21 de septiembre, Día Internacional de la Paz. Federico Mayor Zaragoza

septiembre 20, 2019

 

“Si quieres la paz, sé tú el cambio”,
 Mahatma Gandhi.
“Nosotros, los pueblos”.  Así se inicia la Carta de las Naciones Unidas.  No se refiere a los Estados y a los gobiernos.  Son “los pueblos”, es la sociedad civil la que debe tener el papel que le corresponde. “Nosotros, los pueblos… hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”.  Es la mejor expresión del multilateralismo democrático, única fórmula de gobernación mundial que puede eliminar a los grupos plutocráticos impuestos por el neoliberalismo que han derivado en una crisis sistémica de hondo calado.
El preámbulo del Acta Constitutiva de la UNESCO establece que “la terrible guerra que acaba de terminar no hubiera sido posible sin la negación de los principios democráticos de la dignidad, la igualdad y el respeto mutuo de los hombres, y sin la voluntad de sustituir tales principios, explotando los prejuicios y la ignorancia, por el dogma de la desigualdad de los hombres y de la razas… La amplia difusión de la cultura y la educación de la humanidad para la justicia, la libertad y la paz son indispensables a la dignidad del hombre y constituyen un deber sagrado que todas las naciones han de cumplir con un espíritu de responsabilidad y de ayuda mutua;…la paz debe basarse en la solidaridad intelectual y moral de la humanidad”. La igual dignidad humana, constituye el punto de referencia ético de unos principios democráticos que permitan “asegurar el respeto universal a la justicia, a la ley, a los Derechos Humanos y a las libertades fundamentales que, sin distinción de raza, sexo, idioma o religión, la Carta de las Naciones Unidas reconoce a todos los pueblos del mundo”.
En estos momentos la tolerancia se hace aún más necesaria y se convierte en un factor indispensable para que la convivencia pacífica sea posible. La Declaración de la Tolerancia  que  propuse precisamente con motivo de la celebración del 50 aniversario de las Naciones Unidas y de la UNESCO en 1995 debe ser, hoy más que nunca, la “hoja de ruta” a seguir.   La palabra tolerancia se presta a confusión. La tolerancia no es magnanimidad ni indulgencia ni se refiere a sentimientos de que algo pueda ser tolerable o intolerable. Consiste básicamente  en saber aceptar las maneras de pensar, los modos de vida, las creencias y las ideologías de los otros.
Hoy, gracias en buena medida a la tecnología digital, son muchos los seres humanos que pueden expresarse libremente,  que saben lo que acontece y, sobre todo, la mujer, marginada durante siglos, se halla en camino de desempeñar, en muy pocos años, el importante papel que, en plano de completa igualdad, le corresponde. En muy pocos años -por eso estamos viviendo momentos fascinantes- se van produciendo cambios muy sustantivos y la capacidad de decisión de la mujer, con las facultades que le son inherentes, está por fortuna incrementándose. Por fin es posible contar con las voces de la mujer y de la juventud, presenciales y en el ciberespacio, para propiciar los cambios esenciales y apremiantes que son exigibles antes de que se alcancen puntos de no retorno.
Hoy más que nunca tenemos que despertar en la gente joven la convicción de que es posible superar los obstáculos e inventar un futuro distinto. La humanidad hace frente, por primera vez en su historia, a procesos potencialmente irreversibles, lo que imprime un especialísimo vigor y rigor a las medidas que deben adoptarse para no alterar –lo que constituiría un histórico error- la calidad del legado intergeneracional.
Hoy, por primera vez en la historia, son posibles múltiples transiciones.  Tenemos una conciencia planetaria; el número de mujeres en la toma de decisiones se incrementa, y los medios de comunicación digitales permiten, rápidamente, que los seres humanos pasen de ser invisibles a visibles, de anónimos a identificables.
Las comunidades científica, académica, artística, literaria, intelectual en suma, deben, conscientes de la gravedad de la situación y las tendencias, liderar la reacción popular en favor de la igual dignidad de todos los seres humanos.
