Tambores de guerra. Jaime Galarza Zavala

julio 30, 2015

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En el aire del Ecuador actual se oye un redoble de tambores. Un redoble siniestro, originado en las cavernas más lóbregas de la derecha oligárquica y de los cuarteles de mando imperialistas. Esos tambores anuncian una guerra social y política que se inició hace siete años, desde que el pueblo, en plebiscito rotundo, adoptó la democrática Constitución de Montecristi. La doctrina sacramental de esta guerra preconiza derrocar al gobierno de la Revolución Ciudadana (“Fuera, Correa, fuera”), intento fallido el 30 de septiembre de 2010. La estrategia consiste en aplicar el golpe blando con el calentamiento de calles y carreteras, vocinglería mediática y violencia creciente hasta consumar el golpe duro, para lo cual se agita fuertemente el interior de los recintos policiales y militares mediante el cuento engañoso de una inexistente rebaja de sueldos y presupuestos institucionales. Esto mientras se desata una tempestad de rumores sobre feriados bancarios, impuestos a los pobres y a las clases medias, saqueo de las pensiones jubilares y mil engañifas más, con el empleo de marchas, plantones y redes de internet.

De allí el rechazo de la oposición al diálogo convocado por el Gobierno para debatir democráticamente sobre la situación del país y los proyectos de leyes sensibles. Es que no se trata de hallar soluciones, sino de consumar el golpe y establecer cualquier tipo de gobierno títere para volver al tiempo de las vacas gordas de Alvarito, los Isaías y más ñaños y ñañas de la gran oligarquía. ¿Que hace falta un dineral para las movilizaciones y para prolongar la zozobra todo el tiempo necesario a fin de paralizar el país quebrando su economía? No hay problema. Los banqueros prófugos, la Chevron-Texaco, la Occidental, ciertas ONG gringas tienen incontables caudales para alimentar conspiraciones.

Los jefes de los golpistas complotados repiten a cada paso que ellos no buscan propiciar la violencia con sus acciones, como si cerrar carreteras, romper cabezas de militantes de PAIS y quebrar canillas de policías fueran ramos de rosas que nos regalan los fascistas neoliberales. El Gobierno y su fuerza política -PAIS-, tienen, desde luego, su propia responsabilidad en la convulsa situación que vivimos, por no establecer el diálogo a tiempo, no perseguir con más fuerza la corrupción, permitir que el sectarismo y el burocratismo corroan los sustentos políticos orgánicos y la administración pública. Mas existe hoy un proceso de rectificaciones que es visible y que debe ser acogido por la ciudadanía de cualquier ideología o posición, a menos que se quiera el hundimiento de la débil democracia que existe en el país y se propicie el retorno a los tiempos del febrescorderato, con sus Lucios, sus Mahuad y otras tintas oscuras. Por lo demás, los tambores de guerra tocan y redoblan en toda nuestra América, pues los sustenta y dirige el comandante supremo del golpismo y de las guerras que desangran al mundo: el imperialismo yanqui. Ahora mismo la Venezuela bolivariana enfrenta el peligro de una intervención militar por el conflicto de Guyana, Bolivia afronta dinamitazos contra sus líderes y autoridades, el Gobierno de El Salvador, presidido democráticamente por un exguerrillero, resiste un paro del transporte que nos recuerda al paro de los camioneros de Chile, uno de los hechos violentos que precedieron a la caída de Salvador Allende y la instauración del régimen fascista de Pinochet, todo bajo la criminal conspiración de la CIA, la ITT, la ultraderecha (recordemos Patria y Libertad), y bajo la conducción de Henry Kissinger, hoy asesor del presidente Obama.
No advertir estos antecedentes y estas realidades, por ceguera ideológica o miopía política, es también una forma de alimentar el complot golpista e intervencionista contra Ecuador y América Latina.


