Mujer y juventud, piedras angulares de la nueva era. Federico Mayor Zaragoza

marzo 5, 2019

Unámonos todos y todas –la igualdad se refiere a todos y todas, sin excepción- a las manifestaciones de mujeres y jóvenes previstas para los próximos días 8 y 15 de marzo.
Las voces de la mujer y de la juventud, presenciales y en el ciberespacio, para propiciar los cambios esenciales y apremiantes que son exigibles antes de que se alcancen puntos de no retorno.

¡Por fin, “Nosotros, los pueblos”, como se inicia la Carta de las Naciones Unidas! En 1945 era prematuro porque el poder era absoluto masculino y la gran mayoría de la humanidad nacía, vivía y moría en unos kilómetros cuadrados. Eran seres humanos temerosos, obedientes, sumisos, silentes.
Hoy, gracias en buena medida a la tecnología digital, son muchos los seres humanos que pueden expresarse libremente,  que saben lo que acontece y, sobre todo, la mujer, marginada durante siglos, se halla en camino de desempeñar, en muy pocos años, el importante papel que, en plano de completa igualdad, le corresponde.
La humanidad hace frente, por primera vez en su historia, a procesos potencialmente irreversibles, lo que imprime un especialísimo vigor y rigor a las medidas que deben adoptarse para no alterar –lo que constituiría un histórico error- la calidad del legado intergeneracional.
Por desgracia, muchos siguen siendo espectadores impasibles en lugar de actores comprometidos, implicados. Los medios de comunicación –muchos de ellos son “la voz de su amo”- constituyen, en afortunada expresión de Soledad Gallego, una potentísima arma de “distracción masiva”.
Las comunidades científica, académica, artística, literaria, intelectual en suma, deberían, conscientes de la gravedad de la situación y las tendencias, liderar la reacción popular. Pero la maraña burocrática-cibernética que acompaña la deriva neoliberal y la gobernanza de sus grupos plutocráticos (G7, G8, G20) ha impedido hasta ahora –hay repuntes muy recientes que pueden ser de gran interés a este respecto- que se adoptaran las medidas que en el otoño de 2015 llenaron de esperanza a los más advertidos de la gravedad de las amenazas globales de un mundo en manos de irresponsables. En efecto, la Resolución de 21 de octubre de 2015 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por la que se fija la Agenda 2030 con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, se titula “Para transformar el mundo”. Y, de inmediato, se logra en París la firma de los Acuerdos sobre Cambio Climáticoconvencidos de que era imprescindible, pensando en nuestros descendientes, actuar de forma inaplazable.
El nombramiento del Presidente Norteamericano Donald Trump, insólito en tantos aspectos, hubiera debido tener inmediata respuesta cuando manifestó que no cumpliría los compromisos contraídos por su antecesor. La  Unión Europea, exclusivamente monetaria,  no tuvo la capacidad y firmeza de acción que era necesaria en aquellos momentos. Al contrario, siguiendo las indicaciones del magnate, el G7 decidió unánimemente incrementar los fondos para defensa (se invertían ya 4000 millones de dólares al día en gastos militares y armamento al tiempo que mueren de hambre y pobreza extrema miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años).
Es imprescindible un nuevo concepto de seguridad en que, junto a la de los territorios, se tenga en cuenta la alimentación, salud, educación, cuidado del medio ambiente… de los que habitan estos territorios.
“Dos tercios de la humanidad tienen comunicación móvil”, es noticia del Congreso Mundial de Móviles que acaba de celebrarse en Barcelona. ¡Qué maravilla! Este puede ser el fin de la gobernanza de los grupos plutocráticos y el inicio del reforzamiento del multilateralismo democrático, con unas Naciones Unidas a la altura de las competencias que tiene que desempeñar ahora de inmediato a escala global.
Unamos nuestras voces a las de las mujeres y jóvenes que estos próximos días llevarán a cabo los primeros pasos para incorporarnos correctamente a la nueva era.
El 1 de marzo de 2016 escribí: “Vuestra voz, / mujeres del mundo entero, / es la gran fuerza / que a de mover / lo hasta ahora inamovible. / Voz acallada / y desoída / desde el origen / de los tiempos. / Hoy se iluminan / los caminos / que recorremos / juntos, / juntas las voces, / juntas las manos, / en el inicio / de una nueva era”.

Sí: ¡unamos voces y manos!

Incendio en Portugal: una vez más, desprevenidos. Federico Mayor Zaragoza

junio 22, 2017
Es apremiante un nuevo concepto de seguridad. Disponemos de todos los artilugios para la guerra y carecemos de lo más elemental para la paz: incapaces de cuidar como se merecen los bosques y las tierras, con número insuficiente de bomberos especializados, sin la capacidad de reacción inmediata por parte de los aviones y demás equipos necesarios para sofocar rápidamente las llamas… pero eso sí, no sólo tenemos cazabombarderos a manta, sino que todavía se comete el disparate –no aprobados todavía los presupuestos en el Parlamento- de adquirir nuevos aparatos de guerra.
Hay que reaccionar. No podemos seguir distraídos. Tenemos que poner en nuestros móviles un ¡NO! rotundo a la forma en que se sigue gobernando, con un concepto de seguridad (http://federicomayor.blogspot.com.es/2016/08/urgente-un-nuevo-concepto-de-seguridad_29.html )que sólo garantiza la salvaguardia de fronteras y territorios pero no se ocupa en absoluto de lo único que importa: los seres humanos que los habitan.
Los cambios radicales no se producirán desde arriba, está claro, ni por un mundo gobernado por los grupos plutocráticos. Sólo se conseguirá por la voz de “Nosotros, los pueblos”, como tan lúcidamente proclama la primera frase de la Carta de las Naciones Unidas.

Federico Mayor Zaragoza. Lamentable falta de preparación ante las catástrofes naturales

abril 18, 2016

Tenemos centenares de aviones preparados para guerras que, por fortuna, no tienen lugar… pero sobre los que los interesados agoreros representantes del inmenso y siniestro complejo bélico-industrial no dejan de alertar. Bombarderos, misiles y escudos antimisiles, acorazados, submarinos… colosales arsenales para potenciales enemigos, pero ausencia total de preparación para el previsible y recurrente temporal airado, para los seísmos, para los tsunamis…

Federico Mayor en Buenos Aires

He escrito en varias ocasiones sobre la inaplazable desaparición de los inoperantes grupos plutocráticos impuestos por el neoliberalismo, y la necesidad de una refundación apremiante de las Naciones Unidas, una de cuyas urgentes acciones sería la de coordinar todos los dispositivos adecuados, que deberían existir en todos los países circundantes, para situar en los lugares adecuados los medios tecnológicos que permitieran socorrer con eficacia.

Ya está bien. Estamos hartos de la cultura de guerra, de la inercia, de falta de preparación y acción concertada ante los problemas realmente importantes.

Que Ecuador, como lo fue Haití hace unos años, como lo fueron los tsunamis de Japón e Indonesia… logre el clamor popular -¡ahora que ya podemos expresarnos!- para que las medidas necesarias se adopten sin tardar. Una manera de lograrlo sería la convocatoria de una Sesión Extraordinaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Desde el origen de los tiempos, la fuerza. Hoy, ya ciudadanos del mundo, exigimos que los grandes desafíos se resuelvan por el conocimiento y la palabra.


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