracia socio-ecológica que representaría el punto más avanzado de la integración del ser humano con la naturaleza. Ella se inscribiría dentro del nuevo paradigma cosmológico que ve la unidad del proceso cosmogénico dentro del cual se sitúan también la naturaleza y la sociedad y cada persona individualmente.

Será una civilización biocentrada la que devolverá el equilibrio perdido a la Madre Tierra y la que garantizará el futuro de nuestra civilización. Todos, y la naturaleza entera, seremos ciudadanos que habitarán cuidadosa y jovialmente la Casa Común.

 


El desafío actual: contra el Estado pos-democrático rescatar la democracia. Leonardo Boff

julio 23, 2018
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No son pocos los analistas sociales y juristas del más alto nivel que denuncian la actual situación política de Brasil como la instauración de un Estado de excepción. El golpe parlamentario, jurídico y mediático de 2016 permitió que los golpistas pasasen por encima de la Constitución, modificasen las leyes laborales a favor de los patronos, engañasen al país con un techo de gastos en salud y educación, impidiendo que se cree un Estado de Bienestar Social.

La justicia ha dejado de ser imparcial, e incluso en los niveles más altos, se muestra parcial contra el PT y la figura carismática de Lula. Lo que el juez federal de primera instancia Sergio Moro hace es la aplicación descarada del lawfare y no esconde el ánimo persecutorio contra el expresidente, condenándolo sin pruebas materiales irrefutables. Por eso es considerado un prisionero político.

Es importante observar que este tipo de política obedece a una amplia estrategia pensada a partir de los intereses del imperio con los aliados internos de nuestro país. Brasil es decisivo en términos de geopolítica y de bienes y servicios naturales abundantes, capaz de garantizar la base física y química que sustenta el sistema de vida y el sistema-Tierra, ya en alto grado de erosión.

El golpe fue dado bajo la égida del más riguroso neoliberalismo y de la voracidad del capital especulativo de cariz capitalista que domina la política en el mundo entero.

Es sabido que el orden capitalista, por su individualismo y la furia de acumulación nunca se ha llevado bien con la democracia. Si la democracia, más que el derecho de votar, implica buscar la igualdad de todos los ciudadanos en referencia a las leyes, los derechos básicos, la justicia social y las garantías fundamentales, debemos decir que es más un señuelo que una realidad. La democracia moderna se construyó como representativa de toda la sociedad. En realidad, en general representó los intereses de los poderosos y subrepresentó los del pueblo trabajador o pobre.

Los datos de varias entidades serias nos indican que cerca de ocho mil multimillonarios controlan gran parte de la economía mundial, dejando a millones y millones de personas en la pobreza y el hambre. Como la lógica capitalista es la competencia y no la solidaridad, entra en una era de barbarie y de gran inhumanidad.

Este tipo de capitalismo necesita de democracias de bajísima intensidad, con un Estado sometido al mercado, con la menor participación popular posible. La estrategia de los países capitalistas apunta a recolonizar América Latina y Brasil, condenados a ser meros exportadores de commodities (alimentos, minerales y otros).

El golpe de 2016 se dio con ese propósito, en sí antipatriótico, antipopular y profundamente injusto, en beneficio de los ricos y herederos de la «Casa Grande». Este golpe liquidó el Estado democrático de derecho. Guardó las apariencias y las instituciones, pero no funcionan como prevé la Constitución, o funcionan sin imparcialidad.

Se inauguró el «pos-Estado democrático», categoría usada por Rubens Casara, juez de derecho del Tribunal de Justicia de Río de Janeiro y profesor universitario, con notable capacidad teórica para pensar el desastre de la democracia brasileña y la ideología subyacente. En la actualidad rige, en efecto, un estado de excepción, a la moda del jurista alemán Carl Schmitt (1888-1985), que justificaba el régimen de Hitler, pues para él el criterio del político reside en la definición del enemigo a ser satanizado y destruido (cf. El concepto de lo político, Voces 1992, 51-53). Por encima de todas las leyes está el «Führer» o el «Duce», que siempre tienen razón.

La consecuencia se lee en el sub-título del libro: «neo-oscurantismo y gestión de los indeseables». Es decir, se mantiene la farsa democrática y se castiga a los más pobres, pues son indeseables para el sistema de acumulación y de consumo.

El desafío actual consiste en rescatar la democracia mínima (no aquella «sin fin» de Boaventura de Souza Santos, o como «valor universal» de Norberto Bobbio, ni la democracia «socio-ecológica» de Zaffaroni y mía) sino simplemente la pura y simple democracia, expresada en el Estado Democrático de Derecho. Debemos repudiar al Estado posdemocrático como una excrecencia de la democracia y otro nombre para el régimen de excepción.


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