Hay repuntes muy recientes que pueden ser de gran interés y que nos deben llenar de esperanza, como esas medidas que se adoptaron en el otoño de 2015 dando respuesta a la gravedad de las amenazas globales de un mundo en manos de irresponsables. La Resolución de 21 de octubre de 2015 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por la que se fija la Agenda 2030 con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, se titula “Para transformar el mundo”. De inmediato se logró en París la firma de los Acuerdos sobre Cambio Climático convencidos de que era imprescindible, pensando en nuestros descendientes, actuar de forma inaplazable.
Así mismo, se hace evidente la necesidad de un nuevo concepto de seguridad en que, junto a la de los territorios, se tenga en cuenta la alimentación, salud, educación, cuidado del medio ambiente… de los que habitan estos territorios.
Ha llegado el momento del cambio y la autoestima. Ha llegado el momento de alzar la voz con tanta serenidad como firmeza. Ha llegado el momento de la emancipación ciudadana, de los pueblos libres. Nos hemos preparado para la guerra… y hemos hecho, lógicamente, aquello para lo que estábamos preparados. Ahora, está claro que queremos, en estos albores de siglo y de milenio, cambiar radicalmente de actitud y de pauta: “Si quieres la paz, contribuye a construirla con tu comportamiento cotidiano”.
Paz. La paz sea contigo. Paz en uno mismo, en casa, en la escuela, en el lugar de trabajo, en la calle, en la aldea, en la ciudad. Paz a todos. Paz en la Tierra. Este es el más profundo anhelo humano desde el origen de los tiempos, inhacedero por el poder basado en la imposición y en la fuerza. Y esta paz sólo es posible si hay tolerancia y respeto.
Todos deben sentirse implicados y beneficiados. No son temas de Gobierno sino de Estado, no de unos mandatarios sino de la sociedad en su conjunto (civil, militar, eclesiástica)… Todos deben contribuir a facilitar la gran transición desde la razón de la fuerza a la fuerza de la razón; de la opresión al diálogo; del aislamiento a la interacción y la convivencia pacífica. Pero, primero, vivir. Y dar sentido a la vida. Erradicar la violencia: he aquí nuestra resolución. Evitar la violencia y la imposición yendo a las fuentes mismas del rencor, la radicalización, el dogmatismo, el fatalismo. La pobreza, la ignorancia, la discriminación, la exclusión… son formas de violencia que pueden conducir –aunque no lo justifiquen nunca– a la agresión, al uso de la fuerza, a la acción fratricida.
Desde siempre, los seres humanos han intentado hallar puntos de referencia éticos que orientaran sus pasos, especialmente en los momentos en que el hecho ineluctable de la existencia incidía de forma más directa en la toma de decisiones. “Como nunca antes en la historia, el destino común nos hace un llamamiento a buscar un nuevo comienzo”.  Así se inicia el último capítulo de la Carta de la Tierra, titulado “El camino a recorrer”. 
Como establece la Carta de la Tierra, “para llevar a cabo estas aspiraciones, debemos tomar la decisión de vivir de acuerdo con un sentido de responsabilidad universal, identificándonos con toda la comunidad terrestre, al igual que con nuestras comunidades locales.  Somos ciudadanos de diferentes naciones de un solo mundo al mismo tiempo, en donde los ámbitos local y global, se encuentran estrechamente vinculados.  Todos compartimos una responsabilidad hacia el bienestar presente y futuro de la familia humana y del mundo viviente en su amplitud”. 
Sí, hoy es posible el “nuevo comienzo” al que se refiere la Carta de la Tierra: el por-venir está por-hacer.  Y, por primera vez en la historia, advertimos que es una tarea común.  Que podemos dejar de observar para actuar.  La memoria del pasado, sí, pero sobre todo del futuro.  Unamos voces y manos; tengamos avispados vigías en las torres de observación; anticipémonos a los acontecimientos inconvenientes para la especie humana.
Seamos capaces de actuar a tiempo, en especial en procesos potencialmente irreversibles. Cada ser único dotado de la exclusiva facultad de crear. Esta es nuestra esperanza.
De la razón de la fuerza a la fuerza de la razón. En pocos años, la era de la palabra, de la convivencia “fraternal” como establece el artículo 1º de la Declaración Universal, comenzará su andadura.

