Declaración extraordinaria: Todos los pueblos del continente con Venezuela. ALBA Movimientos

mayo 18, 2017

Hacemos un llamado enérgico a las instituciones y pueblos del continente desde la plataforma continental ALBA Movimientos para detener el asedio injerencista del imperialismo a través de la OEA contra la República Bolivariana de Venezuela, como parte de la agenda de violencia que partidos políticos de la derecha venezolana han desatado contra la población venezolana que solo quiere paz y que se resuelvan los problemas fundamentales generados por la acción coordinada entre burguesías nacionales y corporaciones trasnacionales.

Denunciamos que toda esta situación es consecuencia de un plan orientado por el Departamento de Estado de los EEUU, una clara prueba de ello es el grotesco ejercicio militar conjunto que promueven en este momento en frontera venezolana con la vergonzosa colaboración de los gobiernos de Colombia, Perú y Brasil; gobiernos lacayos del imperialismo y títeres de la agenda neoliberal mientras sus poblaciones cada día son más pobres y viven en peores condiciones.

  1. Respeto a la soberanía venezolana, basta de injerencia extranjera

Los llamados que se hacen desde el gobierno de Washington y desde su ministerio de colonias, la OEA,  violan la soberanía venezolana y la constitución de ese país. Lo más preocupante es que promueven y legitiman la confrontación fratricida, además pretenden amenazar militarmente, cosa que ya creímos superado en nuestro continente.

  1. Exigimos el cese de la violencia fascista que intenta instalar la derecha en las calles

La mayoría de la población venezolana sale día a día a las calles pero a trabajar y lo ve impedido por focos violentos promovidos por la derecha política que moviliza a miles de venezolanos opositores al gobierno hacia emboscadas repitiendo el guion que ya vimos en abril de 2002.

  1. Apoyo contundente a la iniciativa del Presidente Nicolás Maduro: constituyente popular

Venezuela en los últimos 17 años ha sido un ejemplo para la región a partir de la constituyente del 98. Ha logrado desarrollar un robusto modelo democrático varias veces validado con importantes niveles de participación y organización, así como una contundente agenda de disminución de la pobreza y garantía de derechos humanos. Hoy renuevan el compromiso del legado del Comandante Hugo Chávez, convocando al pueblo como poder originario,  para solucionar entre todos y todas los verdaderos problemas fundamentales del país ante la negativa de las elites de dialogar y consensuar una verdadera ruta para superarlos.

Bajo estas consignas centrales nos declaramos en movilización permanente para defender la revolución bolivariana que ha sido garante de defensa de la soberanía nacional, apego a la democracia delineada en la Constitución Nacional y protección del pueblo de las amenazas económicas y la violencia. Venezuela es corazón también de las iniciativas de integración desde la cooperación y la solidaridad pero sobre todo es esperanza para las clases trabajadoras y desposeídas de que otro modelo de sociedad es posible, una alternativa al modelo de despojo del capital que hace ricos a pocos y pobres a la inmensa mayoría que pagamos la crisis de este sistema caduco.

Por eso levantamos la campaña de defensa permanente titulada Venezuela Corazón de Nuestramérica para posicionarla en las calles y en las redes.

Por la soberanía de nuestros pueblos

Somos paz, somos pueblo

Seguimos caminando por la Patria Grande

Viviremos y venceremos

Coordinación Política-ALBA Movimientos

17 de mayo de 2017


2018: ¿Nuevo viraje en América Latina? Emir Sad

marzo 2, 2017

Ojalá que las palabras/anhelos de Emir Sader se cumplan. Conste que son los míos. Latinoamérica tiene un hermoso futuro a seguir, sin la presencia de tantos neoliberales que la quieren “a beneficio própio”.

emir-saderDespués de la multiplicación espectacular de gobiernos progresistas en el continente, entre 1998 y 2006, marcando toda la primera década del siglo XXI con sus éxitos, especialmente en el plano social y de soberanía externa, América Latina pasó a sufrir un viraje conservador desde 2015. Este se expresó en las derrotas parlamentarias en Venezuela, en las presidenciales argentinas, en el referendo boliviano, en el golpe brasileño.