Estamos en guerra. Ángeles Maestro

junio 16, 2015

Análisis sobre la actual crisis de la partidocracia española y el surgimiento de partidos emergentes. Resumen Latinoamericano.

angeles maestro

Mientras las noticias, y al parecer el interés de la gente, se centran en quién gobernará ayuntamientos y Comunidades Autónomas. decisiones de gran trascendencia para nuestras vidas se han tomado y se están tomando sin que la inmensa mayoría se entere.
A pesar de que en muchos lugares no vaya a haber grandes cambios – las opciones de gobiernos que se abren en la mayor parte de los gobiernos autonómicos se circunscriben al PP apoyado por Ciudadanos o el PSOE apoyado por Podemos – los cimientos de una Transición que dejó todo atado y bien atado empiezan a resquebrajarse.
Aparentemente está todo controlado. La herramienta fundamental del poder para disciplinar a los gobiernos de todos los niveles – el pago de una gigantesca deuda pública y la reducción del déficit – tiene todas las garantías legales para que funcione.
El artículo 135 de la Constitución, el Tratado de Estabilidad de la Eurozona y la Ley Orgánica 2/20121 obliga a cada ayuntamiento, a cada gobierno autonómico, al Estado y a la Seguridad Social a reducir drásticamente déficit y deuda y a renunciar a políticas sociales expansivas si no quieren correr el riesgo de ser intervenidos. En 2014 los gastos destinados a la función “Deuda Pública” supusieron el 18,9% del PIB3, es decir, en torno a los 200.000 millones de euros y muy cerca de la mitad de los Presupuestos Generales del Estado. La situación del Estado en cuanto a la Deuda puede considerarse como el promedio de las diferentes administraciones municipales y autonómicas.
A pesar de esta evidencia que reduce a meras cartas a los reyes magos cualquier programa electoral – como bien se está demostrando en Grecia – ninguna opción política que haya obtenido representación, excepto las CUP en Cataluña, planteaba con claridad la necesidad de oponerse al pago de la Deuda para satisfacer las perentorias necesidades de millones de personas.
En estas condiciones los grandes poderes públicos y privados, de aquí y de fuera, en principio nada deberían temer. Los partidos que mejor han representado hasta ahora sus intereses siguen gobernando en la mayor parte de los territorios, y los que han emergido, si bien en un primer momento cuestionaban el pago de la Deuda y la pertenencia a la OTAN, han retirado rápidamente tan incómodos planteamientos..
Nada que afecte al poder del capital está explícitamente sobre la mesa y sin embargo tienen miedo; no a ninguna fuerza política concreta sino al pueblo. Saben, ellos mejor que nadie, que no hay salida previsible a la crisis y que no tienen otro programa que no sea recortar salarios, pensiones y derechos sociales. Y sus temores crecen en la misma medida que disminuyen los de quienes cada vez tienen menos que perder.
El problema de aquellos que a pesar de la crisis siguen engordando sus beneficios, tanto por la destrucción de empresas y la concentración de capital, como por el brutal incremento de la explotación, no es Podemos. Son los riesgos de la inestabilidad, dicen.
Es el desasosiego que con tanta claridad reflejaba Jean Claude Juncker, actual Presidente de la Comisión Europea cuando decía: “Sabemos lo que tenemos que hacer. Lo que no sabemos es cómo hacerlo y que nos sigan votando”. Planteamiento inquietante porque si no es probable que cambien sus políticas el interrogante es qué harán cuando no tengan los votos que las respalden.
En otras palabras es lo que sentenciaba el gran gurú de la derecha norteamericana Samuel P. Huntington “la más importante distinción política entre los países no es la referente a su forma de gobierno, sino a su grado de gobierno”4; es decir su estabilidad interna y su alineamiento detrás de los EE.UU.
Y en situaciones de crisis tan profunda como la actual, cuando las posibilidades del sistema para amortiguar la lucha de clases mediante concesiones sociales son prácticamente nulas, el fascismo y la guerra se expanden.
La mano invisible y el puño de hierro
Juan Carlos abdicó apenas ocho días después de una elecciones europeas en las que los partidos del Pacto de la Transición, y por ende sostenedores de la Monarquía, sufrieran un espectacular retroceso. Bastaron sólo cinco días tras los comicios municipales y autonómicos para que se anunciara la visita del Secretario de Estado de los EE.UU. para firmar el acuerdo bilateral que convertirá a la Base de Morón en sede permanente del USAFRICOM (Mando de los Estados Unidos para África). El objetivo es instalar allí de forma permanente la Fuerza Especial de Respuesta de Crisis del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos (SP MAGTF Crisis Response). La mera hipótesis de un cambio político que introdujera alguna inseguridad para sus intereses les ha hecho, también ahora, reaccionar rápidamente.