Cuando la nave se hunde…Federico Mayor Zaragoza

febrero 6, 2019
de pronto, escribió Leonardo Da Vinci, ya no hay a bordo ricos o pobres, jóvenes o ancianos, blancos o negros… sólo pasajeros afanados, trabajando en común para sobrevivir, para evitar el naufragio.
Ese es el consejo que ahora deberíamos difundir por todos los medios para que los “pueblos” tomen conciencia de la situación en la que, por primera vez en la historia, se halla la humanidad. En efecto, desde hace unos años, han aparecido una serie de amenazas globales como procesos potencialmente irreversibles, que exigen que se las aborde y trate a tiempo, antes de que sea demasiado tarde.
El cambio climático es ya una realidad incontestable. El océano glacial Ártico ha desaparecido prácticamente y la Antártida empieza a agrietarse. No se ha logrado reducir los gases “con efecto invernadero”… y la habitabilidad de la Tierra se deteriora sin cesar. La puesta en práctica de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), sabiamente adoptados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en octubre de 2015 “para transformar el mundo”, no se llevan a cabo porque no cuentan con el respaldo efectivo de los grandes  países… y los ciudadanos  se hallan bajo la presión de un inmenso poder mediático que les aturde y les convierte en espectadores impasibles en lugar de actores responsables.
El neoliberalismo, capitaneado contra viento y marea por el Partido Republicano de los Estados Unidos, ha debilitado el Estado-Nación y ha sustituido el multilateralismo democrático de las Naciones Unidas por la gobernanza de unos grupos oligárquicos plutocráticos (G6, G7, G8, G20) que han conducido a la presente deriva, en la cual sólo cuenta el PIB, los intercambios mercantiles… y la discrecionalidad del Presidente Trump, al que nadie se atreve a enfrentarse.
Lo más preocupante es cómo germinan aquí y allá semillas de supremacismo, de racismo, de fanatismo, de dogmatismo… sin que nadie parezca acordarse de lo que sucedió en los año 1933 a 1939… Una gran mayoría de la ciudadanía se halla  siguiendo aturdida y obsesionada a sus equipos de fútbol o atenta en exclusiva al pasado inmediato y al presente, con reivindicaciones que, fundamentadas con frecuencia en torpezas de los que han gobernado a uno y otro lado, tendrían cabida en situaciones de menor apremio, no se da cuenta de que ahora las generaciones jóvenes y venideras son las únicas que merecen atención para conseguir mantener el mundo a flote y asegurarles una vida en condiciones aceptables.
Aunque haya razones para soñar y procurar  otros sistemas de gobernanza, aunque se estime que, por fin, se está cerca de convertirse en realidad lo que siempre se dijo que era imposible, lo único cierto es que ha llegado el momento de la unión de manos y voces y no de rupturas; el momento del multilateralismo eficiente y con autoridad a escala planetaria; el momento de la democracia genuina… porque, de otro modo, la zozobra será irremediable.
Que los medios de comunicación transmitan fidedignamente los datos sobre la sostenibilidad de la Tierra y alerten al mundo, sustrayéndose de las intencionadas noticias mercantiles y políticas que les incitan a lo contrario.
Que los grandes consorcios financieros se aperciban de la responsabilidad histórica que tienen, en situaciones sin retorno, de alentar y contribuir a la toma de  conciencia y no a la confusión y la desmesura.
Que los pueblos –“Nosotros, los pueblos”, como tan lúcidamente se inicia la Carta de las Naciones Unidas- tomen en sus manos, ahora que ya saben lo que acontece y que pueden expresarse libremente, ahora que ya son hombre y mujer, las riendas del destino común.
La nave, por no haber prestado atención a las recomendaciones que se han formulado repetidamente en las últimas décadas, se está hundiendo. Es preciso y urgente que, como en el relato leonardino, reaccionemos todos, porque a todos nos concierne, para lograr mantener en toda su grandeza el misterio de la existencia humana. “Todo es posible,… pero ¿quién si no todos?”, nos advirtió Miquel Martí i Pol.
Repito una vez más, porque para mí su lectura fue determinante, los versos de José Ángel Valente en su poema “Sobre el tiempo presente”:
“Escribo desde un naufragio.
escribo sobre la latitud del dolor,
sobre lo que hemos destruido
ante todo en nosotros…
Escribo desde  la noche,
desde el clamor del hambre y del trasmundo,
desde la mano que se cierra opaca,
…desde los niños infinitamente muertos,
…desde el árbol herido en sus raíces…
Pero escribo también desde la vida,
desde su grito poderoso
…desde la muchedumbre que padece…
Escribo, hermano mío, de un tiempo venidero”.
Inspirados por Leonardo Da Vinci, Miquel Martí i Pol y José Ángel Valente, depongamos cualquier actitud adversa al rápido restablecimiento de una adecuada y serena navegación. En los nuevos tiempos no será la razón de la fuerza la que prevalezca sino la fuerza de la razón, no las armas sino la palabra, no el  gregarismo sino cada ser humano capaz de crear, de reflexionar y decidir por sí mismo.
Si logramos mantener el buque a flote, con todos los pasajeros, la humanidad podría inaugurar una nueva era.

