Liderazgos nacionales y auto estima del pueblo. Emir Sader

diciembre 4, 2017
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Nunca había surgido, en América Latina, un grupo de líderes populares tan expresivo como el que han compuesto Hugo Chávez, Lula, Néstor y Cristina Kirchner, Pepe Mujica, Evo Morales, Rafael Correa. Ellos representaron no solamente un proyecto de recuperación del desarrollo económico con inclusión social, son también un proceso de elevación de la auto estima de los pueblos de esos países.

Nunca nuestros pueblos se han enorgullecido tanto de sus países, de sus gobiernos, de sus líderes, como en ese momento. Porque nunca esos países han prosperado tanto en lo económico, nunca ese progreso ha revertido tanto en manos de todos. Nunca la soberanía nacional fue tan plena, para que nuestros gobiernos pudieran expresar, para todo el mundo, que las políticas externas de nuestros países representan lo que piensa y siente la gran mayoría de su pueblo.

Esa auto estima es fundamental para que nuestros pueblos puedan creer en nuestra capacidad de generar nuestras propias respuestas a los problema que enfrentamos. Es fundamental para que la esperanza en el destino de nuestros países se imponga y nos oriente.

La derecha no puede imponerse frente a un pueblo optimista frente a su futuro. No puede imponerse sin imponer el pesimismo, el catastrofismo, el desánimo, la sensación de que nuestros países no tienen arreglo, de que no somos capaces de formular soluciones a nuestros problemas.

Pero para imponer esas sensaciones, la derecha tiene que destruir la imagen de los líderes que personifican la auto estima de nuestros pueblos. Tienen que promover el olvido de todo lo que ha pasado en gobiernos anteriores, cuando llegan al gobierno, o descalificar los avances logrados.

Evo Morales fue objeto de la más espeluznante historia, una verdadera telenovela, en la que era acusado de haber tenido relaciones con una rubia, con la cual habría tenido un hijo, que habría sido abandonado por él. Fue determinante para el resultado del referendo que el gobierno finalmente perdió el haber difundido esas mentiras poco tiempo antes de la consulta. No tardó mucho para que se revelara no solamente que la historia era totalmente falsa, en todo, como que también había sido montada por dirigentes de la oposición política. Los mismos que ahora defienden la obediencia al resultado de aquel referendo, para el cual ellos han contribuido decisivamente con esos montajes mediáticos.

Al igual que es indispensable destruir la imagen de Lula, con el cual la gran mayoría de los brasileños se identifica así como identifican a su gobierno como el mejor momento de la historia del país y de sus vidas, para concluir con la idea de que Brasil no tendría arreglo, que los problemas actuales del país no son resultado de la desastrosa política económica del gobierno de Temer, sino de los gastos supuestamente excesivos de los gobiernos del PT. Lula tendría que aparecer como alguien que se habría valido del cargo de presidente para obtener ventajas para él y para sus parientes. Al no lograr hacerlo, la imagen de Lula queda plasmada en la cabeza de la gran mayoría de brasileños de forma extraordinariamente positiva.

Se busca, de igual manera, en Ecuador, identificar al gobierno de Rafael Correa con un endeudamiento supuestamente enorme del Estado, con vínculos con casos de corrupción, para atacar la imagen que tienen de Correa los ecuatorianos, a quien identifican el del presidente que, de lejos,  ha hecho el mejor gobierno en el país.

Esto sucede con todos los gobernantes populares en la región. Se ataca sus imágenes, en la dificultad de contraponer los resultados concretos de sus gobiernos con los de los gobiernos neoliberales. Todos serian centralizadores, autoritarios, “populistas”, irresponsables en el manejo de las cuentas públicas, corruptos. Es indispensable esa operación, que se da en todos los países donde hay o hubo gobiernos anti neoliberales, para buscar destruir la reputación pública de esos dirigentes y, a la vez, destruir la auto estima del pueblo.

La derecha no puede gobernar un país en que el pueblo crea en su propia capacidad de generar liderazgos en los que deposita su confianza y que gobierne conforme sus intereses y necesidades. La identidad del pueblo con esos dirigentes es un patrimonio indestructible para la lucha por la democracia, la justicia y la soberanía de nuestros países.


Época de cambio y cambio de época. Emir Sader

mayo 25, 2017

Ya se cumplieron diez años desde que Rafael Correa, recién elegido presidente de Ecuador, anunciaba que el país empezaba a salir de la larga noche del neoliberalismo y que el continente ya no estaba en una época de cambio, sino en un cambio de época. La nueva época sería la de superación del modelo neoliberal, al que se entregaron varios gobiernos de la región.