Ese viraje encuentra obstáculos muy rápidamente, sea en el fracaso en los intentos de recuperación económica de Argentina y de Brasil, con la aplicación a rajatabla del viejo programa de ajustes fiscales, sea con un contexto internacional que no correspondió a las expectativas de los proyectos de restauración neoliberal.  Como ocurre en todas partes donde ese programa económico es aplicado, se profundiza la recesión y nunca se recupera la capacidad de recuperar el crecimiento económico.

En el plano internacional, la derecha latinoamericana aguardaba el triunfo de Hillary Clinton, que venía a cosechar sus planes de golpes blancos en países del continente, así como el apoyo a gobiernos de restauración neoliberal. Su derrota y el triunfo de Donald Trump dejan atónitos a gobiernos como los de Mauricio Macri y de Michel Temer, que han trabajado para debilitar los procesos de integración latinoamericana apuntando hacia la Alianza para el Pacifico. El proteccionismo de Trump y el debilitamiento de la Alianza para el Pacifico debiera apuntar exactamente en la dirección opuesta, lo que contradice la política externa de esos dos gobiernos, así como su ideología de libre comercio.

Esos dos factores apuntan a un eventual nuevo escenario latinoamericano en 2018. Por una parte, en Brasil, se refuerza la posibilidad de que Lula vuelva a la presidencia del país en las elecciones presidenciales en ese año. Mientras que la política de puertas cerradas de Trump hacia México, abre la posibilidad que en las elecciones presidenciales del 2018 gane una candidatura que promueva el giro radical en la política externa mexicana hacia el sur del continente, como única forma de defensa frente a la ofensiva norteamericana. Por otra parte, Argentina tendrá elecciones presidenciales en 2019, las dificultades del gobierno de Macri y los mismos eventuales resultados de las presidenciales en países como Brasil y Argentina, pueden favorecer al hecho de que los tres más grandes países del continente lleguen a coordinar sus políticas externas, por primera vez, en la dirección de la soberanía.

A eso se pueden sumar las evoluciones internas de Ecuador y de Bolivia, el primero dependiendo de los resultados de la segunda vuelta, que apuntan, en principio, hacia la continuidad de los gobiernos de Alianza País.  El segundo, con la decisión de Evo Morales y del MAS de que el presidente boliviano vuelva a poder candidatearse en 2020, y su favoritismo para ganar. A ese cuadro se suman las elecciones en Paraguay –que puede ver el retorno de Fernando Lugo a la presidencia del país -, Uruguay, en Chile y en Colombia. Todos esos procesos se verán afectados por ese nuevo marco general: el fracaso de la restauración económica neoliberal y el proteccionismo norteamericano. Se puede reconstituir así, en buena medida, el marco de gobiernos progresistas en gran parte de la región, esta vez, caso se confirme lo mencionado, con la integración de México.

Entre sus corolarios estarían los efectos hacia los países centroamericanos, hoy abandonados por México y por los mismos EEUU. El otro aspecto, de extrema importancia, sería la posibilidad de una integración más amplia y profunda de América Latina con los Brics, el horizonte de un mundo multipolar que empieza a acercarse. Es la vía que le queda a América Latina frente al proteccionismo norteamericano, al fracaso de la Alianza para el Pacifico y al agotamiento de la globalización neoliberal.

 


¿Por quién votaria el Papa en Ecuador?Alfredo Serrano Mancilla

febrero 13, 2017

“El problema es que Latinoamérica está sufriendo los efectos de un sistema económico en cuyo centro está el dios dinero, y entonces se cae en las políticas de exclusión. Hoy día Latinoamérica está sufriendo un fuerte embate de liberalismo económico”. Esto fue lo que dijo el papa Francisco recientemente en una entrevista en El País, el pasado 22 de enero.

alfredo-serrano-mancillaEste tipo de frase ya ha dejado de sorprender a propios y extraños. El máximo representante de la Iglesia católica nos ha venido acostumbrando con cuestionamientos frontales al actual modelo económico capitalista. “Esta economía mata”. “Los sistemas liberales de no dan posibilidades de trabajo”. Así de contundente se expresa cada vez que expone sus ideas económicas ante sus feligreses.  No duda ni un instante en responsabilizar al vigente orden económico dominante de la mayorías de problemas sociales que afecta a los pueblos latinoamericanos. Indudablemente el papa Francisco, en estos años, se ha convertido en uno de los principales referentes ideológicos de la propuesta progresista latinoamericana en este tiempo de ofensiva restauradora.