Ahora sí, “Nosotros, los pueblos…” en una gran movilización popular. Federico Mayor Zaragoza

mayo 25, 2018

 

Ahora sí, de forma inaplazable, son “los pueblos” los que deben tomar en sus manos, las riendas de su destino. Ahora, sí, “Nosotros los pueblos”, como lúcidamente establece la primera frase de la Carta de las Naciones Unidas, porque los gobernantes se hallan, en su inmensa mayoría, amilanados, ofuscados, silenciosos, silenciados.
· El pacto nuclear con Irán: Trump y Netanyahu están haciendo exactamente lo contrario de lo que se había conseguido con el Presidente Barack Obama. Y el espectro del inmenso y delictivo error y horror de la invasión de Irak se cierne de nuevo sobre el mundo entero.
· Y la apremiante acción que requieren los Objetivos de Desarrollo Sostenible y Acuerdos sobre el Cambio Climático: la puesta en práctica de ambos era la esperanza para el cumplimiento de las responsabilidades intergeneracionales, que ahora quedan de nuevo postergadas, con una amenaza especialmente tenebrosa -porque se trata de procesos irreversibles- para la calidad de vida y futura habitabilidad de la Tierra.
· Y, eso sí, los grandes productores de armas se frotan las manos, porque los presupuestos de defensa –más de 4000 millones de dólares al día al tiempo que mueren de hambre miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad- se incrementan al ritmo trepidante de los tambores de guerra de  Trump.
· Y la tragicomedia de Corea del Norte se exhibe, antes de que fuera descubierta, como una victoria del magnate norteamericano.
· El neoliberalismo marginó el multilateralismo democrático y puso la gobernanza mundial en manos  de los grupos plutocráticos G6, G7, G8, G20… (en realidad sólo hay un G1 y un G2), que  se han revelado, como era de esperar, incapaces de formular y aplicar políticas de progreso y bienestar que respeten la igual dignidad humana.
· La brecha social no deja de aumentar, y las amenazas globales de la extrema pobreza, el cambio climático y la guerra nuclear no se están abordando a tiempo.
 
· Por si fuera poco, el gran dominio (militar, financiero, energético…) incluía al mediático, habiendo convertido a la inmensa mayoría de los medios de comunicación en “la voz de su amo”. Los informativos son noticieros y buena parte de sus mensajes son sesgados y no reflejan lo que realmente acontece.
· Para colmar el vaso, la represión inhumana perpetrada en Gaza por el dúo Netanyahu-Trump. ¡El Primer Ministro de Israel hablando de la “solución letal”! ¡Qué afrenta más grave a la humanidad en su conjunto! ¡Qué vergüenza…! El silencio que guardan los líderes europeos es un silencio culposo. No debemos permitirlo.
· Los seres humanos, que ahora ya pueden expresarse, gracias a la tecnología digital, se distraen (“los medios son armas de distracción masiva” ha indicado sagazmente  Soledad Gallego) y no son actores sino espectadores impasibles.
· La mujer se está convirtiendo en la “piedra angular” de la nueva era, como tan acertadamente manifestó el Presidente Nelson Mandela en 1996, porque “la mujer sólo excepcionalmente utiliza la fuerza cuando el hombre sólo excepcionalmente no la utiliza”.
Ahora sí, “Nosotros, los pueblos…” con grandes clamores presenciales y, sobre todo, en el ciberespacio. El único lenguaje que entendería el Presidente Trump sería que millones y millones de personas escribieran en sus móviles que, si no modifica de inmediato su política medioambiental y de habitabilidad de la Tierra para las generaciones venideras, dejarán de adquirir productos norteamericanos… Es tiempo de alzar la voz. “Nos quedará la palabra”, dijo Blas Infante.
Ahora sí. No podemos permanecer silenciosos. Seríamos cómplices.
Delito de silencio.