Una década después, Correa entrega el gobierno a su sucesor –Lenin Moreno-, elegido democráticamente por voluntad mayoritaria del pueblo ecuatoriano y sale victorioso de una década como presidente de Ecuador. El  pertenece a una nueva generación de dirigentes políticos de la izquierda, que no provienen de los estratos que tradicionalmente han elegido los presidentes de nuestros países, sino desde afuera de los sistemas oligárquicos tradicionales y que, justamente por ello, han logrado romper con los intereses que se expresan en el neoliberalismo.

Hugo Chávez, Lula, Pepe Mujica, Evo Morales, Rafael Correa, Fernando Lugo, son algunos de los ejemplos de esos dirigentes que llegaron a la política desde la lucha social. No por acaso varios de ellos frecuentaron el Foro Social Mundial, que se proyectaba como un espacio de aglutinación de todas las fuerzas que se oponían al neoliberalismo.

Ellos supieron, por la vía de los hechos, construir gobiernos que han atacado algunas de las bases fundamentales en que se apoya el neoliberalismo. De partida, se han enfrentado a los intentos norteamericanos de imponer un Área de Libre Comercio en todo el continente, derrotando esa perspectiva y fortaleciendo los procesos de integración regional. Han logrado constituir la única región del mundo que tuvo procesos de integración regional independientes de la hegemonía norteamericana, constituida por el único conjunto de gobiernos antineoliberales en el mundo.

En segundo lugar, a contramano de las tendencias predominantes en el capitalismo contemporáneo, han logrado disminuir la desigualdad, la exclusión social, la pobreza y la miseria, en el continente conocido por ser el más desigual del mundo. El contraste entre los gobiernos que han avanzado en la superación del neoliberalismo y los que han mantenido ese modelo es flagrante y certifica como ese es el camino fundamental de la izquierda en el siglo XXI.

Por otra parte, frente a un tema tan controvertido como el del rol del Estado, lo han rescatado, rechazando la centralidad del mercado, y haciendo del Estado un agente dinamizador de la economía, distribuidor de renta y garante de los derechos de todos.

En su conjunto esas trasformaciones han constituido lo que Correa llamaba de un cambio de época. De la época de hegemonía neoliberal a la época de superación del neoliberalismo.

Diez años – o más, en otros países – después, ese camino encuentra muchos obstáculos, dando la ilusión a algunos que puede haber vuelta a una era neoliberal en América Latina. La combinación entre durísimas campanas centradas en los medios para desacreditar esos gobiernos y sus liderazgos, buscando revertir su legitimidad y desacreditar la posibilidad de que nuestro continente elabore su propia salida del neoliberalismo, con errores cometidos por esos gobiernos, han logrado éxitos, derribando gobiernos – por elección o por golpe -, desestabilizando a otros, generando un clima de descalificación de la política, de desinterés por los temas políticos, de retorno fuerte de las posturas egoístas centradas en un consumismo al estilo del “modo de vida norteamericano”.

Gobiernos como los de Mauricio Macri en Argentina y Michel Temer en Brasil apuntan lo que la derecha del continente promete: el retorno de las depresiones económicas, del desempleo en larga escala, de la exclusión social, del retroceso en términos de derechos sociales, entre tantas otras plagas de la larga noche neoliberal a la que se refería Correa.

¿Es eso lo que quieren nuestros pueblos? ¿Es eso lo que se merecen nuestros países? El fracaso relativamente rápido del golpe en Brasil, el agotamiento rápido de los proyectos de restauración neoliberal en Argentina y en Brasil, sin que ninguna de sus promesas se haya cumplido, reafirma que el cambio de época sigue siendo un objetivo actual, urgente, indispensable.


Rafael Correa. Feliz aniversario

abril 7, 2016

Ayer, 6 de abril, Rafael Correa, Presidente de Ecuador celebró su 53 aniversario. Desde este mi Blog, le deseo Felicidad junto a sus allegados.

Correa, 11 octubre

Nacido en Guayaquil el año 1963, alcanzó la presidencia de su país, Ecuador (Ecuador), tras las elecciones presidenciales de 2006. Me acuerdo de aquella campaña que seguí desde Quito.
En septiembre de 2008, luego de la adopción de una nueva Constitución, se organizaron nuevas elecciones generales y el 26 de abril de 2009 ganó la aquella contienda con 52 % de los votos en la primera vuelta.
Correa fue reelecto para su segundo mandato de cuatro años, hasta el año 2013 y, nuevamente para un tercer mandato que concluirá en el año 2017.
Le considero un gran político, gran economista. Ha dado un vuelco importante a su país con su “Revolución Ciudadana”.
Ha llevado a cabo grandes reformas políticas, económicas -también en los sectores financiero-petrolero-.
Considero trascendental que haya dado prioridad y haya puesto importante énfasis, en todo lo que respecta a temas sociales y de Educación. Los jóvenes son nuestro futuro.


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