Vivir-Amar es lo que importa

junio 12, 2017

Vivir sin desperdiciar ni un segundo, amar, compartir mientras tu cuerpo resista. NO esperes a mañana, tal vez NO exista. Vivir es lo que importa.

Duele ver a la mayoría de personas gastando sus energías en banalidades que no sirven para nada, tal vez para enaltecer su ego frente a los “otros”. Triste realidad.

La vida es corta, nunca sabemos si existirá el mañana ansiado, no depende de nosotros. O, cuales seran las condiciones que nos deparará.

Bailemos mientras el cuerpo resista, cantemos, mientras nuestra voz responda a nuestros deseos. Amemos, a quienes no tienen quien les ame y se preocupe de ellos. Son muchos, demasiados los sin voz, sin cariño, sin una palabra amable que alivie su soledad, tal vez su pobreza espiritual, que no la económica.

Salgamos a la calle y compartamos nuestra felicidad o, por qué no, nuestro pesar. Sonriamos sea cual fuere nuestro hoy-mañana. Nunca sabemos si existirá futuro. Todo el mundo guarda celosamente su día a día, porqué no lo considera favorable.  Tal vez, compartirlo, ayude a dulcificar una situación adversa.

Así he aprendido cuando una enfermedad afecta a alguien muy cercano. Solo el cariño puede dulcificar el dolor, recuperar la esperanza. Unir esfuerzos, darse las manos, abrazarse… Sentir latir el corazón del otro, ayuda a calmar dolores, a aumentar confianzas quizá perdidas, unidas ante la adversidad. Sabemos que no estamos solos. Confiemos, nunca demos nada por perdido.

 


Las madres presas. Teatre de Ponent

marzo 20, 2017

Una historia real que recupera la memoria de dos familias represaliadas por la dictadura. Homenaje a dos madres que aunaron esfuerzo y miserias para mantener la dignidad y la esperanza.

Increíble relato, escrito e interpretado por Pilar Martínez, a partir de los recuerdos y vivencias de una madre represaliada que pasó muchos años en prisión. Se trata de un duro alegado contra la represión franquista.

Es una joya, una lección de nuestra Historia que NADIE, debería perderse. Yo recomendaría a profesores de escuelas e Institutos de bachillerato, que llevaran a los jóvenes a ver y escuchar el clamor de Pilar Martínez que, a lo largo de 50 minutos deja a la audiencia sin respiración, so pena de perder alguna palabra de su relato.

¡Qué gran artista! Que bien sabe modelar su voz, sus gestos, para permitirnos entrar en la prisión donde se encontraba su madre que había dejado siete hijos en casa, igual que su compañera de celda que tenía otros tantos.  Sonríe, llora, reclama. Ternura, pasión, amor…

Su marido también estaba en prisión.  Su pecado: ayudar a los “maquis”.

El relato está protagonizado por la hija pequeña de una de las madres, que tenía dos años cuando quedó, junto con el resto de hermanos, solos en casa, de la que fueron deshauciados por la policía del momento. El hambre, el frío, el miedo, son sobrellavados con auténtica maestría gracias a las hermanas mayores que se convierten en sus guías, sus protectoras. Pilar Martínez se pone en el cuerpo de cada una de ellas.

Si tienen ocasión de ver la obra, no se la pierdan. Es un canto al amor, a la amistad, a la dignidad de la que son responsables aquellas niñas que, se hacen mayores antes de tiempo, para cuidar de sus hermanos en ausencia de más de siete años de sus progenitores.

 


Antes de que sea demasiado tarde, alzar la voz, grandes clamores. Federico Mayor Zaragoza

noviembre 2, 2016

donde-no-habite-el-miedo

Lo escribí en “Donde no habite el miedo”, con María Novo como co-autora, hace ya cuatro o cinco años.

“No hay tiempo para dormir.
Hay que ganarles
por diligencia,
no por la fuerza.
Hay que ganarles
por el número de voces
por el grito.
Hay que ganarles
por el clamor
del mundo entero.
Haremos alianzas con el viento,
con el eco iremos juntos
para que no quede una sola
conciencia inalcanzada.
Sólo así se detendrá
esta maquinaria infernal
que todo lo arrasa,
silencia
y aniquila.
Sólo así daremos sentido
a nuestras vidas”

No podemos seguir siendo espectadores impasibles. Alzar la voz, especialmente en cuestiones que pueden alcanzar puntos de no retorno: desigualdad social; extrema pobreza y exclusión; medio ambiente; amenaza nuclear…

¡Fuera los grupos plutocráticos (G7, G8, G20) y restablecimiento, en régimen de emergencia, de unas Naciones Unidas con una Asamblea General constituida en el 50% por representantes de la sociedad civil. Inmediato desarme para el desarrollo: no hay recursos para la puesta en práctica de los Acuerdos de París sobre el cambio climático ni de los objetivos de desarrollo sostenible. Con el 10% de las colosales y desmesuradas inversiones en armamento y gastos militares (4.000 millones de dólares al día) sería posible, sin menoscabo alguno de la “seguridad territorial” poner en práctica las prioridades de las Naciones Unidas: alimentación, agua potable, servicios de salud, cuidado del medio ambiente, educación y paz.

Es necesario exigir la transición acelerada de una economía de especulación, deslocalización productiva y guerra a una economía basada en el conocimiento para un desarrollo global, sostenible y humano.

El grito de la humanidad, consciente de que cada día mueren de hambre y condiciones inhumanas de vida más de 20.000 personas, la mayoría niños y niñas de uno a cinco años de edad, a de ser firme, exigente y perseverante.

Una Unión Europea exclusivamente monetaria, insolidaria, empleada en pagar muchas deudas excepto la que realmente importa: la que tiene contraída con la humanidad entera, de la que debería ser vigía y faro.

Antes de que sea demasiado tarde, alzar la voz de “nosotros, los pueblos…” decididos a tomar en nuestras manos las riendas del destino común.


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