Siria: inagotable horror de la guerra. Federico Mayor Zaragoza

abril 19, 2018

 

Intolerable acción militar antes de que los inspectores designados por las Naciones Unidas dictaminen sobre el uso de las armas químicas en uno de los últimos reductos rebeldes. Como en Irak, antes de que los inspectores liderados por Hans Blix indicaran que no habían armas de destrucción masiva, se produjo la invasión… ¡Lo más trágico de los presentes sucesos es que el Presidente Trump ha dicho que los misiles que iba a emplear eran “nuevos, bonitos y elegantes”! ¡Es demencial e intolerable! Se arguye con razón contra las armas químicas al tiempo que se afirma la sinrazón de las atómicas….

El poder del “gran dominio” (financiero, energético, militar, mediático) está debilitando uno tras otro los que eran baluartes de la democracia genuina. Y la situación es tal que el Papa Francisco exclamó el pasado Viernes Santo –sin que haya tenido el eco que estas palabras merecían- lo que refleja nítidamente la indignación generalizada de muchos seres humanos: “¡Vergüenza de no haber tenido vergüenza!”.
Es apremiante, y todos debemos alzar la voz, reforzar el multilateralismo democrático. No podemos seguir permitiendo la marginación del Sistema de las Naciones Unidas que inició el tándem Reagan-Thatcher y que ha conducido, a través de la detestable gobernanza de los grupos plutocráticos (G6, G7, G8, G20) a la invasión de Irak basada en la mentira, interminables enfrentamientos en Siria, Yemen… y a la discrecionalidad dictatorial en países que la “primavera árabe” soñó mejorar.
Hay que escuchar bien el hondo sentido de esta síntesis reflexiva y reconducir con firmeza los rumbos actuales, empezando por Siria, donde en medio de una gran confusión entre “insurgentes”, terroristas, adictos y discrepantes, ya han transcurrido siete años sin que las Naciones Unidas hayan podido jugar el papel que les corresponde, actuando de vez en cuando las “potencias extranjeras” con acciones bélicas puntuales que nada resuelven, infringen al pueblo sirio un horroroso e inmerecido calvario y alimentan el sufrimiento y víctimas, incluyendo a muchos niños y jóvenes. Es atroz. Es horrible pero aleccionador detenerse un instante y mirar a los ojos de estos niños atrapados en el inmenso remolino de esta locura guerrera que no sabe controlar la gobernanza oligárquica, dedicada más bien a  los asuntos financieros y económicos.
En febrero de 2012 escribí:
“Fue                                                                   de los niños
la mirada                                                            hambrientos,
de aquel niño                                                      afligidos,
de aquella guerra                                               en medio de cualquier
la que cambió                                                     guerra.
de golpe                                                              Estoy seguro
el rumbo                                                             de que habría
de mi vida.                                                          ya para siempre paz
Ruego                                                                 en la tierra”.
a todos
que miren
los ojos
Es preciso y urgente que un gran clamor popular a escala mundial exija el reconocimiento por parte de todos los países de la Tierra de la autoridad de las Naciones Unidas debidamente refundadas. Sólo el multilateralismo democrático podría, todavía, esclarecer los sombríos horizontes actuales.
Ha llegado el momento de “Nosotros, los pueblos…” que –prematuramente entonces, porque no podían expresarse- figura en la primera frase de la Carta de las Naciones Unidas. “Nosotros, los pueblos… hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”.
La voz de los pueblos deviene imprescindible porque los plutócratas y sus acólitos (entre los que se encuentra España, lamentablemente) se  preocupan mucho del uso de la fuerza y no de la palabra.
La voz de la gente, que ahora se puede expresar sin cortapisas: ha llegado el momento.

