La vida y su costo. Alfredo Vera Arrata

noviembre 14, 2017

 

En el tiempo primitivo los objetos y las personas se vendían a un precio tan irrisorio que se lo comparaba con un plato de lentejas.

Al correr de los tiempos, y con todo lo que ha evolucionado la sociedad, este fenómeno que tiene que ver con el costo de la vida, empeora porque cada vez, los seres humanos tienen un costo tan minúsculo y devaluado que casi ya no valen nada.

Este es un fenómeno universal y nuestra realidad tiene semejanza y ya los individuos también incrementan su devaluación, sin importar las funciones que ocupan, ni los niveles de formación académica que ellos hayan alcanzado.

En el ámbito de la política la crisis de valoración se deteriora más por las ambiciones de figuración que los sujetos  anhelan alcanzar.

Analicemos lo que acontece en estos momentos cuando se ha descubierto una inmensa red de corrupción en las contrataciones de importantes obras públicas por parte del Estado.

Casi una docena de países están afectados por el descubrimiento de negocios sucios y corruptos desplegados por varias empresas internacionales, entre ellas, una brasilera que pertenece a un magnate de apellido Odebrecht y nuestro país no está excluido de este perverso fenómeno que nos afecta desde hace más de diez años.

Varios contratos de obras importantes para el desarrollo de nuestra colectividad fueron concertados con la mencionada empresa y no fuimos excluidos de este azote infernal.

A la hora de arreglar cuentas, aparece que ciertos individuos que cayeron en la tentación de vender su conciencia, hasta reniegan de su pasado y no tiene escrúpulos para enseñorear públicamente su acto de traición ante la confianza con la que el pueblo los eligió para diversos cargos.

Después de participar con una cuota de beneficio personal, los que hace poco tiempo se proclamaban militantes de Alianza País no tienen empacho en traicionar  al gestor de ese movimiento político y se convierten en aliados de quienes han patrocinado la persecución de los que fueron sus compañeros y, sin justificación alguna, están siendo víctimas de acusaciones desprovistas de pruebas evidentes de haber tocado parte de esos dineros mal habidos.

Los argumentos en algunos casos son derivados por el vínculo de parentesco entre los presuntos actores de los delitos, lo que atenta contra el contenido de la norma Constitucional, que universalmente no admite que se juzgue como complicidad en la comisión de esos entuertos, por afinidad familiar.

EL Fiscal que  investiga esos latrocinios, proclamó la inocencia de los extranjeros corruptores que confesaron su culpabilidad.

Para castigar a los inocentes hay una confabulación que no puede justificarse, porque responden a razones políticas.

Los maledicentes no se saldrán con la suya y, más temprano de lo que puedan imaginar, los que vendieron su conciencia serán castigados por la vindicta popular.


¿Y los capos rubios? Alfredo Vera

enero 16, 2016

Después de la cinematográfica captura del capo mexicano “Chapo” Guzmán y la del argentino  Lanatta, y antes   con la muerte del colombiano Pablo Escobar. se demostró que las policías latinoamericanas  son capaces de someter a los jefes de las mafias y a  las ramificaciones que laceran a estas sociedades, cada vez con más fuerza, cuando contaminan a los jóvenes convirtiéndolos en consumidores de drogas y que son parte de los círculos delincuenciales, hay situaciones que deben y merecen ser comentadas.

Alfredo Vera

El sentido común nos orienta a sostener que ese tráfico de drogas en todas sus características y versiones tiene el destino manifiesto de llegar a manos y bocas de los grandes consumidores que es el imán que atrae ese sucio y criminal negocio.

Y es que en torno al crimen organizado de Chicago y otros lares, en las épocas de Al Capone, Luciano o Dillinger, circulaban financistas camuflados, tinterillos y politiqueros solapados que formaban un círculo protector para defenderlos y compartir las fabulosas utilidades mal habidas, pero eran identificados y, como era evidente, había un remedo de persecución. Había algo de ello, pero algunos terminaban siendo castigados por evasión del pago de impuestos.

Beber whisky en esa época era delito pesquisable y en las grandes fiestas de los rubios magnates y las juventudes descarriadas se bebía con excesos incontrolables.

Más tarde las nuevas mafias cambiaron el tráfico de whisky por las drogas y gestaron las conexiones ampliadas con los delincuentes latinoamericanos y africanos y sofisticaron los procedimientos en todos los aspectos del sucio negocio que alimentan los vicios de los nuevos consumidores: cambió el material y los mecanismos de enriquecimiento ilícito y los de movilización pero el de tráfico siguen alimentando a los herederos de la “cosa nostra” que ya dejó de usar nombre de origen italiano, pero en los procedimientos resultan corregidos y aumentados.

Los actuales  capos rubios del norte no han adquirido  fama ni los han tomado en cuenta en Hollywood, pero que existen no cabe la menor duda porque ellos son los abastecedores al más grande cartel de consumidores de todo el mundo.

Ese anonimato de los capos rubios que importan o distribuyen el mayor porcentaje de la droga que producen y proveen los “chapos” criollos o negritos, no pone en duda alguna de que el tráfico de drogas no tiene color de piel, como algunos creen.

A no ser por la habilidosa gestión de los policías mexicanos, a estas horas ya estaría filmándose una película con la apología del “Chapo” Guzmán y habría una carrera desenfrenada de los productores de la meca del cine, por conseguir los derechos para filmar las historias de los grandes y afamados traficantes de la cocaína y otras hierbas venenosas de la era contemporánea.

El complejo de inferioridad de los latinos y el de superioridad de los gringos se refleja en superficialidades como estas que provocan utilizar las redes mediáticas para que ayuden a identificar quiénes son los capos rubios y dónde están sus e´mails para pedirles que se identifiquen, ya que la DEA hasta ahora, en más de medio siglo  desde que se afianzó el crimen organizado de drogas, no han dicho ni pío.

Es fundamental para la salud universal que    el combate a los ejecutantes de este criminal y nefasto negocio mantengan la lucha sin cuartel.


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