Lo de Rajoy en Catalunya, peor que un crimen. Radio Havana-Cub

octubre 2, 2017

Las últimas horas  han dado la vuelta al mundo las imágenes asombrosas de la brutalidad policial ejecutada por el gobierno español, presidido por Mariano Rajoy, contra la población catalana que realizó este domingo una consulta pública para decidir sobre su eventual independencia y declararse una república soberana.

Guardias civiles y agentes de la policía nacional, equipados como para ir a la guerra, arremetieron contra las personas que intentaban depositar su voto para responder a la pregunta:

‘¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república?’.

Siguiendo órdenes de Madrid, los uniformados rompieron ventanas y puertas en los colegios electorales y consiguieron confiscar las urnas en unas 400 instalaciones, además de contener con exceso de fuerza a quienes trataban de sufragar, lo que dejó como resultado casi 900 personas heridas.
Aún así, las autoridades catalanas informaron que más de dos millones 262 mil ciudadanos lograron votar, de los cuales el 90 por ciento respondieron Sí  a la independencia y 7,87 prefirieron mantenerse como parte de España.
Si bien el resultado es favorable para las autoridades catalanas que impulsaron la consulta y recibieron el apoyo de cientos de miles  de personas en toda la región catalana, el que pasará a la historia  como el gran perdedor de la jornada es el gobierno de Rajoy, al que  numerosos sectores, dentro y fuera de ese país europeo, critican con dureza por la brutalidad de la policía.
Y es que, quizás sin darse cuenta, el presidente del ejecutivo desde que comenzó sus acciones para tratar de impedir el referendo, que
incluyó la detención de funcionarios públicos y el decomiso dematerial electoral, no hizo sino trasladar el centro del debate, que pasó de la pelea por la soberanía al derecho elemental de opinar, o la libertad de elegir.
Para muchos este domingo en Cataluña ya no fue ocasión de votar si o no, sino simple y llanamente de tener derecho a votar, algo que en
Madrid no tuvieron las luces suficientes para advertir. Como dijo el líder de izquierda y excandidato presidencial francés, Jean-Luc Mélenchon,  el Estado español perdió la sangre fría.

El primer ministro de Bélgica, Charles Michel, agregó que la violencia nunca puede ser la respuesta.
A estas alturas muchos nos hacemos las siguiente pregunta: ¿si las espeluznantes imágenes de policías españoles apaleando a hombres,
mujeres y ancianos hubiesen ocurrido por casualidad en Caracas, La Paz, Quito o Managua, que estaría ocurriendo en estos momentos en la ONU o la desprestigiada OEA?
En estas capitales esto nunca va a ocurrir, pero por si acaso, ¿no estaría justo ahora preparándose una “intervención humanitaria” para
proteger a la sociedad civil?
Quizás las consecuencias de la desafortunada decisión de Rajoy de emplear de esa manera a la policía no las definió tan bien ningún político, como lo hizo un futbolista, Gerard Piqué, cuando aseguró que después de la triste jornada de este domingo jamás los catalanes se han sentido tan separados de España.


Pepsico: el sabor de la rabia. Silvana Melo

julio 15, 2017

Ante el packaging vistoso de las Twistos hay que recordarlo. Ese sabor crocante está atravesado por el dolor y la injusticia. Cuando tienten los chips de chocolate de las Toddys, no hay que olvidar: están contaminados por violencia y gas pimienta. Por golpes y represión, palabra que parece vedada en los grandes medios. Prohibida. Reemplazada por “choques” o “incidentes”. De manera que se institucionalice una nueva teoría binaria, bidemoníaca: un trabajador despedido, con poca comida, en crisis, dentro de la fábrica que lo exilió es igual de peligroso que 600 gendarmes y policías bonaerenses con cascos, escudos, palos, balas de goma y gas pimienta.

Seiscientos trabajadores se encontraron el 20 de junio con un cartel que les comunicaba su despido. Era el comienzo de una jornada más de una planta estable con un 70% de mujeres. Muchas de ellas solas con sus hijos, con la columna estragada y la esperanza en receso. Una jornada que nunca empezó. Porque Pepsico cerró sin avisarle a nadie. En un típico gesto de displicencia del propietario del mundo ante el descarte.

Dicen que las snacks que producen “hacen la vida más feliz”. Que nadie les crea.

Hoy un juez ordenó el desalojo. Tenía en sus manos una denuncia penal por “invasión a la propiedad privada”. Privada de los propietarios que tienen escriturado el hoy y el mañana de las personas. 600 en este caso. Que no poseen nada. Que no son propietarios más que de su propio destierro.

Pepsico facturó 830 millones de dólares en 2016 (el 8% de su ganancia mundial).

La propiedad es el poder. Que es propio y no de la otredad. Que es el otro de quien se aleja y se protege el propietario. Para que la otredad no le dispute la propiedad. Entonces aparece la policía. Como brazo represivo sistémico para proteger propietarios. Y derogar destituidos. En celdas dos por dos o por la espalda.

Hoy trabajadoras y trabajadores fueron reprimidos con una ferocidad difícil de encontrar en los grandes medios. Porque el establishment, ese anglicismo fatal de lo establecido, es un combo estatal-empresario-gerencial-mediático complicado de perforar.

Hoy centenares de pibes habrán visto por televisión cómo sus madres y sus padres eran golpeados por querer trabajar. Una sencillez conceptual terminante.

Ellos difícilmente vuelvan a masticar Lays. Ni Pringles, aunque sean deliciosas y se las regalen. Saben que tienen el olor del gas pimienta. Y el color de la rabia.


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