Movilización, ya: mañana puede ser tarde. Federico mayor Zaragoza

mayo 18, 2017
Ya nos advirtió Martin Luther King que la mayoría de las catástrofes  -que ahora pueden ser, además, irreversibles- no sólo se producían por los errores o la acción de los malvados sino por el silencio de los bondadosos…
Esto es lo que esta sucediendo ahora, con un poder mediático que silencia los acontecimientos que no le convienen y acallan los pocos que se atreven a  exponer sus discrepancias.
“Vergüenza”, dijo el Papa Francisco  en sus breves, espléndidas y desoídas palabras después del “Vía Crucis” del pasado Viernes Santo.  “Vergüenza” sentimos cuando nos damos cuenta de que seguimos mirando hacia otro lado en lugar de acoger a los refugiados, como es nuestro deberhumano y su derecho…  Y cuando en lugar de incrementar los fondos para el desarrollo sostenible los reducimos y mantenemos a los inmigrantes en auténticos “campos de concentración”…  Y cuando olvidamos que durante el año 2016 más de 6,000 seres humanos han fallecido en el Mediterráneo, Mare Nostrum ensangrentado, fosa común culposa…  Y cuando aumentamos las ya inmensas inversiones (4,000 millones de dólares al día) en armas y gastos militares al tiempo –no me canso de repetirlo- que siguen muriendo de hambre varios millares de personas al día, la mayoría niñas y  niños de 1 a 5 años de edad…
Vergüenza, ya lo he escrito, porque en la reciente reunión de los “cuatro grandes” de la Unión Europea, celebrada en Madrid, lo único que se les ocurrió, en lugar de abordar la urgente necesidad de completar una maltrecha Unión monetaria con una Unión social, política y cultural, basada en los principios y valores originales, fue incrementar el presupuesto bélico. Y, al día siguiente, vergüenza mayúscula porque en la reunión del grupo plutocrático G-7 en Roma, no sólo se accedió también, con increíble tibieza, a los requerimientos sobre seguridad del insólito presidente Trump, sino que -¡qué espanto!- se eliminaron de la agenda las apremiantes medidas para frenar el cambio climático, responsabilidad intergeneracional inaplazable.
Y vergüenza y pesar democrático en nuestro país al ver que se “compran votos” con la promesa de inversiones públicas… y nos aconsejan “mirar hacia otro lado”
Vergüenza cuando no se adoptan medias tajantes frente a los peligrosísimos brotes de prevalencia étnica, xenofobia, racismo, fanatismo.
Vergüenza de haber aceptado una concentración de poder sin precedentes y que las Naciones Unidas se hayan sustituido por grupos de los países más prósperos que  han pretendido la gobernanza mundial de ¡193 países!  Vergüenza de que, además, los valores éticos en que se basa el sistema multilateral democrático se hayan sustituido por los valores bursátiles.
Ha llegado el momento de “Nosotros, los pueblos…”, como tan lúcidamente establece la primera frase de la Carta de las Naciones Unidas.  Esta es la resolución mundial de los que, ahora que ya pueden expresarse libremente, deben tomar en sus manos las riendas del destino común.
Y, de forma inmediata, exigir unas reformas que permitan que, con representación de la sociedad civil y la incorporación de dos Consejos de Seguridad adicionales –el Socioeconómico y el Medio Ambiental- se adopten, frente a amenazas globales, medidas globales que permitirían reconducir las erráticas y erróneas tendencias actuales.
Movilización inmediata.  Los intelectuales, artistas, científicos, universidades, universitarios… deberían liderarla.  Mañana puede ser tarde.

