Del 19 de abril al 20 de agosto hay más de 200 años y una sola independencia. Ivan Padilla

agosto 17, 2018

En 1810 ocurrió un acto lleno de simbolismo centrado en el Cabildo caraqueño. Era semana santa y hasta la gente más piadosa clamaba independencia. Sólo que aquel 19 de abril era tan solo una oportunidad pactada entre lo viejo “que no acaba de morir” y lo nuevo “que no acaba de nacer” que se expresa por la renuncia de Vicente Emparan al ejercicio de su mando.

En 2018, exactamente 206 años, cuatro meses y un día, después de aquel 19 de abril, ocurre en Venezuela un nuevo acto de simbólica independencia. El Gobierno Bolivariano que preside Nicolás Maduro establece una importante ruptura con una cosmovisión de dominio que, hasta el presente, expresa el todo de las relaciones de producción capitalistas.

Ambas fechas se convierten en efemérides de la República con un bicentenario de indetenibles luchas, resistencia y construcción de la definitiva independencia. La promesa -en una especie de juramento como el del joven romántico Simón Bolívar en el Monte Sacro al prometer su regreso a territorio americano para su liberación- fue pronunciada por el joven cadete Hugo Chávez en el comienzo de su vida como soldado de la patria. Citaba al Bolívar de Angostura “Volando por entre las próximas edades”, cuando anunciaba que su imaginación se fijaba “en los siglos futuros” como otro “delirio” parecido al del Chimborazo: “un sueño, una utopía, que ahora se está concretando”, explicaba entonces el mismo Comandante Chávez recordando sus días y este camino de esperanzas llamado Revolución Bolivariana. Con muchos antecedentes, con su “árbol de las tres raíces” pero también con hito antiimperialista y antineoliberal, como el de la ruptura histórica marcada el 27 de febrero de 1989, como voluntad de un pueblo que nunca olvidó su raíz y su compromiso de ser independientes para siempre.

Es este espíritu independentista de Bolívar y Chávez el que las oligarquías -el santanderismo colombiano representado hoy por el triunvirato de terroristas narcotraficantes integrado por Uribe, Santos y Duque y sus amos yanquis imperialistas- no le perdonan a Nicolás Maduro en su fiel compromiso con la Patria y el legado que le dejara el Libertador venezolano del siglo XXI. Quieren que fracase esta Revolución, quieren abortar la consolidación de la V República y la concreción de la utopía de la Patria socialista.

Pero el lunes 20 de agosto ya se perfila como una nueva efeméride en nuestra gesta independentista y por eso los ataques múltiples desde el imperio y sus aliados, sus planes terroristas, el magnicidio (afortunadamente “en grado de frustración”, como dicen los juristas) del sábado 4 de agosto y sus nuevos planes antivenezolanos, que incluyen nuevas “guarimbas” y actos de desestabilización apostando al fracaso de nuestra inminente victoria sobre la guerra económica desplegada hasta el presente.

Pero, este 20 de agosto, amanecer con un nuevo cono monetario y cinco ceros menos en su denominación no es un simple capricho, sino un disparo en el ala de uno de los drones terroristas que el enemigo sobrevuela artillado sobre la Revolución Bolivariana y Chavista.

Pero amanecer con un Bolívar Soberano anclado en nuestra criptomoneda Petro y su soporte real en nuestras riquezas, y en particular en nuestras reservas petroleras, es algo que pone a temblar al dólar gringo como referencia mundial entre las monedas y también a quienes se refugian y se han refugiado hasta ahora en ese fetiche del gran capital.

Pero amanecer con la decisión práctica de exonerar de impuestos y desgravámenes a la importación de todos los bienes, capitales, materia prima, insumos, agroinsumos, maquinarias y repuestos, es otro camino preparado para la definitiva independencia.

Amanecer con un sistema de transporte integrado y soberano, amanecer con subsidios directos para los combustibles, lo cual frenará abruptamente el contrabando de gasolina y colocará a precios internacionales la adquisición de la misma, es también parte de la construcción del camino que cada vez nos acerca más a las igualdades socialistas y a la independencia definitiva.

En fin, amanecer de contraofensiva firme ante los ataques imperialistas, sus oligarquías y los lacayos enquistados en nuestra propia geografía, alientan a la Revolución que avanza hacia la liberación. No vamos a ver los resultados al siguiente día, hace falta trabajar, luchar, construir la sociedad bolivarianamente socialista. Es tarea tuya, es tarea mía. No es solo tarea de Maduro y del Gobierno, sino de quienes asumimos con Chávez y Bolívar alcanzar –insistimos- la independencia definitiva. ¡Vamos a echarle bolas… y ovarios también, sin dudas!


La buena voluntad que falta en el Brasil de hoy. Leonardo Boff

mayo 30, 2017
En la sociedad brasileña actual existe una ola de odio, de rabia y de desgarramiento que rara vez hemos tenido en nuestra historia. Hemos llegado a un punto en que la mala voluntad generalizada impide cualquier convergencia hacia una salida de la abrumadora crisis que afecta a toda la sociedad.