Como señala el comunicado de la Plataforma Global contra las Guerras5, la finalidad de la visita, cancelada por un accidente del mandatario americano, era claro: “Esta fuerza aerotransportada de despliegue inmediato, a las órdenes inmediatas del USAFRICOM, constaría de un retén permanente de 850 marines con sus medios de proyección, ampliables a 3.500 en caso de crisis, con capacidad de desplegarse en 9 horas al corazón de África, como cabeza de puente para una intervención a mayor escala. Pero podría también ser puesto a disposición del USCENTCOM (Mando Central de los Estados Unidos) para un despliegue semejante en cualquier punto de Oriente Medio o del Mediterráneo oriental”.
Para tener una idea del grado de vasallaje del Gobierno (el del PP y el del PSOE, que fue quien inició el trámite) y su complicidad con las políticas imperialistas baste tener en cuenta que, pese a las gigantescas presiones recibidas, ningún país africano aceptó nunca albergar la sede del USAFRICOM6. La destrucción de Libia por los bombardeos de la OTAN en apoyo de los “rebeldes”, ahora reconvertidos en supuestos enemigos, y su posterior invasión permitió la instalación en Benghazi de dicho Comando estadounidense. Allí estuvo menos de un año, hasta que el 11 de septiembre de 2012 el Consulado de EE.UU. en esa ciudad fue asaltado y destruido resultando muerto, entre otros, el propio embajador norteamericano.
La firma de ese Convenio se inscribe en la trayectoria de intervención permanente de una potencia extranjera que inició la Dictadura y a la que han venido plegándose los diferentes gobiernos desde la Transición. Todos ellos, supuestamente tan patriotas, han ido ampliando la presencia militar de EE.UU., han aumentado la implicación del estado español en todo tipo de intervenciones militares y, en un ejercicio más de cinismo, han renunciado a preguntar si los barcos o aviones que cruzan nuestro territorio llevan o no armamento nuclear.
Es decir, el bipartidismo que ahora se tambalea está formado por dos partidos que han pisoteado nuestra soberanía y han incumplido sistemáticamente todas las condiciones incluidas en el “SÍ” en el Referéndum de la OTAN de 1986. Esos son los partidos que ahora seguirán gobernando en coalición con las nuevas fuerzas políticas en la mayor parte del territorio.
Con la decisión actual del Gobierno, que sin duda contará con un amplísimo respaldo parlamentario, además de someter a los pueblos en los que hay instalaciones militares norteamericanas – especialmente a Morón – a un riesgo más que probable de atentado, sitúa al conjunto de la población en la diana preferente de ataque desde cualquiera de los múltiples frentes de guerra de EE.UU. Máxime cuando los tambores de guerra en la propia Europa suenan cada vez más fuerte y más cerca, y cuando no cabe la menor duda de que la presión de la crisis y del complejo militar industrial norteamericano está acercando cada día el riesgo de una guerra a gran escala.
Y es que como señala el Foro contra la Guerra Imperialista y la OTAN: “Estamos en guerra no es una proclama, es una descripción de la realidad. Una realidad que nos negamos a aceptar para evitar reconocer que somos cómplices, o admitir el riesgo que implica permanecer pasivos frente a la escalada belicista de la coalición occidental de la que formamos parte.
Esta crisis general del capitalismo no nos permite preocuparnos sólo de los problemas sociales y cerrar los ojos ante la guerra porque está lejos y vemos a los muertos como si fueran ficciones cinematográficas”.
Las palabras de Thomas Friedman, asesor de Madeleine Albright no dejan lugar a dudas: “Para que la globalización avance es imprescindible que EE.UU. actúe con toda su omnipotencia. La mano invisible del mercado jamás funcionará sin el puño invisible. Mc Donald’s no prosperará sin la Mc Donnell Douglas que ha construido el F15. El puño invisible que garantiza un mundo seguro para Silicon Valley se llama, ejército, aviación, marina y Cuerpo de Marines de Estados Unidos”8
Por eso, porque los partidos emergentes van a recibir la dosis de presión necesaria de tal forma que “algo cambie para que nada cambie”, los pueblos no podemos seguir mirando para otro lado cuando el fuego se propaga y llega cada vez más cerca.
Por dignidad, por la imprescindible solidaridad con otros pueblos y porque estamos en el punto de mira: ¿Hay alguien ahí?


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