Federico Mayor Zaragoza. Llamamiento muy URGENTE

enero 21, 2017

Federico MayorFrente a graves amenazas globales, ahora sí, ciudadanos del mundo, ¡uníos!
Por primera vez en la historia, la humanidad debe hacer frente a procesos potencialmente irreversibles, de tal modo que, si no se adoptan medidas correctoras a tiempo, podrían alcanzarse puntos de no retorno.
Es inaplazable advertir a escala planetaria de la irresponsabilidad inadmisible en la que incurriríamos si no reaccionamos con firmeza para reconducir las actuales tendencias.
En el mes de septiembre de 2015, en la “Declaración Conjunta Emergencia Social y Ecológica” (https://declaracionconjunta.wordpress.com) suscrita en primeros lugares por Mikhail Gorbachev, Mario Soares, Garry Jacobs, Colin Archer, Roberto Savio y François de Bernard, propusimos ya, con carácter de urgencia, en un contexto insolidario, progresivamente egoísta, xenófobo, racista y fanático, la inmediata adopción de medidas relativas al medio ambiente, las desigualdades sociales y extrema pobreza, y la eliminación de las armas nucleares, al tiempo que urgíamos la refundación –inicialmente constituido en sesión permanente extraordinaria- de un sistema multilateral democrático, las Naciones Unidas, que el neoliberalismo ha marginado y sustituido por grupos plutocráticos (G6, G7, G8, G20).
Como ha sucedido con otros recientes manifiestos y llamamientos (Declaración de Premios Nobel de la Paz, Barcelona, diciembre 2015; Campaña de “Desarme para el Desarrollo”, iniciativa del International Peace Bureau, Berlín, septiembre-octubre 2016…) el inmenso poder mediático acalló cualquier posible eco y siguió propiciando innumerables espectadores sumisos y ofuscados.
Los Acuerdos de París sobre el Cambio Climático (COP) alcanzados en la reunión de Naciones Unidas al respecto, así como la propuesta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para el periodo 2015-2030 aparecieron como pasos en la buena dirección.
Pero al poco tiempo las expectativas empeoraron porque no sólo continuaba la carencia de recursos para la puesta en práctica de los ODS y de la COP sino que se confirmaba (informe de OXFAM-Intermon) la concentración de riqueza en pocas manos: miles de personas muriendo de hambre y desamparo al día, al tiempo que se invierten en armas y gastos militares 4.000 millones de dólares… al tiempo que se reducen drásticamente las ayudas al desarrollo, obligando a muchos seres humanos a abandonar sus míseros lugares de origen… y que hallan puertas y manos -¡y mentes!- cerradas al llegar –si logran llegar- a las riberas de sus sueños…
La situación de emergencia social y ecológica era ya motivo de gran preocupación y se esperaba con impaciencia que se pasara de los diagnósticos al tratamiento en tiempo oportuno, teniendo en cuenta especialmente a las generaciones futuras, deber indeclinable de las presentes.
Y entonces surgió en el escenario el Sr. Donald Trump, presidente electo de los Estados Unidos. El Partido Republicano ha sido, con escasas excepciones, defensor de la hegemonía norteamericana, oponiéndose radicalmente al multilateralismo democrático (recordar su rechazo a la Sociedad de Naciones en 1919; al Sistema de las Naciones Unidas, especialmente en la década de los 80, confiando la gobernanza mundial a grupos autárquicos; no suscribiendo la Convención de los Derechos del Niño en 1989; situando la Organización Mundial del Comercio fuera del ámbito de las Naciones Unidas; no haber tenido en cuenta las Resoluciones del Consejo de Seguridad en la invasión de Irak el año 2003…)
Los anuncios efectuados por el Presidente electo Trump relativos a las armas nucleares, al rechazo de las Naciones Unidas y al incumplimiento de los Acuerdos sobre el Cambio Climático constituyen una intolerable amenaza global.
Es inadmisible desde todos los puntos de vista que la actuación al frente del país más poderoso de la Tierra de quien hace caso omiso de las reiteradas advertencias de los científicos -¡ha designado como Secretario de Estado a un ex-presidente de la Compañía Exxon Mobil, que durante más de tres lustros (1980-1996) subvencionó generosamente a pseudo-especialistas para que negaran el efecto nocivo de las emisiones de CO2 y otros gases con “efecto invernadero” sobre la habitabilidad de la Tierra!- ponga en riesgo inminente a la humanidad entera y en particular, a los jóvenes y generaciones sucesivas.
Hasta hace poco, “Nosotros, los pueblos…” –como tan lúcidamente comienza la Carta de las Naciones Unidas- no podíamos expresarnos. Ahora, gracias a la tecnología digital ya podemos hacerlo libremente. Y sabemos lo que acontece. Ahora sí, ya es posible alzar la voz. Si no, seríamos cómplices. Delito de silencio.
Ahora sí, ciudadanos del mundo, debemos con firmeza en un gran clamor en el ciberespacio manifestar al Presidente Trump que si cumple sus aciagos propósitos serán millones de seres humanos los que, velando por el destino común y en especial por el de los más jóvenes, dejarán de adquirir y suministrar productos al país cuyo liderazgo constituye un peligro de efectos irreversibles para el conjunto de la humanidad.
Serán todos los seres humanos iguales en dignidad, serán “Nosotros, los pueblos…” los que tomen en sus manos las riendas hacia un futuro sin armas nucleares y con las condiciones propias de una vida digna en un entorno ecológico controlado. El porvenir está por-hacer, todavía. Es tiempo de acción. Mañana puede ser tarde.
Iniciemos, ahora que, por fin, es posible, la transición de una cultura de guerra a una cultura de paz, de la fuerza a la palabra.
Ahora sí, ciudadanos del mundo ¡uníos! Y, desde el próximo 20 de enero de 2017, expresad en los modernos medios de comunicación vuestra resuelta actitud si no rectifica su programa.
Frente a una amenaza global, una respuesta global a quien pone en riesgo el cumplimiento de nuestro deber supremo: el cuidado a las generaciones venideras. Traicionarlas constituiría un terrible error histórico.
Si se lograran evitar estas sombrías perspectivas, entonces, “Nosotros, los pueblos…” daríamos el siguiente paso: la reinstauración del multilateralismo que permitiría recorrer airosamente las primeras etapas de la nueva era.
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Es preciso mantenerse alerta y vigilantes, con una actitud permanentemente proactiva, difundiendo este mensaje, proponiendo en su caso mejoras al texto y, sobre todo, reclamando adhesiones a aspectos muy concretos del mismo.