Represao em Brasilia. Foto: Mídia Ninja

Immanuel Kant (1724-1804), el más riguroso pensador de la ética en el Occidente moderno, en su Fundamentación para una metafísica de las costumbres (1785) hizo una afirmación de importantes consecuencias: No es posible pensar algo que, en cualquier lugar en el lugar del mundo e incluso fuera de él, pueda ser tenido estrictamente como bueno sino la buena voluntad (der Gute Wille) . Kant reconoce que cualquier proyecto ético tiene defectos. Sin embargo, todos los proyectos tienen algo común que es la buena voluntad. Traduciendo su difícil lenguaje: la buena voluntad es el único bien que es solamente bueno y para el que no cabe hacer ninguna restricción. La buena voluntad o es sólo buena o no es buena voluntad.

Esta es una verdad con serias consecuencias: Si la buena voluntad no es la actitud previa a todo lo que pensamos y hacemos, será imposible crear una base común que nos envuelva a todos. Si lo malicio todo, si todo lo pongo bajo sospecha y ya no confío en nadie, será imposible construir algo que congregue a todos. Dicho positivamente: sólo contando con la buena voluntad de todos puedo construir algo bueno para todos. En momentos de crisis como el nuestro, la buena voluntad es el factor principal de unión de todos para una respuesta viable que supere la crisis.

Estas reflexiones valen tanto para el mundo globalizado como para el Brasil actual. Si no hay buena voluntad en la gran mayoría de la humanidad, no vamos a encontrar una salida a la desesperante crisis social que desgarra a las sociedades periféricas, ni una solución para la alarma ecológica que pone en peligro el sistema-Tierra. Sólo en la COP 21 de París en diciembre de 2015 se llegó a un consenso mínimo en el sentido de contener el calentamiento global. Ni aún así las decisiones fueron vinculantes. Dependían de la buena voluntad de los gobiernos, cosa que no ocurrió, por ejemplo, con el parlamento norteamericano que solamente apoyó algunas medidas del presidente Obama.

En Brasil, si no contamos con la buena voluntad de la clase política, en gran parte corrompida y corruptora, ni con la buena voluntad de los órganos jurídicos y policiales jamás superaremos la corrupción que se encuentra en la estructura misma de nuestra débil democracia. Si esta buena voluntad no está también en los movimientos sociales y en la gran mayoría de los ciudadanos que con razón se resisten a los cambios anti-populares, no habrá nada, ni gobierno, ni ningún líder carismático, que sea capaz de plantear alternativas esperanzadoras.

La buena voluntad es la última tabla de salvación que nos queda. La situación mundial es una calamidad. Vivimos en permanente estado de guerra civil mundial. No hay nadie, ni las dos santidades, el Papa Francisco y el Dalai Lama, ni las élites intelectuales mundiales, ni la tecnociencia que proporcionen una clave de solución global. Exceptuando a los esotéricos que esperan soluciones extraterrestres, en realidad, dependemos únicamente de la buena voluntad de nosotros mismos.

Brasil reproduce en miniatura la carácter dramático que reviste la realidad mundial. La llaga social producida en quinientos años de descuido con las cosas del pueblo significa una sangría desatada. Nuestras élites nunca pensaron una solución para Brasil como un todo, sino sólo para sí. Están más empeñadas en defender sus privilegios que en garantizar derechos para todos. Aquí está la razón del golpe parlamentario que ha sido sostenido por las élites opulentas que quieren continuar con su nivel absurdo de acumulación, especialmente el sistema financiero y los bancos, cuyos beneficios son increíbles.

Por eso, los que sacaron a la Presidenta Dilma del poder con artimañas político-jurídicas, se atrevieron a modificar la constitución en cuestiones fundamentales para la gran mayoría del pueblo, como la legislación laboral y la seguridad social. Han pretendido, en último término, desmontar los beneficios sociales de millones de personas, integradas en la sociedad por los dos gobiernos anteriores, y permitido un traspaso fabuloso de riqueza a las oligarquías adineradas, absolutamente despegadas del sufrimiento del pueblo con su egoísmo pecaminoso.

Al contrario del pueblo brasileño, que ha mostrado históricamente una inmensa buena voluntad, estas oligarquías se niegan a saldar la hipoteca de buena voluntad que deben al país.

Si la buena voluntad es tan decisiva, entonces urge suscitarla en todos. En momentos de peligro, en el caso del barco-Brasil que se hunde, todos, hasta los corruptores se, sienten obligados a ayudar con lo que les queda de buena voluntad. Ya no cuentan las diferencias partidistas, sino el destino común de la nación, que no puede caer en la categoría de un país fallido.

En todos existe un capital inestimable de buena voluntad que pertenece a nuestra naturaleza de seres sociales. Si cada uno quisiese de hecho que Brasil saliera adelante, con la buena voluntad de todos seguramente lo conseguiría.


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