América Latina ¿El final del ciclo (que no hubo)? Emir Sader

septiembre 15, 2015

ALAI AMLATINA, 14/09/2015.- Frente a las dificultades de los gobiernos posneoliberales en varios países, algunos, con cara de arrepentimiento y voz grave, lamentan lo que sería el final del ciclo de los gobiernos progresistas en América Latina, sumándose, una vez más, a las voces de la derecha. Un ciclo que ellos nunca reconocieron que hubiera existido.

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Antes, se decía que nunca había existido ruptura alguna, que los nuevos gobiernos eran la continuidad de los anteriores, tan neoliberales como aquellos. La Venezuela de Hugo Chávez reproduciría la de los gobiernos de Acción Democrática y de Copei. El gobierno de Lula seria la continuación del de Cardoso. La Argentina de los Kirchner no se diferenciaría de la de Menem. Los gobiernos del Frente Amplio serían las nuevas versiones de los programas de los partidos de la derecha uruguaya. Evo Morales y Rafael Correa serian reediciones de los gobiernos conservadores que los han precedido.

Cuando las trasformaciones operadas por esos gobiernos en sus países han disminuido sustancialmente la desigualdad, la miseria, la exclusión social aun en el marco del aumento de esos fenómenos en escala mundial; cuando los procesos de integración regional han debilitado la capacidad de influencia de Estados Unidos en la región y han proyectado espacios propios de acción; cuando los Estados de esos países han recuperado capacidad de acción económica, política y social; aquellas voces han tenido que callarse, para ahora volver con la idea de que esos gobiernos se habrían agotado.

¿Pero qué significa un fin de ciclo? Fue, por ejemplo, el agotamiento del largo ciclo desarrollista en escala mundial y latinoamericano, que ha llevado a su sustitución por gobiernos neoliberales. Fue el agotamiento del ciclo neoliberal, que ha llevado al surgimiento de gobiernos posneoliberales.

¿Qué significaría el agotamiento del ciclo posneoliberal? En el horizonte, la única perspectiva es la restauración conservadora, con el retorno al modelo neoliberal, programa propuesto por todos los sectores oposicionistas, todos de derecha. La ultra izquierda, a lo largo de todo el ciclo posneoliberal, iniciado hace más de década y media, no ha construido alternativas en ninguna lado, no ha ocupado ningún lugar significativo en el campo político, se limita a proclamaciones críticas y a alianzas con la derecha en contra de esos gobiernos.

Final de ciclo será cuando aparezcan nuevas alternativas, superadoras, en el horizonte político. Será cuando la derecha consiga – si lo logra hacer – una perspectiva conservadora de superación de los gobiernos actuales. O cuando los mismos gobiernos posneoliberales agoten sus propuestas actuales y se propongan objetivos más grandes, por ejemplo, anticapitalistas.

Innegablemente varios gobiernos posneoliberales se enfrentan actualmente a dificultades, más grandes o menores. Son afectados por las herencias recibidas de los gobiernos neoliberales, como la desindustrialización, el peso enorme de los sectores primario exportadores, la hegemonía del capital especulativo, la predominancia del neoliberalismo y de las políticas de austeridad en escala mundial. Así como dificultades que algunos de esos gobiernos no han sabido superar hasta ahora, además de las mencionadas, como el peso de los monopolios privados de los medios de comunicación, el rol del dinero en las campañas electorales, el estilo de vida y de consumo norteamericanos, entre otros.

Lo que se termina es una primera fase de los gobiernos posneoliberales, que son los que tienen las mejores condiciones de enfrentar, de forma progresista, avanzando en el camino seguido hasta aquí, para garantizar los avances y superar los problemas actuales. Con más integración regional, para favorecer la construcción de una nueva matriz productiva, con nuevas propuestas que permitan la superación definitiva del neoliberalismo.

La derecha seguirá impotente frente a esos avances, mientras la ultra izquierda seguirá estando de espaldas a la historia real.


Un capítulo en falso. Alfredo Vera

agosto 16, 2015

Alfredo Vera Cachito en Madrid

En el libreto del golpe blando existen varios capítulos que los ejecutores de ese perverso plan se proponen cumplir para derrocar un régimen democrático. En el Ecuador tocaba un nuevo calentamiento de calles y plazas para darles un hervor y quedar a punto de impulsar un avance hacia la meta de su objetivo que ya lo habían gritado a toda voz: “Fuera Correa, Fuera”.

No hay que cometer el error de menospreciar de lo que es capaz la derecha oligárquica, más aun cuando tiene el descarado apoyo del politizado empresariado de la comunicación que manipula a los grupos sociales cuyos dirigentes se han entregado sin escrúpulos a los designios de la restauración conservadora, cumpliendo el mandato imperial.

El fracaso del paro nacional indefinido del 13 de Agosto fue contundente y sin atenuantes, pero no hay que proclamar la victoria: ellos, los golpistas, son como los ofidios, pues las culebras no mueren con facilidad y mientras ellos tengan sus poderosas chequeras y la orientación gringa siguen vivitas y coleando.

Cobijados por el engaño y la mentira el pueblo le dio las espaldas a los convocantes que hablaban de una “marcha” y montaron una “caravana motorizada”; algunos de los dirigentes supuestamente indígenas eran unos mestizos que con artimañas mañosas desplazaron a los dirigentes históricos; el protagonismo de los anarquistas tirapiedras del extinguido Movimiento Popular Democrático (MPD), que está muy lejos de ser popular, peor democrático; y, para colmo del desprestigio, apareció el banquero Lasso revelándose como el padrino de la jornada levantisca y desestabilizadora.

Como es costumbre de este grupo y otros asalariados, frente a un fracaso porque nadie paró en todo el país, lo convierten en violencia agresiva, buscando un reguero de sangre inocente para justificar su intemperancia y falacia.

No se puede olvidar que el primer levantamiento indígena en 1990, fue una artera traición para desprestigiar al gobierno de Rodrigo Borja que había entregado millones de hectáreas a las comunidades ancestrales para legalizar la tenencia de sus territorios y dispuso, entre otras medidas a favor de esas comunidades indígenas, me dispuso que el Ministerio de Educación a mi cargo implementara y legalizara la institucionalización de la educación intercultural bilingüe, para lo cual hubo que vencer la tenaz y necia oposición de los gamonales, la ultra derecha y los tradicionales contreras garroteros del MPD con el membrete nefasto de UNE, que abominaban ante la posibilidad de que nombráramos Director de una escuela a un indio y que sea jefe de ellos.

Le mordieron la mano al Presidente Borja que los ayudó sin necesidad de levantamientos, incondicionalmente.

Es la tradición de los politiqueros con o sin ponchos, acostumbrados a pescar en toda clase de ríos, en especial si está revuelto.
Ni paro, ni nacional, ni indefinido.


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