Precisamente es en Ecuador el lugar donde está en juego la hipótesis del fin de ciclo que tanto alienta la derecha en la región. ¿Qué votaría el papa Francisco en este país? ¿Le daría su confianza a la propuesta progresista-humanista de Lenin Moreno para que siguiera adelante con la Revolución Ciudadana? O por el contrario, ¿apoyaría al binomio opositor Guillermo Lasso-Cinthia Viteri para que Ecuador vuelva al eje neoliberal latinoamericano?

El Papa jamás votaría a ningún cipayo porque él está en contra de “aquel que vende la patria a la potencia extranjera que le pueda dar más beneficio”. Esto decanta claramente la balanza a favor de la única propuesta que ha demostrado en los últimos diez años haber recuperado la soberanía. Acabar con la base militar estadounidense en Manta es el mejor ejemplo de esta forma de hacer política. Ecuador, gracias a la gestión de Correa, ha sido capaz de recuperar soberanía en muchos frentes. En lo económico, el cambio ha sido irrefutable a pesar de tener que encarar actualmente una situación complicada. ¿Qué sería de Ecuador sin soberanía frente a una restricción externa tan asfixiante? Gracias a sus avances en soberanía tributaria: el país tiene mayor capacidad para sostener sus propias necesidades. Se ha mejorado y mucho en soberanía energética. Se inició la auditaría de los Tratados Bilaterales de Inversión firmados en el pasado a favor de las transnacionales. Ecuador es cada vez más independiente, con alianzas más diversas en este mundo multipolar, y eso le permite ser un país con voz propia que no pide permiso a nadie para opinar ni decidir.

Al otro lado, está la derecha ecuatoriana, con Lasso-Viteri, que se empecinan en “abrir Ecuador al mundo”. El objetivo es que vuelvan las carabelas. Suplican que vengan desde afuera a arreglar los problemas internos. No lo disimulan. Quieren un país subordinado. Dicho claramente: son cipayos. Y justamente es esa la razón por lo cual el Papa no los votaría.

En lo social, aún cabe menos duda. Lenin Moreno propone un programa social ambicioso, Toda una vida, para garantizar los derechos sociales desde que se nace hasta los últimos días de vida. Esta propuesta está en la misma sintonía con las políticas públicas inclusivas que se han venido desarrollando por la Revolución Ciudadana. Enfrente de este paradigma, Lasso-Viteri cacarean el credo neoliberal: achicar Estado, privatizar, mercantilizar derechos sociales. Una suerte de sálvese quién pueda, generador de exclusión, por lo que el Papa tampoco los votaría.

Se mire por donde se mire, el papa Francisco elegiría a la Revolución Ciudadana, encabezada por Lenin Moreno, para pilotar Ecuador por los próximos años. Jamás votaría a cipayos ni por el retorno del neoliberalismo económico. Jamás votaría a ninguna propuesta que condenara a la gente a vivir en condiciones de pobreza. Jamás votaría por un proyecto político que expulsara del país a sus ciudadanos tal como ocurrió en décadas pasadas. El Papa no tendría dudas en votar por la continuidad por un proceso soberano de cambio en favor de las mayorías.