Urgente: un nuevo concepto de seguridad. Federico Mayor Zaragoza

agosto 29, 2016

A propósito de los múltiples incendios en Galicia, la isla de La Palma, California,…, terremotos de Italia y Birmania y muchas otras catástrofes.

Federico Mayor

Los grandes poderes actuales siguen pensando que la fuerza militar es la única expresión y referencia de “seguridad”. Gravísimo error, costosísimo error que se ocupa exclusivamente de los aspectos bélicos y deja totalmente desasistidos otros múltiples aspectos de la seguridad “humana”, que es, en cualquier caso, lo que realmente interesa.

Cuando observamos los arsenales colmados de cohetes, bombas, aviones y barcos de guerra, submarinos… y volvemos la vista hacia los miles de seres humanos que mueren de hambre cada día, y hacia los que viven en condiciones de extrema pobreza sin acceso a los servicios de salud adecuados… y contemplamos consternados el deterioro progresivo de las condiciones de habitabilidad de la Tierra, conscientes de que debemos actuar sin dilación porque se está llegando a puntos de no retorno en cuestiones esenciales del legado intergeneracional.

Cuando nos apercibimos de la dramática diferencia entre los medios dedicados a potenciales enfrentamientos y los disponibles para hacer frente a recurrentes catástrofes naturales (incendios, inundaciones, terremotos, tsunamis,…) constatamos, con espanto, que el concepto de “seguridad” que siguen promoviendo los grandes productores de armamento es no sólo anacrónico sino altamente perjudicial para la humanidad en su conjunto, y que se precisa, sin demora, la adopción de un nuevo concepto de “seguridad”, bajo la vigilancia atenta e implicación directa de las Naciones Unidas.

¿Quién se acuerda de Haití? ¿Y de Ecuador? Cuando admiramos la heroica actuación de unos expertos bomberos y unos cuantos helicópteros y avioncitos en La Palma… y recordamos la “plenitud” del F-16 y F-18, y los misiles y escudos anti-misiles, y los portaaviones, y las naves espaciales… cuando seguimos las acciones admirables que llevan a cabo tanta gente y voluntarios para rescatar a algunas personas todavía vivas después de un terrible seísmo, sentimos el deber ineludible de alzar la voz y proclamar, como ciudadanos del mundo, que no seguiremos tolerando los inmensos daños, con frecuencia mortales, que sufren por tantas otras modalidades de “inseguridad” quienes -una gran mayoría- no se hallan protegidos por los efectivos militares.

La seguridad alimentaria, acceso a agua potable, servicios de salud, rápida, coordinada y eficaz acción frente a las situaciones de emergencia… es -ésta y no otra- la seguridad que “Nosotros, los pueblos…” anhelamos y merecemos.


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