Cuba-EU: un conflicto muy anterior a la Revolución. Ángel Guerra Cabrera

julio 23, 2015

Es la hora de las celebraciones muy justificadas por el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos y la reapertura de las respectivas embajadas el ya histórico 20 de julio. De la emoción que millones sentimos al contemplar la bandera de la estrella solitaria proyectarse hacia el cielo de Washington de la mano del canciller Bruno Rodríguez y de tres soldados de la patria.

castro obama

De no escatimar el reconocimiento al presidente Barak Obama por su valiente ruptura con la rutina agresiva de más de medio siglo y el inicio de un diálogo civilizado con el mayor respeto por la soberanía de Cuba. De proclamar que sin la heroica resistencia del pueblo cubano, el sabio liderazgo de Fidel y Raúl y el reclamo de toda América Latina y el Caribe este desenlace no habría sido posible. De agradecer a los sectores populares, religiosos, intelectuales, políticos y empresariales que tanto han remado contra la corriente en Estados Unidos para llegar hasta aquí. De reconocer a China y Rusia su amistad y solidaridad con Cuba mientras mayor era su poderío y más se consolidaba la multipolaridad; como a todos los gobiernos que han votado en la ONU durante 17 años contra el bloqueo.

Pero también es la hora de no olvidar el contexto histórico que dio lugar a las desavenencias existentes entre ambos países, algunas insuperables mientras en Cuba ondee la bandera del socialismo, que estoy seguro será por todo el futuro previsible. De tener siempre presente que el conflicto entre Cuba y Estados Unidos no inició con la revolución cubana como afirman mendazmente los medios de comunicación hegemónicos y los ideólogos de la contrarrevolución, aunque indudablemente después de 1959 adquirió una intensidad nunca vista.

La evidencia histórica apunta fehacientemente a una aspiración al dominio y a la anexión de la isla por parte de la burguesía de las 13 colonias años antes de la revolución norteamericana(1776). Tanto es así que después de la toma de La Habana por los ingleses(1762), quienes más se opusieron ante Londres a su retirada fueron los grandes negociantes de las colonias del norte, cuya prosperidad dependía mucho del tráfico de ron y melaza abundantes en Cuba y por eso aportaron cientos de hombres a las tropas británicas que invadieron la capital cubana. Esta tendencia se vio delineada a principios del siglo XIX y, sobre todo, a partir de la proclamación de la Doctrina Monroe(1823). Desde entonces, Washington llevó a cabo numerosas acciones dirigidas a la anexión de la isla, que tuvieron su expresión más inequívoca en la intervención militar de 1898, seguida de otra ocupación y un sinnúmero de actos injerencistas que no se detuvieron hasta 1959.

Al darse cuenta que en Cuba había triunfado una verdadera revolución, cuyos líderes, encabezados por Fidel, no estaban dispuestos a renunciar a la independencia y soberanía del país, Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con la isla y se embarcó en lo que merece calificarse sin exageración como una guerra no declarada. ¿De qué otra manera puede llamarse a una campaña de cientos de acciones terroristas que duró hasta años recientes, la derrotada invasión de Bahía de Cochinos, numerosos episodios de guerra biológica, planes desestabilizadores que continúan y, por no abundar, al bloqueo, que sigue en pie aunque el presidente Obama lo haya flexibilizado muy discretamente y pedido al Congreso su levantamiento.

Sin este recuento muy sintético no es posible entender la raíz del conflicto bilateral y la naturaleza de ambos contendientes, en que Washington, que sigue siendo expansionista e imperialista ha sido el agresor. El pueblo de Cuba, en cambio, ha actuado siempre en defensa de su derecho a la independencia, la soberanía y la autodeterminación frente a las agresiones del vecino. Actuación mucho más consciente y combativa cuando el gobierno revolucionario comenzó a tomar medidas encaminadas a mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos, que necesariamente afectaron intereses de las grandes corporaciones estadunidenses y provocaron una feroz hostilidad de la potencia norteña.

Ello no se debía solamente a los intereses afectados por las medidas revolucionarias sino también al temor de que el ejemplo fuera seguido por otros países en la región que hasta entonces consideró su patio trasero y en la que nunca permitió, ni acepta hasta hoy, reformas que modifiquena sus dictados. Ahí tenemos el ejemplo de la hermana Venezuela.


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